jueves, 1 de diciembre de 2011

JESÚS Y LA NAVIDAD !



Capítulo XIV

EL MISTERIO Y EL MILAGRO DE NAVIDAD


La verdad de la concepción de Jesucristo por el Espíritu Santo y de su nacimiento de la Virgen María es, al mismo tiempo, la indicación de la verdadera encarnación del Dios Hijo verdadero, realizada en la presentación histórica de Jesucristo, y el recuerdo de la forma especial por la cual ese principio del acto divino de la gracia y la revelación sucedido en Jesucristo se distinguió de otros acontecimientos humanos.

Llegamos ahora a uno de los puntos, por no decir al punto, en que desde siempre y en muchas partes, también en la Iglesia Cristiana, se ha tropezado. Quizás también les suceda a quienes hasta ahora siguieron las explicaciones dadas, que, de vez en cuando, con extraños sentimientos pregunten: ¿Y adonde conduce todo esto? Quizás, repito, vacilen al llegar a lo que vamos a proseguir diciendo..., lo cual, por cierto, no es invención mía, sino que lo confiesa así la Iglesia.

Sin embargo, no tenemos por qué temer, pues si hasta aquí hemos continuado nuestro camino con bastante serenidad, trataremos este nuevo capítulo también serena y objetivamente: "Concebido por el Espíritu Santo; nacido de la Virgen María". También ahora nos importa pura y enteramente la verdad; pero ahora también nos acercaremos con respeto y reverencia a este punto, de manera que lo último no sea la angustiosa interrogación de: ¿Hay que creer esto? sino que podamos asentir, quizás, también aquí con todo gozo y libertad.

Se trata del comienzo de toda una serie de afirmaciones acerca de Jesucristo. Hasta aquí vinimos oyendo lo referente al sujeto; ahora oiremos una serie de determinaciones, como: concebido, nacido, padeció, crucificado sepultado, descendido, resucitado, sentado a la diestra de Dios, de donde ha de venir. . . Estos términos determinan una acción o un suceso. Se trata, pues, de la historia de una vida iniciada como toda vida humana con la concepción y el nacimiento; luego, hay la obra de una vida concentrada notablemente hacia la breve palabra "padeció"; una historia del sufrimiento (Pasión) y, finalmente, la confirmación divina de esa vida en su resurrección, su ascensión a los cielos y el final, aun no realizado, de "de donde vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos". El que en todo esto actúa y vive es Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, nuestro Señor.

Si se quiere comprender lo qué significa: "Concebido por el Espíritu Santo y nacido de María virgen", ha de intentarse, ante todo, ver que ambas notables afirmaciones expresan que Dios Hijo, por su libre gracia se hizo hombre, hombre verdadero. El Verbo eterno se hizo carne. He aquí el milagro de la existencia de Jesucristo, el descenso de Dios Hijo de arriba a abajo: Espíritu Santo y virgen María. Y este es el misterio de la Navidad, el misterio de la encarnación. Los creyentes católicos se persignan al ser pronunciada esta confesión del Credo, y los compositores han intentado de las más diversas maneras dar vida musical a ese "et incarnatus est". Es este milagro el que anualmente celebramos al celebrar la Navidad. "Al querer comprender este misterio, calla mi espíritu con temor y respeto"[16]. Se trata, en fin, de la revelación de Dios en pocas palabras, la cual únicamente podemos comprender y oír como el principio de todas las cosas.

Además de todo eso, no se trata aquí de la concepción y el nacimiento en general, sino de una concepción y un nacimiento determinados. ¿Por qué concepción por el Espíritu Santo y por qué nacimiento de María virgen? ¿Por qué este milagro especial, expresado en esos dos conceptos, junto al gran milagro de la encarnación? ¿Por qué se une al misterio de la Encarnación el misterio de la Navidad? Y es que aquí se coloca junto a la afirmación óntica (lo que existe, lo que tiene el ser) una afirmación noética (el pensamiento, intelecto), por así decirlo[17]. En la encarnación se trata de la cosa misma, pero aquí de la señal. No se confunda lo uno con lo otro; porque la cuestión de que se trata en la Navidad es en sí verdadera, pero ello se muestra, se descubre en el milagro de la Navidad. Sin embargo, sería un error colegir entonces de eso que se trata, pues, sólo de una señal que quizá podría restarse del misterio. ¡Cuidado! En la vida sucede rara vez que pueda separarse la forma del contenido y viceversa.

