domingo, 28 de octubre de 2018


- El perdón- 
El brazo extendido del amor de Dios

En nuestra vida de servicio a Dios nos confrontamos con muchas situaciones que pueden afectarnos de manera negativa. La manera en la que reaccionemos con la Palabra de Dios determinará el resultado positivo que obtengamos. La acción debida ante la situación indeseable debe ser ejecutada rápidamente y en línea con el corazón de amor de Dios. De esta manera la probabilidad que tomemos malas elecciones que echen raíces y florezcan en algo que no queremos será muy reducida. Por eso es tan importante este tema –mayormente en la Familia de Dios- para mantener el balance que provee el amor de Dios dentro de Su casa y nuestra relación en general con todas las personas.

Básicamente con el perdón ocurre igual que con el amor de Dios. Así como ese amor no es un amor “de entre casa” tampoco lo es el perdón. Uno ama con el amor de Dios al amable y al inamable y uno perdona al perdonable y al imperdonable (según nuestra visión de la cosa). El perdón libera de ataduras que amargan el alma y hasta enferman el cuerpo, el perdón es una expresión del amor de Dios y nos permite seguir amando. Si usted es hijo de Dios, lo es cuando está con sus hermanos en Cristo en la reunión de la iglesia en su casa igual que como lo sigue siendo cuando está en su trabajo o haciendo cualquier actividad. Usted no se despoja de la simiente de Dios en usted. Voluntariamente usted no debiera despojarse del amor de Dios o del perdón ya sea que esté dentro o fuera de la reunión de creyentes.

Según la Real Academia[1] , perdón significa: Remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. Perdonar deriva del verbo latino perdonare, es decir: per + donare, y que significa: Remitir (alzar o suspender) la deuda, la falta, delito, ofensa, etc., que toque, al que remite. Es decir, no tener en cuenta más la ofensa bajo ninguna circunstancia. Renunciar a conservar la ofensa en el corazón. Renunciar a toda venganza personal. Entregar a otro (a Dios) lo imputable a causa del daño recibido[2] . Además el vocablo “donare” está asociado a los vocablos castellanos “dar y donar”.

Hay grandes beneficios orgánicos y psicológicos del perdonar, que son científicamente reconocidos. Habiendo tanta, y en algunos casos tan buena literatura fuera de la Biblia sobre el tema del perdón, nosotros en este estudio, nos enfocaremos en Dios y Su Palabra pues queremos saber qué dice para hacerlo por el bien propio y el de la familia de Dios. Existen básicamente tres palabras[3]  griegas traducidas perdón en el Nuevo Testamento y todas tienen elementos comunes en su definición: dejar pasar, dar, remitir, sobreseer, conferir… siempre con la idea de gratuidad o gracia. Esencialmente perdonar es una cancelación unilateral, amorosa y voluntaria de una deuda. Dicho de otra manera: cancelar una deuda es perdonar esa deuda.

Normalmente cuando se habla de pecar y perdonar las personas entienden que es entre Dios y nosotros. Cuando nosotros no hacemos Su voluntad, pecamos, entonces simplemente le pedimos perdón y restablecemos nuestra comunión con Él. Eso es así; pero, es importante reconocer que un hijo de Dios también puede pecar contra su hermano en Cristo.
Mateo 18:21: Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré [aphiēmi] a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 
La necesidad de perdón no respeta Administraciones. Aun no había ocurrido el día de Pentecostés, pero veremos más adelante que lo que le enseña Jesús a Pedro sirvió para ese entonces como sirve para ahora. ¿Cómo se constituye el pecado en contra de un hermano en Cristo? No hacer lo que dice la Palabra de Dios es pecado. Veamos entonces qué es lo que dice esa Palabra en cuanto a nuestra relación con nuestros hermanos en Cristo.
Mateo 22:36-40: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás [agapaô] al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante [homoios]: Amarás [agapaô] a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
Por favor note que el mandamiento no dice: “amarás a tu prójimo en tanto y en cuanto sea parte de tu congregación”. Tampoco dice: “amarás a tu prójimo si es buena gente y te cae bien”. Dice tan sólo y nada menos que a tu prójimo como a ti mismo, aunque no sea de tu agrado o de tu congregación.

Perdonar no es un sentimiento aunque hay muchos sentimientos asociados al perdón. Perdonar es un acto de la voluntad y es un mandamiento de Dios. Hay que remarcar que es una locura pensar que amarlo a Dios puede ser separado del amar al hermano en Cristo. Veremos un poco más de esto más adelante en nuestro estudio. Además; la medida con la cual yo me ame con el amor de Dios derramado en mí al momento del nuevo nacimiento, será la medida con la cual ame a mi hermano en Cristo. Similarmente, necesito perdonarme a mí mismo más que a ninguna otra persona, pues en la misma medida con la cual me perdone debiera ser la medida con la cual voy a perdonar a mis hermanos en Cristo.
Amor [agapaô] por mí = amor [agapaô] por mi hermano en Cristo.
Ambos, el amor de Dios y el perdón, dependen de mi voluntad y reconocimiento de aquello que me fue dado por gracia al momento de renacer. La palabra prójimo en Mateo 22, es digna de ser estudiada en este momento. El pueblo de Israel a quien Jesucristo vino a predicar era históricamente el prójimo entre sí. Es decir: el prójimo[4]  de un israelita era otro israelita. Pero una vez más, Dios en Cristo fue más allá en Su deseo de alcanzar a las personas con Sus múltiples bondades.
Lucas 10:25-37: v.25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 
Esta persona que interpelaba a Jesucristo no era una persona del vulgo sino un israelita instruido en la Ley y el registro este dice lisa y llanamente que lo que decía, lo decía para probar a Jesucristo. Dicho de otra manera coloquial quería hacerle “pisar el palito” al redentor. Su pregunta nos orienta acerca de la salvación para la gente de Israel. 
v.26 El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
Para intentar hacer un paralelismo con nuestros días, digamos que un cristiano instruido, pero fuera del amor de Dios, nos hace públicamente la misma exacta pregunta. Nosotros podríamos responderle por ejemplo: ¿Qué dice Romanos 10:9, qué leés allí? Aquí Jesús, en tiempos previos a Pentecostés le preguntó qué dice la Ley. Veamos qué responde y qué pensaba Jesús de la respuesta de este hombre instruido en la Ley. 
v27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. v.28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 
He aquí la “fórmula” para la vida eterna en época de Jesucristo. Él le dijo al intérprete que había respondido bien que si hacía eso, él viviría la vida eterna (ese era el contexto según el versículo 25: “…haciendo qué cosa heredaré la vida eterna”). Ahora vamos a ver que ahí no quedó la cosa, pues este escriba aun no le había hecho pisar el palito a Jesús. 
v.29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 
Recuerde que este era un intérprete de la Ley, se suponía que él sabía quien era el prójimo. También recuerde que primero preguntó para probarle y luego preguntó para justificarse a sí mismo porque su plan {A} había fallado. Jesús le respondió mediante una parábola y de ahí nosotros podemos aprender mucho. 
v.30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 
No da datos de identidad de la víctima del robo. Jesús no dijo por ejemplo: “Un israelita descendía…”, tampoco dijo: “un gentil descendía…” Porque –como veremos- no importaba y no importa. 
v.31 Aconteció que descendió un sacerdote [un israelita ungido] por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita [también israelita, pero no uno cualquiera sino uno de la tribu de Leví de donde venía el sacerdocio de Israel], llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
En otras palabras, a ninguno de estos dos israelitas de notoriedad les importó “un pito” la desgracia de este hombre cuyas credenciales no conocemos. Estos dos del ejemplo eran personas instruidas en las Escrituras hebreas como lo era también el intérprete de la Ley. La parábola nos da información acerca de las identidades de los dos que pasan y que debieran haberse detenido para ofrecer ayuda, pero no de la víctima, porque no es relevante. 

v.33 Pero [¡en contraste a dos notorios de Israel!] un samaritano [considerados perros por los israelitas], que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia [no le importaron sus credenciales]; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios [¡la paga de dos días de trabajo!], y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. 
Bueno, vayamos y hagamos nosotros también lo mismo ¿Cuándo usted está con sus hermanos en Cristo, los ama con el amor de Dios [agape]? ¿Y cuando está con gente que usted considera natural, con qué amor las ama? ¿Usted se viste y desviste del amor de Dios como si fuera una camiseta, dependiendo de la persona con la que usted está? Seguramente que no, pues Dios espera de usted que sea cristiano dentro y fuera de Su familia.

