domingo, 6 de mayo de 2012

El Credo Apostólico: Padeció...



                                                 Grünewald, Matthias : The Crucifixion



Capítulo XV 

PADECIO…. 

La vida de Jesucristo no es triunfo como algunos creen, sino humillación, no es éxito, sino, fracaso; no es gozo, sino sufrimiento, dolor y padecimiento. Precisamente por eso pone esa vida de manifiesto la rebelión humana contra Dios y su consecuencia necesaria: la ha de Dios. Pero también pone esa vida de manifiesto la misericordia con que Dios ha hecho suyo lo que era del hombre, esto es, su humillación, su fracaso y su sufrimiento, a fin de que dejara de ser para siempre cosa del hombre. 

El Catecismo de Calvino hace constar con respecto a este punto como cosa extraña que en el Credo nada más se dice de la vida de Jesús hasta la Pasión, porque lo hasta entonces sucedido en dicha vida no pertenece a lo "sustancial de nuestra salvación". Permítame objetar que aquí yerra Calvino. ¿Es posible decir que lo demás de la vida de Jesús no es sustancial para nuestra redención? ¿Entonces qué significaría o qué debería significar? ¿Acaso una historia de la que se podría prescindir no es de importancia dentro de los planes de salvación? Para mí, en toda la vida de Jesús se trata de aquello que inicia el artículo del Credo, diciendo: "Padeció..." Tenemos aquí un buen ejemplo de cómo también los discípulos de un gran maestro ven las cosas, a veces, más claras que él. Porque en el Catecismo de Heidelberg, compuesto por Oleviano y Ursino, discípulos ambos de Calvino, expone la cuestión N" 37: 

"¿Qué entiendes tú por la breve palabra "padeció"? R. — Que él, durante toda su vida, y especialmente al final de ella, padeció en cuerpo y alma la ira de Dios contra el pecado de la humanidad entera". 

Podría aducirse en favor de la opinión de Calvino, claro está, que ni el apóstol Pablo ni, en general, las Epístolas del Nuevo Testamento hacen casi referencia a ese "durante toda su vida", y que los mismos Apóstoles, por su parte, parecen notablemente poco interesados en ello, a juzgar por los Hechos de los Apóstoles. Al parecer, pero sólo al parecer, sólo tienen presente que Jesús, traicionado por los judíos, fue entregado a los paganos y crucificado y que resucitó de entre los muertos. Sin embargo, el hecho de que la Iglesia primitiva concentrase toda su atención en el Crucificado y Resucitado no es de carácter exclusivo, sino, al contrario, inclusivo: El que Cristo fuera muerto y resucitara es, sin duda, una reducción de toda la vida de Jesús, pero ha de verse en ello, justamente, también su desarrollo. La vida  entera de Jesús está puesta bajo la palabra "padeció...". 

Este hecho tan insólito nos sorprende,  pues con lo que hasta ahora hemos venido exponiendo no estamos suficientemente preparados. Jesucristo, el Hijo Unigénito, nuestro Señor, concebido por el Espíritu Santo, nacido de María virgen, verdadero Hijo de Dios y verdadero hijo del hombre... ¿En qué relación está con todo esto la explicación de su vida entera bajo el designio de "padeció"? En realidad, se espera otra cosa: algo luminoso y radiante, triunfante, logradísimo y gozoso. Y resulta que no oímos nada de eso, antes al contrario: Lo que domina sobre toda esa vida es la expresión "padeció". ¿Y esto es el final? Sin duda, conviene no olvidar cómo acaba esa vida entera: "Resucitó al tercer día de entre los muertos". Además, no faltan tampoco en la vida de Jesús atisbos de futuro gozo y de la victoria venidera;  que no en vano se nos habla mucho de las "bienaventuranzas" y se menciona con frecuencia la parábola o símil de la alegría de las bodas. 

Aun cuando hayamos de hacer constar con extrañeza que vemos a Jesús llorar varias veces, pero jamás reír, confesemos que a través de sus sufrimientos siempre palpita la alegría y el gozo en la naturaleza que le rodeaba, en los niños y, sobre todo, en su propia existencia, en su misión. Una vez se nos dice que se gozó con júbilo del hecho de que Dios ocultara lo esencial a los sabios para revelárselo a los sencillos. ¿Y no hay triunfo y alegría en los milagros de Jesús? ¡Con ellos irrumpen la curación y la ayuda en la vida de los hombres! Y en ellos parece revelarse a ojos vistas quién es el que tales cosas obra. También  en la historia de la Transfiguración, que nos cuenta cómo los discípulos vieron a Jesús más blanco que cuanta blancura pueda imaginarse en este mundo, se muestra lo "otro"; se hace visible de antemano el final de su vida, y aún podría decirse que se ve su principio y su origen. Indudablemente tiene Bengel razón cuando dice que podrían cementarse esos pasajes precedentes a la resurrección, poniendo: spirant resurrectionem. No creo que se puede decir algo más de esto. 

Hay un aroma que emana del principio y del final, un aroma de la divinidad victoriosa que se mueve y obra entre los hombres. Pero la presencia de esa vida es realmente el sufrimiento, y esto desde un principio. Los evangelistas Mateo y Lucas vieron, sin duda alguna, la infancia de Jesús, su nacimiento en el establo de Belem, bajo el signo del padecimiento. Jesús, el hombre, sigue siendo durante toda su vida un perseguido, un extraño dentro de su propia familia (¡y qué palabras tan escandalizadoras llega a decir!) y de su pueblo, un extraño en el campo de la política, de la iglesia y de la cultura. En cuanto a su camino, ¡es claramente un camino de fracasos! ¡Qué completamente solo y atacado se encuentra entre los hombres, entre los dirigentes de su propio pueblo, pero también entre la masa e incluso  entre sus propios discípulos! En ese círculo reducidísimo estará el que le hace traición, y el hombre del cual él afirma: "Tú eres roca..." será uno que le va a negar tres veces. Finalmente, son los mismos discípulos de quienes se dice: "Entonces todos le abandonaron...". El pueblo,  por su parte, grita  a coro: "Crucifícale, crucifícale...". 

Toda la vida de Jesús se desarrolla en semejante soledad y está, así pues, bajo la sombra de la cruz. Y si el resplandor de la resurrección ilumina esa vida alguna que otra vez, eso es la excepción que confirma la regla. El hijo del hombre "tiene que subir a Jerusalén", tiene que ser allí condenado, flagelado y crucificado..., y resucitar  al tercer día. Pero,  en primer lugar, ese "tiene que" lo domina todo hasta conducirle al patíbulo. ¿Qué sentido tiene esto? ¿No es, acaso, lo contrario de lo que podría esperarse de aquella noticia de que Dios se hizo hombre? Aquí se sufre. Adviértase que por vez primera nos sale al encuentro en el Credo, directamente, el gran problema de la maldad y del sufrimiento. Cierto es que en varias ocasiones ya nos hemos tenido que referir a ello. Pero textualmente tomado, es aquí y ahora donde por primera vez hallamos una indicación referente a que en las relaciones entre el Creador y la criatura no está todo en orden, sino que aquí impera una injusticia y una aniquilación; que hay padecimiento y dolores. Es aquí dónde empezamos a ver, porque entra ahora en nuestro campo visual, el lado sombrío de la existencia, lo cual no fue así en el primer artículo, que habla del Dios creador. Lo malo se presenta aquí como no se presentó al describir la criatura como cielo y tierra. Ahora, al describir la existencia del Creador que se hace criatura, se presenta el mal, y a lo lejos, se ve también a la muerte. 
                                                
Juan Alberto Bengel (1687-1752): Teólogo alemán de sano pietismo, autor del Gnomon Novi Testatnenti, que es el Nuevo Testamento anotado en latín de manera tan profunda que hasta hoy tiene gran valor. N. del T. ¡Respiran   resurrección! Este hecho obliga en todo caso a guardar reserva frente a las descripciones hasta cierto punto independientes de lo malo y del mal. Cuando, más tarde, se practica esa reserva, se ha pasado más o menos por alto que lo malo y  el mal empiezan a manifestarse al mundo en conexión con Jesucristo. El padeció, o sea, él ha hecho visible lo que es el mal y lo que es la rebelión del hombre contra Dios. ¡Qué sabemos nosotros, al fin, del mal y del  pecado, qué de lo que es sufrir y lo qué significa la muerte! Aquí y ahora lo aprendemos; aquí se presentan estas tinieblas en su realidad y su verdad; aquí se eleva una acusación y se ejecuta un castigo, aquí se hace realmente visible la relación existente entre Dios y  el hombre. ¡Qué son nuestros suspiros y qué todo cuanto el hombre pretende saber acerca de su necedad y su pecado y sobre la perdición del mundo! ¿Qué vale toda especulación sobre el sufrir y la muerte al lado de lo que aquí se hace visible? El, él ha padecido; el Dios verdadero y hombre verdadero. Todo hablar independiente, es decir, independiente de Cristo, tratándose de esta cuestión, resultará necesariamente pobre e imperfecto. 

Jamás se hablará concretamente de esta cuestión, a no ser que se parta del centro que es Cristo. Hoy día se ve cómo el hombre puede sufrir los más duros golpes del destino y, sin embargo, salir indemne de todo ello como quien aguanta un simple chaparrón. Sabemos ya que ni el dolor ni la maldad nos alcanzan en toda su verdadera realidad, y por eso podemos sustraernos repetidamente al conocimiento de nuestra culpa y nuestro pecado. Únicamente llegaremos al verdadero conocimiento cuando reconozcamos' esto: El, el Dios y hombre verdadero, ha sufrido. O dicho de otro modo: Para saber qué es el sufrimiento es preciso tener fe. "Aquí" —en Cristo— se padeció. Comparado con lo que "aquí" sucedió, lo demás, lo que llamamos padecimiento, no es verdadero padecimiento. Sólo desde aquí es posible reconocer cómo y por qué en todo el cosmos, tanto oculta como públicamente, se sufre; ello se reconoce como participación del padecimiento que El padeció. 