"Dios verdadero y hombre verdadero". Al examinar esta verdad fundamental cristiana a la luz de "concebido por el Espíritu Santo", se nos presenta esta verdad: Jesucristo hombre tiene su origen decididamente en Dios, esto es; su principio histórico consiste en que Dios representado por el Hijo y en persona se hizo hombre. Y esto significa que Jesucristo es hombre, hombre verdadero, pero no solamente hombre, digamos por ejemplo, un hombre extraordinariamente dotado o especialmente guiado, y, desde luego, en modo alguno un superhombre; sino que él, en tanto es hombre, es Dios mismo. Dios es con él una sola cosa. Su existencia comienza con el acto especial de Dios; como hombre está fundado en Dios; él es Dios verdadero. El sujeto de la historia de Jesucristo es, pues, Dios mismo, sin dejar de ser cierto que el hombre Jesucristo viva y sufra y actúe. Y tan cierto como que en la vida de Jesucristo la iniciativa es humana, igualmente es cierto que dicha iniciativa humana se basa en que Dios ha tomado la iniciativa en Cristo y por medio de Cristo. Así mirado, no podremos por menos de decir que la encarnación (el hecho de que Dios a través de su Hijo se hizo hombre) es una analogía de la creación: Dios obra nuevamente como Creador, pero ahora no como Creador de la nada, sino que se presenta y crea dentro de la creación ya existente un nuevo comienzo en la historia, en la historia de Israel. En la continuidad de la historia de la humanidad se hace ahora visible un punto donde Dios mismo corre en ayuda de la criatura y se hace una sola cosa con ella. Dios a través de su Hijo se hace hombre. Así comienza esa historia.

Volvamos ahora la página y llegaremos a la segunda cuestión expresada con las palabras: "nacido de María virgen". Aquí se subraya que nos encontramos en este mundo. Se trata de una criatura humana de la cual proviene Jesús igual que proviene de Dios. Dios se da a sí mismo (esto significa "nacido de María virgen") un origen terrenal, humano. Hebreos 2: 14 parte a), lo dice rápidamente: Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él (Jesucristo) también participó de lo mismo...  Jesucristo no es "solamente" Dios verdadero, pues esto no sería una verdadera encarnación; tampoco es un ser intermedio, sino que es hombre como nosotros, enteramente hombre. Cuando el texto dice que él también participó de lo mismo, quiere decir que de María participó de su carne y de Dios participó la hechura de la sangre que Él creó por segunda vez. Cuando el Angel le dice: "Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (Luc. 1:31) y entonces María dijo al angel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón" (v. 34) Respondiendo el ángel, le dijo: El espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá , será llamado Hijo de Dios (v.35). María concibió a Jesús como cualquier mujer mortal en el mundo. Necesitó de un espermatozoide para fecundar el óvulo. La diferencia aquí es que Dios por la segunda vez creó "alma de vida" e introdujo el espermatozoide en el óvulo de la María virgen para concebir a Jesús. Siendo por tanto que ese espermatozoide quien posee todos los elementos vitales, incluso el factor Rh de su sangre es la Simiente Preciosa directa de Dios, linaje de Dios Incorruptible y eterna (Conf. Génesis 9:4-6; Levítico 17:11)... que hizo posible embarazar a María. He aquí que el alma de vida en la sangre de Jesús proviene de la Simiente divina del Espíritu Santo, es esta la diferencia de cualquier nacimiento de un hombre mortal en la tierra. Puesto que sus elementos genéticos eran divino y humanos... Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo (1Cor. 15:38). En todos los seres humanos, la simiente es pasada de una persona a otra en la línea genealógica. Así es con todos nosotros. Se pasan de los padres a los hijos una simiente que no es eterna: “lo que es nacido de la carne, carne es…” y como tal es corruptible porque todas nuestras vidas terrenales tocarán a su fin. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; (Hechos 17:26).