En el Antiguo Testamento, Jehová le estaba dando instrucciones a Su pueblo a la salida de Egipto. En las instrucciones acerca de cómo tratar a la gente fuera del pueblo de Israel, consideraba a los extranjeros de una manera amorosa, típica de Su ser.
Éxodo 22:21-23: 21 Y al extranjero [GER] no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. 22 A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. 23 Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor; 
Éxodo 23:9: Y no angustiarás al extranjero [GER]; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Deuteronomio 24:17-22: 17 No torcerás el derecho del extranjero [GER] ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, 18 sino que te acordarás que fuiste siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te mando que hagas esto. 19 Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero [GER], para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos. 20 Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero [GER], para el El perdón – El brazo extendido del amor de Dios ©Eduardo Di Noto Página 6 huérfano y para la viuda. 21 Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero [GER], para el huérfano y para la viuda. 22 Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.
Deuteronomio 27:19: Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero [GER], del huérfano y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén. 
Esto es lo que la gente del pueblo de Israel debía hacer con todos aquellos que no serían considerados estrictamente prójimo de ellos. ¡Singular paralelismo! Israel había estado cautivo y fue esclavo en Egipto, ahora había sido liberado por Dios. Ellos debían acordarse de su vida anterior y ayudar a los de afuera. ¡Nosotros también! Antes de ser hijos de Dios, éramos hombres naturales, esclavos del pecado. Ahora estamos “adentro” pero no tenemos que olvidarnos que estábamos “afuera”.
Levítico 19:33 y 34: 33 Cuando el extranjero [GER] morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. 34 Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero [GER] que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros [GER] fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios. 
Singular uso de las palabras en este registro del Antiguo Testamento.
Gálatas 6:10: Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. 
No dice hagamos bien a todos, ni dice hagamos bien a los de la familia de la fe. No dice hagamos bien a todos Y a los de la familia de la fe. Dice a todos y mayormente a los de la familia de la fe. Ya aprendimos cuál era la opinión de Jesucristo acerca del prójimo. Bien. Nosotros cada vez que tengamos oportunidad podemos y deberíamos hacer bien sin mirar a quien pero mayormente a los de la familia de la fe. Atención a este detalle. El registro este de Gálatas no dice mayormente a los miembros de mi congregación, grupo o religión... Si es hijo de Dios, es miembro de la familia de la fe igual que usted. Una vez que una persona confiesa y cree según Romanos 10:9 es miembro de la familia de la fe, esté o no esté con usted y su grupo.

Una imprescindible expresión de amor hacia nuestro prójimo es el perdonar sus ofensas. La única evidencia de nuestro sincero amor por  Dios es el amor no fingido a nuestro prójimo. Nuestros hermanos en Cristo son nuestro “prójimo primero” por así decir, nuestro “prójimo mayormente” en cuanto a hacer bien. Cuando no amo a mis hermanos en Cristo con esta prioridad entonces no estoy haciendo la Palabra y por consiguiente peco. Por eso cuando uno se halla en esta situación para restablecer la comunión le pide primero perdón a Dios -porque si no amo a mi prójimo como a mi mismo no estoy cumpliendo el gran mandamiento- y luego le pido perdón a mi hermano.

Esto fue dicho por el Señor Jesucristo antes del día de Pentecostés, pero nadie pensaría que hoy día en esta Administración de la Gracia no hay que amarlo a Dios con esta prioridad afectiva, por consiguiente la segunda parte también tiene que ser válida para esta época en que nosotros vivimos. Finalmente, esta enseñanza del redentor muestra que nuestro prójimo es cualquiera en necesidad y para quien Dios nos dé una oportunidad de hacer el bien con Su Palabra. Eso es opuesto a la obtusa y estrecha noción farisaica que entendía que prójimo eran los amigos, vecinos y personas de la misma religión. La parábola apunta a vincular al concepto bíblico de prójimo con un extraño en necesidad y otro extraño con la capacidad de ayudarlo.

Veamos un registro en el Nuevo Testamento que hace referencia a una parte de la Ley.
Romanos 13: 8-10: 8 No debáis a nadie nada, sino el amaros [agapaô] unos a otros; porque el que ama [agapaô] al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás [agapaô] a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor [agape] no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor [agape]. 
 No debáis a nadie nada sino el amaros… Esa es una deuda incancelable que tenemos los unos con los otros en Cristo. En este registro de la Escritura hay un aprendizaje mayúsculo. Aquí Romanos tres menciona cinco mandamientos que son parte de la Ley. Nosotros no estamos bajo la Ley sino en la Gracia. Entonces ¿podemos adulterar, matar, hurtar, decir falso testimonio o codiciar…? Obviamente, aunque podamos, no corresponde. De hacerlo estaríamos pecando. Hay una inmensa ventaja práctica de recordar el gran mandamiento y el segundo semejante. Es la certeza que tenemos que si amamos no vamos a querer pecar sin necesidad de recordar cada mandamiento. Cada vez que amemos no cometeremos nada que agravie u ofenda a un hermano en Cristo. Esta Ley del amor nunca dejó de estar en vigencia.
Romanos 12:10: Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. 
Esto no significa que no honramos a ninguna persona que no sea hija de Dios, sino que habla de una deferencia, de un trato preferencial entre nosotros los hermanos en Cristo, pero nadie (hijo de Dios o no) debiera quedar excluido de recibir bien de nuestra parte.
Efesios 4:2: Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor 
1 Pedro 1:22 y 23: 22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 
Aquí puede ver un porqué de la preferencia. Usted y yo somos renacidos de la misma simiente incorruptible. Entre otras grandes cosas que tenemos en común nosotros, es que compartiremos la eternidad junto a Dios y Cristo.

Cuando Jesús confrontó la cruz no lo hizo por quienes creyeran en él necesariamente. Es a través de creer en lo que él hizo y Dios hizo en él por nosotros que nos volvemos hijos de Dios. El murió para que yo confesándolo a él como mi señor y creyendo en mi corazón que Dios lo levantó de los muertos sea hijo de Dios. Es decir, que yo tampoco era prójimo de él –en el sentido estricto de la palabra- cuando murió por mí. Cuando el señor Jesucristo estaba en la cruz, Dios me estaba reconciliando con Él no tomando en cuenta mis pecados. Ni a Dios ni a Jesús les importó que yo no era prójimo de los santos[5] .
1 Pedro 2:17: Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey. 
Filipenses 2:3: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.
Ya ve nuestros hermanos en Cristo son prójimos VIP por eso tenemos ese trato deferente, preferencial.
Gálatas 5:13 y 14: 13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. 14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 
Una vez más una mención de un tema tan importante que viene del Antiguo Testamento aplicado en esta Administración de la Gracia. La ley del amor está en absoluta vigencia hoy día. No deberíamos divorciar el amar a Dios del amar a las personas y mayormente a nuestros hermanos en Cristo. Justamente por eso no queremos pecar contra Dios ni tampoco contra nuestros hermanos en Cristo. Si pecamos contra Dios, le pedimos perdón, si pecamos contra un hermano en Cristo hacemos lo mismo: Primero pedimos perdón a Dios y luego a nuestro hermano.

Es usual que los niños tengan en sus cunas un juguetico que se llama móvil. Tiene varias figuras que atraen la atención del bebé y este puede pasar un tiempo largo mirando como se mueven y el bebito hace sonidos como comunicándose con esas figuritas. El dispositivo este tiene un solo cordón del que cuelgan algunos perfiles que sustentan a su vez otros cordones que sostienen a las figuras o muñequitos. Si se cortara el cordón principal, el de arriba, todo el móvil colapsaría. Así es con el amor de Dios y nuestra comunión con el Padre celestial y nuestros hermanos en Cristo. No se debe disociar los dos mandamientos.
 El amor por Dios SIEMPRE se manifiesta en el amor al hermano  
Es muy importante recalcar que amar con el amor de Dios, no es tan sólo decir “te amo”. Amar es un verbo y como tal demanda acciones virtuosas en beneficio ajeno. Como Dios amó al mundo DE TAL MANERA, esa intensidad de amor “demandó de Él” un dar al extremo. El dio a Su único hijo por aquel entonces.
Juan 3:16: Porque de tal manera amó [agapaô] Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 
Ese es el ejemplo de amor que nosotros seguimos, pero, en primer lugar Él es Dios, claro está y en segundo lugar ya no hace falta darlo a Jesús de nuevo. Pero… ¿y qué hay del darse de sí mismo que tuvo el redentor, un hombre como nosotros, por nosotros?
1 Juan 4:19-21: 19 Nosotros le amamos [agapaô] a él, porque él nos amó [agapaô] primero. 
Esto es lo que vimos recién en Juan 3:16, que Dios agapaô a todo el mundo. Nosotros formamos parte del mundo que Dios amó y por quiénes dio a Su unigénito hijo para que no nos perdamos y tengamos vida eterna.
v.20 Si alguno dice: Yo amo [agapaô ¡el mismo de Juan 3:16!] a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama [agapaô] a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar [agapaô] a Dios a quien no ha visto? 21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama [agapaô] a Dios, ame [agapaô] también a su hermano. 
Este es un mandamiento y está en 1ª de Juan no en Levítico o cualquier otro libro del Antiguo Testamento. Aquí no dice prójimo sino hermano por si quedara alguna duda. El amor que Dios nos tuvo nos habilitó para amarlo a Él. ¡Dios nos amó primero! Luego con ese mismísimo amor, amamos a nuestros hermanos en Cristo.
Esta clase de amor le fue dado a usted al momento del nuevo nacimiento[6] . Usted simplemente tiene que ejercerlo siguiendo las pisadas de Jesucristo[7] . Cada vez que usted haga lo que él hizo, estará andando es ese amor. Cada vez que no… entonces no estará andando en ese amor. Decidamos andar en ese amor. 
Regresando al registro de Mateo 22 no dice que al prójimo haya que amarlo con todo nuestro corazón, alma y mente. Esa intensa profundidad de amar va dirigida desde el centro mismo de nuestro corazón a Dios. Pero a nuestros hermanos los amamos como nos amamos a nosotros mismos. Para amarnos a nosotros mismos con el amor que Dios tiene por nosotros es imprescindible que tengamos una Cristoestima[8] por nosotros mismos. Es decir tenemos que saber quiénes somos en Cristo y qué nos ha hecho Dios a nosotros a través del trabajo de obediencia amoroso y finalizado de Cristo. Siendo conscientes de esto, entonces y solamente entonces, seremos conscientes también del Cristo dentro de nuestro hermano. 
Consciente del Cristo en mí entonces ⇒ consciente del Cristo en vos 
Dice que el segundo mandamiento es ¡semejante al primero! Maravilloso. La palabra semejante es muy importante ahí porque está equiparando amarlo a Dios con todo nuestro ser con amar a nuestros hermanos en Cristo y a las personas como nos amamos a nosotros mismos.