Al fijar la atención en la frase "El padeció", partiremos, en primer lugar, de lo siguiente: Fue Dios, hecho hombre en Jesucristo, el que  tuvo que sufrir; no hubo de sufrir bajo la imperfección del mundo de las criaturas, ni tampoco bajo cualquier conexión natural, sino bajo los hombres, a causa de la actitud de éstos para con Él. Desde Belem hasta la cruz se ve El abandonado por sus discípulos, desechado, perseguido y, finalmente, acusado, condenado y crucificado por el mundo que le rodea. He aquí el ataque del ¿hombre contra Él, contra Dios mismo. Es aquí donde se pone al descubierto la rebelión del hombre contra Dios. El Hijo de Dios no es Aceptado, sino desechado. Los hombres sólo saben hacer con el Hijo de Dios lo que, según la parábola, hicieron los labradores malvados: ¡Ahí viene el hijo y heredero; matémosle y quedémonos con la herencia!  Lucas 20:14.

 Así es como contesta el hombre a la presencia magnamente misericordiosa de Dios: A la gracia divina se opone un no lleno de odio. El pueblo de Israel es el que desecha en Jesús a su Mesías, a su rey. El pueblo de Israel no sabe hacer otra cosa con el guía prometido a lo largo de toda su historia (gracias al cual esta historia tiene sentido), que entregarle a los gentiles para que lo maten. Jesús muere condenado por la justicia romana por haber sido entregado por Israel a los gentiles. Así se comporta Israel con su Salvador. Y el mundo gentil, encarnado en Pilatos, no puede hacer otra cosa, por su parte, sino aceptar al reo entregado. Ese mundo cumple la sentencia pronunciada por los judíos y cumpliéndola toma también parte en la rebelión contra Dios. Lo que hace en este caso Israel es la revelación de una situación habida ya en toda la historia de Israel: Los hombres enviados por Dios no son aceptados con gozo como hombres que ayudan, consuelan y curan, sino que a partir de Moisés y concluyendo con Cristo, el hombre les grita a la                          cara un rotundo no. Y este no, se  dirige directamente contra  Dios. De modo que ahora, con respecto a esa presencia de Dios última, más íntima, directa, se manifiesta la absoluta lejanía del hombre frente a Dios. Aquí se manifiesta lo que es el pecado. Pecado significa rechazar la gracia divina que se ha acercado a nosotros, que nos es  presente; rechazarla como Tal. Israel piensa poder ayudarse por sí mismo. Desde este punto de vista hemos de confesar que todo lo que nos parece reconocer como pecado, es algo simplemente pequeño y secundario y, al fin, una mera aplicación de aquel pecado original. Del mismo modo que en el Antiguo Testamento todos los mandamientos no tienen otro objeto sino el de sujetar al pueblo de Israel en el pacto de la gracia divina, así también resulta la  trasgresión de todos los mandamientos tan fatal y malvada por manifestarse en ello la protesta del hombre contra la gracia de Dios. Jesús, el Hijo de Dios, El que haya padecido bajo judíos y gentiles pone al  descubierto (y no hay otra cosa que lo ponga verdaderamente) lo malo. 

Teniendo esto en cuenta, es posible comprender cómo y hasta qué punto se halla el hombre bajo acusación y de qué es acusado. Nos hallamos aquí con la raíz de toda transgresión grande o pequeña. Mientras en todo cuanto pequemos en grande o en pequeño y nos seamos deudores unos a otros no reconozcamos esa raíz ni nos veamos acusados por el sufrimiento de Cristo, ni nos reconozcamos a nosotros mismos en aquella rebelión realizada por el hombre contra Dios; mientras no suceda todo ésto, serán vanos todo nuestro reconocimiento de la culpa y nuestra confesión de pecados. Porque sin aquel reconocimiento todo reconocimiento de culpa será algo de lo que podremos desprendernos..., como el perro cuando cae en el agua que se sacude el cuerpo y su pelo mojado y prosigue su camino. En tanto no se haya visto la maldad en su verdadera naturaleza, no se está obligado (aunque se hable de la propia culpa con el mayor énfasis) a confesar: "He pecado contra el cielo y contra Ti". Este "contra Ti" se revela precisamente aquí, y se revela como sustancia y sentido de toda culpa aislada en que podamos hallarnos. Con esto no se convierte lo aislado en secundario. Lo que el hombre realiza  en acciones aisladas —desde la acción de Pilatos hasta la de Judas— es desechar la gracia de Dios, Pero lo que el hombre realiza, cobra todo su peso en el momento en que se realiza contra Dios.  Esencial para nuestro conocimiento del mal es que reconozcamos esto: 
Sobre el hombre pesa la acusación de haber ofendido a Dios. Sólo podemos ver la deuda infinita que tenemos para con Dios, pero con el Dios que se hizo hombre. Y si nos hacemos deudores —culpables— de los hombres, ello nos recuerda automáticamente a aquel hombre. Porque todo hombre al cual hayamos ofendido, y atormentado es uno de aquéllos a quienes Jesucristo llamó hermanos suyos. Y lo que le hayamos hecho a Cristo, eso se lo hemos hecho a Dios. 
Es innegable, por otro lado, que la vida de Jesús y asimismo su pasión son simplemente también la vida de un hombre. Pensemos, por ejemplo, en las obras maestras del arte cristiano; en la visión que Gruenewald tuvo del Crucificado doliente o en los intentos menos inteligentes de los "Calvarios", obra de la piedad católica: Todo ello es también el hombre que sufre y que desciende tramo a tramo en las angustias de la tentación, de la crucifixión y, finalmente, de la muerte. Sin embargo, tampoco mirándolo así, se trata puramente del hombre en su imperfección, atormentado como ser mortal a causa de no ser Dios; porque la figura de Jesús atormentado es, sin duda, la de un sentenciado,  la de un reo.'La causa del padecimiento de Jesús es desde un principio un acto forense, explícitamente visible, de su pueblo." Los judíos ven en él al supuesto Mesías, distinto del que esperaban y contra cuyas pretensiones sólo les cabe, en consecuencia, la protesta. Pensemos en la actitud de los fariseos y de los demás hasta el Sinedrio: Sucede que se falla una sentencia. Esta es presentada al juez secular y ejecutada por Pilatos. Justamente los evangelios han puesto todo su empeño en hacer resaltar este acto forense: Jesús es el acusado, condenado y castigado. Y es en este acto jurídico donde queda al descubierto la rebelión del hombre contra Dios.

Pero en ella se manifiesta también la ira de Dios contra el hombre. En el Catecismo de Heidelberg, “padeció” significa: Jesús soportó durante toda su vida la ira de Dios. Ser hombre significa ante Dios haber merecido su ira. En esa unidad de Dios y hombre ha de ser así que el hombre es el condenado y castigado. Jesús, como hombre, en su unidad con Dios es la imagen del hombre castigado por Dios. También la justicia secular que ejecuta esa sentencia lo hace conforme a la voluntad de Dios. El Hijo de Dios se hace hombre para que en él se haga visible el hombre bajo la ira divina. El Hijo del hombre ''tiene que" padecer y ser entregado y crucificado, dice el Nuevo Testamento. En ese padecimiento se hace patente la conexión entre la culpa infinita y la expiación que le 'sigue  necesariamente; se hace, asimismo, visible que despreciando la gracia divina el hombre corre hacia su perdición. Es aquí, donde Dios mismo se ha hecho hombre, cuando se revela la más profunda verdad de la vida humana: el padecimiento total que corresponde al pecado total. Ser hombre es ser delante de Dios lo que fue Jesús: Portador de la ira de Dios. Lo nuestro es esto: ¡Acabar en el patíbulo! Pero no es esto lo último: lo último no es la rebelión del hombre, ni tampoco la ira de Dios. antes bien, el más profundo misterio de Dios es que Dios mismo, en el hombre —Jesucristo— no se recata de ponerse en lugar del hombre pecador para hacerse igual a él. (Dios hizo pecado a aquel que no tenía pecado: un rebelde, y para sufrir el padecimiento de tal). ¡Dios quiso ser la culpa total y la expiación total! Esto es lo que Dios ha hecho en Jesucristo.

Cierto es que esto constituye por excelencia lo oculto de esa vida que no se manifiesta hasta la resurrección de Cristo. Sería una torcida interpretación del sufrimiento de Cristo, si fuéramos a detenernos a lamentar al hombre y su destino. El sufrimiento de Cristo, no se reduce, ni mucho menos, a pedir se proteste contra el hombre o se gane espanto ante la ira divina...; esto sólo es un lado del padecimiento, incluso el Antiguo Testamento ya va más allá. El Pacto de Paz tiene también validez extensible a esa imagen rebelde y terrible del hombre. ¡Es Dios mismo el que se hace culpable y expía la culpa! Así se ve claramente el límite: el socorro total contra la culpa total. Lo último es también lo primero: Dios está presente, y su bondad no tiene fin. El significado de esto lo veremos con claridad  en una ilación que luego expondremos. Pasamos ahora a tratar una observación que se introduce aquí de manera extraña  con las palabras: bajo Poncio Pilatos. 
                                                
SOLI DEO GLORIA


Rev. RUBEN DARIO DAZA

sábado, 25 de febrero de 2012

Emanuel: Dios con Nosotros





Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los imjustos, para llevarnos a Dios. 1 Pedro 3:18

Aquel hombre vivía la vida apáticamente, en una aldea dormida en las afueras de Roma, Italia, junto con sus libros y siete gatos. Su esposa había muerto hacía 12 años, y su única hija trabajaba en Afganistán. Su vida tenía un ritmo sórdido, rara vez se aventuraba a salir o hablar con otras personas.