Es por eso que la sangre de Jesús siendo incorruptible porque creado por la Divinidad y hechura del Creador de los cielos y la tierra, Dios y Padre Celestial, al ser derramada en la cruz del Calvário, es esa sangre la que nos limpió de todo pecado y de la condenación de la muerte, el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. (Col. 1:13-14). Porque en él [en Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.  Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo (1Cor 15:45-47).

          Por lo tanto, de Jesucristo no podemos decir que él se parezca a nosotros, los hombres, sino que es igual que nosotros. Así como Dios es el sujeto en la vida de Jesucristo, el hombre es el objeto en esa historia, mas no como sí se tratara de un objeto sobre el cual se actúa, sino que se trata de un hombre actuante. En este encuentro con Dios no se convierte el hombre en un muñeco, sino que, si hay verdadera humanidad se halla justamente aquí, donde Dios mismo a través de Dios Hijo se hace hombre.

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, El igualmente participó también de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, (Hebreos 2:14).

15 Pero el pecado de Adán no puede compararse con el don de Dios. Pues si por el pecado de un solo hombre muchos murieron, la gracia y el don que Dios nos dio por medio de un solo hombre, Jesucristo, abundaron para el bien de muchos. 16 El don de Dios no puede compararse con el pecado de Adán, porque por un solo pecado vino la condenación, pero el don de Dios vino por muchas transgresiones para justificación. 17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia mediante un solo hombre, Jesucristo.
(Romanos 5:15-17)


Este sería uno de los círculos que ha de mirarse ahora: La divinidad verdadera y la humanidad verdadera en unidad absoluta. La Iglesia, en el Concilio de Calcedonia (año 451) intentó limitar claramente dicha unidad contra todos los errores, así: contra la unificación monofisita que había de acabar en el llamado docetismo, que, en el fondo, no reconoce ninguna humanidad verdadera en Cristo (Dios se hizo hombre sólo en apariencia), y contra la separación nestoriana entre Dios y hombre, según la cual la divinidad de Cristo podía suponerse en cualquier momento separada de su humanidad. También esta doctrina tiene sus raíces en un antiguo error, que era el de los ebionitas. De estos parte el camino que conduce a los arríanos, para quienes Cristo no era más que una criatura superior. El Concilio de Calcedonia formuló esta tesis: La unidad es "pura, invariable, indiferenciable e inseparable". Acaso podría pensarse que tal fórmula se asemeja muchísimo a un "hallazgo de teólogos" o, incluso, a la consecuencia de una "riña de curas". Obsérvese, sin embargo, que en todas estas disputas jamás se trataba de echar por tierra el misterio, como queriendo disolver la cuestión racionalmente por medio de semejantes fórmulas, antes bien, los esfuerzos de la antigua Iglesia iban encaminados a que los cristianos pusieran la mira debidamente en ese misterio. (Por eso vale la pena oír también hoy la voz de la antigua Iglesia). Todos los demás intentos perseguían el fin de reducir el misterio a algo comprensible para la razón humana.

Realmente, es comprensible eso de Dios por un lado, y por otro un hombre misterioso, y del mismo modo puede explicarse el especialísimo encuentro de ese Dios y ese hombre en la figura de Jesús. Pero estas teorías combatidas por la antigua Iglesia no tienen visión del misterio, mientras que a los antiguos ortodoxos lo que les importaba era reunir a los hombres en torno a este punto central: Quien no quiera creer eso que lo deje, pero, por nuestra parte, resulta imposible suavizar aquí nada o consentir que esta sal se desale. Esta actitud aclara los enormes esfuerzos llevados a cabo en los antiguos concilios y por los teólogos. Parece un poco desconsiderado el que hoy, basándonos en nuestra intelectualidad algo bárbara, digamos que antiguamente se llevaron las cosas "demasiado lejos", cuando, en vez de pensar y decir tal cosa, deberíamos agradecer el que en otros tiempos se trabajasen estas cuestiones tan a fondo. No es preciso que el predicador cristiano de hoy se ponga a recitar aquellas fórmulas desde el pulpito, pero sí que vale la pena meditar sobre ellas. En otros tiempos vio la cristiandad lo qué significa el milagro de la Navidad y así lo manifestó con firmeza: Se trata de la unión hipostática, de la verdadera unidad del Dios verdadero y el hombre verdadero en Jesucristo, el único. Y hoy se nos invita a que no nos dejemos escapar ésto.