Según varios diccionarios, semejante quiere decir parecido o similar. Cuando alguien es semejante a alguien más, son parecidos, son similares, guardan alguna relación de aspecto. Cuando hablamos de la raza humana hablamos de nuestros semejantes. Cada persona en el planeta es única; aún los mellizos gemelos son diferentes entre sí en pequeñísimos detalles. Unos nos parecemos más a los otros porque venimos de la misma familia, pero nos parezcamos o no, somos semejantes en cuanto a que somos seres humanos. Tenemos la cabeza arriba y los pies abajo, la cara al frente y la nuca atrás… Unos diferentes a los otros pero todos semejantes entre sí. Existe una similitud tan grande que uno puede representar al otro aunque cada uno es único en sí mismo. Todos los estudiantes de medicina saben esto. Ellos estudian un solo cuerpo humano y sus fortalezas y debilidades, luego no importa donde practiquen la medicina, los principios son los mismos porque somos semejantes. Así es con estos dos mandamientos de Mateo 22.

Hay 43 ocurrencias de la palabra griega traducida semejante y sus parientes en el Nuevo Testamento. Veamos algunos usos para ganar un entendimiento de esta profunda verdad.
Mateo 13:31: Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante [homoios] al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo 
El reino de Dios NO es un grano de mostaza. Es similar porque el reino ahora no se ve pero luego si se verá. El grano de mostaza apenas se puede ver porque es muy pequeño, pero cuando crezca y sea un árbol todo el mundo podrá verlo. Así será con el reino de Dios. En eso reside la semejanza.
Juan 8:55: Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como [homoios] vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. 
Aquí está traducida de otra manera pero significa lo mismo. Algo semejante es algo equiparado, similar, que guarda características comunes.
Gálatas 5:21: Envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes [homoios] a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 
En lugar de dar una lista interminable de posibles “avenidas de pecado” dice semejantes. Eso nos orienta a ubicar la “raza” de estos pecados.
1 Juan 3:2: Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes [homoios] a él, porque le veremos tal como él es. 
No seremos Jesucristo, seremos semejantes a él. La raza humana y cada uno de nosotros somos semejantes. Cuando tengamos el cuerpo resucitado como el de él, seremos de la misma “raza” que es ahora Jesucristo y todos nosotros semejantes entre sí.
Como hijos de Dios obedientes podemos complacer el corazón de amor de nuestro Padre, y amarnos con ese amor que Él mismo nos proveyó, y en virtud de ello, cada vez que haga falta; pedirnos y extendernos perdón entre nosotros porque el segundo mandamiento es semejante al primero. 
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Nota del Autor
Toda la Escritura utilizada en este artículo es de la Versión Reina Valera 1960 a menos que se especifique algo en contrario. Cada vez que aparezca resaltada alguna palabra dentro del texto de la Biblia, se trata del énfasis añadido por el autor.

Toda vez que se utilice una palabra de origen Griego será escrita en minúscula cursiva (Ej.: atomos). Y si se usara una palabra hebrea o aramea será escrita en mayúscula cursiva (Ej.: YARE). En ambos casos se puede utilizar la palabra raíz como cualquier otra forma gramatical de esa palabra en representación de la familia de palabras. Debido a que los paréntesis se utilizan en el texto Bíblico; cada vez que exista una nota del autor estará colocada entre corchetes para diferenciarla. 9 La Santa Biblia Antiguo y Nuevo Testamentos, Antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Revisión de 1960. Sociedades Bíblicas Unidas, 1993

Las notas al final son una parte integral y necesaria del Estudio. Tienen el propósito de documentar, respaldar, ampliar, aclarar, o reforzar el tema que se trate. Esta enseñanza somete a consideración del lector el tema que trata. Es mas bien en algunos casos un punto de partida que propone, orienta y -desde ya- concluye con lo que el autor ha estudiado y debido a eso presentado de las Escrituras. No obstante, la Palabra de Dios es simplemente inagotable. El único que no necesita revisión es Dios mismo y Su Palabra según fue originalmente inspirada. Pero nuestro conocimiento y entendimiento de las distintas maravillas presentadas en la Palabra de Dios siempre pueden ser y debieran ser sometidas al escrutinio del estudiante. Entonces, el presente trabajo es presentado al estudiante Bíblico como una ayuda, una fuente mas de consulta, de referencia y de estudio de la Palabra de Dios. La obra está lejos de pretender ser la única ni mucho menos la más sobresaliente obra de este tipo que exista. Ella no posee eminencia sobre ninguna otra ni es autoridad última sobre el tema. La autoría de la Palabra de Dios es la exclusividad del Padre Celestial y como tal es la fuente de conocimiento y autoridad única e inapelable. Consulte si esta enseñanza se encuentra disponible en audio en el sitio web: www.palabrasobreelmundo.com.ar. Asimismo puede descargar del mismo sitio todas las enseñanzas en texto y en audio que desee. Todas las solicitudes y los comentarios pueden ser dirigidas a palabrasobreelmundo@gmail.com.
Dios lo bendiga Eduardo Di Noto .

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[1] Diccionario de la Real Academia Española. http://www.rae.es/rae.html abril de 2010 
[2] http://www.centrorey.org/temas25.html E.
[3] Bullinger E. W., A Critical Lexicon and Condcordance to the English and Greek New Testament, Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan EEUUA. Pág. 303, año 1979. En el sitio Web, en “Clases” > El Perdón, encontrará un práctico cuadro sinóptico para estudiar más el tema del perdón: “Bibliografía y palabras griegas traducidas perdón”. 
[4] Éxodo 2:13, 10:23, 20:16 y 17, 21:14; Levítico 19:18; 1 Samuel 15:28 entre otros. 
[5] Romanos 5:6-10.
[6] Romanos 5:5 
[7] Puede descargar la Clase A LA MANERA DE JESUCRISTO del sitio web 
[8] Descargue de sitio Web la enseñanza Nº 77 Cristoestima  

domingo, 30 de septiembre de 2018

El Sentido de la Hombridad

Tenia razón Carlos Wagner al afirmar que: "Hay algo más raro que un gran hombre: Es, un Hombre". Es verdad que es más fácil ser medico, abogado, literato, artista o ingeniero, que hombre. Y, por lo mismo de ser la profesión de hombre la única universal, es ella a la vez la más básica e importante de las profesiones humanas.

¿Qué significa Hombre, todo un Hombre? ¿Dónde se encuentra un verdadero humano y, como se le conoce? Creyeron encontrar uno aquellos campesinos ibsenianos que salieron al encuentro del joven clérigo Brand, al haber cruzado éste, en frágil botecito, las aguas embravecidas de un fiord noruego, para cumplir con lo que creía su deber. "Hace tiempo que nos hablan del buen camino", dijeron a Brand, "Y nos lo indican con el dedo. Más de uno lo ha señalado, pero tú eres el primero que lo ha seguido. Un millón de palabras no valen lo que un hecho. Por eso venimos a buscarte en nombre de todos, porque lo que nos hace falta es un Hombre". También Pilatos aquel escéptico y timorato gobernador romano de Judea, creyó ver todo un hombre en cierto reo que le hicieran comparecer ante él en ocasión inolvidable. "Ecce Homo", dijo a los ruines acusadores del Nazareno. "He aquí el Hombre".

La cualidad del Hombre, en el sentido cabal de la palabra, Unamuno la ha llamado "Hombriedad". Nos cuenta, en uno de sus ensayos, que leyendo al gran historiador y psicólogo portugués Oliveira Martins, le hirió la imaginación la voz "Hombridade" que éste aplicaba a los castellanos. "Hombridade" le pareció un hallazgo. Conforme la emplea Unamuno, esta voz encierra cualidades más amplias que la simple probidad u honradez indicada por "hombría de bien". Su sentido es mucho más comprensivo y viril que "humanidad", o "humanismo", voces que se hallan estropeadas por oler a pedantería, a secta, a doctrina abstracta. Hombridad es la "cualidad de ser Hombre, sé ser Hombre entero y verdadero, de ser todo un Hombre". "¡Y son tan pocos los Hombres", agrega Unamuno, "De quienes pueda decirse que sean todo un Hombre!".

Adoptando esta simpática acuñación lingüística del gran vasco -Quien, dicho sea de paso, es uno de los ejemplos más legítimos de la hombridad en la escena contemporánea vamos a ensayar el retrato de un verdadero arquetipo humano.

El Hombre verdadero ha de ser, en primer termino, la negación de ciertos arquetipos bastardos que gozan todavía de mucho prestigio, ya sea entre las muchedumbres, ya sea entre la élite intelectual o social.

Un arquetipo humano muy clásico, que goza de notorio prestigio entre cierto sector de la sociedad, y en algunos países más que en otros, se llama Don Juan Tenorio. Don Juan, que recibiera primero personalidad literaria en "El Burlador de Sevilla", de Tirso de Molina, comparte con Fausto el triste honor de ser el personaje más universal de la literatura europea desde el renacimiento a esta parte. ¿Quién es Don Juan? Por cierto que entre los Don Juanes de Tirso, de Zorrilla, de Moliere, de Byron y los de una ciudad sudamericana, hay marcadas diferencias de sensibilidad moral. En el fondo, sin embargo, son idénticos. Don Juan no cambia; blasona la misma enseña: "Yo y mis sentidos". Pero, con todas sus bravatas y aires de guapo, es un perfecto calavera a quien la lujuria ha entontecido. Es rara vez un gran apasionado antes casi siempre un frío calculador. Hace alarde de su libertad. Vive, no obstante, en la esclavitud más absoluta, ya que lo manejan a su antojo los impulsos de la carne o los mandatos irresponsables de un perpetuo "porque si". Hace poco el distinguido medico español Dr. Marañon dejo caer una bomba en el campo Tenorista, llamando a Don Juan, "una monstruosidad biológica". Empero merece éste el calificativo, pues no tiene vuelta de hoja que así moral como físicamente resulta ser anormal.