Era una vida incolora, gris y solitaria. Y el día que decidió hacer algo, Giorgio Angelozzi se ofreció en adopción. Como lo oye: aquel octogenario publicó un clasificado en el mayor diario de Italia: " Busco familia necesitada de un abuelo. Aportaré 500 euros mensuales a una familia dispuesta a adoptarme".

Aquel anuncio cambió su vida.

El periódico publicó un reportaje de primera plana sobre él. Las preguntas llovieron de lugares tan lejanos como Colombia, Nueva Zelandia, y Nueva Jersey. De la noche a la mañana Angelozzi se convirtió en una celebridad. Pasó de tener tiempo de sobra, a apenas tener tiempo para atender entrevistas y peticiones.

Es interesante ver, que entre todas las cartas, explicó Angelozi, una se destacaba, porque venía firmada por todos los miembros de la familia: padre, madre, hermana y hermano.

Las informaciones más recientes cuentan que se estableció felizmente con ellos en el apartamento de la planta baja, dando paseos por el jardín, ayudando a lavar los platos y otras tareas. "No pude haber elegido mejor", dice. "Quizás fue suerte o quizás fue que Dios me andaba buscando, no sé... pero supe enseguida que había encontrado mi nuevo hogar".

El segundo "quizás" parece tener más sentido. El cielo nunca exporta monotonía. Cristo una vez anunció: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10). Ni tampoco es Dios autor de la soledad. Entre las primeras palabras registradas de nuestro Creador figuran estas: "No es bueno que el hombre esté solo" (Genesis 2:18).

A veces podemos desear momentos de soledad pero, ¿toda una vida? De ningún modo. Muchos de nosotros conocemos el lenguaje de la soledad.

Nadie me conoce, pensamos. Saben mi nombre pero no conocen mi corazón. Han visto mi rostro, pero no mis sentimientos. Tengo un número de seguro social, o una cédula de ciudadanía, pero no un alma gemela. Nadie me conoce en verdad. Y...

Nadie comparte mi vida. Dos neoyorquinos emprendedores venden abrazos colectivos. Usted puede comprarlos. Puede asistir a una fiesta de abrazos con todo y códigos de conducta. Quiero destacar aqui, del cómo anhelamos el contacto físico. Desde que Eva fue creada de la costilla de Adán, hemos estado extendiendo las manos para tocarnos. Necesitamos conectarnos. Y tambien necesitamos hacer una diferencia.

El himno del corazón solitario tiene un tercer verso:

Nadie me necesita. Mis hijos me necesitaban... Mi empresa alguna vez tuvo necesidad de mí... Mi esposa nunca me necesita... La gente solitaria lucha contra la sensación de sentirse insignificante.

¿Qué hace usted con tales pensamientos? Nadie me conoce. Nadie comparte mi vida. Nadie me necesita. ¿Cómo lucha usted con tales clamores de significación?

Algunos procuran permanecer ocupados; otros, permanecer embriagados. Hay quienes se compran una mascota; otros, pagan un compañero sexual. Algunos buscan la ayuda de un psicólogo. Y sólo unos cuantos buscan a Dios.

Él invita a todos los solitarios y a los que se consideran insignificantes. Su tratamiento para esta dolencia no le conducirá a un bar ni a un servicio de citas, a buscar esposa o afiliarse a un club social. 


La cura definitiva de Dios para la vida común nos lleva a un pesebre. Al niño de Belén. Al Emanuel, ¿Recuerda la promesa del ángel? "He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo. Y llamaras su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" (Mateo 1:23).


Emanuel. El nombre aparece con la misma forma hebrea con que aparecía dos mil años atrás. "Immanu" quiere decir "con nosotros". "Él " se refiere a Elohim, o Dios. No significa "Dios sobre nosotros" ni es "Dios en algún lugar del vecindario". vino como el Emanuel, "con nosotros-Dios", Dios con nosotros.




No es "Dios con los ricos" ni "Dios con los religiosos", ni "Dios con los poderosos". Sino Dios con nosotros. Todos nosotros. Rusos, alemanes, budistas, mormones, pentecostales, presbiterianos, camioneros y taxistas, bibliotecarios, amas de casa, obreros de construcción, médicos y los desempleados, enfermos y discapacitados. Dios con nosotros.


Dios con nosotros. ¿Cierto que nos gusta la palabra "con"? "¿Vas a ir conmigo?", preguntamos. "¿ A la tienda, al hospital, por lo que dure mi vida?" Dios responde afirmativamente. "Yo estoy con vosotros todos los días", dijo Jesús antes de ascender al cielo, "hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20). Si busca restricciones en esta promesa no las hallará. No encontrará nada como: " Estoy contigo si te portas bien... cuando creas en mí. Estaré contigo los domingos en la adoración cuando vayas a la Iglesia... en la misa, o cuando vayas a visitar algún enfermo"... No. No encontrará nada de eso. No hay restricciones en esa promesa. No hay impuestos retenidos en la promesa divina del "con". Él está con nosotros.


Dios está con nosotros.


Los profetas no serían suficientes. Los apóstoles no bastarían. Tampoco los ángeles. Dios envió algo más que milagros y mensajes. Se envió a si mismo; envió  a su hijo. "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). Dios está con nosotros, no estamos solos.


Me acuerdo una vez, el esposo de mi sobrina llamó una tarde y quería despedirse por teléfono con su hijo y desearle las buenas noches. Pero este se rehusó ponerse al teléfono. "Yo no quiero oír su voz", objetó el niño. "Yo lo quiero a él". Pues su padre consiguió un trabajo fuera de la ciudad como vendedor y visitaba a la familia una vez por mes. Pero su pequeño hijo no se conformaba por la ausencia de su padre.


Durante miles de años, Dios sólo nos dio su voz. Antes de Belén, prodigaban sus mensajeros, sus maestros, sus palabras. Pero en el pesebre, Dios se dio a sí mismo.


Esta enseñanza resulta incomprensible para muchos. El Islam cree que la tarea de Dios es enviar a otros. Que envía ángeles, profetas, libros, pero que es demasiado santo para rebajarse a venir a nosotros. Concebir que Dios pudiera tocar la tierra evaden su santidad; lo hacen a Él grosero y también blasfeman de Él.


El cristianismo, en contraste, celebra el magno descenso de Dios. Su naturaleza no le deja atrapado en el cielo, sino que le conduce a la tierra. En el gran evangelio de Dios, Él no sólo envía, sino que se convierte; no sólo nos observa desde lo alto, sino que vive entre nosotros; no sólo nos habla, sino que habita con nosotros como uno más.


Él creció en el útero de María.
Sonríe sobre la paja irritante del pesebre.
Se tambalea aprendiendo a caminar.
Salta sobre el lomo del pollino.
Dios con nosotros.
Él conoce el dolor. Sus hermanos le llaman loco.
Él conoce el hambre. La mitiga comiendo el grano del trigal.
Él conoce el agotamiento. Rendido de sueño, dormita en una barca remecida por la tormenta.
Él conoce la traición. A Judas le dedicó tres años de amor. Judas, en pago, dio a Jesús el beso del traidor.
Y por encima de todo, Él conoce el pecado. Claro que no el propio. Pero SI como el de usted, conoce su pecado,
Todas las mentiras que ha dicho.
Todas las personas a quienes ha herido.
Todas las monedas que ha robado.
Todas las promesas que ha roto.
Todas las virtudes que ha abandonado.
Todas las oportunidades que ha desperdiciado.
Cada acto suyo contra Dios - pues todo pecado es contra su prójimo y contra Dios - todo esto lo conoce Jesús. Él los conoce mejor que usted. Él conoce su precio. Porque lo pagó. "Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios (1Pedro 3:18).


Mi hija Katerine se puso a llorar cuando iba para la Escuela a estudiar por primera vez. Su llanto era inconsolable, estaba con miedo, miedo de sus compañeros, miedo porque iba a estar sola. Viéndola de ese modo, le dije a ella que si le gustaría que yo me quedara acompañándola en las instalaciones de la Escuela. Ahí ella con ojos grandes y brillantes me dijo que si.  Hablé con su profesora para que me dejara estar cerca en el salón de clases. Y me quedé así por tres días. Y como vio que nada le pasó sintió más confianza y dejó de sentir miedo y paró de llorar.


Es verdad que el pecado, el miedo y la desobediencia nos han separado de Dios. Pero Jesús nos amaba demasiado para dejarnos solos. Como en mi caso, tuve que acompañar a mi hija y estar junto por tres días hasta llegar a sentir confianza y superar los miedos. Terminando la analogía; si yo como papá cargué con la soledad de mi hija Katerine y se ajustó a la rutina de su cotidianidad... Cristo Jesús cargó mucho más. Él tomó nuestro lugar. Murió por mi, sufrió por mí, resucitó conmigo, me limpió de todos mis pecados, y por su sangre derramada me hizo justo delante de Dios. " Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios".


Cristo nos quita el pecado, y al hacerlo, nos despoja de la mediocridad. Ya no tenemos que decir: "Nadie me conoce". Dios le conoce. Él esculpió el nombre suyo en las palmas de su mano y puso sus lágrimas en su redoma (Isaías 49:16; Salmo 56:8). "Señor... tú sabes todo de mí", descubrió David. "Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme. Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo. Tú conoces todos mis caminos... Detrás y delante me rodeaste... Y sobre mí pusiste tu mano" (Salmo 139: 1-3, 5).


Dios le conoce, ¡ Y está muy cerca de usted ! ¿Estará lejos de las ovejas el pastor? (Juan 10:14) ¿O la Vid de los pámpanos? (Juan 15:5) A esa misma distancia se encuentra Dios de usted. Muy cerca. Pruebe a escribir esta frase con cinta adhesiva sobre el espejo del baño, y fíjese cómo lucen: "Esto sé: que Dios está por mi" (Salmo 56:9).


