martes, 30 de octubre de 2018


LA TERNURA, UNA RESPUESTA PASTORAL 
PARA LOS EXCLUIDOS DE HOY

Resumen:
El grado de sensibilidad por los sufrimientos de los demás es un indicador del grado de humanidad alcanzado por un creyente. Lo contrario de la humanidad es la brutalidad, la incapacidad de reconocer la humanidad del prójimo, la incapacidad de ser sensibles a sus necesidades, de su situación. El autor se traza como meta un acercamiento a vocablos bíblicos que tiene que ver con la misericordia y la cercanía de Dios en la narración bíblica, para proponernos unas metodologías renovadas que nos permitan hacer iglesia y vivir en una dimensión más humanizadora la pastoral.

INTRODUCCIÓN

 ¿Cómo incluir en la acción pastoral a quienes el sistema neoliberal -incluso en ocasiones, la misma Iglesia- va excluyendo? ¿Se puede hablar de la ternura como la mística, como el alma de toda acción pastoral de la Iglesia que dé respuesta a la situación de exclusión que hoy viven incontables seres humanos, incluso comunidades? ¿Cómo la Iglesia puede ser hoy caricia de Dios para la humanidad? Este artículo, se ofrece con el propósito de presentar, a través de una estudio antropológico-bíblico-teológico, el sentido de la ternura para una pastoral más humana, acogedora, incluyente, fraterna, solidaria, de vida compartida en la mesa y fuera de ella; con la fe y la esperanza de hacer creíble, de manera efectiva, simpática y empática, la buena noticia de salvación -caridad/amor- en todo el mundo, pero de una manera particular, en el mundo de los excluidos, generado en gran parte por el fenómeno de la globalización. Es aquí, en la realidad de los excluidos, donde cobra toda su importancia y sentido la ternura de Dios y la del ser humano, ya que el mundo se integra y se humaniza a base del amor manifestado como acogida, solicitud, caricia, donación; a base de ser unos para otros “sacramento de la ternura de Jesús”. Por eso, hoy la Iglesia se ve desafiada por la humanidad excluida para presentarse como “caricia de Dios”, a través de una pastoral de la ternura como un modo de ser, de amar y de adorar, a ejemplo de Jesús de Nazaret.

1. LA EXCLUSIÓN COMO LA NUEVA CUESTIÓN SOCIAL HOY

 En general, hoy se está de acuerdo y se es consciente de vivir y convivir en un “mundo-aldea global” de relaciones tecnológicas, informáticas, económicas, políticas pero poco ‘humanas’. Estas relaciones basadas en el factor IN: in-sensibilidad, indiferencia, in-solidaridad, in-misericordia e in-humanidad, son el ‘pan nuestro’ de cada día, gracias a un corazón de piedra corrompido por una filosofía neoliberal y una “globalización in...” que muestra escasa compasión hacia las víctimas del progreso económico y, además no ofrece ninguna esperanza para los excluidos, a quienes ella misma va botando a los basureros humanos[1] .

En efecto, la exclusión como la nueva cuestión social hoy, es fruto en parte, del fenómeno de la globalización, pero de una globalización sólo económica que abre más la brecha entre quienes mucho tienen y los que tienen nada o casi nada; es decir, entre los integrados y los excluidos [2] , pero también de arrancar de nuestras vidas, la vida y la ternura de Dios. Así pues, se puede indicar que la exclusión está siendo causada por el fenómeno de la globalización, por dos razones:

 1. Es un fenómeno ambiguo, contingente y diálectico que avanza engendrando dinámicas contradictorias; si bien, hay avance-progreso-desarrollo, a la par, el retroceso-miseria-muerte sigue incrementándose considerablemente día a día. Hay ricos globalizados y pobres localizados[3] . Al respecto señalaba Juan Pablo II: “Mientras una multitud inmensa carece de cosas completamente necesarias, algunos, aun en regiones menos desarrolladas, viven en la opulencia o malgastan los bienes. El lujo y la miseria coexisten…[4] ”. 

2. Está creando un mundo marcadamente apático (a-pathos = ausencia de pathos -sensibilidad-), por ende, inhumano: inhóspito, insolidario, inmisericorde y, además, regido por leyes injustas que depredan tanto la humanidad como su habitat; como son, la ley del talión -ojo por ojo, diente por diente-, o la ley de la jungla, de la barbarie -la del más fuerte o poderoso-, son la ley de todos los opresores. Pero existen otras voces que hablan lo contrario: ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor!¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda! (Isaías 1:17 ). 
Es un hecho, que con tantos avances científicos en todos los niveles de la vida humana, ha ido creciendo también en las personas la mentalidad de dominio, de soberbia, de autosuficiencia, de no necesidad de Dios; consecuentemente la ternura y la misericordia parecen no tener cabida en el corazón humano. Como ya lo señalaba la Dives in misericordia: “La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia[5]". En la aurora del tercer milenio, el ser humano que necesita existir en un clima de humanidad, bajo el calor del hogar y en un contexto de solidaridad y de amor, se encuentra desafortunadamente muy solo y, aunque vive ‘on-line’ con el mundo de la infotecnología -televisión, internet, robótica, telemática, ‘mecatrónica, biotectrónica, burótica’- y fomenta la continua planetarización de la existencia más vulgar, sin embargo, al mismo tiempo, paradójicamente, esa misma generación está con frecuencia ‘off-line’ de las grandes cuestiones que afligen a toda la humanidad, más concretamente, a su comunidad próxima de pertenencia [6] .

En efecto, este mundo nuevo-globalizado ha abierto más la zanja escandalosa de desigualdad entre ricos y pobres, incluso entre naciones; es un mundo que no muestra compasión hacia las víctimas del progreso económico, y además no ofrece esperanzas para los excluidos, pues en este nuevo mundo, mercado global[7] , no hay lugar para quienes no parezcan rentables o no puedan rentabilizarse. Por eso, queda claro -como señala Hugo Assmann[8] - que el hecho mayor en la coyuntura actual del mundo es ciertamente el imperio pavoroso de la lógica de exclusión y la creciente insensibilidad de muchísimos en relación a ella. La exclusión es la nueva cuestión social hoy, y a la vez, la gran contradicción y el hecho más escandaloso de los tiempos actuales como estado de malestar que, por un lado, deja ver la tramoya y permite reconocer la maraña del sistema injusto de la economía neoliberal, para quien los excluidos son una masa de desechables, prescindible para los objetivos del desarrollo y poder que pretenden, pero por otro lado, es una realidad que clama ante la imposibilidad de gozar en plenitud de los derechos humanos y sociales, y ante el peligro de ser orillada a vivir eternamente en los agujeros negros de la sociedad[9] . Así pues, se ha pasado de la explotación a la exclusión, es decir, de una sociedad estratificada, del arriba/abajo, a una sociedad excluyente, del dentro/fuera, pasando por la sociedad marginadora, del centro/periferia [10]. En esta sociedad excluyente, los de fuera, es decir, los excluidos están amenazados por la carencia de los bienes básicos para vivir humanamente, además su capacidad relacional pende de un hilo, que en cualquier momento puede romperse, y por último, hay inseguridad e inestabilidad en lo que les da sentido y significado a sus vidas; quedando atrapados en una situación de postración que afecta su confianza básica, su capacidad de lucha, su identidad personal y las motivaciones para vivir, las cuales, los llevan poco a poco a la apatía, cuando no a la autodestrucción.

 Sintetizando, se puede afirmar que los excluidos son la patente de una vida humana truncada en su identidad, en su actividad y en su convivialidad, es decir, en su ‘ser’, en su ‘hacer’ y en su ‘convivir’. El excluido es quien ‘no es nadie, no tiene a nadie y no tiene nada que hacer’. Por consiguiente, no tiene nombre, no tiene la palabra, no tiene voz y no tiene libertad, en suma, es simplemente quien no existe [11]. Son toda esa gente a la que no se quiere ver, se rechaza, se oculta, se aparta, se ignora o simplemente se desaparece. Todos ellos, seres humanos que no han elegido ese lugar en la sociedad, sino que ella misma los ha puesto ahí, en la nada del mundo. Se trata de los hombres y mujeres llamados también de la calle, los desechables, los nuevos pobres, los sobrantes, los náufragos, los desconectados, las víctimas, los sacrificados, los crucificados, los últimos, los sin voz, los ignorados, los no viables, los inservibles, los botados a la vera del camino, los irrelevantes, los invisibles, los insignificantes, los no personas, los nadie, basura humana, desechos humanos.[12]. Sin embargo, también hay que señalar que a la raíz de esta nueva cuestión social, está la idolatría del mercado que no solo pervierte el sentido de Dios, sino que sustituye a Dios por otros dioses -mercancías, dinero, capital, mercado, tecnología-, a quienes le ofrecen millones de vidas humanas como sacrificios necesarios. Incluso Dios mismo garante de la vida, de la justicia y de la dignidad de todos ha sido excluido, ha sido botado fuera de la vida humana.[13].

Finalmente, junto con esta idolatría del mercado, está también la aterradora falta de ternura y solicitud de unos para con otros, y de todos para con la naturaleza y el propio futuro. En efecto, a nuestro mundo le falta alma, sensibilidad, le falta la ternura del ánima y le sobran algunas formas de animus, que le hacen más violento. Por eso es necesario reanimar la tierra, apostar por una humanidad nueva, con un crecimiento espiritual que cultive la interioridad y vigorice el amor, para que el mundo se plenifique [14]. Únicamente será uno capaz de invertir el triunfalismo de las ideologías del mercado, con su potencial de agresividad y fatalismo, para abrirse a nuevas formas de vida, medidas por el sentido de la acogida, de la valorización de la diferencia, del respeto cariñoso de la naturaleza y el entorno, si se tiene en cuenta el sentido de la ternura. Ya que ésta nos libera de las pretensiones absolutistas, nos coloca de nuevo en diálogo con Dios y con el prójimo, y nos hace nuevamente capaz de cariño, de gratuidad y de maravilla.

2. EL SENTIDO ANTROPOLÓGICO Y BÍBLICO DE LA TERNURA 

Cuando uno se acerca a indagar sobre la ternura, se da cuenta que dicho concepto es utilizado en muy diversos sentidos y, por tanto, sin una claridad concreta tanto en el lenguaje común como en el científico. Es más, a lo largo del tiempo se ha empobrecido su contenido semántico y su empleo fue perdiéndose hasta estos últimos años, en los que se vuelve a tomar conciencia de la importancia del término, pero sobre todo de la riqueza de su significación. Hasta hace unos pocos años, dicho concepto prácticamente había ‘brillado por su ausencia’ en el lenguaje teológico. Sin embargo, actualmente se presenta como paradigma de evangelización, como respuesta a los desafíos de un mundo tecno-científico, como horizonte de humanidad y de futuro15. Esta propuesta surge, por un lado, de la riqueza antropológica que se descubre de dicho contenido de la ternura y, por otro, de palpar en los mismos escritos bíblicos la realidad de un Dios de ternura volcado sobre todas sus criaturas.


2.1. Antropología de la ternura 

Al abordar el tema de la ternura, es necesario tener presente conceptos afines tales como delicadeza, cariño, dulzura, afecto, caricia, cordialidad, amistad, amor, para poder indagar en la riqueza de su contenido. Así pues, el término “ternura” -del latín tĕnĕrĭtas, ātis- cualidad de lo que es tierno, terneza, blandura, delicadeza; evoca la idea de algo pequeño, frágil o delicado, por lo tanto, privado de dureza y de rigidez. Además, tiene una doble vertiente, remite primero, a una inclinación de amor o afecto interior -que se experimenta como participación viva, afectuosa y dinámica-, y segundo, a una actitud cariñosa y protectora hacia alguien. Por otro parte, es revelador también el adjetivo “tierno” -de tener, ĕra, ĕrum- blando, dúctil, tratable, flexible, sensible, afectuoso, amoroso; y -de tendere- extenderse hacia, encaminarse, dirigirse a, orientarse, proyectarse. Por consiguiente, el vocablo ternura, hace referencia al encuentro buscado que se da entre personas en una relación real de entrega y reciprocidad. Y tierno/a es la persona que, con un corazón generoso, regala a manos llenas cariño con atenciones y cuidados16. Siguiendo a algunos autores17, se puede observar que la ternura es flexibilidad, permeabilidad, apertura de corazón, disponibilidad, solicitud, benevolencia, amabilidad, dulzura que empapa el espíritu, delicadeza y encanto por la belleza del mundo y del ser humano en cuanto tal, rompe con la dureza de corazón y elimina las fronteras separatistas del individualismo, visto éste como egocentrismo, solitariedad, indiferencia, rechazo de diálogo y de intercambio. “La ternura es reciprocidad entre iguales, ausencia de sumisión, cancelación de la figura del dominio, del dueño y del súbdito, descubrimiento y creación de relaciones que renuncian al catártico teatro de las figuras del inimicus (el enemigo privado) y del hostis (el enemigo público); que renuncian a la oposición entre centro y periferia: dónde el centro es todo ‘yo’, y la periferia son ‘los otros’18.

Desde esta dinámica de reciprocidad; de dar y recibir, de ofrecerse y acoger, la ternura se expresa en tres notas fundamentales, a saber: como una forma generosa y privilegiada de comunicación -a través de palabras, sonrisas, miradas, gestos, caricias-, para expresar y compartir todo el ser con quien se tiene al lado; como la antesala para la convivencia entre los seres humanos -mejor aún, la “puerta abierta para la inclusión”- 19, ya que ésta abre las puertas del corazón para entrar en relación con los demás; y por último, como un lazo o vínculo que favorece el crecimiento de la vida afectiva, la confianza y la seguridad entre los seres humanos, posibilitando así, la capacidad de afrontar las dificultades que surjan a lo largo de la vida.20.

Por eso, decir ternura es decir amor, ambas son inseparables, pero distintas a la vez, no se identifican, sino más bien se retroalimentan. La ternura con sus tres componentes -empatía, es decir, ponerse en el lugar del otro; sensibilidad a estímulos pequeños que se demuestran en delicadeza; y expresividad en detalles-, es una de las características esenciales del amor y muestra inequívoca de que él existe; el verdadero amor está hecho de ternura, por lo cual, es imprescindible decir el amor con signos de la misma 21. La “ternura” supone el Amor, pero no se identifica simplemente con él. La ternura nos habla de una dimensión específica de la manifestación del amor caracterizada por un dato de desbordamiento, sobreabundancia, exceso... por el rostro vulnerable del amor que nos acerca y entrega; por ser una manifestación expresiva en cercanía, delicadeza, cuidado, solicitud, dulzura... al tiempo que oferta protección, vigor y firmeza 22. Pero también es imprescindible tanto la experiencia del amor como la de la ternura para llegar a vivirse en plenitud humana, ya que la persona no puede vivir sin amor y sin ternura, porque éstas han sido desde siempre para ella una necesidad existencial 23. “Necesitamos ternura”, es hoy uno de los gritos de la humanidad en todos los campos; la ternura es una necesidad existencial para vivir y convivir, y para realizarse humanamente en el encuentro con todo y con todos. Encuentro que se realiza con una multiplicidad de interlocutores los cuales posibilitan el “acabarse de hacer del ser humano”24. Así pues, la ternura es un factor indispensable en el proceso de hominización, mejor aún, “el hombre nace fundamentalmente de la ternura”. La ternura es la “cuna del ser”, en ella se produce lo que se puede llamar la “eclosión del ser” 25. Por tanto, lo fundamental en la existencia humana no es la razón, sino el amor 26, no es el logos, sino el eros y el ágape: es el sentimiento, la afectividad y las expresiones que de ellos se derivan - eros, pasión, ternura, solicitud, compasión, amor-; ya no es el cogito, ergo sum, sino el sentio, ergo sum, es decir, el pathos está por encima del logos, sin negar que ambos se complementan en el ser humano 27.

Hoy no se puede hablar que exista genuina humanidad, si no hay ternura porque ésta mide el nivel de humanidad alcanzado por el individuo y la sociedad. De ahí que algunos autores expresen: “El grado de sensibilidad por los sufrimientos de los demás... es el índice del grado de humanidad alcanzado… Lo contrario de la humanidad es la brutalidad, la incapacidad a reconocer la humanidad del prójimo, la incapacidad de ser sensibles a sus necesidades, a su situación”28.

Finalmente, en lo que respecta a la parte antropológica, hay que puntualizar que la ternura es ternura porque ofrece una generosidad y una sensibilidad mayor, y además porque encierra el vigor dentro de sí, lleva consigo la denuncia al desamor manifestado en la dureza de corazón y en el replegarse sobre sí; el hecho mismo de la ternura es una denuncia de lo que no debe ser, es un aguijón en el mundo de la inhumanidad, razón por la cual, está siempre sometida a prueba, pues sabe que debe cargar con la incomprensión y el rechazo. “La ternura es el exceso [sobreabundancia] del amor, la respuesta que el amor ofrece cuando se ve desafiado”29. Se refiere a esa conmoción interior, generada en lo más profundo del ser ante la fragilidad y el peligro; al amor que abraza, envuelve, protege y salva30.