Pero hay muchos jóvenes, por desgracia, que sin convertirse en Don Juanes de oficio, creen que para ser hombres hay que tomar lecciones en la escuela de Tenorio. Recuerdo el triste caso de un mozo peruano que fue aclamado héroe por un grupo de compañeros suyos, al descubrirse que aquel había contraído una de las enfermedades que van a la zaga de Tenorismo. En opinión de esos jóvenes ingenuos, aquel se había hecho ya hombre. Pero un hombre es otra cosa. Un Hombre reconoce que el instinto sexual es perfectamente natural, tan natural como cualquier otro, y adopta entonces frente a él una de estas dos actitudes. Sin reprimirlo, para que no forme en su personalidad complejos freudianos, lo sublimiza, buscando alguna actividad de orden superior que absorba su pasión. O, de otro modo, canaliza honradamente su instinto dentro del cauce del matrimonio, aceptando y aun persiguiendo las consecuencias naturales que le trae la fundación de un nuevo hogar.

Creo que si reflexionaran un poco los jóvenes sobre las posibles consecuencias que acarrea a otros una pasión irregular, repudiarían para siempre todo amago de Tenorismo. No olvidaré nunca una experiencia que tuve en la ciudad de Valparaíso. Había dirigido unas palabras de aliento a un grupo demozuelos, vendedores de diario, que concurrían todas las noches a una clase que organizaba para ellos la Asociación Cristiana de Jóvenes de aquella ciudad chilena. Al retirarme luego del local pregunte al secretario que me acompañaba: "¿Cómo explica Ud. el contraste tan extraordinario entre los semblantes hermosos e inteligentes de muchos de esos muchachos y los harapos que visten y la posición social que ocupan?" Mi compañero me contestó con estas palabras tan trágicamente sugestivas: "Ninguno de ellos conoce a un padre". Y ¿esos padres? Tenorios de una capa social superior.

2

Otro arquetipo humano, más culto y correcto quizá, pero no menos bastardo y subhumano, es el "snob". El "snob" pertenece a la Antigua y Aristocrática Orden del Pavo Real. En virtud de la sangre que corre por sus venas, o la posición social que ocupan, o las propiedades que poseen, o la cultura que han adquirido, los miembros de esta orden sienten el mas alto desdén por los demás hombres, ante quienes no pierden oportunidad de pavonearse, cuidando de no alterar con nadie que no sea de su circulo.

En lo social el "snob" es a menudo un hermoso animal que, al no encontrar la sociedad genial de los suyos, muestra preferencia por la de los canes y caballos. Fue pensando en esta rama del "snobismo" que Bernad Shaw dijo aquello de que: "Es permitido a las damas y a los caballeros de hoy tener amigos en las perreras, mas no en la cocina". Por cierto que resulta asombrosa y desconcertarte la cantidad de gente que pone de manifiesto su subhumanidad, tirando mas a los canino y lo caballar que a lo humano.

Otra especie de "snob" se decida a las letras, lo que persigue el "snob" literario es el lucimiento mas que el alumbramiento. Tiene la obsesión de la forma, preocupándole poco a fondo. Blasonando la jerga de "el arte por el arte", posa la vida rebuscando cortes y colores nuevos, resultando de esta suerte sastre de lo efímero, cuando debería hacerse escultor de lo eterno. Los únicos aspectos de la vida que le interesan al "snob" son los vistosos y llamativos. Espectador sentado en su torre de marfil o su tallado balcón aristocrático, mantiénese alejado de todo contacto con la vida real y verdadera. Jamás se le ocurre poner su talento al servicio de una idea o causa nobles. Y ciando se da el caso, como a veces sucede, de que un "snob" de las letras escribe un libro de fondo, lo hace casi siempre sobre los temas que están de moda. Al ocuparse de problemas humanos, cuida mucho de no tocar los aspectos de dichos problemas que estén candentes en su propia tierra. Tratar temas escabrosos podría traerle muchos inconvenientes. Conozco una gran obra de sicología escrita por un profesor sudamericano, en que no se trata para nada los tremendos problemas sociológicos de la patria del autor. Es que a éste le interesaba tan solo la opinión critica extranjera y nada el bienestar nacional.

Los tales carecen de hombridad. Son todos ellos hombrecillos, traidores a la bondad, a la belleza, a la verdad o a la patria. Es también traidor y maldito todo sistema educacional que tiende a producir tipos que vivan desdeñosamente apartados de la eterna realidad humana y de la realidad actual de al patria.

3

El tercer arquetipo de Hombre que carece de Hombridad es el ególatra. Este hace del Yo y sus intereses el móvil de toda actividad. Pretende crearse un cosmos que gire sobre el eje de si mismo. Don Juan era egotista, pero no ególatra, ya que sus acciones no estaban inspiradas en la idea objetiva del yo, sino en una simple pasión carnal.

Lo propio podía decirse del "snob". Este actúa indudablemente por egoísmo, pero mientras lo que lo mueve es el buen tono o la buena opinión de alguna elite, lo que mueva al ególatra es el afán desmedido por colocarse a sí mismo en el centro de todo cuadro, haciendo que todo le sirva de medio para la realización de sus fines, sin que el sirva de medio para ningún interés ajeno.

Seguir en todo instante la voluntad y el interés propio sin consultar nada los ajenos, no es sino una forma aristocrática de la locura. El perfecto voluntarioso, con todo sus aires de caballero independiente, esta poseído del demonio más trágico de todos, el demonio del yo. Nadie puede ser obra perdurable que tenga por único móvil una ambición egoísta. Tarde o temprano el endemoniado del "yo" caerá de bruces en uno de sus duelos temerarios, por encontrarse en las alturas con el ventarrón de alguna ley universal. "Las estrellas de sus órbitas pelearon contra Sisera", dice el antiguo "Libro de los Jueces". Y Víctor Hugo pregunta en "Los Miserables" "¿Quién ganó la batalla de Waterloo?"... Y contesta: "¡Fue Dios!".

Quizás el más perfecto ególatra que nos ofrece la literatura es el Peer Gynt de Ibsen. Adoptando este de joven la enseñanza de "Ser yo mismo", se lanza al mundo en busca de fortuna. Tras una serie de peripecias por países extranjeros, en el curso de los cuales ha hecho y perdido varias veces ingentes fortunas, vuelve siendo hombre ya de barbas blancas, a su tierra natal. Camino de su aldea, entra en una vieja huerta conocida. Alza en la mano una cebolla y empieza a sacarles las telas. A cada tela que sale le da el nombre de un papel que ha desempeñado en su vida... El naufrago arrojado por el mar sobre la playa americana, el de cazador de focas en la bahía de Hudson, el de buscador de oro en California... Hasta llegar por fin a lo que debía ser el corazón de la cebolla. Pero... ¡Nada! La cebolla es pura tela. "Como cebolla", dice, "Ha sido mi vida toda tela, apariencia... sobre mi lapida escúlpase en letras de molde estas palabras: "Aquí yace nadie".

Peer Gynt era Don Nadie, por no haber consultado nunca en su larga vida sino su yo y sus intereses. No se había puesto a si mismo al servicio de nada que beneficiaria a los demás. En ningún corazón agradecido sobreviviría su nombre inmarcesible. El ególatra a de resultar a la larga, o un loco o nadie, pero un Hombre, jamás.

4

¿Quién es entonces el verdadero el arquetipo humano? El que merece llamarse todo un Hombre posee tres cualidades básicas:

Es un ser libre sed de lo real. Su libertad se destaca cuando se le compara sobre los tipos anteriores. Don Juan es esclavo de una pasión baja; el "snob" es esclavo de prejuicios aristocráticos; el ególatra es esclavo del archidemonio Yo. El hombre verdadero, habiendo afirmado su libertad frente a sus pasiones, sus prejuicios y sus ambiciones mezquinas abre de par en par las puertas y ventanas de su alma a los soplos y voces que le viene del mundo real. Tiene sed de realidad.

El ser humano vive en dos mundos, un mundo de efímeras apariencias y un mundo de eternos valores. El Hombre verdadero, como salido, como los presos platónicos, de las cavernas de las apariencias, lo contempla ya todo bajo la luz de la realidad. Se atreve a mirar de frente al Sol.

Parte del mensaje Keyserling al mundo contemporáneo, es su insistencia sobre la necesidad de adoptar una actitud pasiva frente a las cosas que queremos investigar o que merecen investigarse. Dejemos primero que ellas nos hablen. Libres de prevenciones o prejuicios, dejémonos empapar en la atmósfera de ellas. Luego, lo que no nos satisfaga, después de haberlo conocido, rechacémoslo. Pero no sea la actitud critica la primera sino la ultima. Entonces podemos criticar con pleno conocimiento de causa.

De este modo nos expondremos al cargo de que los demás critican son, por lo general, los que menos saben. El Hombre verdadero, sediento de lo real produce, en su búsqueda espiritual en igual forma que los hombres de ciencia. Los descubrimientos científicos se hacen a base de la aplicación reverente y concienzuda de hipótesis a la realidad objetiva. Los descubrimientos espirituales solo se harán por un proceso de verificación honrada de la teoría o actitud que se someta a investigación.