Su reino le necesita. Los pobres le necesitan; los muertos de soledad le necesitan; le necesita la iglesia... la casa de Dios le necesita. Usted es parte del "propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad" (Efesios 1:11). Su reino necesita que usted descubra y despliegue sus capacidades únicas. Que las use para trabajar en favor de Dios. Que proclame la buena nueva: Dios está con nosotros; no estamos solos.




El corazón solitario de Giorgio Angelozzi le empujó a buscar un hogar. Y lo encontró. Desafortunadamente, ese hogar no será eterno. Pero el suyo sí lo será. Más allá de la tumba le espera el lugar que Dios ha preparado para usted. "Vendré otra vez, y os tomaré", prometió, "para que donde yo estoy, vosotros también estéis". (Juan 14:3).


"No nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación" (1 Tesalonicenses 5:9). Usted nació para ser salvado, redimido, perdonado, justificado y tener la vida abundante. La cuestión ahora es: ¿Le ha permitido a Jesús que lo haga? Piense detenidamente. Una persona puede ser religiosa y continuar condenada. No por ir a la plaza de toros se convierte uno en torero, ni asistir a la iglesia es suficiente para hacerle hijo de Dios. Debe aceptar su oferta. ¿Puede señalar en el almanaque de su vida un día como aquel cuando fue rescatado?


Será inútil que busque la fuerza que Dios le dio mientras no confíe en la de Él. "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas" (Efesios 1:11). Él es más que un padre de familia que cubre el saldo de su hijo, de una cuenta bancaria sobregirada por causa de su mal manejo y negligencia. Aunque su padre se lo haya advertido cometió un error con el banco y se sobregiró. ¿Él que hizo?, viendo que su hijo no tenía dinero para cubrir el saldo en rojo, su padre de su propia cuenta pagó el sobregiro al banco y subsanó el error de su hijo. Su Padre Celestial hizo lo mismo por usted mucho antes de que usted supiera que necesitaba de la gracia. Hizo un depósito, un generoso depósito (de acuerdo con sus riquezas en gloria), de que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos  5:8). Antes que usted supiera que necesitaba un Salvador, ya lo tenía. Y cuando usted le ruega misericordia, Él le responde "Ya te la he dado, hijo mío, ya te la he dado".


Pero hay más! Cuando usted deposita su confianza en cristo, Él pone en usted su Espíritu (Cristo en nosotros la esperanza de gloria). Y cuando el Espíritu llega, trae con él dones, presentes que calientan su hogar y le da sentido a su vida. "A cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho" (1 Corintios 12:7). Recuerde, Dios le ha preparado y capacitado con talentos. Cuando uno se convierte en hijo suyo, el Espíritu Santo reclama sus capacidades para la expansión del Reino de Dios, y estas se convierten en dones espirituales. Puede que el Espíritu añada otros dones conforme a su plan. Pero a nadie se le priva de los suyos.


¿Se siente solo? Dios está con Usted.
¿Se siente agotado? Él cubre el sobregiro.
¿Hastiado de una existencia sin sentido y solitaria? Su aventura espiritual le aguarda.


La cura para la vida común empieza y termina con Dios.


DIOS LES BENDIGA


REV. RUBEN DARIO DAZA B.



martes, 3 de enero de 2012

CRISTO EN NOSOTROS: LA ESPERANZA DE GLORIA - 2ª parte

Desde los siglos eternos, Dios tuvo un misterio escondido. Tras la caída del hombre este misterio fue sistemáticamente anunciado con abundancia de señales,
que pocos, sin embargo, vieron. Cumplido el tiempo, Dios reveló plenamente este misterio,
el cual es Jesucristo su amado Hijo, como asimismo el plan concebido
para su preeminencia y gloria.


SEGUNDA  PARTE**


"El Secreto Ha Sido Descubierto"

"el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (Colosenses 1:26-27).

En la primera parte, descubrimos parcialmente de que se trataba el misterio que estaba oculto. De que nosotros los gentiles somos ahora coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio aclarando a todos cuál es la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas (Efesios 3:6,9).

En esta segunda parte, completamos el estudio escudriñando algunos textos que nos van a guiar y ampliar este maravilloso misterio, que nos dará fuerzas, poder y esperanza en las promesas de nuestro Padre en Jesucristo fortaleciendo nuestra vida cristiana. El texto aúreo para el estudio se encuentra en Colosenses 1: 25-27
v. 25... de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios,
Pablo dice que fue hecho ministro de esta nueva administración de Dios (la Administración de la Gracia) que le ha sido dada según la operación de su poder. Y como Ministro de la esperanza del Evangelio, el cual se predica en toda la creación proclama un mensaje de buenas nuevas que ofrece riquezas en Cristo. Como ministro tiene que llevar el mensaje a todos según la voluntad de Dios (Ver Hechos 1:8; Mateo 28:19,20). Pero, eso era tan solo parte de la tarea encomendada a Pablo. Además de proclamar el mensaje, como teólogo-maestro enseñaba el sentido y significado (gr. tou misterion), del misterio. Es decir, que su enseñanza era en el sentido de alumbrar, que equivale a dar  luz sobre algo, de hacer ver, que como ministro va más allá de instruir a los gentiles sobre el misterio, considerando que su misión en la proclamación del mensaje hace brillar con intensidad la economia (plan de salvación) divina del misterio manifestándolo en su plena realización, donde se revelaba el misterio, resplandecía el misterio en su propia luz. Esa era la Misión de Pablo como vaso de elección para llevarlo no solo a los gentiles, sino a todos los hombres (Hechos 9:15).

Es importante decir, aquella expresión: de la cual fui hecho ministro, significa que Él que ha recibido el mensaje del evangelio en la revelación del Misterio, pasa a presentarse como el siervo que lo proclama.  Pablo fue hecho ministro (gr. diákonos = servidor) (véase Col. 1:23; 1 Ts. 3:2; 1 Ti. 4:6) de la iglesia universal, según la mayordomía (gr. oikonomía = ley de una casa, administración domestica, economía) (véase Ro. 15:15-18; 1 Co. 9:17; Gá. 2:7-8; Ef. 3:2) de Dios que me fue dada para con vosotros, para completar la palabra de Dios (gr. plerosai ton logon tou theou) (véase Col. 3:16; 4:3). Pablo fue “hecho ministro”, esto indica que Pablo llegó a ser un ministro no de ciertas enseñanzas, predicación u obra misionera, sino de la iglesia, el Cuerpo de Cristo, para la edificación de ella. La palabra griega traducida en este versículo como “ministro” es diákonos, lo cual significa “una persona que presta servicio”. Pablo no era un líder jerárquico sino un servidor de los santos que ministraba a Cristo como vida en amor. Pablo fue hecho ministro según o en conformidad con la mayordomía de Dios. Él fue un siervo de la iglesia, pero en el sentido más profundo un mayordomo de Dios. La palabra traducida en este versículo como mayordomía es la palabra griega oikonomía, la cual es una composición de dos palabras; de oikos que significa “casa” y de nomos que significa “ley”, por tanto denota administración, economía, mayordomía, administración, comisión, dispensación, plan. Cuando esta palabra griega esta en relación con Dios, es traducida como economía, es decir, la administración o plan de Dios.
 
v. 26 el misterio que habia estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos,
En la primera parte hablamos sobre el misterio oculto, misterio este proclamado en el mensaje del evangelio, que es una revelación de Dios a los santos apóstoles y profetas en la actual dispensación. Por tanto, anterior a este tiempo estaba oculto, escondido desde los siglos. El misterio estaba ordenado a la totalidad cósmica del tiempo y de todos sus ámbitos. Antes de la creación había surgido de la mente divina y resultó en una determinación soberana, que se mantuvo en el conocimiento de Dios, hasta que vino el cumplimiento del tiempo, donde Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su hijo (Gál. 4:4). La disposición divina estuvo oculta en Dios mismo hasta que a Él le plugó revelarla a su siervo y a los otros apóstoles y profetas. Este Dios es también el Creador del Universo. Podemos concluir entonces, que el misterio conforme a todo el contexto anterior, desde el comienzo de la Carta en Romanos, Efesios y ahora Colosenses, ofrece la perspectiva de la soberanía absoluta de Dios, cuyo pensamiento eterno supera en todo a cuanto pueda ser imaginado. El misterio que estaba oculto desde los siglos, lo estaba para los hombres de todos los tiempos, estaba oculto a las criaturas y a los mundos de los tiempos, pero no para quien es el Dios del tiempo y al creador de esos mundos.

v. 27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

 
Maravilloso versículo! ahora si llegamos al contenido esencial del Misterio: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria... Aleluya! Aleluya!... que gran verdad, que gran misterio... Cristo en mi... Cristo en ti... Cristo en Nosotros! Dentro de nosotros, habitando en nosotros. No dice que Cristo está entre nosotros, dice que Cristo está dentro de nosotros. Dios había escondido esta nueva revelación del entendimiento humano desde épocas pasadas. Pablo lo expandió más plenamente en Efesios 3:3-9 y sólo dio su esencia aquí como “Cristo [dentro] vosotros [gentiles]” (cf. Ro. 8:10; 2 Cor. 13:5; Gá. 2:20; Ef. 1:13,14; 3:17). “Para que Cristo esté entre los gentiles involucraba el estar en los que creían. Y Él era y es para ellos la esperanza de la gloria, el compromiso que ellos compartirán en su gloria venidera. (cf. 3:4)”. De la manera más elocuente Pablo escribe estas palabras y frases para enfatizar la grandeza del evangelio universal.  -- que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, -- La única esperanza de gloria. Sólo por medio de Cristo puede el hombre participar de la gloria de Dios. "Cristo Jesús, como El vivió aquí en la tierra, es el perfecto patrón de la vida apropiada para alcanzar y gozar de esa gloria con Dios. Cristo en nosotros nos hace como Cristo en la vida, como Él en la fidelidad a Dios y su voluntad. Como Él en estimar la humildad, el amor, la buena voluntad y la bondad hacia el hombre. Como Él en buscar la felicidad por medio de la abnegación de sí para hacer felices a otros ... Como Él en practicar los principios que moraban en su propio pecho".