Cabe destacar pues, que la auténtica ternura no es signo de debilidad, ni mera efusión de sentimientos fuera del control de la razón; no es para los débiles, menos aún para los cobardes y los viles, sino para los fuertes, los valientes, para los que son capaces de generosidad y de responsabilidad, porque la ternura encierra en sí la fortaleza, ella nace del vigor interior; requiere del coraje de comprometerse por alguien, el coraje de descentrarse y abrirse al prójimo con gestos concretos, el coraje de arriesgarse y arriesgarlo todo por amor 31. Por eso, con todo el vigor del animus y toda la expansión del anima, “ser tierno con fortaleza y fuerte con ternura” es uno de los más altos grados de una vida auténticamente humana 32. Vista la ternura así, puede afirmarse que se trata de la historia solícita y cariñosa de lo que Jon Sobrino llamó el “principio misericordia”, el cual se refiere a ese dinamismo volcánico progresivo y permanente que nace del amor y hace interiorizar el sufrimiento ajeno en lo más profundo del ser, en las entrañas; ese dolor sintonizado y empatizado que provoca en  persona una re-acción, la mueve a actuar, a concretizar la praxis de su amor 33.

En síntesis, desde el campo antropológico, la ternura es: experiencia fundamental del ser humano tanto en su génesis como en el progresivo desarrollo de su vida; es generadora de la confianza básica y del sentido de pertenencia a una familia, por las cuales se adquiere independencia y autonomía; es paradigma de convivencia y puerta abierta para la inclusión, base de un diálogo genuino; es don acogido y compartido; es desbordamiento gratuito del amor, manifestado en una relación de cercanía, de entrega y, a la vez, de acogida total y vulnerable, y respuesta amorosa en señal de gratitud; es vehículo del amor; es siempre encuentro, despierta la conciencia del ser humano consigo mismo y con todo su habitat, posibilitando así el ‘acabarse de hacer del ser humano’; es expresión del ‘anima’ y del ‘animus’ del ser humano, y además, de fortaleza y vigor interior; es sentimiento vivido, opción existencial y actitud histórica. La ternura es, por todo esto, un factor indispensable en el proceso de hominización, mejor aún, es la cuna del ser, puesto que el ser humano nace fundamentalmente de la ternura.

2.2 La ternura en el lenguaje bíblico 

En la Sagrada Escritura los términos misericordia, compasión y ternura están íntimamente unidos, los tres tienen su fuente y su culmen en el amor de entrega como actitud favorable hacia quien se encuentra en una situación de inhumanidad, en la indigencia, o bien, en el peligro. Por eso, como bien observa un autor: “Quién procura en la Escritura la palabra misericordia no será decepcionado. La encontrará en muchos lugares y situaciones. Siempre, sin embargo, con un núcleo común: bondad esencial, envolvimiento del corazón, ternura que conmueve”34.

Según Rocchetta, en la Escritura, al concepto ternura corresponde una rica constelación de términos hebreos y griegos que dejan entrever aspectos y acentos diversos y complementarios. Misericordia, clemencia, compasión, condescendencia, ternura, generosidad, benignidad, piedad, bondad, cariño, benevolencia, gratuidad, entre otras, son la traducción que de ordinario se hace de los términos hebreos rahûm, hannûn, hésed y de los términos griegos splágchna, oiktirmós, chrestótes, éleos; términos todos ellos que expresan el contenido del amor de Dios 35.

La ternura en el Antiguo Testamento.

En el A.T. no hay un término que unívocamente sea utilizado para decir “ternura”, sin embargo, la experiencia de la ternura de Dios es recogida en diversos contextos, en un abanico de términos de significados muy afines aunque, a veces, de grupos semánticos muy distintos. Rahûm, hannûn, hésed, son los tres términos a profundizar, términos todos ellos relacionados con el concepto del amor 36. Un amor que se manifiesta a través de una relación amorosa, afectuosa que brota del corazón de Dios. González de Cardedal indica al respecto: “Dios de la ternura es probablemente una de las designaciones que revelan mejor la relación de Dios con el hombre, por ser éste fruto exclusivo de su amor, destinatario permanente de su amor y objeto perenne de su espera en amor”37.

Rahûm. La palabra bíblica más diciente del término ternura es ‘rahûm’, ésta nace de la raíz hebrea rhm, la cual hace pensar en un sentimiento localizado en lo más profundo del ser humano, en las entrañas -rahªmîm-. Rahªmîm -regularmente es traducido como entrañas, pero no hay que olvidar que literalmente se refiere al útero- es el plural de intensidad de rehêm -el seno materno-, significa amor cariñoso, natural y emocional. Rahªmîm, normalmente se emplea para designar la vivencia de fuerte participación afectiva: de las mujeres con el fruto de su vientre (1 Re 3, 26), de todos las personas hacia sus hijos o parientes (Gn 43, 30; Is 14, 1; 49, 15; Dn 1, 9), pero sobre todo de Dios como padre-madre para con todos sus hijos y con todas sus criaturas (Jer 31, 20; 33, 26; Sal 69, 17; 103, 13; Is 9, 16; 14, 1; 49, 10.13-15; 66, 13; Os 11, 1-4.7-9). Esta ternura de Dios es fruto de un amor maternal, delicado, vulnerable que nace de las entrañas -rahªmîm- del mismo Dios 38.

Rahªmîm significa también los testimonios concretos, los gestos de ternura y los innumerables actos de benevolencia con los que Dios colma a su pueblo: «Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, más mi amor (hésed) de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá dice Yahveh, que-tiene-compasión-de-ti (merahamek)» (Is 54, 10; Cfr. Dt 4, 31).

Hannûn. Viene de la raíz hnn, traducida muchas veces con vocablos similares a los de la raíz rhm. Por su etimología hnn enfatiza la idea de ser compasivo con alguien, otorgarle el propio favor; esta raíz está relacionada con hnn ‘inclinarse, acampar’. Sin embargo, más que un inclinarse hacia el otro de manera condescendiente, se trata de una actitud de dedicación, de aproximación hacia quien se encuentra en una situación de necesidad, para asistirlo con solicitud. Evoca sobre todo, un gesto, de “dedicación al prójimo”. Esta dedicación no quiere decir un sentimiento que nace del interior, sino una acción determinada a favor de ese alguien que la suscita; el hânan es el ir al encuentro de alguien con benevolencia, es decir, es la sensibilidad, la atención-consideración hacia, manifestar aprecio, es la benevolencia que nace de un sentir interior, pero que se traduce en un don, en un regalo (Gn 33, 5; Sal 119, 29)39. El verbo hânan -mostrar hên a alguien-, teniendo en cuenta los matices de ver por, inclinarse hacia y mostrarle benevolencia, expresa la manifestación de la gracia que la persona lleva en sí. Por tanto, mostrar hên a alguien es ser compasivo. Esta actitud está referida principalmente a Dios, quién es el sujeto de esta manifestación de hên “favor, atención, inclinación” hacia las personas sencillas, de manera especial hacia los débiles, pobres y miserables. (Lam 4, 16; Prov 14, 31; 19, 37; 28, 8; Sal 37, 21; 37, 26; 112, 5). Dios los levanta de su miseria; en eso consiste la hânan 40. “Yahveh es hannûn”, es compasivo, bondadoso (Ex 22, 26; Sal 116, 5) y paciente: erek’appajim -tardo a la cólera-. Yahveh es quien perdona, indulta y otorga gracia 41. «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente (rahûm wehannûn), tardo a la cólera (’erek’appajim) y rico en amor (hésed) y fidelidad (’emet)» (Ex 34, 6).

Hésed. Su significación primera es bondad, benevolencia, en el sentido de disposición favorable de la voluntad de alguien hacia otro, pero en su uso más frecuente referido a Dios caben los conceptos de ‘misericordia, piedad, gracia, favor, lealtad’ así como el ‘amor de benevolencia y el afecto gratuito’. Hésed designa una de las actitudes características de Dios para con el ser humano. Dios que es compasivo y clemente, tardo a la cólera y rico en hésed y wæ’æmǽt (Sal 56, 11). Un Dios que conserva la hésed hasta la milésima generación (Ex 34, 6-7). Hésed indica esa abundancia del acontecer de Dios, de gracia, de salvación que en la mayoría de los casos deja de lado el castigo que merece la culpa 42. Unido a rahªmîm el hésed de Dios adquiere el significado de un amor maternal, delicado, casi vulnerable, que nace de las entrañas; de una dedicación amorosa y misericordiosa que va más allá de las normas (Jer 16, 5; Zac 7, 9; Sal 25, 6; 40, 12; 103, 4; Dn 1, 9). Unido a `æmæt, indica la fidelidad, la fortaleza de la hésed. Yahveh es rico en hésed wæ´æmæt, esta formula evoca el binomio: “gracia, piedad - fidelidad, lealtad” expresando la indefectible y permanente disponibilidad de Dios para con los seres humanos (Gn 24, 27; Ex 34, 6-7; Num 14, 18; Joel 2, 13; Jon 4, 2)43. Así pues, a partir de lo ya señalado y de lo que exponen algunos autores 44, se puede afirmar que en este término se recogen: 1º Todos los cuidados del creador hacia lo creado, especialmente hacia el ser humano; 2º Todos los actos de amor y de responsabilidad de Dios con el pueblo con el cual contrajo nupcias; 3º Todos los favores y beneficios con los que gratuitamente Dios colma a quienes ama; 4º La exigencia del amor, la respuesta recíproca de amor del pueblo hacia Dios (Gn 19, 19; 21, 13; 47, 29; 1 Sam 10, 8; 20, 8; Jc 1, 24; Jos 2, 12.14; 1 Re 20, 31; Os 2, 21-22). Un texto que recoge el contenido de estos tres términos es el versículo tres del salmo “miserere” (51), en el que se puede encontrar todo el contenido del amor de Dios en términos de ternura-compasión, bondad-misericordia, piedad: «Piedad (hên) de mí, oh Dios, por tu bondad (rahªmîm), por tu inmensa compasión (hésed) borra mi delito» (v. 3)45.

Iconos veterotestamentarios de la ternura de Dios. 

A partir del recorrido ya hecho, se puede observar en distintos relatos del A.T. que la historia del ser humano con Dios ha sido siempre una historia de amor, de amistad, de familia; una historia en la cual se deja ver la imagen de un Dios tierno, cariñoso, amoroso, siempre solícito para con todas sus criaturas, y de manera especial para con el ser humano en una relación paterno-materna y esponsálica 46. Por eso, al acercarse a la ternura de Dios en el A.T. hay que hacerlo desde esta triple comparación: la ternura de Dios comparada con la ternura de un padre, de una madre, o la de un esposo hacia su amada.

Paternura de Dios.47 El apelativo “padre” es poco utilizado para referirse de manera explícita a Dios, y cuando es utilizado no es con el fin de una sexualización de Dios, ni para hacer alusión propiamente al sentido de progenitor, sino más bien para acentuar el carácter de responsabilidad y solicitud de Dios para con su pueblo; para representar un modo de ser, una actitud y un obrar de Dios como padre, que lo llevan a darse a su pueblo, a cuidarlo, protegerlo y salvarlo, de la misma manera como hace un padre con sus hijos. «Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahveh para quienes le temen» (Sal 103, 13) 48.

Pero también, aunque no aparezca el término padre, al referirse a Israel como hijo de Dios, indirectamente se entiende a Dios como padre. Hay que destacar que dicha paternura puede mirarse desde la óptica de la alianza: «Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios» (Ez 36, 28; Jer 30, 22), expresión que bien puede parafrasearse: “Yo seré tu padre y tú serás mi hijo”49, así se entienden aquellas palabras dirigidas al faraón en boca de Moisés: «Israel es mi hijo, mi primogénito... Deja ir a mi hijo» (Ex 4, 22-23). El amor y la preocupación por su pueblo -hijo- se reflejan también en la actitud paterna de cariño, de afecto y de solicitud sin límites por la suerte del primogénito (Sab 14, 3), en la corrección del hijo (Tob 13, 4; Prov 3, 12; Sab 11, 10), en el empeño por educarlo y conducirlo por el camino bueno, para que no se haga daño, para que aprenda a vivir y sea feliz (Dt 10, 12-13; 11, 8; Jer 31, 9-10; Job 31, 18).

Maternura de Dios. Sin lugar a dudas, la imagen que con mayor facilidad se asocia a la ternura es la de una madre llevando en brazos a su hijo pequeñito. Esa misma imagen es la que se describe en el A.T. para evocar la maternura de Dios; es además la imagen que mejor describe la relación de Israel con su Dios: «como un niño destetado en el regazo de su madre» (Sal 131, 2). Aunque son pocos los textos para referirse a esta metáfora de Dios como madre, sin embargo, todos ellos son muy significativos; así Israel puede sentirse seguro porque Dios lo amará más que su madre (Eclo, 4, 10), ya que Dios mismo lo engendró, lo dio a luz; por eso nunca podrá dejarlo de querer, de amar, además lo llevará en brazos, lo alimentará, lo acariciará, lo enseñará a caminar, lo consolará, y todo esto precisamente, porque las entrañas de madre se le conmueven (Jr 31, 20; Is 49, 14-15; 63, 15-16; 66, 12-13)50.

El texto de Oseas 11, aunque no expresa explícitamente a Dios como madre, sin embargo por todo el contenido que manifiesta, se descubre que se habla más de Dios como madre que como padre. Un Dios que trata a Israel como a un niño pequeñito, como a un lactante, a quien la madre cuida, le da pecho y lo cría: «Cuando Israel era niño yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo... Yo enseñe a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. Con cuerdas humanas [de ternura, de cariño] los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os 11, 1.3-4)51.

 Ternura esponsal 52. Con características muy humanas, Yahveh es presentado como el “Dios enamorado” que se ha encantado con su pueblo, como el esposo que se enamora de la amada; es la belleza de su rostro la que ha cautivado su corazón (Dt 7, 7; 10, 14-15; Sal 45), como el esposo que lleva en su interior la marca de ese primer amor, ese cariño juvenil y arriesgado de su amada, no obstante, ésta le haya fallado (Jer 2-3). Yahveh es el esposo que ama siempre (Jer 31, 2; Ez 16) y graba el nombre de su amada en la palma de su mano para nunca olvidarla (Is 49, 19). Y a pesar de la no-reciprocidad en el amor, Él la sigue enamorando (Os 2, 4-25) y le habla al corazón de su esposa en los términos que se pueden observan en (Is 54, 1-10)53. «Yo te desposaré conmigo para siempre (le ’ôlām); te desposaré conmigo en justicia (tsedeq) y en derecho (mishpat), en amor (hésed) y en compasión (rahªmîm), te desposaré conmigo en fidelidad (’emûnāh), y tu conocerás (daat) a Yahveh» (Os 2, 22)54. Otro texto en el que se descubre este aspecto de la ternura esponsal de Dios es todo el poema de amor del Cantar de los Cantares 55, que si bien, la pareja protagonista no es un matrimonio, sino una pareja de jóvenes que viven con entusiasmo su atracción mutua y se expresan recíprocamente su ternura, su deseo, su admiración hasta llegar a la consumación plena de su amor, sin embargo, desde una interpretación alegórica que de este libro se ha hecho en la tradición judía, se ha referido que el amante es Yahveh y el pueblo de Israel la amante 56.

Así pues, Dios es padre-madre-esposo de entrañable ternura que se aproxima para salvar a toda la humanidad. El pueblo de Israel a lo largo de toda su historia así lo ha experienciado. Dios se les ha dado a conocer como el Dios de la alianza; un Dios de ternuras y fidelidades que tiene un amor preferencial. De hecho, Dios lo ama con el amor de una peculiar elección, como un esposo puede amar a su esposa o un padre-madre a sus hijos (DM 4). Efectivamente, Dios es un padre-madre-esposo que ama apasionadamente y su característica más sobresaliente es estar volcado amorosamente para con los pobres, los pequeños, los excluidos, los pecadores 57. “El Dios que nos oferta la salvación [no es solamente inteligencia, razón y orden, sino afecto, cuidado y solicitud] es antes que nada el Dios de la Ternura que nos mira como a hijos salidos de sus entrañas, con ese impulso amante y tutelar”58.

La ternura en el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento recoge fundamentalmente en la persona de Jesús, el legado de la experiencia vetero-testamentaria de la ternura de Dios, y trata de plasmar todo su contenido principalmente a través de cuatro conceptos σπλάγχνα [splágchna], οικτιρμός [oiktirmós], χρηστότης [chrestótes], έλεος [éleos], de los cuales, siguiendo a Léon-Dufour 59, se pueden subrayar dos notas importantes: los cuatro términos apuntan a aliviar el desamparo de una persona y, los cuatro aluden al lugar, la fuente y la profundidad del sentimiento que mueve al acto de amor.

De entrada, hay que señalar que el lenguaje neotestamentario es un tanto pobre para abarcar toda la riqueza que manifiestan los términos hebraicos. Así, las palabras que se derivan de las raíces hebreas rhm y hnn, normalmente se traducen en griego por σπλάγχνα y pocas veces por οικτιρμός. En ocasiones, la benevolencia de Dios se expresa con el vocablo χρηστότης, mientras que hésed es traducido por έλεος. Estas formas verbales, en conjugación activa expresan la dimensión de realización de la ternura: moverse a compasión, tener cuidado o hacerse cargo de alguien, socorrer al necesitado; mientras que en la conjugación pasiva, aluden a vivir la experiencia de la ternura como acontecimiento de benevolencia y suceso de gracia 60.

Σπλάγχνα. Junto con el sustantivo σπλάγχνα que hace alusión a las entrañas, el corazón y el amor; también están el verbo σπλάγχνίζομαι, el cual significa apiadarse, compadecerse, enternecerse.

El término σπλάγχνα indica el lugar donde se origina el amor materno y la fuente de los sentimientos, y del afecto en general. Según -el Testamento de los XII Patriarcas-, los σπλάγχνα son el centro de la sensibilidad y del sentimiento. Y tanto en Pablo como en Juan, son el lugar donde se localiza la actitud positiva de ver por el otro, de manera especial por la persona amada. En los σπλάγχνα se localiza la actitud de disponibilidad para acercarse y ayudar al necesitado; dichas actitudes pueden ser llamadas “ternura cordial o solicitud entrañable” (2 Cor 7, 15; Flp 2, 1; 1 Jn 3, 17). Éstas se manifiestan también en el deseo y la añoranza de estar en comunión con los hermanos (Flp 1, 8) y en el interés emocional por la suerte de quien se ama (Flm 10-12)61.