Otro rasgo del Hombre verdadero es apasionarse por algo superior. Hay grandes regiones del mundo real que no podrán ser descubiertas por los teóricos, preciosas experiencias que estos no podrán nunca compartir. La única actitud creadora frente a la vida es la de aquel que se vincula a una idea o causa superior que le absorbe todas las energías del cerebro, corazón y brazos. Que sea un obrero en alguna forma. Que ponga su talento al servicio de algo de indiscutible importancia. Que encuentre, es decir, su vocación en la vida. Y en cuanto a dificultades intelectuales, ellas se solucionan muy a menudo no bien uno se pone a trabajar para cumplir un deber, o encarnar en vida un ideal. Hay problemas que resultan insolubles en la soledad de la biblioteca y que podrían solucionarse fácilmente en la soledad del camino. "La acción", decía Amiel, "Es la quinta esencia de la vida, como la combustión es la quinta esencia del fuego". ¡Con que frecuencia la causa hace al hombre, así intelectual como moralmente! ¿Quién no ha sabido de hombres mediocres que se agigantaron, llegando a grabar hechos inmortales en las paginas de la historia, por haberse jugado la vida en una causa superior?

La pasión y no la apatía es el estado normal del Hombre. Solo son creadores los grandes apasionados. Solo ellos son capaces de grandes conquistas, comenzando por la conquista preliminar de un carácter personal aquilatado. "Ningún corazón es puro" alguien ha dicho, "Que no sea apasionado; ninguna virtud es segura que no sea entusiasta". Hay que vivir en un vértigo, grita Unamuno. ¡Que lean y se inspiren en esa pieza de prosa candente de cruzado, con que éste prologa su "Vida de Don Quijote y Sancho", quienes hayan visto la estrella y estén dispuestos a seguirla!

Y si uno es todo un Hombre, además, resultara consecuente en su pensamiento y acciones. Compenetrado de la realidad, será un Hombre de verdad o de la verdad, como dijera el Galileo a Pilatos. Su vida será de una sola pieza y no llevara máscara de ninguna especie. Lo que piensa su alma blanca, eso mismo lo dirá y lo cumplirá. Antes de claudicar preferirá morir. Pensando en Hombres de esta fibra, dice Romain Rolland: "Id a la muerte lo que debéis sufrir. No se vive para ser feliz sino para cumplir con una ley. Sufre y muere, pero procura lo que debes ser: Un Hombre.

Jesús es el verdadero Hombre
Jesús es llamado el “Hijo del Hombre” 88 veces en el Nuevo Testamento. ¿Qué significa esto? ¿Qué no dice la Biblia que Jesús era el Hijo de Dios? ¿Cómo puede ser Jesús también el Hijo del Hombre? El primer significado de la frase “El Hijo del Hombre”, es en referencia a la profecía de Daniel 7:13-14 “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y Su reino uno que no será destruido.” La descripción “Hijo de Hombre” era un título Mesiánico. Jesús es Aquel a quien le fue dado dominio, la gloria, y el reino. Cuando Jesús usaba esta frase en relación a Sí mismo, Él se estaba adjudicando la profecía del “Hijo del Hombre” a Él mismo. Los judíos de esa época, debieron haber estado íntimamente familiarizados con la frase y a quién se hacía referencia. Él estaba proclamándose como el Mesías.

Un segundo significado de la frase el “Hijo del Hombre” es porque verdaderamente Jesús era un ser humano. Dios llamó al profeta Ezequiel “hijo de hombre” 93 veces. Dios simplemente estaba llamando a Ezequiel un ser humano. Un hijo de un hombre, es un hombre. Jesús era totalmente Dios (Juan 1:1), pero también era un ser humano (Juan 1:14). 1 Juan 4:2 nos dice, “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios.” Sí, Jesús es el Hijo de Dios – Él era en esencia Dios. Sí, Jesús también era el Hijo del Hombre – Él era en esencia un ser humano. En resumen, la frase el “Hijo del Hombre” indica que Jesús es el Mesías, y que Él es verdaderamente un ser humano.


SOLI DEO GLORIA.

jueves, 29 de marzo de 2018

CRISTO MI PASTOR, CRISTO NUESTRA PASCUA


CRISTO NUESTRA PASCUA


Cuando el Pastor de una iglesia inició su prédica nos sorprendió a todos con su exigencia a los pastores de tener “olor a oveja”. Quien haya convivido o participado de este trabajo de cuidar ovejas, entenderá que no es precisamente agradable el hedor que despiden las ovejas. Incluso entre nosotros se ha acuñado el dicho: “Oler a chivo”, para indicar lo desagradable y penetrante que es este aroma. Alguien queriendo corregir al Papa opinaba que los pastores deberían “oler a Cristo”, pero precisamente allí está el punto central: Cristo quiere oler a oveja, se encarna en nuestras miserias, asume nuestros pecados. Es pastor, puerta y oveja. Oler a Cristo será oler a oveja.
Nuestro pueblo sufre, tiene miedo, anhela paz y con frecuencia escuchamos que se dice que “ya no encuentra la puerta”. Al contemplar las ingentes multitudes que anhelan la paz y que buscan justicia con dignidad, hastiados, llenos de cólera por un mundo tan descompuesto, forzosamente tenemos que recordar las palabras de Jesús que se autoproclama como el Buen Pastor y nos indica que Él es la puerta. Quizás a algunos les suene extraño y hasta protesten porque la imagen del Pastor iría muy unida a la imagen de la oveja, o como decimos entre nosotros, a la imagen del borrego que ha adquirido un sentido peyorativo de manipulación, de seguimiento ciego, de multitud inconsciente. Las grandes masas son arrastradas por líderes corruptos o son subyugadas por los medios masivos y aparecen inconscientes, adormecidas, indiferentes ante las graves situaciones. Y en este domingo del Buen Pastor, será un día propicio para que nuestra reflexión nos lleve a una toma de conciencia de todo lo que estamos haciendo que ha propiciado que este mundo loco y desquiciado se encuentre al borde del precipicio.
Cristo, Buen Pastor, no quiere adormecernos ni solapar responsabilidades ni de criminales ni de autoridades. Nada más lejano de la intención de Cristo. Discute fuertemente con los principales y los fariseos, y ahora lanza una dura crítica a su liderazgo y a su autoridad. Es por tanto un juicio contra quienes no vigilan, quienes abandonan arrastrando consigo a otros, o bien, contra quienes no se acercan de forma correcta al rebaño. Trae a la memoria la dura imprecación que hace el profeta Ezequiel contra los malos pastores de Israel, tiene su aplicación en contra de los dirigentes de los tiempos de Jesús, pero también es palabra viva para hoy y se presenta como crítica dura y actual contra dirigentes y malos pastores que no tienen en cuenta al pueblo y solamente se aprovechan de sus privilegios y puestos. Es una acusación tanto para los lobos como para los pastores, pero también es un fuerte silbido, al mismo tiempo enérgico y cariñoso, para que las ovejas no se duerman o no vayan tras engañosas seguridades. La maldad y la injusticia tienen como responsables tanto a los criminales como a las autoridades, pero también al silencio, a la indiferencia y al miedo, de un pueblo que calla, que no se levanta y que no ha hecho lo necesario para sacudirse tanta corrupción y tanta mentira.
No podemos seguir igual. Cuando Pedro acusaba a la multitud de responsabilidad ante la muerte de Jesús, con el corazón adolorido preguntaron: “¿Qué tenemos que hacer?”. Pedro, entonces, los invita a una conversión de verdad, no a un cambio de escenario ni a cambios externos. Sugiere un cambio donde se borre definitivamente el pecado y se guíen por el espíritu. También hoy ésta debería ser nuestra pregunta y éstas nuestras actitudes. Deberemos poner a Cristo como nuestro Buen Pastor y asumir las actitudes correspondientes a un pueblo responsable y consciente de sus obligaciones y sus derechos. Todos estamos de acuerdo en reconocer que Cristo es el verdadero pastor, opuesto al mercenario, y que es el único guía seguro que va delante de las ovejas y abre el camino; pero no estamos dispuestos a soportar un examen sobre nuestro papel de pastores, cuidadores y educadores de un pueblo, de una comunidad o de una familia. Las palabras exigentes de Jesús acusando a los bandidos, ladrones y mercenarios, fácilmente las aplicamos a las autoridades, a los responsables y a quienes tienen el deber de velar por nuestros pueblos. Y tenemos razón, porque ellos deben tener muy en cuenta el ejemplo de Cristo y cualquier autoridad o líder moral, tiene la obligación de velar por el bienestar de los ciudadanos y no de aprovecharse de ellos. Pero al mismo tiempo, estas palabras de Cristo son para cada uno de nosotros que tenemos alguna responsabilidad frente a las demás personas: padres de familia, maestros, coordinadores, sacerdotes, catequistas, autoridades… todos tenemos que mirarnos en esta imagen de Jesús y ver cómo estamos realizando nuestra tarea.
¡Cuidado!”. Nos advierte Jesús y nos pide distinguir entre la voz del pastor y la voz del mercenario. La voz del pastor llega hasta nuestro interior y nos da vida. Pero también se escuchan otras voces que adormecen, que engañan y que intimidan. Lo más triste es que hay quienes siguen esas voces y terminan en la muerte. Tendremos que discernir cuál voz estamos siguiendo. Cuando Jesús afirma: “Yo soy la puerta de las ovejas” nos coloca frente al significado de la puerta. Una puerta tiene una doble función: abrir y cerrar; proteger y dejar entrar. En este caso es una puerta de exclusión para los salteadores y ladrones, y puerta de acceso para los verdaderos pastores. Una puerta cerrada para quien busca su propio interés y abierta para quien busca dar vida. Una puerta abierta a la libertad y a la intimidad. Y Cristo nos invita a pasar por esa puerta que es Él mismo para abrirnos a la verdadera libertad. Al mismo tiempo es una puerta cerrada a la mentira, a la injusticia y al mal. Jesús nos ofrece un criterio para ver a quién dejamos entrar por esa puerta y cuáles voces escuchamos, “que tengan vida y la tengan en abundancia”. Lo que mata al pueblo, lo que limita la vida, lo que la oscurece, no podemos dejarlo entrar ni permitir que nos manipule.
Este Domingo del Buen Pastor se nos presenta como un silbido potente que nos despierta y nos pone en alerta. No puede el discípulo permanecer pasivo porque la indiferencia ante la injusticia es grave pecado de omisión. Y al mismo tiempo nos invita a estar atentos a distinguir las voces que dan vida plena, de aquellas voces que llevan a la muerte y a la corrupción. ¿Qué estamos haciendo? ¿Vivimos pasivos ante la injusticia, la corrupción y la maldad? ¿Cuál es nuestra responsabilidad cuando al mismo tiempo somos pastores y ovejas?
Jesús, Buen Pastor, enséñanos a dar la vida por las ovejas a nosotros encomendadas, danos la inteligencia y el valor suficientes para proteger a la comunidad, a los jóvenes y a los niños, y concédenos reconocerte a Ti como nuestra Puerta y nuestro Pastor. Amén.
SOLI DEO GLORIA
REV. RUBEN DARIO DAZA B.

domingo, 3 de diciembre de 2017

¿Era Jesús un Predicador positivo y exitoso?