"Cristo en vosotros" significa Cristo apropiado por la fe como nuestra justicia y fortaleza. Éste es el firme fundamento sobre el cual esperamos la gloria, "que Cristo habite en vuestros corazones por la fe" (Efesios 3:17). Cuando el corazón de un pecador es abierto por el Espíritu Santo, y la excelencia de Cristo le es mostrada, el corazón desea íntimamente a Cristo y acude a Él. Desde entonces todo nuevo descubrimiento que el alma hace de Cristo renueva este mismo acto de acercamiento al señor Jesús. Desde entonces cada oprobio que el alma le infiere, cada tentación, cada caída en el pecado, cada aflicción lleva al alma a trabar del Señor Jesús más real y firme y plenamente. De este modo, por una fe constante y permanente (el justo vivirá -de modo continuado- por la fe), puede decirse que Cristo habita por la fe en el corazón. Cristo, así asido por la fe, se constituye en la esperanza de gloria. Es esa fe viva, ese recibimiento íntimo de Cristo que nos da una serena, dulce y plena esperanza de la gloria. El alma que de verdad puede decir "Cristo es mío", puede también añadir " La gloria es mía". Porque no necesitamos nada ni nadie más que a Cristo para defendernos en el día del juicio. ¿Puedes decir tú sinceramente que Cristo es de ese modo tu esperanza de gloria? Si no tienes así a Cristo, no tienes en modo alguno la esperanza de la gloria.


EL CONTENIDO DEL MISTERIO

a. Tiene que ver con los Gentiles (“este misterio entre los gentiles”)

Pablo escribe, en tois etnesin. En el AT, los propósitos de Dios parecían más involucrar a Israel; los propósitos de Dios para los gentiles era un ‘misterio’ (aunque no debemos pasar por alto el hecho que el AT frecuentemente habla de la preocupación de Dios por los gentiles; ver Gen 12:1-3; Is 49:6; etc). En el NT, la universalidad del amor de Dios es enfatizada constantemente. Aunque algunos judíos creyentes reaccionaron mal frente a esto, y querían hacer que los gentiles convertidos se volvieran judíos, Pablo se alegraba del gran alcance del amor de Dios, y se gloriaba en su ministerio a los gentiles..

b. Tiene que Ver con Cristo (“Cristo en vosotros”)

El “misterio” no es una doctrina, sino una persona: CRISTO. Específicamente, tiene que ver con la morada de Cristo en el creyente. El AT habla mucho acerca del Mesías; pero esta idea que el Mesías tomaría Su morada en el creyente, era novedosa, “estaba presente...en el plan de Dios, como también en la profecía”. En Juan 6 leemos como el Señor escandalizó a los judíos, al hablar de la necesidad de comer Su carne y beber Su sangre (Juan 6:51-56). El Señor usó esta metáfora porque quería comunicar la idea revolucionaria que la vida eterna consistía en tener una comunión tan íntima con Él, que consistiría en nada menos que Él morando en el creyente. Una cosa sería enseñar que el Mesías vendría a tomar Su morada en los judíos; otra cosa era afirmar lo mismo de los gentiles. Pero este era el ‘misterio’, y Pablo se gloriaba en ello (por la gracia de Dios).

c. Tiene que Ver con el Destino Eterno (“la esperanza de gloria”)

La fe cristiana ofrece muchas ventajas en esta vida – comunión con Dios, la protección contra nuestros enemigos, la provisión de nuestras necesidades, etc. Sin embargo, la gran esperanza del creyente tiene que ver con la eternidad. El creyente goza una comunión íntima con Dios ahora, y esa es la esperanza del futuro eterno. Estaremos para siempre con el Señor. ¡Cuánto más íntima es nuestra comunión con Dios, más clara será nuestra visión de las cosas eternas!


En Rom 8:11, Pablo escribe: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en nosotros”. Cuando el inconverso enfrenta la muerte, no tiene esperanza alguna – solo una horrenda expectativa del juicio de Dios. ¡Qué diferente es el creyente! Pablo alude a esto en 2 Cor 4:16-18. Los sufrimientos en el ministerio fueron desgastando el cuerpo de Pablo, pero por su comunión íntima con Cristo, el hombre interior de Pablo se iba renovando, y eso producía en Pablo “un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Cor 4:17). Es interesante que en ese contexto Pablo pasa a hablar del estado eterno (2 Cor 5:1-8).   
“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).

Hemos estado considerando la asombrosa verdad de que los que creemos en Jesús estamos en Cristo. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Todo lo que Dios tiene para nosotros es nuestro “en Cristo”. Ahora podemos disfrutar los beneficios de quien es Cristo y todo lo que ha logrado para nosotros, porque estamos en Él. Nuestro versículo actual añade otra dimensión extraordinaria. No solo estamos “en Cristo” sino que Cristo está también en nosotros: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”.


Dios quiere dar a conocer algo entre las naciones: “dar a conocer… entre los gentiles” El mensaje que Él quiere compartir es glorioso en riqueza espiritual: “las riquezas de la gloria de este misterio”. Sin embargo, ciertamente es un misterio, en el sentido que el Nuevo Testamento da a ese término. Un misterio bíblico es algo que solo puede ser conocido por la obra reveladora de Dios. Los misterios de las escrituras no pueden ser descubiertos o entendidos por medio de investigación intelectual o experiencia personal. Dios mismo los tiene que dar a conocer. El Señor lo hace por medio de la proclamación de Su palabra empoderada por gracia y por el Espíritu. Aquí, el gran misterio que Dios quiere revelarnos es “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”

¡Que tremenda esperanza trae este mensaje! Jesús, el Hijo de Dios, está dispuesto a venir y vivir dentro de nosotros para asegurarnos de llegar a la gloria algún día. Mientras tanto, Cristo quiere residir en el mismo centro de nuestro ser: “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones” (Efesios 3:17).

Conforme estamos confiando en Él, Él está viviendo en nuestro corazón y obrando a través de él. Luego, desde este punto estratégico de intimidad y acceso, Él nos da esperanza celestial. Esa expectativa confiada incluye el hecho regocijante de que Él viene otra vez: “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). Pero, Su retorno no es nuestra única esperanza. Él, Él mismo, es nuestra esperanza día por día: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza” (1 Timoteo 1:1). ¡Jesús es nuestra esperanza completa!

Con Cristo en Nosotros siendo el justo, es nuestro defensor y abogado para con el Padre si alguno hubiese pecado. Él es la propiciación por nuestros pecados (1San Juan 2:1-2).

Con Cristo en Nosotros tenemos la mente de Cristo (1Cor. 2:16), podemos renovar nuestra mente a la Palabra de Dios y vivir una vida abundante y vistoriosa a pesar de las dificultades y obstáculos que encontremos en el camino de nuestro diario vivir. Y asi podemos guardar su palabra y sus mandamientos y andar como él anduvo.

Con Cristo en Nosotros nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiesemos la promesa del Espíritu.(Gal. 3:13,14). Cristo en nosotros, nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención gloríandonos en el Señor. (1Cor 1:30-31). Estamos completos en él, nada nos hace falta, nada nos faltará.

Con Cristo en Nosotros tenemos un gran sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades y nos invita acercarnos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:14-16). Cristo en Nosotros se ha manifestado la Justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús (Rom. 3:21-25).

Con Cristo en Nosotros somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Cristo en nosotros se realiza todas las promesas preciosas y grandísimas, porque a través de ella llegamos a ser participantes de la naturaleza divina obteniendo así frutos del espíritu santo haciendo firme nuestra vocación y elección. (2Pedro 1:3-10)

Pablo en 1 de Cor. 2:6-8,10 nos revela  por el Espíritu de Dios otra verdad en misterio acerca de Cristo:
v.6 Sin embargo, hablamos sabiduria entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. v.7 Mas hablamos sabiduria de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, v.8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria... v.10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu..
Es maravilloso saber, que cuando tú tienes el conocimiento del Misterio escondido, Pablo dice que tú haz alcanzado madurez espiritual y la sabiduría de Dios en misterio. Es una sabiduría, no aquella las que practicaban las religiones paganas, que sólo ellos conocían sus secretos y no lo daban a conocer a cualquiera, los que se llamaban los inciados, de sectas secretas, de religiones que en la época de Pablo se practicaba en el medio oriente con sus ritos paganos y misterios como también en el mundo greco-romano. La sabiduria de Dios es aquella que ilumina, Dios es luz y no existe tiniebla alguna, esta sabiduría transforma y da vida con muchos frutos, es pacífica y llena de amor. 2Cor 4:4-6.