El verbo σπλάγχνίζομαι alude a un sentir profundamente humano, a una conmoción entrañable que vuelca el corazón del ser humano a actuar en favor del otro, es decir, evoca una reacción visceral, lo más entrañable y humana que puede experimentar una persona, como un sentimiento muy fuerte de compasión (Mt 18, 27) o de amor (Lc 15, 20) que se concretiza en una acción capaz de actualizar la pascua, es decir, de dar vida plena a quien se le ha negado por alguna circunstancia natural o provocada 62.

De manera más precisa, Köster 63 señala que el verbo σπλάγχνίζομαι alude a la piedad mesiánica de Jesús; designa una de las formas más particulares de su comportamiento, expresa todo su ser actuando de manera mesiánica, como compasión por el pueblo disperso que no tiene quien lo cuide y le dé seguridad (Mc 6, 34; 8, 2; Mt 9, 36; 14, 14; 15, 32) o por los enfermos y sufrientes (Mt 20, 34; Lc 7, 13; Mc 1, 41; 9, 22); como actitud amorosa y llena de detalles solícitos, manifestada en la parábola del buen samaritano (Lc 10, 33-37); como acogida de paternura hacia el hijo pródigo (Lc 15, 20) y hacia el siervo deudor (Mt 18, 27). Se trata de un mesianismo totalmente nuevo.

Οικτιρμός. El sustantivo οικτιρμός, significa compasión, misericordia; el verbo οικτίρω, expresa tener compasión, apiadarse, compadecerse; y por último, el adjetivo οικτιρμων, indica el actuar misericordioso y compasivo de una persona y de Dios. En un principio Οικτιρμός significó la aflicción, el hecho de lamentar, de sentir la desgracia o la muerte de una persona. Pero en forma adjetiva, aludía al comportamiento compasivo y piadoso del ser humano, pero también, lamentable y lastimero. Desde Homero, οικτιρμός empezó a utilizarse para significar el hecho de tener compasión, compadecerse de alguien, ya sea en el sentido de mero sentimiento como en el de la misericordia solícita 64. Cuando οικτιρμός hace referencia al término hebreo rahªmîm, significa el cariño, la ternura; por ejemplo, cuando Pablo se refiere a Dios como Padre de la ternura: δια των οικτιρμων του θεου «por la misericordia [ese cariño] de Dios» (Rom 12, 1). πατηρ των οικτιρμων «Padre de la misericordia [ternura]» (2 Cor 1, 3).

En la exhortación a los filipenses, οικτιρμοί acompañado de σπλάγχνα indica una compasión afectuosa, la cual es fundamental para vivir una vida fraterna con unos mismos sentimientos: εί τις σπλάγχνα και οικτιρμοί «de toda entrañable compasión» (Flp 2, 1). Por tanto, los cristianos han de revestirse de ella: «Revestíos, pues como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia (σπλάγχνα οικτιρμου̃), de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia...» (Col 3, 12). También en su forma adjetiva, οικτιρμων se presenta una sola vez unido al adjetivo πολύσπλαγχνος para designar un atributo de Dios, Él es compasivo y misericordioso (Sant 5, 11). Por otro lado, en Lucas designa la misericordia divina como fundamento de la compasión humana (Lc 6, 36)65.

Xρηστότης. Traducido regularmente al latín como benignitas, indica el carácter íntimo de la bondad, para referirse a la dulzura y suavidad con las cuales una persona se acerca a otra. Bondad, rectitud, benignidad, amabilidad y mansedumbre, son sus significados 66. En el N.T. χρηστός se utiliza para expresar la bondad de alguna cosa -vino suave, bueno- (Lc 5, 39), para señalar también la bondad-benignidad universal de Dios, quién se da incluso a quienes son considerados inmerecederos; Él dirige su χρηστότης a los ingratos y alejados, sin excluir a nadie de su entrañable amor (Lc 6, 35; Rom 2, 4). Sin embargo, su bondad se vuelve exigencia de amor gratuito hacia los otros, incluyendo a los enemigos; es una invitación a vivir en actitud bondadosa hacia los demás a ejemplo de Jesús, como hijos de un mismo Padre para ser testigos de su ternura (Mt 11, 28-30)67.

En los escritos paulinos χρηστότης se referiere a la benignidad de Dios y a la bondad de las personas como cualidad-virtud que se refleja en los sentimientos y en la conducta bondadosa y amable de unos para con otros. Cuando χρηστότης va unido al término αγάπη se manifiesta como amabilidad (1 Cor 13, 4). En efecto, Pablo señala que por esa benignidad, Dios ofrece la salvación, pues no quiere la muerte sino la vida (Rom 11, 22; Ef 2, 7; Tit 3, 4), expresa también que, el ser bondadoso y amable -afectuoso, cariñoso, tierno- es gracias a la acción del Espíritu (Gal 5, 22), ya que la amabilidad está como uno de los dones del Espíritu más sobresalientes, por tanto, el cristiano la ha de vivir (Col 3, 12) 68.

- Έλεος. Se traduce por misericordia, compasión, piedad; el verbo ελεέω expresa el hecho de tener compasión, de ayudar compasivamente, de apiadarse, de compadecerse; y el adjetivo ελεήμων significa ser misericordioso, compasivo. Estas voces evocan el sentimiento, el afecto como afectación que se experimenta ante el infortunio que aflige a otra persona, y la acción que se ofrece a esa persona, la cual nace de dicho sentir 69.

En el lenguaje del N.T., la irrupción de la misericordia divina como acción liberadora y salvadora en un contexto de inhumanidad, se manifiesta a través del verbo ελεέω. Ante la súplica: ελεήσον «ten misericordia de mí» (Mc 10, 47-48; Mt 9, 27; 15, 22; 17, 15; 20, 30; Lc 17, 13; 18, 38), Jesús muestra la manifestación de la benevolencia y de la ternura salvífica de Dios que da vida, cura, consuela y expulsa el mal de la vida de las personas (Mt 15, 22; 17, 15)70. Sin embargo, la misericordia de Dios exige solidaridad real con los humildes y los que tienen hambre, por eso έλεος aparece en Lc 1, 72; Sant 2, 13; 2 Tim 1, 16 con el significado de “practicar la misericordia, hacer el bien”. Hay que obrar justamente en las relaciones con otras personas, ejercitar la misericordia y practicar la fe. La narración ejemplar de Lc 10, 25-37 caracteriza la entrañable conducta del samaritano, el hacerse prójimo del herido como un testimonio concreto de la ternura de Dios. «El que practicó la misericordia (έλεος) con él. Díjole Jesús: vete y haz tú lo mismo» (Lc 10, 37)71. Además exige perdón: «No debías tu también compadecerte (ελεήσαι) de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí (ελεήσα) de ti» (Mt 18, 33).

Para terminar este apartado sobre la ternura en el lenguaje bíblico, hay que decir que el Dios de la Biblia, más que el Omni-potente, es el Omni-presente, y mejor aún, es el Omni-sentiente; que se hace eternamente cercano a los suyos y se muestra sensible a sus miedos y esperanzas. Es un Dios que se hace carne en la historia para entrar en diálogo con el ser humano y para colmarlo de vida, dándole su amor y su ternura.

3. ELEMENTOS CRISTOLÓGICOS Y ECLESIOLÓGICOS PARA UNA PASTORAL DE LA TERNURA 

En un primer acercamiento al N.T. hecho a partir de los términos griegos ya vistos, se puede descubrir que los evangelios son la revelación de la ternura entrañable de Dios para con el ser humano. Una ternura que se hace epifanía en el corazón palpitante y acogedor de Jesús; un corazón sensible, capaz de ternura solidaria, de compasión, de benevolencia y de amistad gratuita para con todos los seres humanos, pero de manera preferencial para con los excluidos. Como bien afirma Rocchetta: “La ternura de Jesús revela cuanto más de humano existe en Dios y cuanto más de divino existe en el hombre”72.

3.1 Jesús de Nazaret: sacramento de la ternura entrañable de Dios 73 

A partir del Evangelio de Lucas, González de Cardedal 74 expresa que la encarnación de Jesús en la historia humana es fruto de las entrañas de ternura de Dios. Es ahí en sus entrañas, en su seno -lugar donde el amor hace surgir la vida-, donde se gestó la encarnación de su Hijo: “Jesús es retoño de las entrañas de nuestro Dios”, es el vástago de David que visitará al ser humano para iluminar sus tinieblas, trayéndole la ternura de Dios y con ella la misericordia y el perdón (Lc 1, 78). En Jesús, Dios ha visitado a su pueblo; toda su vida compartida a través de su mensaje y de los milagros es un signo de la llegada de su Reino, es decir, de la entrañable misericordia que restituye la plenitud humana a los excluidos.

 Así pues, la ternura representa la práctica amorosa y entrañable de Jesús, su empatía y simpatía con-por-y-para el otro. Ella es la envoltura del amor, el clima de atención y efusión afectiva indispensable para que el amor pueda manifestarse, realizarse y experienciarse en toda su profundidad 75. De ahí que, la entrañable opción por los excluidos de su tiempo -publicanos, prostitutas, endemoniados, enfermos, ciegos, leprosos, pecadores, paganos, extranjeros, mujeres, viudas, niños, pobres, ricos, enemigos, malhechores, traidores, criminales- sea una de las experiencias más significativas y uno de los datos más verificados del actuar histórico de Jesús, “ipsissima facta”. Todos ellos son interlocutores de su ternura entrañable. En este sentido Sanders observa que entre los elementos más ciertos de la tradición, destaca la provocativa simpatía de Jesús hacia los pecadores y su solidaridad hacia los excluidos. Todos encontraban en Él sin duda, un horizonte de futuro. Jesús llamaba a los pecadores y, al parecer, frecuentaba sus hogares y su compañía para ofrecerles su amistad mientras eran todavía pecadores 76. Refiriéndose a este actuar histórico de Jesús, Rocchetta señala:
La plena humanidad de Jesús lleva históricamente consigo una plena asunción de los sentimientos humanos, en particular de la ternura como acto afectuoso, como vivencia orientada a la «bene-volencia» y a la piedad... Cada vez que los evangelios se refieren a la «com-pasión» de Jesús remiten a un sentimiento, a un modo de sentir experimentado realmente por él, encarnado en primera persona, a una aproximación suya a los necesitados, con todo lo que esto implica en el plano de la participación y de la disponibilidad al servicio hasta la entrega de la misma vida77.
Según algunos autores78, en Lucas -el ‘Evangelio de la misericordia’- se percibe a un Jesús muy humano, lleno de “ternura solidaria” y “defensor de los derechos humanos”. Se descubre en este Evangelio que son muchos los signos con los que Jesús proclama la gratuidad del amor y la fuerza de entrañable ternura; Él se muestra siempre sensible con un trato amistoso, cercano, abierto y comprensible con los grupos social y religiosamente excluidos, principales destinatarios de la salvación. Hay en Él una disponibilidad y una predilección para acogerlos y dejarse acoger, para estar con ellos y ofrecerles la salvación. Su ternura es así com-pasión, es decir, ‘pasión compartida’, participación profunda no apática sino empática y simpática. J. Antonio Pagola observa que la dignidad de los últimos es la meta de Jesús, lo que entendió como “Reino de Dios” era la irrupción de su com-pasión en el mundo, la cual había de dirigir e impulsar todo hacia una vida más digna y más dichosa para todos, empezando por los últimos 79.

Este trato humano de Jesús se deja ver en la ternura y el dolor compartido con una pobre viuda que va a enterrar a su único hijo (7, 11-17); en la acogida cariñosa a la pecadora conocida de todos pero que llora sus pecados (7, 36-49); al aceptar dialogar con diez leprosos y ofrecerles la seguridad de la curación (17, 11-19); al hospedarse en casa de un jefe de publicanos con la convicción de que también este pecador es hijo de Dios (19, 1-10); y hasta en el diálogo esperanzador con el ladrón, compañero de suplicio, para abrirle las puertas del paraíso (23, 39-43)80. De hecho, todos querían tocarlo porque manaba de su ser una fuerza sanativa, su sola presencia transmitía confianza; hacía que las personas se sintieran muy bien, a gusto, acogidas y amadas, además, despertaba en ellos sus energías y hacía que volvieran a soñar. “Su misión no era tanto una misión ‘religiosa’ o ‘moral’, cuanto una ‘misión terapéutica’ encaminada a aliviar el sufrimiento de quienes se ven agobiados por el mal y excluidos de una vida sana”81. Por todo esto, se puede decir que Jesús de Nazaret es creador de fraternura, pues con su praxis enseñó a vivir en fraternura, respetando y sumando la diversidad y las diferencias de los distintos grupos de personas rechazadas y excluidas. Jesús no se queda parado sin hacer nada ante la vulnerabilidad ajena, sino que se muestra solidario con el dolor humano, ofreciendo respuestas llenas de com-pasión que restituyen la dignidad -integridad, fortaleza, vida, alegría, esperanza- perdida o quitada a las personas, restaurando con ello las relaciones socioculturales82.

Además su ternura es una ternura profética que no tiene nada que ver con besos y abrazos ingenuos, sino que es una ternura acompañada de todo el vigor y de toda la fuerza del animus, se trata de una ternura que es a la vez amorosa y denunciante 83. Pues frente al sistema de exclusión, de segregación y culpabilización existente en su tiempo, Él toma una postura totalmente contraria, un comportamiento nuevo y singular, en cuanto manifiesta su ternura solidaria -efectiva y afectiva- como signo del Reino. Una ternura solidaria que, siguiendo el pensamiento de X. Pikaza 84, se puede afirmar que se hace presente como encarnación porque asume hasta el fin la vida del hombre, con sus luchas y esperanzas, sus alegrías y sufrimientos; como autodonación porque ofrece y da todo de sí, sin guardarse nunca nada, regalando su existencia como vida abierta por los pobres y excluidos; como comunión, pues comporta con los otros su existencia, esforzándose en lograr el gozo de un encuentro donde todo empiece a ser regalo, es decir, gracia de vida que se acoge, se devuelve y se comparte.

Así pues, el gesto de Jesús de sentarse a la mesa con los publicanos y los pecadores y hasta de llamar a seguirlo a uno de ellos (Mc 2, 13-14), representa un acto inaudito de ruptura radical con la mentalidad de su tiempo y de todos los tiempos. Lo mismo se puede decir de la invitación de Jesús a vivir el mandamiento del amor de una manera totalmente nueva, desconcertante y desafiante. La ley nueva del amor consiste en vencer el mal con el bien. Una paradoja que exige una auténtica y original “revolución cultural”, requiere en efecto, una nueva mentalidad y un modo radicalmente inédito de concebir la vida y la misma estructuración social. Jesús introduce así en medio de la sociedad una alternativa que lo transforma todo85.

Más que la santidad, es la compasión entrañable de Dios, su ternura, el principio o el ethos que ha de inspirar la actuación humana. Para Jesús la soberanía de Dios se afirma como amor; Dios es santo y poderoso, no porque rechaza y excluye a las personas consideradas como pecadoras, paganas o impuras, sino porque a todas les muestra su amor sin excluir a nadie de su ternura. No es un poder que se impone o deslumbra con señales cósmicas, sino un poder que se manifiesta con acciones humanizantes. Razón por la cual, la compasión es el modo distintivo del cristiano de mirar el mundo, de sentir al hermano y de reaccionar ante ellos de manera parecida a la de Dios 86. Finalmente, se descubre la ternura de Jesús en sus parábolas y en todo su mensaje del Reino, que ralizándo de una manera sencilla -cuyas palabras estaban al alcance de todos- logró cautivar de una manera desbordante el corazón de las multitudes, de la gente más humilde y sencilla de aquél pueblo, porque respondía a sus necesidades más apremiantes, a sus anhelos, deseos y esperanzas más profundas y básicas. En efecto, su mensaje henchía el corazón, sobre todo, de aquellos que tenían amenazada su vida y dignidad, es decir, respondía a los más pobres y débiles, los excluidos, los nadie, para quienes la llegada del reinado de Dios evocaba, así, una auténtica bendición y una verdadera ‘buena noticia’. Los despreciados, los pequeños, los carentes de sabiduría han atraído la bondad de Dios Padre, encarnada en las acciones y palabras de Jesús, no por sus cualidades humanas y espirituales, ni porque estén privadas de ellas, sino sobre todo porque para Dios todos son sus hijos. El Reino es Dios mismo reinando y vivificando por la fuerza de su espíritu, actuando como servicio, perdón, misericordia y amor; sanando a los enfermos y endemoniados, con-viviendo y partiendo el pan con los excluidos87.

Según J. M. Castillo, Jesús plasma en las parábolas su sentir humano hacia el pueblo, es su conmoción entrañable la que se repite en ellas y que manifiesta la bondad profunda, la sintonía visceral, del padre ante el hijo perdido y encontrado o del samaritano ejemplar ante el moribundo que se desangra e incluso el asombroso perdón del amo que salda, sin más, la cuenta del que le debe una millonada. En las parábolas, Jesús deja patente el entrañable amor de Dios Padre para con todos los seres humanos, especialmente para con los pobres y excluidos 88.