¿Era Jesús un predicador positivo y exitoso? Excelente análisis Bíblico.


Vivimos en una era de “sentir bienestar” en una sociedad súper sensible en la que las personas se sienten ofendidas por cualquier desaire percibido. La policía políticamente correcta patrulla las ondas del aire, marca banderas rojas y etiqueta a los que las usan como intolerantes, racistas, sexistas y extremistas. La libertad de expresión está bajo ataque, especialmente el discurso religioso, que a menudo es etiquetado como “discurso de odio” por parte de seculares que rechazan la verdad bíblica. Pablo le advirtió a Timoteo: “Porque llegará el tiempo en que la gente no tolerará la sana doctrina, sino que se juntarán maestros de acuerdo con sus propios deseos, teniendo comezón en sus oídos, y apartarán sus oídos de la verdad y recurrirán a mitos. “(2 Timoteo 4: 3-4).

Contrariamente a algunas opiniones, Jesús no siempre fue un señor amable que nunca ofendió a nadie con sus palabras y evitó cuidadosamente la controversia. Algunas personas tienen la idea equivocada de que Jesús fue un predicador “que se siente bien”, que siempre fue dulce, amable, diplomático y nunca hizo olas ni sacudió el bote. ¿Me estás tomando el pelo? ¿Qué Biblia han estado leyendo?
Jesús ofendió a mucha gente con una verdad sin adornos que los hizo sentir incómodos (Juan 6: 60-61). El difunto Jamie Buckingham expresó esta realidad en su ingenioso título de libro, La verdad te hará libre, pero primero te hará miserable. A veces la verdad duele; nos golpea justo entre los ojos y corta como un cuchillo. Jesús no predicó lo que yo llamo “sermones de algodón de azúcar” que están en boga hoy en día: hilos esponjosos de pensamientos recubiertos de azúcar entrelazados para hacer que las personas se sientan bien, pero que contienen poca sustancia espiritual. De hecho, Marcos 12:37 (NKJV) indica que “La gente común lo escuchó con gusto”, probablemente porque dijo la verdad sin ningún pretexto religioso o sin dar golpes. Pero no se equivoquen, no todos escucharon a Jesús con alegría.

No estoy sugiriendo que Jesús ofendió intencionalmente a la gente, pero la verdad que habló tenía una forma de separar el trigo de la paja, las ovejas de las cabras. Para ser claros, Jesús era amoroso, agraciado, compasivo y tierno de corazón hacia los marginados y oprimidos de la sociedad. De hecho, se desvió de su camino para visitar donde otros se negaban a ir. La mayoría de los judíos, debido a los prejuicios, viajaron por Samaria. Jesús lo atravesó deliberadamente y rompió barreras culturales y raciales al hablarle a “la mujer junto al pozo” (Juan 4: 4-9). Algunas cosas que hizo fueron consideradas escandalosas en su cultura: tocar y sanar a los leprosos, hacerse amigos de publicanos y pecadores, permitir que una mujer “pecaminosa” lo toque / ungiera (Lucas 7: 36-39), curación en el día de reposo y demás. Trabajó fuera de las líneas de las normas sociales para un hombre judío, especialmente un rabino.

Incluso su propio primo, Juan el Bautista, no lo entendía del todo. Envió mensajeros que preguntaban: “¿Eres tú el que debe venir, o buscamos a otro?” (Mateo 11: 3). Jesús respondió contando cómo las personas estaban siendo sanadas y recibiendo el evangelio, pero luego agregó este eslogan: “Bienaventurado el que no se ofende por causa mía” (Mateo 11: 6, NVI). Aparentemente, Juan se sintió ofendido por Jesús. ¿Por qué? Estaba sufriendo en prisión mientras Jesús estaba socializando en cenas con pecadores. El estilo y los métodos de Jesús no se ajustaban al molde de lo que Juan esperaba en un Mesías.

Es triste decirlo, Jesús no sería bienvenido en muchas iglesias modernas. Desafió el status quo, revolvió plumas, hizo enemigos y atacó el establecimiento religioso. Jesús mostró compasión a los pecadores, pero también enfrentó su pecado (Juan 4:18, 8:11). Fue muy crítico con los líderes religiosos corruptos e incluso llamó a la gente por algunos nombres poco favorecedores:

Llamó a Herodes Antipas, que mató a su hermano, Felipe, y robó a su esposa, Herodías, un “zorro” (Lucas 13:32). Los zorros son depredadores que se aprovechan de animales más débiles, por lo que Jesús llamó a Herodes sobre su abuso de poder.

Jesús apodó a Jacobo hijo de Zebedeo y Juan hermano de Jacobo “Boanerges”, que significan “hijos del trueno” (Marcos 3:17), lo que no fue un cumplido, sino una exaltación de sus bocas, su cabeza canosa, su carácter iracundo y sus prejuicios (Lucas 9: 49-56).

Llamó a Pedro “Satanás” por tratar de interferir con el plan de Dios para ir a la cruz (Mateo 16: 21-23).

Llamó a Judas Iscariote un “diablo” y el “hijo de perdición” por su traición (Juan 6:70; 17:12).

Llamó a sus propios discípulos “incrédulos” con poca fe cuando calmó la tormenta (Mateo 8:26), una “generación infiel y perversa” cuando no pudieron expulsar a un demonio (Mateo 17:17), y “tontos” “y” tardo de corazón para creer “cuando dudaron de su resurrección (Lucas 24:25).

Jesús reservó sus barbas verbales más fuertes para los líderes religiosos santurrones. En Mateo 23, Él los llamó “ciegos”, “guías ciegos”, “serpientes”, “generación de víboras”, “necios” e “hipócritas”.

Las palabras contundentes de Jesús no siempre hicieron que sus oyentes se sintieran cálidos y confusos, pero, como dice el viejo refrán, “si el calzado le sirve, úsela”. La verdad es como la medicina, no siempre sabe bien al principio, pero te ayudará a curarte eventualmente. Los dichos extraños de Jesús a veces son difíciles de tragar, pero son palabras de vida y salvación. Cualquier cirujano experto te lastimará primero en el proceso de sanarte. Los sermones de Jesús a menudo eran quirúrgicos: dolor a corto plazo a cambio de una ganancia a largo plazo. Él realizó cirugía espiritual en los corazones de las personas con el bisturí afilado de Sus palabras.

Algunos pensaban que Jesús era “malo” cuando “apagó” a los dolientes burlones antes de levantar a la hija de Jairo de entre los muertos (Marcos 5: 40-41). Otros pensaban que era demasiado extremista cuando tejió un látigo y expulsó a los codiciosos cambistas del Templo (Juan 2:15). Recuerde, Él es el león y el cordero, el equilibrio perfecto entre los lados duros y tiernos del amor. En una época en la que los predicadores caminan sobre cáscaras de huevo para evitar decir algo negativo u ofensivo, el Buen Pastor alimenta a Sus ovejas con lo que necesitan no solo lo que quieren oír. La verdad no siempre nos hará sentir bien, pero nos hará libres. Entonces, sigamos diciendo la verdad con amor y dejemos que las fichas caigan donde puedan.

SOLI DEO GLORIA
REV. RUBÉN DARÍO DAZA.


domingo, 22 de enero de 2017

Creer Cuando Sentimos Que No Hay Esperanza

Creer Cuando Sentimos Que No Hay Esperanza

Es fácil creer y confiar en Dios cuando estamos bien, o cuando vemos cosas, cuando nuestra fe va respaldada por los hechos que estamos viviendo; o sabemos que estamos sanos y aun nos queda vida, pero…

¿Qué pasa cuando nos encontramos en una situación en donde el panorama está totalmente en contra de nosotros?, ¿Cuándo estamos en medio de la enfermedad y el pronóstico es sombrío?; ¿Tenemos allí la misma capacidad de creer en lo que Dios puede hacer?, ¿Somos capaces de confiar con totalidad en que Dios obrará?, ó ¿Se nos es muy difícil creer que Dios obrara o que Él nos sanará?

Seamos honestos: a nosotros se nos es fácil creer cuando vemos el poder de Dios actuando, pero cuando llegan esos tiempos de tormento, dolor, angustia y temor, en donde por más que oremos no encontramos respuesta, esos tiempos en donde pareciera que Dios además de guardar silencio también ha desaparecido, en esos momentos, seamos sinceros que NOS CUESTA CREER QUE ALGO BUENO PUEDE PASAR.