Esta sabiduría que Dios predestinó para su Iglesia que surge del pueblo gentil es para nuestra gloria y que los príncipes de este siglo no conoció. Aqui la Palabra príncipes de este siglo se refiere a los principados y autoridades en los cielos. Estos príncipados son aquellos de los que Pablo en Efesios habló antes (Efe. 1:20s; 2:2 y 3:10). Sin embargo, al llegar aqui debemos preguntarnos a que ángeles se refiere, ¿son los ángeles caídos? o ¿Se trata más bien de ángeles santos? Posiblemente el sentido en la Carta comprenda a todos los ángeles, tanto los caídos como los santos. Unos y otros son ángeles, aunque de distinta posición espiritual. No obstante algunos detalles del v.8 ...la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria... nos hace pensar que considera que son ángeles caídos, aludiendo a las potencias espirituales que controla el mundo, no tanto en sentido cósmico sino en orden espiritual. Estos poderes espirituales tienen como lugar de residencia lo que Pablo llama, "lugares celestiales", en sentido del cielo que corresponde a este sistema o mundo, esto es los cielos que trascienden a la tierra y se circunscriben a ella, donde está el lugar de gobierno del "dios de este mundo" (2Cor 4:4). El misterio escondido por nuestro Dios desde la eternidad era desconocido no sólo para los hombres, sino también para los ángeles. Aquellos que con su potencia contraria a Dios habían determinado la historia de rebeldía, descubren en la Iglesia un mensaje sorprendente para ellos mismos de la obra salvadora de Dios y la creación de una familia espiritual cuyas vidas están escondidas con CRISTO EN DIOS EN NOSOTROS (Col. 3:3), de modo que ninguno de ellos puede tocarlas, a pesar de cuantos intentos promuevan para ello. Si ellos, los príncipes de este mundo hubieran conocido el misterio, no habrían entregado para ser crucificado al Señor de gloria. Si Satanás hubiese conocido este misterio antes de la encarnación del Hijo en Jesucristo, NUNCA, JAMÁS, hubiese promovido y entregado a Jesús para ser crucuficado por los hombres. Si Satanás supiera que con la muerte de Jesucristo en la Cruz del calvário traería como consecuencia una salvación gloriosa y poderosa a la humanidad entera, donde Dios con su poder lo resucitaría dentro de los muertos y nos daría el Espíritu de Cristo dentro de nosotros como morada haciendonos templos espirituales, NUNCA habrían crucificado al Señor de gloria. Satanás entró en camisa de once varas, en un problema indisoluble (sin solución), porque cada vez y en cualquier lugar del mundo, que un gentil o judio acepta a Jesús como su único y suficiente salvador, confesando con su boca que Jesús es el Señor y creyendo en su corazón que Dios le levantó de los muertos serán salvos (Rom 10:9-10), Dios colocaría en ellos a Cristo su hijo en nuestro ser interior, representando a Cristo en cualquier lugar y momento para destruir las obras y artimañas del archienemigo de Dios.  Esto si es evangelio de Gracia, esto si es poder de las inescrutables riquezas de Dios que juntamente con Cristo somo coherederos.

Por último, el apostol Pedro se refiere al Misterio revelandonos más cosas sobre Cristo 1 Pedro 1:10-12 :
v.10 Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, v.11 escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. v.12 A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.

Aspectos generales de la expresión del misterio fueron revelados a los profetas en la antigua dispensación quienes, reflexionando en dichas revelaciones, formulaban preguntas cuyas respuestas corresponden a la revelación del misterio en la presente dispensación, por lo que el Espíritu, que les comunicaba el mensaje, también les indicaba que no correspondía a ellos aquellas cosas sino a tiempos futuros, como enseña el apóstol Pedro y que los ángeles anhelan mirar estas cosas. Claro está que este tipo de ángeles no son los demonios. Calvino, dice, "Algunos prefieren considerar que estas palabras se refieren a los demonios, pero sin la debida reflexión... No existe duda acerca del hecho de que el apóstol se esfuerza en colocar en la más plena luz la misericordia de Dios hacia los gentiles, y el alto valor del evangelio... El significado de Pedro es, La Iglesia, constituída por judíos al igual que los gentiles, es un espejo, en la cual los ángeles observan la sorprendente sabiduría de Dios expuesta en una forma antes desconocida para ellos. Ellos ven una obra que es nueva para ellos y la razón por la cual estaba escondida en Dios". El hecho de que la Iglesia como obra maestra de Dios por medio de la cual se reflejan sus excelencias, sean objeto de interés y escrutinio para los ángeles buenos es claro también según otros pasajes (Lc 15:10; 1 Cor.11:10; Apo. 5:11 ss). Por tanto, estas cosas, como manifestación de la gracia divina, generan el interés de los ángeles que el mismo apóstol los presenta en atenta observación.

Cuando se habla Cristo en nosotros, se entiende que lo que hemos recibido dentro de nosotros es el Espíritu de Cristo, el Nuevo Hombre formado en nuestro interior donde seremos semejantes a él, como él es. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. ¿Y saben ustedes por qué Dios nos oye? Cuando Dios nos ve, no solamente ve nuestros pecados, manchas, temores y enfermedades, dudas e incertezas, Dios ve también más adentro de nosotros y ve a su Hijo Jesucristo dentro de nuestro ser, y cuando ve a Jesús en nuestro interior, Dios ve toda belleza, toda santidad, toda justicia, todo amor en Jesucristo dentro de mi. Gracias Señor por habernos revelado tan inmenso y prodigioso mensaje lleno de sabiduría y poder y riquezas en gloria. !!  


SOLI DEO GLORIA
REV. RUBEN DARIO DAZA B.


Para leer la primera parte de este estudio, clique en este link:
http://teologiaycienciarubedaza.blogspot.com/2011/12/cristo-en-nosotros-el-misterio.html

sábado, 31 de diciembre de 2011

Cristo en Nosotros: El misterio escondido


Desde los siglos eternos, Dios tuvo un misterio escondido. Tras la caída del hombre este misterio fue sistemáticamente anunciado con abundancia de señales, 
que pocos, sin embargo, vieron. Cumplido el tiempo, 
Dios reveló plenamente este misterio,
el cual es Jesucristo su amado Hijo, como asimismo el plan concebido
para su preeminencia y gloria.


PRIMERA  PARTE**

Deuteronomio 29:29
29. Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta Ley.
Un secreto es una información que no se puede compartir. Es algo que se encuentra en oculto, que no se le puede seguir la pista. Un secreto es un misterio, sólo la persona involucrada lo conoce. Dios tiene cosas en secreto. Sin embargo las que él quiere revelar dice la Biblia que son para nosotros y para nuestros hijos, teniendo como objetivo el que podamos cumplir todas las palabras de esta Ley.

Dios tenía un secreto que nadie conocía. Un secreto que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, ni siquiera los propios ángeles, ni demonios y sus potestades lo sabían. Un secreto que era un verdadero misterio donde los hijos de Dios no tenían idea de que se trataba. Un misterio escondido donde ni los patriarcas, ni profetas, reyes o los príncipes de este siglo lo conocían. Sólo después de muchísimos años Él quiso revelarnos a través del Apóstol Pablo, veamos:

En el libro de Romanos cap. 16: 25 al 27, Pablo comienza a esclarecer el misterio:
25. Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, 26  pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, 27  al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.
Pablo habla que existía un misterio[1] que se había mantenido oculto por parte del Dios eterno, y que ahora ha sido manifestado porque a él fue dada la revelación, según el mandamiento de Dios, quiso darlo a conocer a las gentes, es decir, a todo el mundo, a ti, a mi, a ellos, a todas las personas. A Pablo se le encomendó un doble apostolado: el del evangelio relacionado con un Cristo glorificado y el de la Iglesia, el misterio escondido en Dios desde antes de la creación del mundo pero que ahora ha sido revelado por el Espíritu Santo. Este doble ministerio se encuentra detallado en Colosenses 1: 23-29 y Efesios 3:1-12.  "El misterio" no es algo dificultoso ni de carácter misterioso en el sentido corriente de la palabra, sino un secreto sagrado que jamás supo la humanidad hasta el momento en que fue revelado por el Espíritu Santo por intermedio del apóstol Pablo, y él lo comunicó a todas las naciones para que fuera obedecido por medio de la fe. No estaba escondido en las Escrituras para que fuera sacado a luz eventualmente. Se nos dice de un modo terminante que estaba escondido en Dios hasta que llegara el tiempo en que Él lo haría manifiesto.

Y esto no tendría lugar hasta que Israel hubiese tenido toda clase de oportunidades de recibir a Cristo, tanto en su encarnación como en su resurrección. Recién cuando Israel rechazó definitivamente a Cristo, Dios hizo conocer lo que desde toda eternidad abrigaba en su corazón: que de entre todas las naciones, judíos y gentiles, Él redimiría y formaría una compañía electa, que bautizada por el Espíritu Santo se constituiría en un Cuerpo asociado con Cristo en la forma más íntima (Efesios 5 la asemeja a la unión del esposo con la esposa, y de la cabeza con el cuerpo), no solamente en esta era sino para todos los siglos por venir.

Este gran misterio de Cristo y de la Iglesia ha sido manifestado ahora y hecho conocer por las escrituras proféticas, no "por las Escrituras de los profetas" del Antiguo Testamento como dice la versión corriente. Es evidente que el significado es por los escritos de hombres inspirados, los profetas del Nuevo Testamento, quienes son los escritores de estos tiempos de la luz del evangelio y del testimonio cristiano. No es tampoco una teoría muy hermosa y maravillosa o un sistema doctrinario que ha de ser recordado por el intelecto. Comprende la identificación actual con Cristo durante la era en que se le rechaza y por consiguiente se hace conocer a todas las naciones para la obediencia a la fe.

Si bien Pablo en este pasaje a los Romanos no desarrolla[2] el gran tema del Misterio que estaba escondido ya que habla más de la justicia de Dios revelada en el evangelio, con todo, la toca de paso para unir el desarrollo del evangelio en esta carta con la revelación del misterio, tal como lo presenta en las epístolas llamadas "de la prisión" especialmente. Esto de ninguna manera quiere decir que en Efesios o Colosenses tengamos alguna verdad nueva o superior a la que se nos ofrece en Romanos o los escritos anteriores. Todos forman parte de un todo y constituyen el cuerpo de enseñanza que el apóstol proclamara a través de sus largos años de ministerio, pero que no se encuentra completa en ninguna de sus epístolas. El "misterio" de Romanos 16:25 es el mismo que el que aparece en las cartas posteriores y que forma siempre parte integral de su mensaje. Veamos ahora Efesios 3: 1-6
1Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; 2si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente,
Pablo se declara prisionero de Cristo por causa de los Gentiles, debemos destacar que Pablo no se convierte en apóstol y prisionero de Cristo por si mismo o por causa de otros, sino que él declara que por causa de Jesucristo y por concesión de la gracia divina obedeciendo al programa que Cristo había trazado para su ministerio tenía el propósito de favorecer a los gentiles. Se entiende que Pablo se refiriese a su prisión como medio para alcanzar a gentiles inconversos y llevarlos por medio del mensaje del evangelio a Cristo, para salvación.