Hay que concluir diciendo que, para Jesús, Dios es ternura, ‘entrañas, diría Él, ‘rahªmîm’. Es el padre-madre que da vida, alimenta y cuida. La ternura es su modo de ser Dios, su primera reacción ante sus hijos e hijas, su principio de actuación. Dios siente hacia sus criaturas lo que una madre siente hacia el hijo que llevó en su vientre. Así como la madre tiene querer, tiene ternura y ansia por su hijo más que misericordia, así también el ser humano para Dios, antes de ser miserable -digno de misericordia- es ser querido -digno de ternura-. Él mira en primer lugar nuestro ser de hijos salidos de sus entrañas y fruto de su amor; en segundo lugar se compadece de nuestra pobreza y tiene misericordia de nuestra debilidad; en tercer lugar nos ofrece el perdón de nuestros pecados. Éste es el orden en que hay que pensar a Dios: ternura, misericordia, y compasión, perdón 89.

Todo el Evangelio proclama que lo que salva al ser humano, no son las leyes civiles ni las normas canónicas, sino el amor más tierno y preocupado que cuida de los que ama, que abraza con cariño o se dedica humildemente a lavar los pies. Efectivamente, los evangelios son un testimonio de cómo amar, cómo vivir la relación con los demás abriendo espacios de intimidad, de ternura, de compasión: cómo cuidar a las personas amadas, cómo escuchar sus gemidos o secundar los deseos de su corazón, cómo nutrirse de su cercanía y de su confianza, cómo caminar en el amor hacia el Amor 90.

3.2 La Iglesia, sacramento de la ternura de Jesús 

Frente a la situación global inhóspita de inmisericordia, insolidaridad e inhumanidad que vive hoy el ser humano a causa del fenómeno de la globalización que va dejando a su paso una multitud de personas excluidas que claman ternura, claman al cielo y a la tierra ‘hogar’, es decir, claman identidad, seguridad, confianza, encuentro y acogida, la Iglesia tiene el gran desafío de transformarse en un hogar para todos; en una “casa y escuela de ternura” (NMI 43), en la cual se goce el ser hijo de Dios y se disfrute el don de la salvación, además donde se pueda vivir y cohabitar como hermanos de la naturaleza, pero principalmente de los humanos91.

La Iglesia ha de ser caricia de Dios para la humanidad como lo ha señalado el mismo Juan Pablo II: “La Iglesia debe transparentar este amor supremo, recordando a la humanidad -que a menudo tiene la sensación de estar sola y abandonada en las estepas desoladas de la historia- que Dios nunca se olvidará de ella ni le faltará el calor de la ternura divina”92.

Iglesia de la ternura: misterio de comunión y sacramento de salvación. Vaticano II ha dejado muy claro que la Iglesia es sacramento universal de salvación (AG 1) y “signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1); es pues consecuente que la naturaleza de la misión de la Iglesia es la de ser signo “sacramental” de comunión y realizadora eficaz de la salvación plena para todo el genero humano, que además es por esencia un ser de comunión, un ser relacional. Por eso, para que la Iglesia cumpla este cometido de ser caricia de Dios para la humanidad a ejemplo de Cristo, se ha de vivir a ejemplo de Cristo como Iglesia de la encarnación, de la comunión y de la autodonación. Es decir, una Iglesia de la encarnación como “ternura de ser en”; una Iglesia de la comunión como “ternura de ser con”; una Iglesia de la autodonación como “ternura de ser para”.
- Ser Iglesia de la encarnación, comunidad de encarnados y divinizados, como ternura de “ser en”, es ser Iglesia que nace del pueblo por la fuerza del Espíritu, la cual vive en sí misma el misterio de la encarnación de Jesucristo; es una comunidad que, acogiendo la entrañable ternura del Padre, se hace profundamente humana y enamorada de la humanidad, presencia física afectiva y efectiva en medio de los excluidos. Es también, un pueblo-comunidad-familia no sólo que reconoce que ‘es de’ Dios, sino sobre todo que ‘es en’ Dios, pues acoge en sus entrañas el Reino que Él le ofrece, lo agradece, lo celebra, lo vive, lo proclama, lo testimonia y lo extiende. La Iglesia de la encarnación, es finalmente, la Iglesia del Espíritu, quien hace de ella un pueblo de profetas, de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos llenos del espíritu divino, que con un testimonio valiente por la verdad se empeña en ser portavoz de Dios e intérprete de su proyecto en la historia; será un pueblo que obra maravillas -curaciones milagrosas- por la acción del Espíritu que han recibido, continuando así la práctica sanativa y liberadora de Jesús 93.
- Ser Iglesia de la comunión en solidaridad y amistad como ternura de “ser con”, es ser una Eclesia de Trinitate donde cada uno es lo que es viviendo con los demás y para los demás, una comunidad des-centrada por la ternura94, sin barreras sociales ni luchas de poder o dominación, sino de convivencia fraterna y amor al prójimo, donde en definitiva, la ternura sea la norma normans de la Iglesia y haga de ella una Iglesia incluyente, hospitalaria, fraterna y generosa en la mesa y fuera de ella95. 
- La Iglesia de la ternura es incluyente, y se vive como una ‘nueva humanidad’ en Cristo, un ‘hogar para quienes no tienen patria ni hogar’, una ‘comunidad doméstica’, donde no hay des-afiliaciones y tampoco se permite ninguna barrera social, porque todos en Cristo, son hijos de un mismo Padre que hace salir su sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos.
- La iglesia de la ternura es hospitalaria, pues, al practicar la filoxenia -hospitalidad- se hace visible la filadelfia, el amor recibido de Dios que se devuelve como gratitud a los hermanos, abriendo incluso las puertas del corazón a los extraños, los vulnerables, los necesitados, así como a los enemigos, ofreciéndoles comida, vestido y bienes materiales para que de ese modo puedan participar del Reino e incluirse en la familia de hijos de Dios. Viviendo la hospitalidad la Iglesia se hace signo de un orden nuevo que afirma la solicitud y la proximidad, la acogida y el cuidado como valores que quiebran la lógica de los poderes excluyentes y diabólicos que hoy se quieren imponer. 
 - La iglesia de la ternura es fraterna, es el lugar donde los hombres y las mujeres viviendo la praxis del mutuamente, aprenden a ser hijos e hijas de Dios en común: aprenden a vivir en fraternura, a escucharse y ayudarse mutuamente, compartiendo los pesares, celebrando en común la misma vida. De esta forma, la Iglesia se consolida ad intra y se convierte ad extra en un signo real, visible, afectivo y efectivo que alienta la esperanza y la vida de los que están al margen del amor. 
 - La iglesia de la ternura es el lugar de la mesa compartida, pues comer con otros y beber juntos es un compartir repartiendo y donando, es decir, es hacer común la vida, un ‘vivir con’. Además es signo de fiesta, de alegría, de celebración, hay gozo compartido, hay gratuidad y gratitud. Hoy la Iglesia ha de ser para todo el género humano un hogar que prepara la mesa, sale a los caminos y a las cunetas de la sociedad para invitar a todos a participar de su banquete, ofreciendo tanto el pan de la palabra como el pan que alimente para la vida presente y futura.
- La iglesia de la ternura es el lugar de la comunión de bienes, como signo de cómo manifestar el amor a Dios por medio del amor a los hermanos en nombre de Jesucristo, según las propias posibilidades, con dulzura y prontitud, y según las necesidades de cada uno. Pues si en la Iglesia todos forman una familia que comparte la misma herencia de hijos de Dios, todo es de todos, por ende, todo se comparte. Efectivamente, la ‘comunión de bienes’ es una muestra sublime de la ternura por ser expresión de libertad, por evidenciar que hay más bien en dar que en recibir, por su dimensión redentora y por la conexión que establece en el interior de la vida creyente. 
 - Ser Iglesia de la autodonación, una Iglesia de la cruz, como ternura de “ser para”. La cruz es don puro; es la entrega de la existencia que se ha vivido como coexistencia para hacerse finalmente pro-existencia. Es autoentrega de vida que se transforma en manantial de vida abundante, en fontalidad de generosa ternura. De ahí que la Iglesia naciendo del amor más entrañable y radical de Dios por la humanidad des-velado en Jesús, pero principalmente en el madero de la cruz, es la ‘comunidad-sierva de Yahveh’ que acogiendo en su corazón la plenitud del amor entrañable de Dios, es capaz de entregar este mismo amor a todo el género humano, como comunidad que enriquece -en todos los sentidos a los pobres y excluidos-, que fortalece la subjetividad de los débiles, de los nadie, que hace justicia de Dios para los pecadores, que ofrece siempre una palabra de bendición para los maldecidos, que da vida ahí donde la muerte parece querer imponerse, en definitiva, que pro-voca para que todos se vivan como hermanos, compartiendo la misma mesa de la vida y caminando juntos por el sendero de salvación, todos hijos de un mismo Padre96.
La pastoral de la ternura, un modo de ser, de amar y de adorar para la humanidad. La realidad de malestar que hoy vive el ser humano no se niega a ser entendida racionalmente, pero ella es siempre mayor que el conocimiento, por eso, dicha realidad invita a realizar una experiencia de ella en sentido más pleno y total, situándose frente a ella, desde el verdadero y profundo sentido de la “ternura” como un modo de ser, de amar y de adorar en el seguimiento de Jesús, dejando de lado la lógica del tener, del poder y del adorarse -narcisismo, egoísmo-. Porque como atinadamente señala Rocchetta: “La ternura no representa solamente un tema de estudio o una perspectiva eclesiológica añadida cuantitativamente a las demás, sino un modo de ser, de amar y de adorar inscrito en el DNA de la Iglesia y dirigido a renovarla permanentemente, orientándola a una fidelidad humilde y siempre nueva al misterio de la pascua. Al pie de la cruz y en el don del Espíritu, la Iglesia se plasma como Iglesia de la ternura y de la ‘sabiduría del amor’”97.

Hay que decir que una pastoral de la ternura ha de ser una pastoral que fortalezca una triple dimensionalidad del ser humano; que promueva e impulse las razones para ser, para convivir y para hacer, fortaleciendo la vida personal -identidad-, comunitaria -convivialidad- y ética -actividad- de los seres humanos. Por eso, a la luz de los elementos cristológicos y eclesiológicos, se puede afirmar que dicha acción pastoral de la Iglesia es encarnación que fortalece la identidad del ser humano como hijo salido de las entrañas de Dios, del Dios amante y apasionado que nombra y llama a cada uno por su nombre, pues para Él ninguno es desechable, un anónimo o un naufrago. La pastoral de la ternura ha de ser generadora de la confianza básica y del sentido de pertenencia a una familia, a una comunidad, para que así la persona adquiera independencia y autonomía, es decir, libertad. También, la acción pastoral de la ternura es comunión de hermanos, comunicación de vida, amor compartido que se manifiesta en una relación de cercanía, de entrega y, a la vez, de acogida total y vulnerable, y respuesta amorosa en señal de gratitud. Y es, por último, generadora de la creatividad humana, donde la inactividad va destruyendo la identidad98.

Así pues, una pastoral de la ternura es una pastoral que desinstala al ser humano; que lo hace consciente de su vulnerabilidad personal, pero a la vez lo fortalece en medio de las pruebas; que valora al ser humano por lo que es, es decir, por su ser de hijo amado de Dios; que concientiza de lo bondadoso que es Dios, quien regala a manos llenas gracia sobre gracia; que hace del ser humano un testigo de la ternura de Dios; que lleva a todos a vivir la experiencia de resucitados en Cristo.

No es superfluo repetir que la ternura es la más formidable, universal y misteriosa de las fuerzas divinas inscritas en el corazón del hombre capaz de transformar el mundo. Ella en efecto reemplaza a la cultura del dominio del mundo con la cultura del servicio del mundo, a la lógica del individualismo con la lógica del compartir, al principio de la sola ganancia con el valor de la solidaridad, a la brutalidad con la amorosidad. Bajo este aspecto, el Evangelio de la ternura representa una vocación esencial del cristiano y la contribución a la que él es llamado a ofrecer a la construcción del bien social, para gestar en Dios una humanidad nueva que late al ritmo del amor comprometido y de la fraternura que rompe dinámicas de exclusión y discriminación, donde su presencia se regala como compañía que en la proximidad genera hermandad y solidaridad, fuerza que se reconoce y se crece en la gratuidad, gozo en el descentramiento e identidad que se construye en el amor compartido.

En efecto, se concluye que la ternura con toda su riqueza antropológicabíblica-cristológica-eclesiológica es un camino fundamental de respuesta frente a la nueva cuestión social hoy. La ternura ha de ser la mística que genere, mueva y lleve a plenitud cualquier acción pastoral de la Iglesia pro-humanidad, con mayor razón, por-excluidos.

Así pues, pasar de un ‘corazón de piedra’ a un ‘corazón de carne’es la apuesta que hoy la Iglesia y todos los creyentes han de vivir. Llevar la ternura al mundo es llevar la salvación del Evangelio. Testimoniar el amor tierno con que Dios nos ha salvado en la cruz es testimoniar un modo nuevo de ver hacia nosotros mismos y a los otros, al mundo y al futuro de la historia. La humanización del mundo pasa hoy por el regalo de la ternura y exige el paso de un corazón de piedra a un corazón de carne.