Déjame contarte algo, que te sanará de mil formas diferentes, te salvará y traerá paz a tu corazón y fortaleza a tu espíritu.

En lo personal me impacta un pasaje de la Biblia en donde puedo notar la fe del personaje en Jesús a pesar que Jesús en ese momento está muriendo.

Cuando estaban crucificando a Jesús dice Biblia: “Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda” Marcos 15:27

Me llama la atención lo que cada uno de ellos piensa acerca de Jesús. Ellos siendo malos estaban compartiendo lecho de muerte con alguien que era bueno, no tenia culpa, nunca había hecho nada malo como para merecer la muerte en una cruz, sin embargo uno de los ladrones viendo su estado y el de Jesús que era exactamente el mismo, ya que los dos estaban crucificados en una cruz independientemente del por qué de su juicio, se atreve a decir: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” Lucas 23:39

Su frase denotaba total incredulidad, ya que decía: “Si tú eres el Cristo”, como diciendo: “¡Demuestra si es cierto!”. A veces actuamos exactamente de la misma manera, ¿Me equivoco?, no creo, actuamos exactamente igual a ese ladrón, viendo nuestro mal estado tendemos a exigirle a Dios que demuestre que lo es.

¿Cuántas veces le hemos dicho a Dios: “Si tu eres Dios has esto o esto otro”?, o cuantas veces sin decir hemos pensado de esta manera: “Dios tú tienes el poder para hacer esto, demuéstrame que eres capaz de hacerlo”.

¿Sabes?, a veces Dios no tiene porque demostrar nada, él no necesita ir por todas partes haciendo todo lo que quieras que haga para que creas que es Dios o que tiene el poder para hacerlo, a veces pienso que tratamos de chantajear a Dios, “poniendo en juicio” su poder o su capacidad para actuar, como que si el hecho que lo pongamos en juicio hará que el obre más o lo haga más rápido o de la forma que nosotros lo queremos.

Dios tiene sus tiempos, sus formas, sus objetivos y propósitos, Él no necesita demostrarte lo que ES, porque siempre FUE, siempre HA SIDO y siempre SERÁ. Él siempre hará conforme a su voluntad.

Por otra parte quiero resaltar la respuesta el otro ladrón: “Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” Lucas 23:40-42

Me llama mucho la atención la clase de convicción o de FE de este otro ladrón, pudo haber sido ladrón toda su vida, pero en su lecho de muerte Dios le dio la oportunidad de conocer el perdón de Dios.

Posiblemente toda su vida la pasó muy mal, porque un ladrón independientemente de lo que diga o piense, no es feliz, no puede ser feliz haciendo lo que hace, pero Dios tenía un plan, un propósito, que aun en su lecho de muerte este hombre y el otro iban a tener la oportunidad de arrepentirse de sus hechos y reconocerlo como único Salvador.

La frase que este ladrón expresa esta tan llena de FE y SEGURIDAD que nos da una cátedra completa de lo que realmente es CREER aun cuando NO VES. Este hombre le dice: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Es fácil creer cuando vemos a Dios actuar, pero este hombre estaba viendo a Dios “morir” y aun en el estado que Jesús se encontraba y en la posición que estaba CREYÓ EN ÉL.

Este ladron pudo haber sido malo toda su vida, pero en sus últimos minutos tuvo la FE que cualquiera de nosotros quizá no hubiera tenido, porque estar presenciando la muerte de alguien y a pesar de estar viendo que muere creer en Él como Salvador era algo que solo la VERDADERA FE puede hacer.

Para muchos de nosotros ver morir a Jesús hubiera sido motivo para dejar de creer en Él, porque, ¿Cómo es posible que el Hijo de Dios este muriendo?, ¿Cómo es posible que lo maten de esa forma después del poder que le vimos usar?, ¿Cómo es posible que todo se acabe de esta forma?, como muchos en ese tiempo, quizá nosotros también nos hubiéramos defraudado. Pero este hombre ladrón, a pesar de ver morir a Jesús, creyó en Él con tanta firmeza que lo considero REY, al decirle: “…cuando vengas en tu reino”, Jesús que conoce los corazones de cada uno, sabía que lo que ese hombre expresaba era real en su vida, es decir, lo estaba diciendo con sinceridad de corazón, por lo que respondió: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23:43.

Eso es lo que a nosotros nos falta: CREER CUANDO TODO ESTA COMPLICADO, porque el resultado de creer con sinceridad de corazón hará que Dios tome en cuenta nuestra FE.

Querido amigo o amiga, quizá estas enfrente del peor panorama posible en tu vida, quizá te encuentre a un paso del fracaso total o de la muerte, quizá la duda ha querido matar la poca fe que te queda, pero aun en medio de cualquier circunstancia y frente a cualquier panorama, NO DEJES DE CREER.

Confía en lo que Dios puede hacer a pesar de no ver el resultado en este momento, deposita tu confianza en Él con sinceridad de corazón, porque Dios actuara a tu favor, Dios no te dejara solo, de hecho no estás solo, Dios ha de hacer cumplir su propósito en tu vida e independientemente del resultado que obtengas de todo esto, cree firmemente que Dios tiene un plan perfecto que se ha de cumplir.

Puedes estar crucificado por todos los problemas que tengas, pero recuerda que a tu lado esta Jesús junto contigo, ¿Qué le dirás?, ¿Trataras de chantajearlo para que obre?, ó a pesar de no ver lo que quisieras ver ¿Creerás en Él?, créeme que si a pesar de todo el panorama contrario que tienes sigues creyendo, Dios ha de premiar tu FE, porque si algo Dios premia es la FE de los que le creen.


¡CREE EN ÉL, PORQUE ÉL ACTUARÁ!

Salmos 37:5:”Encomienda a Jehová tu camino,Y confía en él; y él hará”.

Dios te ofrece hoy una solución si te sientes perdido y hundido en tanta oscuridad. La oración de salvación es para aquellas personas que quieran tomar el primer paso en restaurar su relación con Dios y CREERLE POR FE. Abre hoy tu corazón, no por miedo, sino porque haz decidido creer en su voluntad.


Padre Santo, Vengo delante de ti reconociendo que eres el único y verdadero Dios. Con humildad te confieso que soy un/a pecador/a. He vivido de una forma que no te agrada y que me ha alejado de ti. Quiero vivir para ti, Señor. Por esta razón te pido perdón.

Entiendo que tu amor por mí es tan grande, que diste a tu único hijo Jesús, para que muriera en una cruz por mis pecados. Acepto a Jesús en mi corazón como mi Señor y Salvador. Rechazo a Satanás y a su mundo de tinieblas. Entrego mi vida a Jesús para que la limpie y la restaure. Envía a tu Espíritu Santo para que fortalezca mi fe y me guíe cada día.

Estoy agradecido/a de que eres un Dios que da segunda oportunidades. Hoy me alegro porque mi vida está llena de luz y de esperanza. Gracias por anotar mi nombre en tu Libro de Vida.

En el nombre de Jesús, amen.

Romanos 3:22 dice que “Por medio de la fe en Jesucristo, Dios hace justos a todos los que creen“. Por fe has recibido la salvación que por gracia Dios nos ofrece. Si ya entregaste tu corazón a Jesús, puedes confiar que él estará a tu lado cada día para ayudarte, consolarte y fortalecerte.

Dios te bendiga!

lunes, 19 de octubre de 2015

DIOS ES LUZ



1 Juan 1:1-10
La palabra de vida


1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida

2 (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);

3 lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

4 Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.
Dios es luz

5 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.

6 Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;

7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Dios es luz, desde siempre,
y brilla ahora en nosotros
(Ap 21:23; 22:5)

Podemos destacar, que la Biblia comienza y termina con el tema de la luz (Gn 1:3,14-18; Ap 21:23; 22:5), y de hecho, es uno de los temas más centrales de todo el libro.[1] En el Apocalipsis, la primera descripción del Hijo de hombre señala que "su rostro era como el sol cuando brilla con todo su esplendor" (1:16; cf. 10:1; 22:16; Mt 17:2). 

La primera visión de Dios describe "al que está sentado en el trono" no con símbolos antropomórficos (cabello blanco, ojos como fuego) sino por el hermoso brillo de tres gemas (jaspe, cornalina y esmeralda) que proyectan todo el espectro policromático del arco iris (4:3). Dios es luz, y en forma muy apropiada el Apocalipsis describe a Dios y a su reino por la belleza de la luz reflejada y refractada por las más bellas joyas de toda la creación (21:11,18-21).[2] De los ángeles también se destaca el brillo de su luz (10:1; 18:1, el esplendor del ángel iluminó toda la tierra; cf. 15:6). La esposa del Cordero viste lino resplandeciente (lo que no es una propiedad natural del lino; 19:8; vs. 18:12,16) y la nueva Jerusalén, que es ella misma, "resplandecía con la gloria de Dios" (21:11).[3] Mientras el destino final de Babilonia es de tinieblas densas e impenetrables, sin tener ni una lámpara (18:23; cf. 8:12; 9:2; 16:10)[4], la historia de la luz de la gloria de Dios culmina en una permanente teofanía, cuando todo será revelación de Dios en su gloria y hermosura (NIDOTT I:328).

Isaías 60:19, que Juan cita en 21:23, tiene su propia teología de luz y tinieblas.[5] En el capítulo anterior el profeta denuncia el pecado, la injusticia y violencia en el pueblo:

La mano del Yahvéh no es corta para salvar,
ni es sordo su oído para oír.
Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios...
Ustedes tienen las manos manchadas de sangre
y los dedos manchados de iniquidad.

Sus labios dicen mentiras...
Nadie clama por la justicia...
Se apresuran a derramar sangre inocente (Is 59:1-4,7).