Es importante destacar aquí dos cosas: 1.- Si habéis oído de la administración de la gracia de Dios y 2.- que también por revelación le fue declarado el misterio. La Administración de la Gracia es el inicio de un nuevo período que se le llama también la "era o dispensación de la gracia" y que fue inaugurado con la venida del Espíritu Santo hasta el día de hoy permanecemos en esta gracia y se termina con la 2ª venida de Cristo. La gracia es la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor para con los hombres...nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho” (Tito 3: 4, 5).  (Romanos 8: 3, 4) “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.
(Efesios 2: 11-22) 11 Por lo tanto ustedes, que por nacimiento no son judíos, y que son llamados «incircuncisos» por los que desde su nacimiento han sido físicamente circuncidados, deben recordar esto: 12 En aquel tiempo ustedes estaban sin Cristo, vivían alejados de la ciudadanía de Israel y eran ajenos a los pactos de la promesa; vivían en este mundo sin Dios y sin esperanza. 13 Pero ahora, en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo. 14 Porque él es nuestra paz. De dos pueblos hizo uno solo, al derribar la pared intermedia de separación 15 y al abolir en su propio cuerpo las enemistades. Él puso fin a la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo, de los dos pueblos, una nueva humanidad, haciendo la paz, 16 y para reconciliar con Dios a los dos en un solo cuerpo mediante la cruz, sobre la cual puso fin a las enemistades. 17 Él vino y a ustedes, que estaban lejos, les anunció las buenas nuevas de paz, lo mismo que a los que estaban cerca. 18 Por medio de él, unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu. 19 Por lo tanto, ustedes ya no son extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, 20 y están edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, cuya principal piedra angular es Jesucristo mismo. 21 En Cristo, todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para llegar a ser un templo santo en el Señor; 22 en Cristo, también ustedes son edificados en unión con él, para que allí habite Dios en el Espíritu.
El 2º aspecto es con relación al misterio  que le fue revelado y declarado. Pablo hace referencia a una revelación por la que le fue dado a conocer "el Misterio", al que mencionó antes (vea Rom. 16:25), por tanto, se trata del ministerio de la voluntad divina, que en síntesis es el misterio de la instauración de todas las cosas en Cristo. Pablo dice que este misterio no lo recibió de hombres o por enseñanza de maestros humanos, sino por revelación divina. Este es el énfasis que el apóstol hace sobre el mensaje que predica, el evangelio de la gracia, de que dice que no lo recibió de hombres, ni por hombres, sino por revelación directa de Jesucristo (Gálatas 1:12). Fue Dios mismo a quien le agradó revelar a su Hijo en Pablo. El evangelio predicado por el apóstol no era un evangelio, sino el evangelio, el único evangelio verdadero, el procedente de Dios mismo, por lo que no existe otro (Gálatas 1:7). El mensaje del evangelio verdadero que contiene la expresión del misterio ha sido manipulado por muchos a lo largo del tiempo para desvirtuarlo, pero tales manipulaciones no son el evangelio, sino un mensaje que es anatema (Gá. 1:8-9). Dicho mensaje como no procede de hombres entroniza a Dios y reduce al hombre a incapacidad plena para su salvación. Es un mensaje que recalca que la salvación sólo es de Dios ( Sal. 3:8; Jonas 2:9). Si la salvación es de Dios, el mensaje tiene que tener la misma procedencia, es decir, es un mensaje divino, ya que sólo de esa manera puede calificársele de eterno (Apo. 14:6).

Ahora veamos los versículos 4, 5 y 6:
4Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio... (Ef. 3:1-6).
La carta en sí es una exposición del conocimiento que el apóstol había alcanzado por capacitación divina del misterio que le había sido revelado por Dios mismo. Esa comprensión es también divina, por cuanto el misterio fue revelado y procede de Dios, es decir, Dios capacitó al apóstol para entender con claridad lo que había de proclamar en la predicación del evangelio. Este misterio escrito es Palabra de Dios, plenariamente inspirada por el Espíritu (2 Tim. 3:16), por tanto, como procedente de Dios, es doctrina y, en este caso, al ser doctrina de la salvación y de la ejecución del programa divino para esta dispensación, es doctrina fundamental. Con sólo lo que ha escrito, es suficiente para que los lectores se percaten del conocimiento que Pablo tiene sobre el misterio de Cristo. Realmente el misterio es Cristo mismo, ya que en Cristo y por Cristo se provee de salvación a todos los hombres y todos los salvos se unen vitalmente a Cristo y en Cristo para la formación de un cuerpo en Él; YA QUE CRISTO ES A LA VEZ RAZÓN  Y SUSTANCIA DEL MISTERIO. Sin embargo, el contenido pleno del misterio se dará un poco más adelante (v. 6).

En el versiculo 5. el misterio ahora revelado y predicado a los gentiles, había sido desconocido antes, esto es, en dispensaciones anteriores a la Iglesia. La revelación de este misterio para que sea comunicado a los hombres por medio de los apóstoles alcanza, no solo a Pablo, sino a todos los "santos apóstoles" y también "kai profetais", a los profetas. Ese misterio de Cristo no fue dado a conocer en otros tiempos a otras generaciones, o a los hijos de los hombres, es decir a la humanidad. Pudiera parecer como que los gentiles quedaban excluídos de la providencia salvadora de Dios, pero, mediante la revelación del misterio, se entiende que Dios opera en la salvación de un pueblo único, escogido, sin distinción de razas ni de condición.

Debemos destacar también que existe un contraste con, los hijos de los hombres y los santos apóstoles y profetas, a quienes Dios comunica y revela el misterio que había estado escondido para los hombres de generaciones anteriores. Pablo desea enfatizar bien esto, como una nota de oposición, usando para ello el adverbio de modo "como" (en griego hós), que hace funciones de conjunción comparativa, procurando dar a entender por medio del contraste que lo que había sido negado conocer a la humanidad antes, es revelado ahora a los hombres por el ministério de los apóstoles y profetas. Esto quiere indicar, que la revelación del misterio fue dada a conocer a los santos, apóstoles y profetas, es decir, se manifestó la revelación a los creyentes en general, así como a los apóstoles y profetas. Bien que por medio de la revelación a los apóstoles y profetas es el conocimiento de los santos. Pero en cualquier caso, lo que Pablo quiere destacar es que la revelación procede del Espíritu ( gr. én Pneúmati).

    v.6.- que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y    copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio...


En este versículo 6, Pablo revela el misterio escondido. "Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo". Nosotros, los gentiles, vivimos hoy en "la dispensación de la gracia de Dios". Esta dispensación o programa que Dios está administrando ahora, es nuevo y diferente de Su programa con la nación de Israel. En esta presente dispensación o administración, el programa de Dios con Israel es puesto a un lado, y permanece temporalmente en espera, y la condición de "tiempo pasado" de Israel como pueblo "cercano" a Dios, y la de los gentiles "como lejos", no existe ya, lea Romanos 11:11-25; Efesios 2:11-22.

Note ahora que Pablo dice que la gracia llegó a los gentiles para que sean copartícipes de la promesa. ¿Que promesa?. Pues si leemos el capítulo anterior (2), el apóstol Pablo dice: " Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne... en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la CIUDADANÍA DE ISRAEL Y AJENOS A LOS PACTOS DE LA PROMESA, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación... para crear en si mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz... vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca... Así que ya no sois extranjeros y advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios" (Efesios 2:11-19). 


Que bendición!... ¡Este es el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo! Que ahora nosotros, los gentiles, somos participantes de la promesa de los pactos de Dios con Israel, y miembros de la família de Dios. Los gentiles ahora, por la gracia, pueden ser **coparticipes** y coherederos de la promesa de los pactos hechos a los padres, que incluyen la herencia del mundo venidero (pacto Abrahámico - Gn 12:1-3, Rom 4:13). El misterio que estaba escondido y que fue revelado por Pablo significa que los gentiles, como los judíos creyentes en Cristo, son un solo cuerpo y herederos de Dios, y beneficiarios por igual de los pactos que él hizo con los padres. Ahora los gentiles tienen a Abraham como padre por la fe (Gálatas 3:7-9) y como sus descendientes legales tienen el privilegio y el derecho de ser herederos del mundo venidero de justicia y de cogobernar con Cristo en su reino en el milenio de justicia. Este es el verdadero evangelio de la gracia de Pablo.

En esta nueva revelación, hay un elemento distintivo en el contenido del misterio del evangelio, y es lo que llamamos de "igualdad". Esa igualdad - judíos y gentiles unidos en un cuerpo - era desconocida anteriormente. El mensaje distintivo de la iglesia es que tanto judíos como gentiles pueden creer el evangelio y estar unidos en UN CUERPO (1 Co.12:13) con el propósito de manifestar y dar testimonio de Cristo, quien es la Cabeza soberana de este organismo vivo y único.



Algunos estudiosos han reconocido hace tiempo el elemento distintivo de la predicación del evangelio en esta era de la iglesia:



La idea de que los gentiles estarían exactamente en el mismo plano como los israelitas y, además, en íntima relación como miembros del mismo cuerpo, es absolutamente ajena al Antiguo Testamento. De acuerdo con Isaías 61:5, 6, los gentiles eran representados como siendo los siervos e Israel como los sacerdotes de Dios. Aunque es cierto que a los gentiles fueron prometidas bendiciones en el futuro reino milenial, nunca se les daba igualdad con los judíos en el Antiguo Testamento (Walwoord, La Iglesia en la Profecía).
El Antiguo Testamento ciertamente predice la bendición de los gentiles para el período milenial (Is.61:5-6; 2:1-4), pero las bendiciones específicas no incluyen igualdad con los judíos como ocurre en el cuerpo de Cristo hoy. Grandes bendiciones se prometen a los gentiles en las predicciones del Antiguo Testamento, pero no a base de igualdad de posición con los judíos. Esta igualdad es la esencia del misterio revelado a los apóstoles y profetas en tiempos del Nuevo Testamento (Ryrie, Dispensacionalismo Hoy, p. 125).