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Sobre la realidad del nuevo mundo -aldea global- véase: Castells, Manuel. La era de la información. Economía, sociedad y cultura, Alianza, Madrid 1996, 3 v. Para ahondar en el fenómeno de la globalización: Valadez Fuentes, Salvador. Globalización y solidaridad. Una aproximación teológico-pastoral desde América Latina, Universidad Pontificia de México, México 2005; Bestard Comas, Joan. Globalización, Tercer Mundo y solidaridad, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2003; Tamayo-Acosta, Juan José. 10 palabras clave sobre globalización, Verbo Divino, Navarra 2002; MÀria I Serrano, Josep F. La globalización. [En línea] http://www.fespinal.com/espinal/castellano/2quadern.htm (Consultado el 10 de febrero de 2006).
2 “Se supone que una marea creciente de riqueza levante a todos los barcos. Pero algunos tienen más capacidad de navegar que otros. Los yates y los transoceánicos suben en respuesta a las nuevas oportunidades, pero muchas balsas y lanchas de remo están haciendo agua, y algunas se están hundiendo”. Informe sobre el Desarrollo Humano 1997 (PNUD), Mundi-Prensa, Madrid 1997, 10. 3 Larrain, Jorge. “Globalización y neoliberalismo en América Latina”, en Testimonio, n. 191, Santiago de Chile, (mayo-junio de 2002) 15-21; Bestard Comas, Joan. O. c., 37-38. 4 Vaticano II. Gaudium et spes [en adelante GS]. n. 63. Véase: JUAN PABLO II. Sollicitudo rei socialis. No. 14; Novo millennio ineunte [en adelante NMI]. No. 50. 5 Juan Pablo II. Dives in misericordia [en adelante DM]. n. 2.
6 Romalho Da Cunha, Paulo. “Una panorámica general sobre la globalización”, en Razón y Fe, tomo 245, n. 1243, Madrid (mayo de 2002) 470-471. Sobre las nuevas cuestiones de electrónica, bioelectrónica y comunicaciones hay que ver: Dreifuss, R. A. A época das perplejidades, Vozes 1996. 7 Tamayo-Acosta. Nuevo paradigma teológico, Trotta, Madrid 2003, 190. 
8 Assmann, Hugo. “Por una sociedad donde quepan todos”, en Pasos, n. 62, San José de Costa Rica, (noviembre-diciembre de 1995) 2. Véase también: Espeja, Jesús. Creer en este mundo, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2000, 62; Fornet-Betancourt, Raúl. “Aproximaciones a la globalización como universalización de políticas neoliberales. Desde una perspectiva filosófica”, en Pasos, n. 83, San José de Costa Rica (mayo-junio de 1999) 14. 
9 Tamayo-Acosta. Nuevo paradigma teológico, o. c., 196; Fornet-Betancourt, Raúl. “Interculturalidad e inmigración”, en Tamayo-Acosta. 
10 Palabras clave sobre globalización, o. c., 223-224. 10 García Roca, Joaquín. Contra la exclusión: responsabilidad política y compromiso de todos, Sal Terrae, Santander 1995, 6-7.
11 Guerrero, Juan Antonio e Izuzquiza, Daniel. Vidas que sobran. Los excluidos en un mundo en quiebra, Sal Terrae, Santander 2004, 41-52; Sobrino, Jon. “La opción por los pobres: dar y recibir”, en Valentini, Dom Demetrio et al. ¿Es posible “Otro Mundo”? Reflexiones desde la fe cristiana, Amerindia, Bogotá 2004, 104. 
12 Renes Ayala, Víctor. “Marginación y exclusión social. El rostro de la pobreza en nuestras sociedades”, en Misión Joven, n. 191, Madrid, (diciembre de 1992) 5-14; Thai Hop, Nguyen. “Los excluidos, extraña criatura de una sociedad rica”, en Páginas, v. 20, n. 132, Lima (abril de 1995) 38-40; Cadavid Duque, Álvaro. “El camino pastoral de la Iglesia en América Latina y el Caribe”, en Medellín, v. 31, n. 123, Bogotá, (septiembre de 2005) 368-369. Justin S. Ukpong (director del Departamento de Estudios Bíblicos del Instituto Católico de África Occidental), habla de todas estas personas como los “intocables”. Ukpong, Justin S. “Lepra: intocables en el Evangelio y en nuestros días”, en Cocilium. Navarra, n. 273 (noviembre de 1997) 905-914. 
13 Mo Sung, Jung. Deseo, mercado y religión, Sal Terrae, Santander 1999; Fundación Lluís Espinal. Teología del mercado, Cristianisme i Justícia n. 84, Barcelona, (julio de 1998) 3-29; Assmann, Hugo. Las falacias religiosas del mercado, Cristianisme i Justícia n. 76, Barcelona (abril de 1997); Assmann, Hugo. Por una sociedad donde quepan todos, o. c.; Vitoria Cormenzana, F. Javier. Un orden económico justo, Cristianisme i Justícia n. 87, Barcelona (diciembre de 1998); Sánchez, Juan José. “Teología de la no exclusión, teología de la inclusión”, en Ceme La exclusión social. XXIX semana de estudios vicencianos, CEME, Salamanca 2004, 59-92; Richard, Pablo. “A Igreja que opta pelos Pobres e contra o Sistema de Globalização Neoliberal”, en Convergência, n. 342, Rio de Janeiro (mayo de 2001) 206.
14 Boff, Leonardo. San Francisco de Asís: ternura y vigor, Sal Terrae, Santander 1982. 31, 7ª ed.; Arana, José María. Rescatar lo femenino para reanimar la tierra, Cristianisme i Justícia n. 78, Barcelona (septiembre de 1997) 3-4. 
15 Frente a un mundo que sufre “olvido del ser” (Heidegger), el nuevo paradigma será, como afirman algunos autores, la “solución ternura”. Martínez-Gayol, Nurya. “Una aproximación antropológica a la teología de la ternura”, en Uríbarri, Gabino (ed.). Teología y nueva evangelización, Universidad Pontificia Comillas - Desclée de Brouwer, Bilbao 2005, 269; Rocchetta, Carlo. Teología della tenerezza. Un ‘vangelo’ da riscoprire, Edizioni Dehoniane Bologna, Bologna 2002, 18-20; Espeja, Jesús. O. c., 13.
16 Moliner, María. “Tern (ternura)”, en Diccionario del uso del español, v. 2, Gredos, Madrid 1987, 1298; Blánquez Fraile, Agustín. “tener, ĕra, ĕrum”, en Diccionario latino-español, v. 2, Ramón Sopena, Barcelona 1961, 1703; Rocchetta, Carlo. O. c., 27. Los diccionarios de 1739-1800, hablan de la “ternura-terneza” destacando cuatro aspectos: 1º Blandura-flexibilidad- delicadeza -teneritas y teneritudo-, refiriéndose tanto al aspecto físico como al psíquico; 2º Afecto-cariño-sentimiento explicado con palabras, o acciones atractivas y suaves (‘tener amor’); 3º Facilidad de enternecerse, llorando o compadeciéndose -pietas sensus-; 4º Dulzura-suavidad en las palabras o expresiones. Martínez-Gayol, Nurya. O. c., 275. 
17 Rocchetta, Carlo. O. c., 27-28; Díaz Mateos, Manuel.”El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas”, en Martínez-Gayol, Nurya (ed.). Un espacio para la ternura. Miradas desde la teología, Universidad Pontificia Comillas - Desclée de Brouwer, Bilbao 2006, 94-95. 
18 Bartolomei, María Cristina. Il discorso della notte, in Dialogo sulla tenerezza, citado por Rocchetta, Carlo. O. c., 36.
19 “En toda relación humana inclusiva está la ternura... la relación humana inclusiva, siempre es una relación amorosa, una relación que parte del alma porque es delicada, es delicada porque es tierna, y es tierna porque jamás haría daño, porque siempre te acaricia, es tierna porque se basa en el amor… parte del corazón”. Inclusividad. [En línea] www.davida-red.org/humaniza/materialAnt/portales/inclusividad.htm (Consultado el 25 de junio de 2005). Restrepo señala que la ternura es un “paradigma de convivencia”. Restrepo, Luis Carlos. El derecho a la ternura, Arango Editores, Bogotá 2003, 17-21. 17ª ed. 
20 Duque Yepes, Hernando y Bedoya Valencia, William. ¡Póngale ternura a la vida!, Paulinas, Bogotá 1998, 9-19. 
21 Prada, Rafael. “La ternura de Dios”, en Vida Pastoral (Revista trimestral de la sociedad de San Pablo), n. 98 (abril-junio de 2000) 14.
22 Martínez-Gayol, Nurya. Una aproximación antropológica a la teología de la ternura, o. c., 279. 
23 Cabada, Manuel. La vigencia del amor. Afectividad, hominización y religiosidad, San Pablo, Madrid 1994, 138-142; Juan Pablo II. Redemptor hominis, n. 10. 
24 Martínez-Gayol, Nurya. ¡Necesitamos ternura!, o. c., 25-27. Véase: M. Cabada, el lento hacerse del ser humano para llegar al amor adulto. Cabada, Manuel. O. c., 121-170.
25 Martínez-Gayol, Nurya. Una aproximación antropológica a la teología de la ternura, o. c., 281-291. 
26 “La razón no es ni el primero ni el último momento de la existencia humana” (Jean Ladrière); “Sólo existes si amas; el ser solamente es ser si es el ser del amor... ” (Feuerbach); “El ser es en su última esencia amor” (G. Siewerth); “El amor es la única respuesta a la existencia humana” (Fromm); “La persona no surge, no llega a la propia sustantividad y subjetividad de lo personal sin el encuentro acogedor de una persona que ama” (Mounier); De ahí que U. von Balthasar llegue a indicar que “Ser y amor son coextensivos”. Ladriere, Jean. Le destin de la raison et les tâches de la philosophie, citado por Boff, Leonardo. O. c., 25; Fromm, Erich. El arte de amar, Paidos Ibérica, Barcelona 1990, 128. 11ª reimpresión.; Los demás son citados por Cabada, Manuel. O. c., 12-13 y 75. 
27 Boff, Leonardo. O. c., 25-26. Martínez-Gayol observa que el ser humano despierta a la auto-conciencia del espíritu en la llamada de un tú amante. Es decir, a partir de la experiencia de ser objeto del amor, brota la conciencia personal de existir -“diligor, ergo sum, soy amado, luego existo”-. Martínez-Gayol, Nurya. ¡Necesitamos ternura!, o. c., 42. Sin embargo, Rocchetta da un paso más llegando al adoro, ergo sum, adoro, luego existo. Estos son los cuatro pasos que él observa: sentio, ergo sum (siento, luego existo), diligo, ergo sum (amo, luego existo), diligor, ergo sum (soy amado, luego existo), adoro, ergo sum (adoro, luego existo). Rocchetta, Carlo. O. c., 378-384. 
28 Heschel, Abraham. Chi è l’uomo, citado por Rocchetta, Carlo. O. c., 35. D. Mateos señala que la ternura nos humaniza y hace vivir. Díaz Mateos, Manuel. O. c., 93-96. “En el lenguaje ontológico de los griegos, el Eros... es el constitutivo primero de la existencia humana. El corazón y el espíritu de delicadeza constituyen la realidad central del ser humano y de una cultura humanizante”. Boff, Leonardo. O. c., 32. 
29 Bueno, Eloy. “La reconciliación con la realidad: entre la melancolía y la ternura”, Surge, v. 54, n. 576, Vitoria, (julio-agosto de 1996) 268-270.
30 Díaz Mateos, Manuel. O. c., 95. 
31 Bueno, Eloy. O. c., 268. Rocchetta señala que la ternura no tiene nada que ver con actitudes de melosería o dulzarronas; sino más bien, con el vigor interior, ético y valorativo que sabe encantarse por la realidad existencia-sentimental propia y de los demás. Rocchetta, Carlo. O. c., 42. Restrepo al abordar las falacias epistemológicas de la ternura, expresa que ella no es una atribución de género. Restrepo, Luís Carlos. El derecho a la ternura, O. c., 17. Véase también: Ternura: fuerza y fragilidad en Martínez-Gayol, Nurya. Una aproximación antropológica a la teología de la ternura, o. c., 300-302. 
32 Rocchetta, Carlo. O. c., 42; Boff, Leonardo. O. c., 29-31. 
33 Sobrino, Jon. “La Iglesia samaritana y el principio-misericordia”, en Christus, v. 54, n. 716, México, (enero-febrero de 2000) 16-22.
34 José Matos, Henrique Cristiano. “Uma epiritualidade de misericórdia”, en Convergencia, n. 305, Rio de Janeiro, (septiembre de 1997) 412. En este mismo sentido, en 1972, el escritor Heinrich Böll, premio Nóbel señalaba: “En el Nuevo Testamento hay una teología de la ternura que siempre es curativa, con palabras, con manos que también pueden llamarse caricias, besos, comida común… Hay seres que pueden ser curados por una voz, simplemente por el material sonoro de una voz determinada”. Torres Pérez, María José. “Testigos de su ternura”, en Confer, v. 40, n. 154 (abril-junio de 2001) 197. 
35 Rocchetta, Carlo. O. c., 103-104. 
36 J. B. Bauer, al analizar el término del Amor en la Escritura, hace referencia a estos tres términos hebreos de la siguiente manera: rahûm (compadecerse, compasión), hannûn (ser clemente, dar o regalar), hésed (misericordia, bondad). Bauer, Johannes B. “Amor”, en Diccionario de teología bíblica, Herder, Barcelona 1967, 42-48. 
37 González de cardedal, Olegario. La entraña del cristianismo, Secretariado Trinitario, Salamanca 1998, 53. 2ª ed.
38. Bonnard, Pierre-Emile. “Ternura”, en León-Dufour, Xavier. Vocabulario de teología bíblica, Herder, Barcelona 1982, 885. 12ª ed. Ferry, Bernard-Marie. “Misericordia”, en Bogart, Pierre-Maurice et al. Diccionario enciclopédico de la Biblia, Herder, Barcelona 1993, 1034-1035; González de Cardedal, Olegario. O. c., 44-59; Rocchetta, Carlo. O. c., 104. 
39 Stoebe, H. J. “hânan (Ser compasivo)”, en Jenni, Ernest y Westermann, Claus. Diccionario teológico manual del Antiguo Testamento, Cristiandad, Madrid 1978, 816; Schillebeeckx, Edward. Cristo y los cristianos, Cristiandad, Madrid 1982, 79. Schillebeeckx observa que hânan nace en un contexto existencial de relaciones humanas más que religioso. Después se entiende desde la experiencia compasiva y benevolente de Dios para con su pueblo. Ibid.
40 «Dios te dé su favor hijo mío» (Gn 43, 39). «Concedo mi favor (hên) a quien quiero y tengo misericordia (rhm) con quien quiero» (Ex 33, 19). Stoebe, H. J. O. c., 821; Schillebeeckx, Edward. O. c., 80-81. 
41 Stoebe, H. J. O c., 825. 42 Stoebe, H. J. hésed (Bondad), o. c., 848-849. Hésed resume precisamente lo que se expresa en Gn 50, 20: «vosotros lo pensasteis para hacer daño, pero Dios lo pensó para hacer bien». El hésed es algo que acontece de forma concreta frente a una situación desbordante; tiene que ver con el compromiso de generosidad-bondad inesperada y arrolladora de una persona que olvidándose de sí se muestra totalmente abierta y disponible para el otro. Schillebeeckx, Edward. O. c., 87. 
43 Stoebe, H. J. hésed (Bondad), o. c., 850-852. 
44 Stoebe, H. J. h?ésed (Bondad), o. c., 847-860; Schillebeeckx, Edward. O. c., 85-92; Oñoro Consuegra, Fidel. La misericordia en la Biblia: El colorido de un vocabulario del amor. [En línea] http://www.celam. org/cebipal/archivosvarios/noticias/Pon_%20P.%20Fidel%20misericordia.doc (Consultado el 20 de marzo de 2006); Díaz Mateos, Manuel. O. c., 91-122; Estévez, Elisa. “De ternuras y fidelidades. El Dios de entrañas compasivas”, en Gómez-Acebo, Isabel (ed.). Así vemos a Dios, Desclée de Brouwer, Bilbao 2001. p. 255-257; Elizondo, Felisa. “El Dios creador”, en Gómez-Acebo, Isabel O. c., 19-55.
45 “Este Salmo que implora [propiamente] el perdón, comienza delineando un espacio relacional profundo, apasionado. La mirada del orante se pone primero en el rostro de un Dios que se redescubre como Dios de “Piedad”, “Bondad” y “Compasión”. Las tres expresiones podrían sonar así: Tú eres un Dios de “Piedad” (hên): mi vida te importa mucho, mis pecados te duelen, no soy indiferente para ti; Tú eres un Dios de “Bondad” (rahªmîm): aunque me he alejado de ti, de la comunión contigo, con mi pecado, tú no me has expulsado de tu corazón; me llevas en ti como una madre lleva a su hijo dentro; Tú eres un Dios de “Ternura” (hésed): puedo venir a ti con toda confianza, sé que no me rechazarás ni me harás sentir mal; tu ternura, ese amor que tanto necesito, sanará mis heridas y me abrazará de nuevo a tu corazón”. Oñoro Consuegra, Fidel. O. c. 
46 “Para sugerir lo infinito del amor divino y sus matices de gratitud, de ternura, de fuerza, de solicitud y de fidelidad, los profetas han comparado a Dios con un padre, con una madre y un esposo…”. Spicq, C. Dios y el hombre en el Nuevo Testamento. Secretariado Trinitario, Salamanca 1979, 24. Véase: Ferrara, Ricardo. “El amor del Padre”, en Ferrara, Ricardo y Galli, Carlos María. Nuestro Padre misericordioso. Nueve estudios sobre la paternidad de Dios, Paulinas, Buenos Aires 1999, 59-67; Alonso Schökel, Luis. Símbolos matrimoniales en la Biblia, Verbo Divino, Navarra 1997, 197-203; Díaz Mateos, Manuel. O. c., 112-114. 
47 A partir del neologismo “fraternura” -usado por Hugo Assmann-, que indica no sólo una situación - fraternidad-, sino sobre todo el sentimiento y la lógica que la animan -ternura-, utilizaré ahora los términos de “paternura” y “maternura” para referirme a la ternura de Dios como padre y como madre.
48 Roccetta, Carlo. O. c., 125; Schüngel-Straumann, Helen. “El rostro femenino de Dios”, en Concilium, n. 258, Navarra, (abril de 1995) 128; Ravasi, Gianfranco. La paternità divina nella Bibbia, Edizioni Dehoniane Bologna, Bologna 2000, 8-14; Galot, Jean. “El Padre, una verdad revelada”, en Ecclesia, v. 12, n. 4, México (octubre-diciembre de 1998) 453-455; Roy, Ana. “Das Fontes à Fonte ou a Experiência da Paternidade de Deus na Óntica da Mulher”, en Convergencia, n. 323, Rio de Janeiro, (junio de 1999) 289-290; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 239. 
49 Rivas, Luis H. “El padre revelado por Jesús”, en Ferrara, Ricardo y Galli, Carlos Maria. Nuestro Padre misericordioso. Nueve estudios sobre la paternidad de Dios, O. c., 17-22. 50 Estévez, Elisa. O. c., 247-255; Díaz Mateos, Manuel. O. c., 112-113; Roccetta, Carlo. O. c., 126-127.131. El rostro femenino de Dios, véase en: Schüngel-Straumann, Helen. O. c., p. 127-138; Boff, Leonardo. El Ave María. Lo femenino y el Espíritu Santo, Indo-American, Bogotá 1980, 46-49; Los análisis que hace J. Brien de Num 11, 11-15; Dt 32; Sal 90; Job 38; Is 40-55.
51 De este texto Schungenl-Straumann señala que: “Aquí, con toda seguridad, no es la imagen de un padre la que tenemos ante nosotros, sino la imagen de una madre que cría a su hijo, literalmente que lo alimenta. Yahveh trata a Israel como una tierna madre”. Schüngel-Straumann, o. c., 129. 
52 Rocchetta, Carlo. O. c., 128-129; Díaz Mateos, Manuel. O. c., 111-112. 
53 Alonso Schökel, Luís. O. c., 49-50.154-168 y 174-177. 
54 Te “desposaré en”, indica el aprecio del novio por la novia, manifiesta también el don que ofrece el novio -justicia, equidad, amor, ternura, fidelidad-; estas palabras expresan por tanto la disposición de Yahveh, no sus exigencias. Brown, Raymond, Fitzmyer, Joseph y Murphy, Roland. Comentario bíblico “San Jerónimo”, v. 1, Cristiandad, Madrid 1971, 686. 
55 V. Morla observa que el libro del Cantar de los cantares encierra en sí una teología de la ternura en la que lo humano y lo divino se armonizan. Morla, Víctor. Poemas de amor y de deseo. Cantar de los cantares, Verbo Divino, Navarra 2004, 79. 
56 Ibid., 58-81.
57 Díaz Mateos, Manuel. O. c., 96-205; Bueno, Eloy. O. c., 271; Espeja, Jesús. O. c., 19-23. 
58 Martínez-Gayol, Nurya. Una aproximación antropológica a la teología de la ternura, o. c., 277. 
59 Léon-Dufour, Xavier. “Misericordia”, en Diccionario del Nuevo Testamento, Desclée de Brouwer, Bilbao 2002, 412. 
60 Rocchetta, Carlo. O. c., 110.
61 Esser, H. “Misericordia”, Coenen, Lothar; Beyreuther, Erich y Bietenhard, Hans. Diccionario teológico del Nuevo Testamento, v. 3, Sígueme, Salamanca 1983, 103-105; Walter, Nikolaus. “Σπλάγχνον”, en Balz, Horst y Schneider, Gerhard (eds.). Diccionario exegético del Nuevo Testamento, v. 2, Sígueme, Salamanca 1998, 1471-1472; Köster, E. “σπλάγχνον κτλ”, en Friedrich, Gerhard. Theological Dictionary of New Testament, v. 7, Eerdmans, Michigan 1971, 548-553; González de Cardedal, Olegario. O. c., 68-70. 
62 Walter, Nikolaus. “Σπλάγχνίζομαι”, en Balz, Horst y Schneider, Gerhard (eds.). O. c., 1469-1470. 63 Köster, E. O. c., 554-555. Sin embargo, como observa J. M. Castillo, más que tratarse del actuar mesiánico y escatológico de Jesús desempeñando el papel de Dios. Se trata de un sentimiento humano, de la sensibilidad humana de Jesús. Y puntualiza: “No nos acabamos de tragar que el Dios de nuestra fe se ha revelado en la humanidad de un ser humano. De manera que, precisamente por eso, lo más profundamente humano, lo más entrañable de lo humano, es al mismo tiempo lo más sublimemente divino. Castillo, José María. “La sensibilidad de Jesús”, en Ávila, Antonio (ed.). El grito de los excluidos. Seguimiento de Jesús y teología, Verbo Divino, Navarra 2006, 158.
64 Esser, H. O. c., 102-103; Bultmann, Rudolf. “οικτίρω”, en Kittel, Gerhard y Friedrich, Gerhard. Grande Lessico del Nuovo Testamento, v. 8, Paideia, Brescia 1972, 449-452. 
65 Bultmann, Rudolf. O. c., 455. 
66 Beyreuther, Erich. “Bueno”, en Coenen, Lothar. O. c., v. 1, 193; Zmijewski, J. “Χρηστότης y Χρηστός”, en Balz, Horst y Schneider, Gerhard (eds.). O. c., 2106-2108. 
67 La bondad salvífica de Dios alcanza su plenitud en Jesucristo, en Él se refleja vivamente la bondad paternal de Dios, por eso, la comunidad cristiana es invitada a vivir permanentemente esta bondad paternal en un mundo donde no es fácil encontrarse con ella. Beyreuther, Erich. O. c., 194; Zmijewski, J. “Χρηστός”, o. c., 2107.
68 Zmijewski, J. “Χρηστότης”, o. c., 2108-1215. 
69 Staudinger, Ferdinand. “έλεος”, en Balz, Horst y Schneider, Gerhard (eds.). O. c., v. 1, 1311-1312; Bultmann, Rudolf. “έλεος”, en Friedrich, Gerhard. Theological Dictionary of New Testament, o. c., v. 2, 477-482. 
70 Staudinger, Fernand. O. c., 1312-1324.
71 Esser, H. O. c., 100-101. 
72 Rocchetta, Carlo. O. c., 133. 
73 A partir de este momento, con la frase “ternura entrañable” quiero referirme, inspirado en M. Legido, a la práctica del amor efectivo y afectivo que abarca toda la riqueza de los términos ya vistos: ternura, misericordia, compasión, bondad, benevolencia, piedad. Legido, Marcelino. Misericordia entrañable. Historia de la salvación anunciada a los pobres, Sígueme, Salamanca 1986. 
74 González de Cardedal, Olegario. O. c., 59-61. 
75 Rocchetta, Carlo. O. c., 14.
76 Sanders, E. P. La figura histórica de Jesús, Verbo Divino, Navarra 2000, 226. 
77 Rocchetta, Carlo. O. c., 134. “En el lado más humano, Jesús instó a la gente a mirar a Dios como un padre perfectamente fiable, a aceptar su amor y a responder con confianza. Puesto que Dios cuida incluso de los lirios del campo y de los gorriones, mucho más dará a sus hijos lo que necesiten (Mt 6, 31-33; 7, 7-11)... [así] Dios proveerá y salvará a [todos] sus hijos”. Sanders, E. P. O. c., 216. 
78 Schnackenburg, Rudolf. La persona de Jesucristo. Reflejada en los cuatro evangelios, Herder, Barcelona 1998, 267-272; Mosconi, Luis. Evangelio de Jesucristo según san Lucas: para cristianos y cristianas rumbo al nuevo milenio, Dabar, México 1998, 25; Álvarez, Carlos. Vivir el hoy de Dios en la escuela de Lucas, [s.e.], Bogotá 2004, 80; Silva Retamales, Santiago. Discípulo de Jesús y discipulado. Según la obra de san Lucas, Celam, Bogotá 2006, 84-90. 
79 Pagola, José Antonio. “La alternativa de Jesús”, en Ávila, o. c., 180-182.
80 González de Cardedal, Olegario. O. c., 61-62. 
81 Pagola, José Antonio. O. c., 183. “En Jesús la conmoción de las entrañas es el núcleo de su acción sanadora. El sufrimiento de la gente suscita en Él la compasión y el amor. En Jesús sanar es su forma de amar y su amor sanador sabe a cercanía, tacto cariñoso, estimación del enfermo, respeto a su propia capacidad de sanación. Su amor que sana es gratuito”. López Alonso, Marta. “Aspectos éticos de la acción sanadora de Jesús”, en Moralia, v. 26, n. 100, Madrid, (octubre-diciembre de 2003) 428.
82 Estévez, Elisa. O. c., 271. Ver también: Legido, Marcelino. O. c., 329-337. 83 El Dios que ha hecho maravillas en María, es el mismo Dios Padre de Jesús que inspira su actuar profético. Dios es quien dispersa a los soberbios, que se creen dueños de todo y le arrebatan su lugar; derriba a los poderosos, a los que abusan del poder; al mismo tiempo que da voz y voto a los humildes, víctimas del poder que los excluye; colma de bienes a los hambrientos mientras que a los ricos los despide sin nada. Mosconi, Luís. O. c., 59-60. Estévez escribe que es “mansedumbre y denuncia” desde el reverso de la historia. Estévez, Elisa. O. c., 272-275. Para ampliar más, puede verse el enunciado de ‘la acción de Jesús en favor de los pobres y de los desgraciados’ que Schnackenburg aborda desde el Evangelio de Lucas, a quien llama el “evangelista social”. Schnackenburg, Rudolf. O. c., 280-291.
84 Pikasa, Xavier. Trinidad y comunidad cristiana. El principio social del cristianismo, Secretariado Trinitario, Salamanca 1990, 156-161. 
85 Rocchetta, Carlo. O. c., 15.136-137; Schnackenburg, Rudolf. O. c., 434. 
86 Pagola, José Antonio. O. c., 178. Aguirre, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Ensayo de exégesis sociológica del cristianismo primitivo, Verbo Divino, Navarra 1998, 65-66.
87 Castillo, José María. El Reino de Dios. Por la vida y la dignidad de los seres humanos, Desclée de Brouwer, Bilbao 1999, 38-53; Pikasa, Xabier. La nueva figura de Jesús. Guía evangélica, Verbo Divino, Navarra: 2003, 119-121; Moltmann, Jürgen. Cristo para nosotros hoy, Trotta, Madrid 1997, 17-21. 
88 Castillo, José María. El Reino de Dios. Por la vida y la dignidad de los seres humanos, o. c., 233; Sanders, E. P. O. c., 216; Rocchetta, Carlo. O. c., 184-186. 
89 González de Cardedal, Olegario. O. c., 47-48. 
90 Quinzá Lleó, Xavier. Pasión y radicalidad: posmodernidad y vida consagrada, San Pablo, Madrid 2004. 38-40 y 183-195.
91 J. Müller señalaba al respecto: “La globalización no es sólo el tema del día, sino que de ella depende el futuro de la humanidad... La Iglesia no puede quedar al margen de un fenómeno del que depende la suerte de aquellos seres humanos que, de hecho, no participan de la fiesta del progreso y el bienestar. Estos seres humanos necesitan quien les ayude no sólo a sobrevivir, sino también a vivir una vida digna de ‘hijos de Dios’”. Müller, Johannes. “Iglesia mundial como comunidad discente. ¿Modelo de una globalización humanizada?”, en Selecciones de Teología. v. 39, n. 153, Barcelona (enero-marzo de 2000) 3. 
92 Juan Pablo II. La Igles ia, esposa del Cordero, ataviada para su esposo. Audiencia general del miércoles 7 de febrero de 2001.
93 Aguirre, Rafael. Ensayo sobre los orígenes del cristianismo. De la religión política de Jesús a la religión doméstica de Pablo, Verbo Divino, Navarra 2001, 27.45-48; Lohfink, Gerhard. La Iglesia que Jesús quería, Desclée de Brouwer, Bilbao 1986, 37-38.85-97; González Faus, José Ignacio. “Iglesia popular, Iglesia del pueblo... (Aclaración sobre algunos conceptos debatidos)”, en Diakonía, n. 51, Managua, (julio-septiembre de 1989) 292-293; Estrada, Juan Antonio. “Pueblo de Dios”, en Ellacuría, o. c., 176-179; Brown, Raymond E. Las iglesias que los apóstoles nos dejaron, Desclée de Brouwer, Bilbao 1986, 77.
94 Forte, Bruno. La Iglesia, icono de la Trinidad. Breve eclesiología, Sígueme, Salamanca 1997, 29-31; Sobrino, Jon. La Iglesia samaritana y el principio-misericordia, o. c., 20. 
95 Para estos cinco enunciados abordo fundamentalmente a los siguientes autores: Lohfink, Gernard. O. c.; Estévez López, Elisa. “De la extrañeza a la familiaridad inclusiva y universal: la hospitalidad en el Nuevo Testamento”, en Martínez-Gayol, Nurya. Un espacio para la ternura. Miradas desde la teología, o. c.; Elliott, John H. Un hogar para los que no tienen patria ni hogar. Estudio crítico social de la carta primera de Pedro y de su situación y estrategia, Verbo Divino, Navarra 1995; Aguirre, Rafael. Ensayo sobre los orígenes del cristianismo. De la religión política de Jesús a la religión doméstica de Pablo, o. c.; Aguirre, Rafael La mesa compartida. Estudios del Nuevo Testamento desde las ciencias sociales, Sal Térrea, Santander 1994; Pikasa, Xavier. Trinidad y comunidad cristiana. El principio social del cristianismo, o. c.; Rivas Rebaque, Fernando. “La praxis caritativa como ternura en acción. La limosna en la Didajé”, en Martínez-Gayol, Nurya. Un espacio para la ternura. Miradas desde la teología, o. c.
96 Rocchetta, Carlo. O. c., 243-290; Flick, Maurizio y Zoltán, Alseghy. Il mistero della croce, Queriniana, Brescia 1978, 392-393. 
97 Rocchetta, Carlo. O. c., 290. 
98 “La aportación más sagrada y urgente, que la Iglesia puede y debe ofrecer a la sociedad hoy, es: el fortalecimiento de la vida personal (razones para ser). El fortalecimiento del orden moral (razones para hacer). Y el fortalecimiento de la realización comunitaria (razones para convivir)”. González de Cardedal, Olegario. O. c., 788.