El resultado de tanto pecado no puede ser luz, sino con su pecado engendran tinieblas:

Conciben malicia y dan a luz perversidad...

Esperábamos luz, pero todo es tinieblas;
claridad, pero andamos en densa oscuridad.

Vamos palpando la pared como los ciegos,
andamos a tientas como los que no tienen ojos.

En pleno mediodía tropezamos como si fuera de noche
(59:4,9-10).\

Pero entonces el pueblo se arrepiente y busca a Dios de nuevo:

Hemos sido rebeldes, hemos negado a Yahvéh.

¡Le hemos vuelto la espada a nuestro Dios!
Fomentamos la opresión y la traición,
proferimos las mentiras concebidas en nuestro corazón...

Yahvéh lo ha visto y le ha disgustado ver que no hay justicia alguna...
Por eso su propio brazo vendrá a salvarlos;
su propia justicia los sostendrá...

El Redentor vendrá a Sión',
¡vendrá a todos los de Jacob que se arrepientan de su rebeldía (59:13-16,20)

Ahora, con el arrepentimiento y conversión del pueblo, nace la luz sobre ellos. La transformación es total y muy dramática:


¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!

¡La gloria de Yahvéh brilla sobre tí!

Mira, las tinieblas cubren la tierra,
y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.

Pero la aurora de Yahvéh brillará sobre ti,
sobre ti se manifestará su gloria.

Las naciones serán guiadas por tu luz, cf 42.6
y los reyes por tu amanecer esplendoroso...

Verás eso y te pondrás radiante de alegría (60:1-3).

Igual que en Apocalipsis 21, la gloria del Señor es la forma específica de esa anhelada luz.[6] Y será tal la gloria divina en toda la tierra, que ya no harán falta el sol y la luna:

Ya no será el sol tu luz durante el día,
ni con su resplandor te alumbrará la luna,
porque Yahvéh será tu luz eterna;
tu Dios será tu gloria.

Tu sol no volverá a ponerse,
ni menguará tu luna;
será Yahvéh tu luz eterna,
y llegarán a su fin tus días de duelo (Is 60:19-20).

Dios como la luz del mundo es también el tema de muchos salmos:

Yahvéh es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?

Yahvéh es el baluarte de mi vida,
¿quién podrá amedrentarme? ...

Una sola cosa le pido a Yahvéh,
y es lo único que persigo:
habitar en la casa de Yahvéh,
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura de Yahvéh
y recrearme en su templo... (Sal 27:1-4; cf. Ap 21:3)


Porque en ti está la fuente de la vida,
y en tu luz podemos ver la luz (Sal 36:10; cf. Jn 1:4).

Yahvéh mi Dios, tu eres grandioso;
te has revestido de gloria y majestad.
Te cubres de luz como con un manto;
extiendes los cielos como un velo...
Tu hiciste la luna, que marca las estaciones,
y el sol que sabe cuando ocultarse.
Tu traes la oscuridad, y cae la noche...
pero al salir el sol... sale la gente a cumplir sus tareas...
Cantaré a Yahvéh toda mi vida (Sal 104:2,19-23,33)

Para el salmista, la luz de Dios se nos comunica por su palabra, para iluminar la senda de nuestra vida:


Tu palabra es una lámpara a mis pies;
es una luz en mi sendero...
La exposición de tu palabra nos da luz,
y da entendimiento al sencillo (Sal 119:105,130)

El Nuevo Testamento mantiene esta teología de la luz, pero con variantes y avances. "Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad" (1Jn 1:5). Es "el Padre de las luces, en quien no hay cambios ni sombra de cambios" (Stg 1:17 BJ; cf. 2Co 4:6), "que vive en luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver" (1Tm 6:16). Pero el Nuevo Testamento da al tema un énfasis cristológico y no duda en llamar a Cristo, igual que el Padre, como "la luz del mundo" (Jn 8:12). Los evangelios sinópticos ven a Jesús como cumplimiento de las promesas proféticas del Mesías como luz a las naciones en medio de las tinieblas (Mt 4:16 con Is 9:2; cf. Ro 2:19; Lc 2:32 con Is 42:6; 49:6).[7] El cuarto evangelio relaciona ese tema con la encarnación como presencia de Dios en la tierra, con mención especial del tiempo de la vida terrestre de Jesús (Jn 8:12; cf. 1:3; 9:15; 12:35-36). Para la escatología realizada de Juan, desde la encarnación de Cristo "las tinieblas se van desvaneciendo y brilla la luz verdadera" (1Jn 2:8).

En el libro de los Hechos los tres relatos de la conversión de Pablo (Hch 9:1-9; 22:1-11; 26:12-18) destacan la importancia de la luz en su encuentro con el Señor. Según la defensa ante Agripa, Cristo lo comisionó a Pablo "para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz" (26:18). En textos como Hch 26:23 la predicación del evangelio se describe como "proclamar la luz". Según 2Tm 1.10, Cristo "destruyó la muerte y sacó a luz la vida incorruptible mediante el evangelio". En paralelismo con la misión de Jesús, Pablo también está enviado a traer luz a los ciegos y a los que están en la oscuridad (Hch 13:47; Ro 2:10; Is 42:7; 49:6). En estos pasajes, "la luz" es sinónimo del evangelio (1P 2:9).[8]


En su gran declaración de la fiesta de cabañas, cuando Jesús proclamó, "Yo soy la luz del mundo", dijo a continuación, "El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8:12). En Cristo, Dios nos da la luz de su rostro para que andemos en ella (1 Jn 1:7). Es más: Jesús, quien es la luz del mundo, dijo también que nosotros somos la luz del mundo (Mt 5:14; cf. Ef 5:8). Según el impresionante símil de Filipenses 2:15, somos hijos de luz que "brillan como estrellas en el firmamento" (Fil 2:15; 1Ts 5:5). "Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo" (2Co 4:6).

Aquí debemos recordar también que el brillo del "lino resplandeciente" del vestido de la novia del Cordero consiste precisamente en las obras justas nuestras; es en nuestro compromiso, aquí en esta tierra, con el reino de Dios y su justicia que brilla la gloria de Dios en nosotros (Ap 19:8). En términos similares, el Salmo 90 describe el reflejo del resplandor de Dios en nosotros y nuestras vidas: "¡Sean manifiestas tus obras a tus siervos, y tu esplendor a sus descendientes! Que la hermosura del Señor [NoYaM-AaDoNâY] nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos..." (90:16-17).


Es imposible ver la gloria de Dios sin reflejar esa luz radiante de alguna manera. Cuando Moisés bajó del monte Sinaí, después de haber visto a Dios, su rostro brillaba con el resplandor de la gloria divina, pero él no se daba cuenta (Ex 34:29-35). Moisés no sabía, pero todo el pueblo se daba cuenta. Cuando la gloria del Señor ilumina nuestras vidas, no se trata de estarnos mirando en un espejo, con narcisismo espiritual, sino de reflejar la belleza de Dios en nuestro estilo de vida y en todas nuestras acciones:




Brilla en mí


Dios la luz de tu amor brilla,
en la oscuridad siempre brilla,
Cristo brilla en nosotros,
tu verdad libertad nos ha dado,
Brilla en mí, brilla en mí.

Coro: Brilla Jesús, llena al mundo de paz
y gloria, Espíritu pon el fuego en mí.
Brillo de amor, llena el mundo de tu justicia
Y que en tí, Señor, podamos ser luz.

Aquí estoy en tu gran presencia,
de las sombras a tu grandeza,
por tu sangre hay luz en mi vida,
Entra y quita todas las tinieblas.

Al mirar tu luz tan grande,
reflejamos tu amor triunfante.
tú nos llevas de gloria en gloria,
transformando toda nuestra historia,

Brilla en mí, brilla en mí...

____________________________________

[1] El lector puede buscar en una concordancia exhaustiva de la Biblia las siguientes palabras: Luz, lucero, lumbrera, lámpara, luminoso, antorcha, candelero, alumbrar, iluminar, tinieblas, oscuridad y otras. Sobre el tema bíblico de la luz, pueden consultarse TDOT I:147-167; NIDOTT I:324-329; Coenen I:462-474; IDB III:130-132; ISBE III 1986:134-136; Spicq III 1996:470-491; Dodd 1978B:208-218.

[2] Las piedras preciosas figuran también entre los lujos de Roma y su comercio (17:4; 18:12,16). La descripción de la Nueva Jerusalén da menos importancia a las perlas, que eran la pasión del imperio y el símbolo de la opulencia, y más al brillo y la belleza de las piedras preciosas.

[3] El lino fino de Babilonia es costoso, pero no resplandece (18:12,16), pero el lino fino de los ángeles (15:6), de la esposa del Cordero y de la nueva Jerusalén brilla con la gloria de Dios.

[4] Pueden consultarse también Ex 10:22; Isa 8:19-22: Am 5:18-20; Sof 1.15; 2P 2:7 y otros textos.

[5] Juan generalmente alude muy indirectamente al Antiguo Testamento, sin citarlo textualmente. La referencia a Is 60:19 en Ap 21:23 es probablemente lo más próximo a una cita textual en todo el libro.

[6] Isa 60 provee el trasfondo bíblico también para la venida de los reyes y las puertas que no se cierran (Is 60:5-17 Ap 21:24-26).

[7] De manera parecida, Ap 21:23 y 22:5 son un claro cumplimiento de Is 60:19-20, aunque Juan no lo señala así.

[8] En algunos pasajes, la luz del rostro de Dios significa bendición o salvación (Nm 6:25. la clásica bendición Aarónica).


SOLI DEO GLORIA !!

EDITOR DE TEXTO:
REV RUBEN DARIO DAZA