Podemos decir entonces, que el Misterio del cual Pablo habló en Romanos 16, como ahora lo dice en Efesios, que tanto Judios como Gentiles eran tratados por Dios sobre la base de total igualdad y que, al creer en Cristo, ellos serían unidos en un cuerpo con el propósito de mostrar las excelencias de aquel que los llamó de las tinieblas a Su Luz admirable. De dos, Dios hizo UN NUEVO HOMBRE (Efesios 2:11-18) y UN NUEVO REBAÑO (Juan 10:16). Si bien ahora, somos herederos, esa herencia de Dios no se divide, se comparte por igual por todos los herederos, como herencia de los santos en luz (Col. 1:12). Cristo es el Unigénito del Padre (Jn. 1:14), de modo que la herencia total es suya por esa condición. Pero por estar en Él, lo es también del creyente. Todos los creyentes, tanto judíos como gentiles, hombres o mujeres, maridos o esposas, son coherederos de la gracia de la vida (1Pedro 3:7). La segunda bendición común a todos los creyentes es que son "miembros del mismo cuerpo". El apóstol utiliza aqui un adjetivo que literalmente significa co-cuerpo y que es un hápax legómenon, la única vez que aparece en todo el nuevo testamento, y enfatiza el hecho de que todos los creyentes, tanto gentiles como Judios han venido constituir un solo cuerpo en Cristo. Como coparticipes en el cuerpo, todos están al mismo nivel. La unión de judios y gentiles salvos se verifica por la incorporación a Cristo, pasando a ser los procedentes de los dos pueblos, un mismo cuerpo bajo una misma cabeza, que es Cristo. La tercera bendición común a todos los creyentes es su, copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, esto es, partícipes comunes en la promesa de bendición. El pueblo gentil ya no tiene ninguna exclusión. Los que antes, por no pertenecer a la circuncisión estaban apartados de las promesas, sin ningún tipo de esperanza, porque tampoco tenían a Dios en el mundo, han venido a ser herederos y copartícipes de la promesa, a causa de haber alcanzado la bendición de una nueva posición, en Cristo Jesús.

Todo esto se ha logrado, por medio del evangelio, instrumento providencial que expresa el mensaje a creer y el poder de salvación para todo el que crea. El apóstol dice que el evangelio "es poder de Dios" que produce o genera la energia salvadora. Lo es por cuanto proclama la obra de Cristo y su Persona como único medio y Salvador. La salvación procede únicamente de Dios, es operada únicamente por Él, y es aplicada exclusivamente por Él. Por tanto, en el evangélio se revela la fuerza divina que salva al pecador creyente. El evangelio es la palabra de la Cruz. Locura a los que se pierden, pero potencia de Dios a los que se salvan. El evangelio no es un poder reformador, sino salvador, en un proceso de liberación  del esclavo del pecado. Esa liberación en el pasado se manifiesta en la justificación, por cuya operación el creyente es liberado de la responsabilidad penal del pecado, por la que deja de haber condenación para él. (Rom 8:1). Esta salvación, como Pablo enseña, es de alcance universal: "al judio primeramente" pero también "al griego". El evangelio es un mensaje para todos los hombres (Ef. 2:17). No hay, pues, distinción alguna entre judio y gentil en la esfera de la salvación. El evangelio es el instrumento providencial por el cual se llega a la union con Cristo, mediante la aceptación por fe de su mensaje.

Y es nuestro privilegio, en los días en que vivimos, dar a conocer este misterio, revelar el secreto, descubrir la revelación que había estado oculta. Este es un caso en que Dios quiere que seamos buenos para contar secretos (en contraste con Prov. 11:13 donde contar secretos es condenado).

No obstante, a pesar de que este mistério ya fue revelado, no está del todo tratado en el tema, tenemos que seguir escudriñando e inquirir diligentemente acerca de esta salvación para saber qué persona y en qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucito de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios (1Pedro 1:11, 20-21). Para ello preparamos la Segunda Parte que es el complemento de este tema.
 SOLI DEO GLORIA
REV. RUBEN DARIO DAZA B.

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Quiero honrar primeramente a Dios por su Santa y Bendita Palabra que nos dió para su estudio y beneficio de todos sus hijos en Cristo Jesús y a mi Maestro Dr. Victor Paul Wierwille por ser pionero e instrumento en las manos de Dios en enseñarnos y mostrarnos el Camino a través de sus estudios que entre todos ellos se encuentra este Tema, el Mistério Escondido, en su tema central: La Vida Abundante (Clase Avanzada). Como Él bien lo dijo: "Soy ese puente que Dios usó para que otros puedan construir y avanzar y profundizar la exactitud y la grandeza de la Palabra de Dios que es su Voluntad".


[1] Según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” – Este misterio, que había estado oculto, ahora es revelado. Ya no es un secreto. Lo que estaba escondido, ahora es dado a conocer. “Es el secreto “silenciado” durante las largas edades del pasado, pero que ahora es dado a conocer” (Moule). La frase “desde el principio del mundo” es literalmente traducido “desde los tiempos de las edades” (Darby) o “desde tiempos eternos (Kelly). Es el misterio que ha estado escondido desde edades y desde generaciones (Col.1:26).
Hay cinco pasajes que definen claramente lo que es un misterio en el Nuevo Testamento. Son los siguientes:
  1. “Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Efesios 3:4-5).
  2. “Y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas” (Efesios 3:9).
  3.  “El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos” (Colosenses 1:26).
  4. “Abriré en parábolas mi boca; Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mateo 13:35).
  5. “Según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el  mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe” (Romanos 16:26).
A la luz de estos cinco pasajes podemos deducir la siguiente definición de lo que es un misterio en el Nuevo Testamento: Un misterio en el Nuevo Testamento es algo que estaba oculto, que se guardaba en secreto y no se había dado a conocer a los hombres en generaciones anteriores (anteriores a la generación de Pablo), pero que se manifestó y fue revelado en el tiempo del Nuevo Testamento a y por los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento. 
De acuerdo con esta definición basada en la Biblia, los dispensacionalistas han mantenido la posición de que un misterio en el Nuevo Testamento es algo que nunca se había revelado en generaciones anteriores (en el período del Antiguo Testamento), pero que Dios tuvo a bien revelar en los tiempos de Pablo. Como ya se ha esbozado, esos misterios fueron dados a conocer primero por Cristo (parcialmente) y luego por Su apóstol Pablo (totalmente). Contrario a esta posición es la Teología Reformada (Teología del Pacto), que dice que los misterios del Nuevo Testamento fueron revelados en tiempos del Antiguo Testamento, pero que no fueron entendidos tan claramente como hoy día. Ellos enseñan que esos misterios no estaban del todo ausentes del Antiguo Testamento. De modo que ellos enseñan que los misterios fueron revelados parcialmente, pero que no fueron entendidos hasta más tarde. Sin embargo, esto es contrario a los cinco pasajes indicados anteriormente. Estos versículos no dicen que el misterio hubiese sido dado a conocer parcialmente, sino que no había sido dado a conocer en absoluto. Estaba oculto y guardado en secreto y encerrado en el amante corazón de Dios.
Ilustremos esto con un ejemplo específico. En 1 Corintios 15:51-52 Pablo dio a conocer un misterio que había estado escondido en tiempos anteriores. El secreto que él reveló es que habría toda una generación de creyentes vivos que no gustarían la muerte física. El Antiguo Testamento no dice nada, en ninguna parte, acerca de un evento tal. Moisés, Elías, David e Isaías nunca tuvieron la más mínima indicación de que tal cosa sucedería algún día. Esto estaba totalmente oculto para ellos y no se podía encontrar en sus santas Escrituras. Dios nunca dijo una palabra de ésto hasta los tiempos del Nuevo Testamento, cuando fue insinuado por nuestro Señor (Juan 14:1-3) y explicado totalmente por Pablo (1 Co.15:51-52 y 1 Ts.4:13-18). Este es un verdadero misterio del Nuevo Testamento.
[2] La verdad del misterio no es desarrollada tanto en Romanos como es desarrollada en Efesios y Colosenses, pero la epístola a los Romanos alude a algunas de estas cosas. La singularidad de estar en el cuerpo de Cristo es tratada en Romanos 12 y la singular UNIDAD e IDENTIFICACIÓN con Cristo, que disfrutan tanto judíos como gentiles en virtud de estar “en Cristo”, es tratada admirablemente en Romanos 6. El precioso y glorioso misterio de “Cristo en vosotros” (Col. 1:26-27) es esbozado en Romanos 8:9-10. La unión del creyente con Cristo, que es comparada con una relación matrimonial (Efesios 5:29-32) es presentada en Romanos 7:1-4. Las muchas riquezas que judíos y gentiles comparten por igual en Cristo, son expuestas maravillosamente en Romanos 8. El misterio del endurecimiento parcial y temporal de Israel es referido en Romanos 11:25. En verdad, Romanos nos ayuda a entender, más que cualquier otra epístola, el propósito y programa de Dios para Israel a la luz de lo que Dios está haciendo hoy entre los gentiles y a la luz de lo que Dios hará en el futuro (Romanos 9-11). De modo que el libro de Romanos contribuye de manera significativa a nuestro entendimiento de la verdad del misterio. ¡Qué Dios nos ayude a ser buenos y fieles administradores de estas cosas (1 Co.4:1-2)!