Autor:
Guillermo Meza Salcedo*
Editor de texto:
Rev. Ruben Dario Daza.

domingo, 28 de octubre de 2018


- El perdón- 
El brazo extendido del amor de Dios

En nuestra vida de servicio a Dios nos confrontamos con muchas situaciones que pueden afectarnos de manera negativa. La manera en la que reaccionemos con la Palabra de Dios determinará el resultado positivo que obtengamos. La acción debida ante la situación indeseable debe ser ejecutada rápidamente y en línea con el corazón de amor de Dios. De esta manera la probabilidad que tomemos malas elecciones que echen raíces y florezcan en algo que no queremos será muy reducida. Por eso es tan importante este tema –mayormente en la Familia de Dios- para mantener el balance que provee el amor de Dios dentro de Su casa y nuestra relación en general con todas las personas.

Básicamente con el perdón ocurre igual que con el amor de Dios. Así como ese amor no es un amor “de entre casa” tampoco lo es el perdón. Uno ama con el amor de Dios al amable y al inamable y uno perdona al perdonable y al imperdonable (según nuestra visión de la cosa). El perdón libera de ataduras que amargan el alma y hasta enferman el cuerpo, el perdón es una expresión del amor de Dios y nos permite seguir amando. Si usted es hijo de Dios, lo es cuando está con sus hermanos en Cristo en la reunión de la iglesia en su casa igual que como lo sigue siendo cuando está en su trabajo o haciendo cualquier actividad. Usted no se despoja de la simiente de Dios en usted. Voluntariamente usted no debiera despojarse del amor de Dios o del perdón ya sea que esté dentro o fuera de la reunión de creyentes.

Según la Real Academia[1] , perdón significa: Remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. Perdonar deriva del verbo latino perdonare, es decir: per + donare, y que significa: Remitir (alzar o suspender) la deuda, la falta, delito, ofensa, etc., que toque, al que remite. Es decir, no tener en cuenta más la ofensa bajo ninguna circunstancia. Renunciar a conservar la ofensa en el corazón. Renunciar a toda venganza personal. Entregar a otro (a Dios) lo imputable a causa del daño recibido[2] . Además el vocablo “donare” está asociado a los vocablos castellanos “dar y donar”.

Hay grandes beneficios orgánicos y psicológicos del perdonar, que son científicamente reconocidos. Habiendo tanta, y en algunos casos tan buena literatura fuera de la Biblia sobre el tema del perdón, nosotros en este estudio, nos enfocaremos en Dios y Su Palabra pues queremos saber qué dice para hacerlo por el bien propio y el de la familia de Dios. Existen básicamente tres palabras[3]  griegas traducidas perdón en el Nuevo Testamento y todas tienen elementos comunes en su definición: dejar pasar, dar, remitir, sobreseer, conferir… siempre con la idea de gratuidad o gracia. Esencialmente perdonar es una cancelación unilateral, amorosa y voluntaria de una deuda. Dicho de otra manera: cancelar una deuda es perdonar esa deuda.

Normalmente cuando se habla de pecar y perdonar las personas entienden que es entre Dios y nosotros. Cuando nosotros no hacemos Su voluntad, pecamos, entonces simplemente le pedimos perdón y restablecemos nuestra comunión con Él. Eso es así; pero, es importante reconocer que un hijo de Dios también puede pecar contra su hermano en Cristo.
Mateo 18:21: Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré [aphiēmi] a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 
La necesidad de perdón no respeta Administraciones. Aun no había ocurrido el día de Pentecostés, pero veremos más adelante que lo que le enseña Jesús a Pedro sirvió para ese entonces como sirve para ahora. ¿Cómo se constituye el pecado en contra de un hermano en Cristo? No hacer lo que dice la Palabra de Dios es pecado. Veamos entonces qué es lo que dice esa Palabra en cuanto a nuestra relación con nuestros hermanos en Cristo.
Mateo 22:36-40: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás [agapaô] al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante [homoios]: Amarás [agapaô] a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
Por favor note que el mandamiento no dice: “amarás a tu prójimo en tanto y en cuanto sea parte de tu congregación”. Tampoco dice: “amarás a tu prójimo si es buena gente y te cae bien”. Dice tan sólo y nada menos que a tu prójimo como a ti mismo, aunque no sea de tu agrado o de tu congregación.

Perdonar no es un sentimiento aunque hay muchos sentimientos asociados al perdón. Perdonar es un acto de la voluntad y es un mandamiento de Dios. Hay que remarcar que es una locura pensar que amarlo a Dios puede ser separado del amar al hermano en Cristo. Veremos un poco más de esto más adelante en nuestro estudio. Además; la medida con la cual yo me ame con el amor de Dios derramado en mí al momento del nuevo nacimiento, será la medida con la cual ame a mi hermano en Cristo. Similarmente, necesito perdonarme a mí mismo más que a ninguna otra persona, pues en la misma medida con la cual me perdone debiera ser la medida con la cual voy a perdonar a mis hermanos en Cristo.
Amor [agapaô] por mí = amor [agapaô] por mi hermano en Cristo.
Ambos, el amor de Dios y el perdón, dependen de mi voluntad y reconocimiento de aquello que me fue dado por gracia al momento de renacer. La palabra prójimo en Mateo 22, es digna de ser estudiada en este momento. El pueblo de Israel a quien Jesucristo vino a predicar era históricamente el prójimo entre sí. Es decir: el prójimo[4]  de un israelita era otro israelita. Pero una vez más, Dios en Cristo fue más allá en Su deseo de alcanzar a las personas con Sus múltiples bondades.
Lucas 10:25-37: v.25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 
Esta persona que interpelaba a Jesucristo no era una persona del vulgo sino un israelita instruido en la Ley y el registro este dice lisa y llanamente que lo que decía, lo decía para probar a Jesucristo. Dicho de otra manera coloquial quería hacerle “pisar el palito” al redentor. Su pregunta nos orienta acerca de la salvación para la gente de Israel. 
v.26 El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
Para intentar hacer un paralelismo con nuestros días, digamos que un cristiano instruido, pero fuera del amor de Dios, nos hace públicamente la misma exacta pregunta. Nosotros podríamos responderle por ejemplo: ¿Qué dice Romanos 10:9, qué leés allí? Aquí Jesús, en tiempos previos a Pentecostés le preguntó qué dice la Ley. Veamos qué responde y qué pensaba Jesús de la respuesta de este hombre instruido en la Ley. 
v27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. v.28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 
He aquí la “fórmula” para la vida eterna en época de Jesucristo. Él le dijo al intérprete que había respondido bien que si hacía eso, él viviría la vida eterna (ese era el contexto según el versículo 25: “…haciendo qué cosa heredaré la vida eterna”). Ahora vamos a ver que ahí no quedó la cosa, pues este escriba aun no le había hecho pisar el palito a Jesús. 
v.29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 
Recuerde que este era un intérprete de la Ley, se suponía que él sabía quien era el prójimo. También recuerde que primero preguntó para probarle y luego preguntó para justificarse a sí mismo porque su plan {A} había fallado. Jesús le respondió mediante una parábola y de ahí nosotros podemos aprender mucho. 
v.30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 
No da datos de identidad de la víctima del robo. Jesús no dijo por ejemplo: “Un israelita descendía…”, tampoco dijo: “un gentil descendía…” Porque –como veremos- no importaba y no importa. 
v.31 Aconteció que descendió un sacerdote [un israelita ungido] por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita [también israelita, pero no uno cualquiera sino uno de la tribu de Leví de donde venía el sacerdocio de Israel], llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
En otras palabras, a ninguno de estos dos israelitas de notoriedad les importó “un pito” la desgracia de este hombre cuyas credenciales no conocemos. Estos dos del ejemplo eran personas instruidas en las Escrituras hebreas como lo era también el intérprete de la Ley. La parábola nos da información acerca de las identidades de los dos que pasan y que debieran haberse detenido para ofrecer ayuda, pero no de la víctima, porque no es relevante. 

v.33 Pero [¡en contraste a dos notorios de Israel!] un samaritano [considerados perros por los israelitas], que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia [no le importaron sus credenciales]; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios [¡la paga de dos días de trabajo!], y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. 
Bueno, vayamos y hagamos nosotros también lo mismo ¿Cuándo usted está con sus hermanos en Cristo, los ama con el amor de Dios [agape]? ¿Y cuando está con gente que usted considera natural, con qué amor las ama? ¿Usted se viste y desviste del amor de Dios como si fuera una camiseta, dependiendo de la persona con la que usted está? Seguramente que no, pues Dios espera de usted que sea cristiano dentro y fuera de Su familia.

En el Antiguo Testamento, Jehová le estaba dando instrucciones a Su pueblo a la salida de Egipto. En las instrucciones acerca de cómo tratar a la gente fuera del pueblo de Israel, consideraba a los extranjeros de una manera amorosa, típica de Su ser.
Éxodo 22:21-23: 21 Y al extranjero [GER] no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. 22 A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. 23 Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor; 
Éxodo 23:9: Y no angustiarás al extranjero [GER]; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Deuteronomio 24:17-22: 17 No torcerás el derecho del extranjero [GER] ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, 18 sino que te acordarás que fuiste siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te mando que hagas esto. 19 Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero [GER], para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos. 20 Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero [GER], para el El perdón – El brazo extendido del amor de Dios ©Eduardo Di Noto Página 6 huérfano y para la viuda. 21 Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero [GER], para el huérfano y para la viuda. 22 Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.
Deuteronomio 27:19: Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero [GER], del huérfano y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén. 
Esto es lo que la gente del pueblo de Israel debía hacer con todos aquellos que no serían considerados estrictamente prójimo de ellos. ¡Singular paralelismo! Israel había estado cautivo y fue esclavo en Egipto, ahora había sido liberado por Dios. Ellos debían acordarse de su vida anterior y ayudar a los de afuera. ¡Nosotros también! Antes de ser hijos de Dios, éramos hombres naturales, esclavos del pecado. Ahora estamos “adentro” pero no tenemos que olvidarnos que estábamos “afuera”.
Levítico 19:33 y 34: 33 Cuando el extranjero [GER] morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. 34 Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero [GER] que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros [GER] fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios. 
Singular uso de las palabras en este registro del Antiguo Testamento.
Gálatas 6:10: Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. 
No dice hagamos bien a todos, ni dice hagamos bien a los de la familia de la fe. No dice hagamos bien a todos Y a los de la familia de la fe. Dice a todos y mayormente a los de la familia de la fe. Ya aprendimos cuál era la opinión de Jesucristo acerca del prójimo. Bien. Nosotros cada vez que tengamos oportunidad podemos y deberíamos hacer bien sin mirar a quien pero mayormente a los de la familia de la fe. Atención a este detalle. El registro este de Gálatas no dice mayormente a los miembros de mi congregación, grupo o religión... Si es hijo de Dios, es miembro de la familia de la fe igual que usted. Una vez que una persona confiesa y cree según Romanos 10:9 es miembro de la familia de la fe, esté o no esté con usted y su grupo.

Una imprescindible expresión de amor hacia nuestro prójimo es el perdonar sus ofensas. La única evidencia de nuestro sincero amor por  Dios es el amor no fingido a nuestro prójimo. Nuestros hermanos en Cristo son nuestro “prójimo primero” por así decir, nuestro “prójimo mayormente” en cuanto a hacer bien. Cuando no amo a mis hermanos en Cristo con esta prioridad entonces no estoy haciendo la Palabra y por consiguiente peco. Por eso cuando uno se halla en esta situación para restablecer la comunión le pide primero perdón a Dios -porque si no amo a mi prójimo como a mi mismo no estoy cumpliendo el gran mandamiento- y luego le pido perdón a mi hermano.

Esto fue dicho por el Señor Jesucristo antes del día de Pentecostés, pero nadie pensaría que hoy día en esta Administración de la Gracia no hay que amarlo a Dios con esta prioridad afectiva, por consiguiente la segunda parte también tiene que ser válida para esta época en que nosotros vivimos. Finalmente, esta enseñanza del redentor muestra que nuestro prójimo es cualquiera en necesidad y para quien Dios nos dé una oportunidad de hacer el bien con Su Palabra. Eso es opuesto a la obtusa y estrecha noción farisaica que entendía que prójimo eran los amigos, vecinos y personas de la misma religión. La parábola apunta a vincular al concepto bíblico de prójimo con un extraño en necesidad y otro extraño con la capacidad de ayudarlo.

Veamos un registro en el Nuevo Testamento que hace referencia a una parte de la Ley.
Romanos 13: 8-10: 8 No debáis a nadie nada, sino el amaros [agapaô] unos a otros; porque el que ama [agapaô] al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás [agapaô] a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor [agape] no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor [agape]. 
 No debáis a nadie nada sino el amaros… Esa es una deuda incancelable que tenemos los unos con los otros en Cristo. En este registro de la Escritura hay un aprendizaje mayúsculo. Aquí Romanos tres menciona cinco mandamientos que son parte de la Ley. Nosotros no estamos bajo la Ley sino en la Gracia. Entonces ¿podemos adulterar, matar, hurtar, decir falso testimonio o codiciar…? Obviamente, aunque podamos, no corresponde. De hacerlo estaríamos pecando. Hay una inmensa ventaja práctica de recordar el gran mandamiento y el segundo semejante. Es la certeza que tenemos que si amamos no vamos a querer pecar sin necesidad de recordar cada mandamiento. Cada vez que amemos no cometeremos nada que agravie u ofenda a un hermano en Cristo. Esta Ley del amor nunca dejó de estar en vigencia.
Romanos 12:10: Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. 
Esto no significa que no honramos a ninguna persona que no sea hija de Dios, sino que habla de una deferencia, de un trato preferencial entre nosotros los hermanos en Cristo, pero nadie (hijo de Dios o no) debiera quedar excluido de recibir bien de nuestra parte.
Efesios 4:2: Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor 
1 Pedro 1:22 y 23: 22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 
Aquí puede ver un porqué de la preferencia. Usted y yo somos renacidos de la misma simiente incorruptible. Entre otras grandes cosas que tenemos en común nosotros, es que compartiremos la eternidad junto a Dios y Cristo.

Cuando Jesús confrontó la cruz no lo hizo por quienes creyeran en él necesariamente. Es a través de creer en lo que él hizo y Dios hizo en él por nosotros que nos volvemos hijos de Dios. El murió para que yo confesándolo a él como mi señor y creyendo en mi corazón que Dios lo levantó de los muertos sea hijo de Dios. Es decir, que yo tampoco era prójimo de él –en el sentido estricto de la palabra- cuando murió por mí. Cuando el señor Jesucristo estaba en la cruz, Dios me estaba reconciliando con Él no tomando en cuenta mis pecados. Ni a Dios ni a Jesús les importó que yo no era prójimo de los santos[5] .
1 Pedro 2:17: Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey. 
Filipenses 2:3: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.
Ya ve nuestros hermanos en Cristo son prójimos VIP por eso tenemos ese trato deferente, preferencial.
Gálatas 5:13 y 14: 13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. 14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 
Una vez más una mención de un tema tan importante que viene del Antiguo Testamento aplicado en esta Administración de la Gracia. La ley del amor está en absoluta vigencia hoy día. No deberíamos divorciar el amar a Dios del amar a las personas y mayormente a nuestros hermanos en Cristo. Justamente por eso no queremos pecar contra Dios ni tampoco contra nuestros hermanos en Cristo. Si pecamos contra Dios, le pedimos perdón, si pecamos contra un hermano en Cristo hacemos lo mismo: Primero pedimos perdón a Dios y luego a nuestro hermano.

Es usual que los niños tengan en sus cunas un juguetico que se llama móvil. Tiene varias figuras que atraen la atención del bebé y este puede pasar un tiempo largo mirando como se mueven y el bebito hace sonidos como comunicándose con esas figuritas. El dispositivo este tiene un solo cordón del que cuelgan algunos perfiles que sustentan a su vez otros cordones que sostienen a las figuras o muñequitos. Si se cortara el cordón principal, el de arriba, todo el móvil colapsaría. Así es con el amor de Dios y nuestra comunión con el Padre celestial y nuestros hermanos en Cristo. No se debe disociar los dos mandamientos.
 El amor por Dios SIEMPRE se manifiesta en el amor al hermano  
Es muy importante recalcar que amar con el amor de Dios, no es tan sólo decir “te amo”. Amar es un verbo y como tal demanda acciones virtuosas en beneficio ajeno. Como Dios amó al mundo DE TAL MANERA, esa intensidad de amor “demandó de Él” un dar al extremo. El dio a Su único hijo por aquel entonces.
Juan 3:16: Porque de tal manera amó [agapaô] Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 
Ese es el ejemplo de amor que nosotros seguimos, pero, en primer lugar Él es Dios, claro está y en segundo lugar ya no hace falta darlo a Jesús de nuevo. Pero… ¿y qué hay del darse de sí mismo que tuvo el redentor, un hombre como nosotros, por nosotros?
1 Juan 4:19-21: 19 Nosotros le amamos [agapaô] a él, porque él nos amó [agapaô] primero. 
Esto es lo que vimos recién en Juan 3:16, que Dios agapaô a todo el mundo. Nosotros formamos parte del mundo que Dios amó y por quiénes dio a Su unigénito hijo para que no nos perdamos y tengamos vida eterna.
v.20 Si alguno dice: Yo amo [agapaô ¡el mismo de Juan 3:16!] a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama [agapaô] a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar [agapaô] a Dios a quien no ha visto? 21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama [agapaô] a Dios, ame [agapaô] también a su hermano. 
Este es un mandamiento y está en 1ª de Juan no en Levítico o cualquier otro libro del Antiguo Testamento. Aquí no dice prójimo sino hermano por si quedara alguna duda. El amor que Dios nos tuvo nos habilitó para amarlo a Él. ¡Dios nos amó primero! Luego con ese mismísimo amor, amamos a nuestros hermanos en Cristo.
Esta clase de amor le fue dado a usted al momento del nuevo nacimiento[6] . Usted simplemente tiene que ejercerlo siguiendo las pisadas de Jesucristo[7] . Cada vez que usted haga lo que él hizo, estará andando es ese amor. Cada vez que no… entonces no estará andando en ese amor. Decidamos andar en ese amor. 
Regresando al registro de Mateo 22 no dice que al prójimo haya que amarlo con todo nuestro corazón, alma y mente. Esa intensa profundidad de amar va dirigida desde el centro mismo de nuestro corazón a Dios. Pero a nuestros hermanos los amamos como nos amamos a nosotros mismos. Para amarnos a nosotros mismos con el amor que Dios tiene por nosotros es imprescindible que tengamos una Cristoestima[8] por nosotros mismos. Es decir tenemos que saber quiénes somos en Cristo y qué nos ha hecho Dios a nosotros a través del trabajo de obediencia amoroso y finalizado de Cristo. Siendo conscientes de esto, entonces y solamente entonces, seremos conscientes también del Cristo dentro de nuestro hermano. 
Consciente del Cristo en mí entonces ⇒ consciente del Cristo en vos 
Dice que el segundo mandamiento es ¡semejante al primero! Maravilloso. La palabra semejante es muy importante ahí porque está equiparando amarlo a Dios con todo nuestro ser con amar a nuestros hermanos en Cristo y a las personas como nos amamos a nosotros mismos.

Según varios diccionarios, semejante quiere decir parecido o similar. Cuando alguien es semejante a alguien más, son parecidos, son similares, guardan alguna relación de aspecto. Cuando hablamos de la raza humana hablamos de nuestros semejantes. Cada persona en el planeta es única; aún los mellizos gemelos son diferentes entre sí en pequeñísimos detalles. Unos nos parecemos más a los otros porque venimos de la misma familia, pero nos parezcamos o no, somos semejantes en cuanto a que somos seres humanos. Tenemos la cabeza arriba y los pies abajo, la cara al frente y la nuca atrás… Unos diferentes a los otros pero todos semejantes entre sí. Existe una similitud tan grande que uno puede representar al otro aunque cada uno es único en sí mismo. Todos los estudiantes de medicina saben esto. Ellos estudian un solo cuerpo humano y sus fortalezas y debilidades, luego no importa donde practiquen la medicina, los principios son los mismos porque somos semejantes. Así es con estos dos mandamientos de Mateo 22.

Hay 43 ocurrencias de la palabra griega traducida semejante y sus parientes en el Nuevo Testamento. Veamos algunos usos para ganar un entendimiento de esta profunda verdad.
Mateo 13:31: Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante [homoios] al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo 
El reino de Dios NO es un grano de mostaza. Es similar porque el reino ahora no se ve pero luego si se verá. El grano de mostaza apenas se puede ver porque es muy pequeño, pero cuando crezca y sea un árbol todo el mundo podrá verlo. Así será con el reino de Dios. En eso reside la semejanza.
Juan 8:55: Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como [homoios] vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. 
Aquí está traducida de otra manera pero significa lo mismo. Algo semejante es algo equiparado, similar, que guarda características comunes.
Gálatas 5:21: Envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes [homoios] a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 
En lugar de dar una lista interminable de posibles “avenidas de pecado” dice semejantes. Eso nos orienta a ubicar la “raza” de estos pecados.
1 Juan 3:2: Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes [homoios] a él, porque le veremos tal como él es. 
No seremos Jesucristo, seremos semejantes a él. La raza humana y cada uno de nosotros somos semejantes. Cuando tengamos el cuerpo resucitado como el de él, seremos de la misma “raza” que es ahora Jesucristo y todos nosotros semejantes entre sí.
Como hijos de Dios obedientes podemos complacer el corazón de amor de nuestro Padre, y amarnos con ese amor que Él mismo nos proveyó, y en virtud de ello, cada vez que haga falta; pedirnos y extendernos perdón entre nosotros porque el segundo mandamiento es semejante al primero. 
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Nota del Autor
Toda la Escritura utilizada en este artículo es de la Versión Reina Valera 1960 a menos que se especifique algo en contrario. Cada vez que aparezca resaltada alguna palabra dentro del texto de la Biblia, se trata del énfasis añadido por el autor.

Toda vez que se utilice una palabra de origen Griego será escrita en minúscula cursiva (Ej.: atomos). Y si se usara una palabra hebrea o aramea será escrita en mayúscula cursiva (Ej.: YARE). En ambos casos se puede utilizar la palabra raíz como cualquier otra forma gramatical de esa palabra en representación de la familia de palabras. Debido a que los paréntesis se utilizan en el texto Bíblico; cada vez que exista una nota del autor estará colocada entre corchetes para diferenciarla. 9 La Santa Biblia Antiguo y Nuevo Testamentos, Antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Revisión de 1960. Sociedades Bíblicas Unidas, 1993

Las notas al final son una parte integral y necesaria del Estudio. Tienen el propósito de documentar, respaldar, ampliar, aclarar, o reforzar el tema que se trate. Esta enseñanza somete a consideración del lector el tema que trata. Es mas bien en algunos casos un punto de partida que propone, orienta y -desde ya- concluye con lo que el autor ha estudiado y debido a eso presentado de las Escrituras. No obstante, la Palabra de Dios es simplemente inagotable. El único que no necesita revisión es Dios mismo y Su Palabra según fue originalmente inspirada. Pero nuestro conocimiento y entendimiento de las distintas maravillas presentadas en la Palabra de Dios siempre pueden ser y debieran ser sometidas al escrutinio del estudiante. Entonces, el presente trabajo es presentado al estudiante Bíblico como una ayuda, una fuente mas de consulta, de referencia y de estudio de la Palabra de Dios. La obra está lejos de pretender ser la única ni mucho menos la más sobresaliente obra de este tipo que exista. Ella no posee eminencia sobre ninguna otra ni es autoridad última sobre el tema. La autoría de la Palabra de Dios es la exclusividad del Padre Celestial y como tal es la fuente de conocimiento y autoridad única e inapelable. Consulte si esta enseñanza se encuentra disponible en audio en el sitio web: www.palabrasobreelmundo.com.ar. Asimismo puede descargar del mismo sitio todas las enseñanzas en texto y en audio que desee. Todas las solicitudes y los comentarios pueden ser dirigidas a palabrasobreelmundo@gmail.com.
Dios lo bendiga Eduardo Di Noto .

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[1] Diccionario de la Real Academia Española. http://www.rae.es/rae.html abril de 2010 
[2] http://www.centrorey.org/temas25.html E.
[3] Bullinger E. W., A Critical Lexicon and Condcordance to the English and Greek New Testament, Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan EEUUA. Pág. 303, año 1979. En el sitio Web, en “Clases” > El Perdón, encontrará un práctico cuadro sinóptico para estudiar más el tema del perdón: “Bibliografía y palabras griegas traducidas perdón”. 
[4] Éxodo 2:13, 10:23, 20:16 y 17, 21:14; Levítico 19:18; 1 Samuel 15:28 entre otros. 
[5] Romanos 5:6-10.
[6] Romanos 5:5 
[7] Puede descargar la Clase A LA MANERA DE JESUCRISTO del sitio web 
[8] Descargue de sitio Web la enseñanza Nº 77 Cristoestima  

domingo, 30 de septiembre de 2018

El Sentido de la Hombridad

Tenia razón Carlos Wagner al afirmar que: "Hay algo más raro que un gran hombre: Es, un Hombre". Es verdad que es más fácil ser medico, abogado, literato, artista o ingeniero, que hombre. Y, por lo mismo de ser la profesión de hombre la única universal, es ella a la vez la más básica e importante de las profesiones humanas.

¿Qué significa Hombre, todo un Hombre? ¿Dónde se encuentra un verdadero humano y, como se le conoce? Creyeron encontrar uno aquellos campesinos ibsenianos que salieron al encuentro del joven clérigo Brand, al haber cruzado éste, en frágil botecito, las aguas embravecidas de un fiord noruego, para cumplir con lo que creía su deber. "Hace tiempo que nos hablan del buen camino", dijeron a Brand, "Y nos lo indican con el dedo. Más de uno lo ha señalado, pero tú eres el primero que lo ha seguido. Un millón de palabras no valen lo que un hecho. Por eso venimos a buscarte en nombre de todos, porque lo que nos hace falta es un Hombre". También Pilatos aquel escéptico y timorato gobernador romano de Judea, creyó ver todo un hombre en cierto reo que le hicieran comparecer ante él en ocasión inolvidable. "Ecce Homo", dijo a los ruines acusadores del Nazareno. "He aquí el Hombre".

La cualidad del Hombre, en el sentido cabal de la palabra, Unamuno la ha llamado "Hombriedad". Nos cuenta, en uno de sus ensayos, que leyendo al gran historiador y psicólogo portugués Oliveira Martins, le hirió la imaginación la voz "Hombridade" que éste aplicaba a los castellanos. "Hombridade" le pareció un hallazgo. Conforme la emplea Unamuno, esta voz encierra cualidades más amplias que la simple probidad u honradez indicada por "hombría de bien". Su sentido es mucho más comprensivo y viril que "humanidad", o "humanismo", voces que se hallan estropeadas por oler a pedantería, a secta, a doctrina abstracta. Hombridad es la "cualidad de ser Hombre, sé ser Hombre entero y verdadero, de ser todo un Hombre". "¡Y son tan pocos los Hombres", agrega Unamuno, "De quienes pueda decirse que sean todo un Hombre!".

Adoptando esta simpática acuñación lingüística del gran vasco -Quien, dicho sea de paso, es uno de los ejemplos más legítimos de la hombridad en la escena contemporánea vamos a ensayar el retrato de un verdadero arquetipo humano.

El Hombre verdadero ha de ser, en primer termino, la negación de ciertos arquetipos bastardos que gozan todavía de mucho prestigio, ya sea entre las muchedumbres, ya sea entre la élite intelectual o social.

Un arquetipo humano muy clásico, que goza de notorio prestigio entre cierto sector de la sociedad, y en algunos países más que en otros, se llama Don Juan Tenorio. Don Juan, que recibiera primero personalidad literaria en "El Burlador de Sevilla", de Tirso de Molina, comparte con Fausto el triste honor de ser el personaje más universal de la literatura europea desde el renacimiento a esta parte. ¿Quién es Don Juan? Por cierto que entre los Don Juanes de Tirso, de Zorrilla, de Moliere, de Byron y los de una ciudad sudamericana, hay marcadas diferencias de sensibilidad moral. En el fondo, sin embargo, son idénticos. Don Juan no cambia; blasona la misma enseña: "Yo y mis sentidos". Pero, con todas sus bravatas y aires de guapo, es un perfecto calavera a quien la lujuria ha entontecido. Es rara vez un gran apasionado antes casi siempre un frío calculador. Hace alarde de su libertad. Vive, no obstante, en la esclavitud más absoluta, ya que lo manejan a su antojo los impulsos de la carne o los mandatos irresponsables de un perpetuo "porque si". Hace poco el distinguido medico español Dr. Marañon dejo caer una bomba en el campo Tenorista, llamando a Don Juan, "una monstruosidad biológica". Empero merece éste el calificativo, pues no tiene vuelta de hoja que así moral como físicamente resulta ser anormal.

Pero hay muchos jóvenes, por desgracia, que sin convertirse en Don Juanes de oficio, creen que para ser hombres hay que tomar lecciones en la escuela de Tenorio. Recuerdo el triste caso de un mozo peruano que fue aclamado héroe por un grupo de compañeros suyos, al descubrirse que aquel había contraído una de las enfermedades que van a la zaga de Tenorismo. En opinión de esos jóvenes ingenuos, aquel se había hecho ya hombre. Pero un hombre es otra cosa. Un Hombre reconoce que el instinto sexual es perfectamente natural, tan natural como cualquier otro, y adopta entonces frente a él una de estas dos actitudes. Sin reprimirlo, para que no forme en su personalidad complejos freudianos, lo sublimiza, buscando alguna actividad de orden superior que absorba su pasión. O, de otro modo, canaliza honradamente su instinto dentro del cauce del matrimonio, aceptando y aun persiguiendo las consecuencias naturales que le trae la fundación de un nuevo hogar.

Creo que si reflexionaran un poco los jóvenes sobre las posibles consecuencias que acarrea a otros una pasión irregular, repudiarían para siempre todo amago de Tenorismo. No olvidaré nunca una experiencia que tuve en la ciudad de Valparaíso. Había dirigido unas palabras de aliento a un grupo demozuelos, vendedores de diario, que concurrían todas las noches a una clase que organizaba para ellos la Asociación Cristiana de Jóvenes de aquella ciudad chilena. Al retirarme luego del local pregunte al secretario que me acompañaba: "¿Cómo explica Ud. el contraste tan extraordinario entre los semblantes hermosos e inteligentes de muchos de esos muchachos y los harapos que visten y la posición social que ocupan?" Mi compañero me contestó con estas palabras tan trágicamente sugestivas: "Ninguno de ellos conoce a un padre". Y ¿esos padres? Tenorios de una capa social superior.

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Otro arquetipo humano, más culto y correcto quizá, pero no menos bastardo y subhumano, es el "snob". El "snob" pertenece a la Antigua y Aristocrática Orden del Pavo Real. En virtud de la sangre que corre por sus venas, o la posición social que ocupan, o las propiedades que poseen, o la cultura que han adquirido, los miembros de esta orden sienten el mas alto desdén por los demás hombres, ante quienes no pierden oportunidad de pavonearse, cuidando de no alterar con nadie que no sea de su circulo.

En lo social el "snob" es a menudo un hermoso animal que, al no encontrar la sociedad genial de los suyos, muestra preferencia por la de los canes y caballos. Fue pensando en esta rama del "snobismo" que Bernad Shaw dijo aquello de que: "Es permitido a las damas y a los caballeros de hoy tener amigos en las perreras, mas no en la cocina". Por cierto que resulta asombrosa y desconcertarte la cantidad de gente que pone de manifiesto su subhumanidad, tirando mas a los canino y lo caballar que a lo humano.

Otra especie de "snob" se decida a las letras, lo que persigue el "snob" literario es el lucimiento mas que el alumbramiento. Tiene la obsesión de la forma, preocupándole poco a fondo. Blasonando la jerga de "el arte por el arte", posa la vida rebuscando cortes y colores nuevos, resultando de esta suerte sastre de lo efímero, cuando debería hacerse escultor de lo eterno. Los únicos aspectos de la vida que le interesan al "snob" son los vistosos y llamativos. Espectador sentado en su torre de marfil o su tallado balcón aristocrático, mantiénese alejado de todo contacto con la vida real y verdadera. Jamás se le ocurre poner su talento al servicio de una idea o causa nobles. Y ciando se da el caso, como a veces sucede, de que un "snob" de las letras escribe un libro de fondo, lo hace casi siempre sobre los temas que están de moda. Al ocuparse de problemas humanos, cuida mucho de no tocar los aspectos de dichos problemas que estén candentes en su propia tierra. Tratar temas escabrosos podría traerle muchos inconvenientes. Conozco una gran obra de sicología escrita por un profesor sudamericano, en que no se trata para nada los tremendos problemas sociológicos de la patria del autor. Es que a éste le interesaba tan solo la opinión critica extranjera y nada el bienestar nacional.

Los tales carecen de hombridad. Son todos ellos hombrecillos, traidores a la bondad, a la belleza, a la verdad o a la patria. Es también traidor y maldito todo sistema educacional que tiende a producir tipos que vivan desdeñosamente apartados de la eterna realidad humana y de la realidad actual de al patria.

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El tercer arquetipo de Hombre que carece de Hombridad es el ególatra. Este hace del Yo y sus intereses el móvil de toda actividad. Pretende crearse un cosmos que gire sobre el eje de si mismo. Don Juan era egotista, pero no ególatra, ya que sus acciones no estaban inspiradas en la idea objetiva del yo, sino en una simple pasión carnal.

Lo propio podía decirse del "snob". Este actúa indudablemente por egoísmo, pero mientras lo que lo mueve es el buen tono o la buena opinión de alguna elite, lo que mueva al ególatra es el afán desmedido por colocarse a sí mismo en el centro de todo cuadro, haciendo que todo le sirva de medio para la realización de sus fines, sin que el sirva de medio para ningún interés ajeno.

Seguir en todo instante la voluntad y el interés propio sin consultar nada los ajenos, no es sino una forma aristocrática de la locura. El perfecto voluntarioso, con todo sus aires de caballero independiente, esta poseído del demonio más trágico de todos, el demonio del yo. Nadie puede ser obra perdurable que tenga por único móvil una ambición egoísta. Tarde o temprano el endemoniado del "yo" caerá de bruces en uno de sus duelos temerarios, por encontrarse en las alturas con el ventarrón de alguna ley universal. "Las estrellas de sus órbitas pelearon contra Sisera", dice el antiguo "Libro de los Jueces". Y Víctor Hugo pregunta en "Los Miserables" "¿Quién ganó la batalla de Waterloo?"... Y contesta: "¡Fue Dios!".

Quizás el más perfecto ególatra que nos ofrece la literatura es el Peer Gynt de Ibsen. Adoptando este de joven la enseñanza de "Ser yo mismo", se lanza al mundo en busca de fortuna. Tras una serie de peripecias por países extranjeros, en el curso de los cuales ha hecho y perdido varias veces ingentes fortunas, vuelve siendo hombre ya de barbas blancas, a su tierra natal. Camino de su aldea, entra en una vieja huerta conocida. Alza en la mano una cebolla y empieza a sacarles las telas. A cada tela que sale le da el nombre de un papel que ha desempeñado en su vida... El naufrago arrojado por el mar sobre la playa americana, el de cazador de focas en la bahía de Hudson, el de buscador de oro en California... Hasta llegar por fin a lo que debía ser el corazón de la cebolla. Pero... ¡Nada! La cebolla es pura tela. "Como cebolla", dice, "Ha sido mi vida toda tela, apariencia... sobre mi lapida escúlpase en letras de molde estas palabras: "Aquí yace nadie".

Peer Gynt era Don Nadie, por no haber consultado nunca en su larga vida sino su yo y sus intereses. No se había puesto a si mismo al servicio de nada que beneficiaria a los demás. En ningún corazón agradecido sobreviviría su nombre inmarcesible. El ególatra a de resultar a la larga, o un loco o nadie, pero un Hombre, jamás.

4

¿Quién es entonces el verdadero el arquetipo humano? El que merece llamarse todo un Hombre posee tres cualidades básicas:

Es un ser libre sed de lo real. Su libertad se destaca cuando se le compara sobre los tipos anteriores. Don Juan es esclavo de una pasión baja; el "snob" es esclavo de prejuicios aristocráticos; el ególatra es esclavo del archidemonio Yo. El hombre verdadero, habiendo afirmado su libertad frente a sus pasiones, sus prejuicios y sus ambiciones mezquinas abre de par en par las puertas y ventanas de su alma a los soplos y voces que le viene del mundo real. Tiene sed de realidad.

El ser humano vive en dos mundos, un mundo de efímeras apariencias y un mundo de eternos valores. El Hombre verdadero, como salido, como los presos platónicos, de las cavernas de las apariencias, lo contempla ya todo bajo la luz de la realidad. Se atreve a mirar de frente al Sol.

Parte del mensaje Keyserling al mundo contemporáneo, es su insistencia sobre la necesidad de adoptar una actitud pasiva frente a las cosas que queremos investigar o que merecen investigarse. Dejemos primero que ellas nos hablen. Libres de prevenciones o prejuicios, dejémonos empapar en la atmósfera de ellas. Luego, lo que no nos satisfaga, después de haberlo conocido, rechacémoslo. Pero no sea la actitud critica la primera sino la ultima. Entonces podemos criticar con pleno conocimiento de causa.

De este modo nos expondremos al cargo de que los demás critican son, por lo general, los que menos saben. El Hombre verdadero, sediento de lo real produce, en su búsqueda espiritual en igual forma que los hombres de ciencia. Los descubrimientos científicos se hacen a base de la aplicación reverente y concienzuda de hipótesis a la realidad objetiva. Los descubrimientos espirituales solo se harán por un proceso de verificación honrada de la teoría o actitud que se someta a investigación.

Otro rasgo del Hombre verdadero es apasionarse por algo superior. Hay grandes regiones del mundo real que no podrán ser descubiertas por los teóricos, preciosas experiencias que estos no podrán nunca compartir. La única actitud creadora frente a la vida es la de aquel que se vincula a una idea o causa superior que le absorbe todas las energías del cerebro, corazón y brazos. Que sea un obrero en alguna forma. Que ponga su talento al servicio de algo de indiscutible importancia. Que encuentre, es decir, su vocación en la vida. Y en cuanto a dificultades intelectuales, ellas se solucionan muy a menudo no bien uno se pone a trabajar para cumplir un deber, o encarnar en vida un ideal. Hay problemas que resultan insolubles en la soledad de la biblioteca y que podrían solucionarse fácilmente en la soledad del camino. "La acción", decía Amiel, "Es la quinta esencia de la vida, como la combustión es la quinta esencia del fuego". ¡Con que frecuencia la causa hace al hombre, así intelectual como moralmente! ¿Quién no ha sabido de hombres mediocres que se agigantaron, llegando a grabar hechos inmortales en las paginas de la historia, por haberse jugado la vida en una causa superior?

La pasión y no la apatía es el estado normal del Hombre. Solo son creadores los grandes apasionados. Solo ellos son capaces de grandes conquistas, comenzando por la conquista preliminar de un carácter personal aquilatado. "Ningún corazón es puro" alguien ha dicho, "Que no sea apasionado; ninguna virtud es segura que no sea entusiasta". Hay que vivir en un vértigo, grita Unamuno. ¡Que lean y se inspiren en esa pieza de prosa candente de cruzado, con que éste prologa su "Vida de Don Quijote y Sancho", quienes hayan visto la estrella y estén dispuestos a seguirla!

Y si uno es todo un Hombre, además, resultara consecuente en su pensamiento y acciones. Compenetrado de la realidad, será un Hombre de verdad o de la verdad, como dijera el Galileo a Pilatos. Su vida será de una sola pieza y no llevara máscara de ninguna especie. Lo que piensa su alma blanca, eso mismo lo dirá y lo cumplirá. Antes de claudicar preferirá morir. Pensando en Hombres de esta fibra, dice Romain Rolland: "Id a la muerte lo que debéis sufrir. No se vive para ser feliz sino para cumplir con una ley. Sufre y muere, pero procura lo que debes ser: Un Hombre.

Jesús es el verdadero Hombre
Jesús es llamado el “Hijo del Hombre” 88 veces en el Nuevo Testamento. ¿Qué significa esto? ¿Qué no dice la Biblia que Jesús era el Hijo de Dios? ¿Cómo puede ser Jesús también el Hijo del Hombre? El primer significado de la frase “El Hijo del Hombre”, es en referencia a la profecía de Daniel 7:13-14 “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y Su reino uno que no será destruido.” La descripción “Hijo de Hombre” era un título Mesiánico. Jesús es Aquel a quien le fue dado dominio, la gloria, y el reino. Cuando Jesús usaba esta frase en relación a Sí mismo, Él se estaba adjudicando la profecía del “Hijo del Hombre” a Él mismo. Los judíos de esa época, debieron haber estado íntimamente familiarizados con la frase y a quién se hacía referencia. Él estaba proclamándose como el Mesías.

Un segundo significado de la frase el “Hijo del Hombre” es porque verdaderamente Jesús era un ser humano. Dios llamó al profeta Ezequiel “hijo de hombre” 93 veces. Dios simplemente estaba llamando a Ezequiel un ser humano. Un hijo de un hombre, es un hombre. Jesús era totalmente Dios (Juan 1:1), pero también era un ser humano (Juan 1:14). 1 Juan 4:2 nos dice, “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios.” Sí, Jesús es el Hijo de Dios – Él era en esencia Dios. Sí, Jesús también era el Hijo del Hombre – Él era en esencia un ser humano. En resumen, la frase el “Hijo del Hombre” indica que Jesús es el Mesías, y que Él es verdaderamente un ser humano.


SOLI DEO GLORIA.