Indudablemente se advierte que con las expresiones de "concebido por el Espíritu Santo" y "nacido de María virgen" se quiere decir también algo especial. Se trata de una generación extraordinaria y de un nacimiento extraordinario, a lo cual se denomina la nativitas Jesu Christi. Un milagro señala hacia el misterio de la verdadera divinidad y la verdadera humanidad: el milagro de esa generación y ese nacimiento.

¿Qué significa "concebido por el Espíritu Santo"? No significa que el Espíritu Santo sea, por así decirlo, el padre de Jesucristo, sino que con ello se expresa en rigor solo lo negativo, o sea: Jesucristo hombre no tiene padre. Su generación no se realizó como suele realizarse cuando una existencia humana comienza, sino que la existencia humana de Jesucristo comienza en la libertad de Dios mismo, en la libertad, en la cual Padre e Hijo son una sola cosa en amor, en el Espíritu Santo. Al examinar el principio de existencia de Jesús hemos de mirar, pues, en esa profundidad más remota en que Padre e Hijo son una sola cosa. Eso es la libertad de la vida interior de Dios, y en dicha libertad comienza la existencia de ese hombre anno Domini 1. Al suceder esto, al comenzar aquí concretamente Dios mismo consigo mismo, aquel hombre puede no sólo anunciar la Palabra de Dios (lo cual por sí mismo no podría ni querría hacerlo) sino que también puede ser la Palabra de Dios. La nueva humanidad comienza en medio de la nueva: Este es el milagro de Navidad, el milagro de la generación de Jesucristo sin padre terrenal. Y esto, a su vez, nada tiene en común con los innumerables mitos de la generación de hombres por medio de los dioses, como nos los relata la Historia de la Religión. No se trata aquí de semejante generación, pues es Dios mismo quien como Creador actúa, pero no como cónyuge de la virgen en cuestión. Ya ha intentado el arte cristiano antiguo manifestar que aquí no se trata de un proceso sexual, y se decía que la generación de Jesucristo se realizó por el oído con que María escuchó la Palabra de Dios.

"Nacido de María virgen": Nuevamente y visto ahora con ojos humanos queda aquí exceptuado el varón. El varón no tiene nada que ver con ese nacimiento. Podría decirse, si se quiere, que se trata de un acto judicial divino. O, dicho de otro modo: A lo que ha de suceder no debe aportar nada el hombre ni con su acción, ni con su iniciativa. Ahora que la criatura humana no queda sencillamente exceptuada, pues, como se ve, se cuenta con María virgen. Pero el varón como portador específico de la acción y la historia humanas y con toda su responsabilidad con respecto a guiar a la masa de la humanidad pasa a ocupar el último plano en la figura débil de José. He aquí la respuesta cristiana a la cuestión feminista: Vemos a la mujer decididamente en primer término, por cierto como virgen, como María virgen. Dios no ha elegido al hombre con su orgullo y su espíritu de oposición, sino con su debilidad y su humildad; tampoco lo ha elegido como actor de su papel histórico, sino en la debilidad de su naturaleza, tal como aparece representada en la mujer, sino que ha elegido al hombre, a la criatura humana que únicamente puede ponerse enfrente de Dios, diciendo: "He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra". ¡Y ésta es la intervención del hombre en el suceso, ésta y sólo ésta! ¡No hagamos de esa "existencia de sierva" que corresponde al hombre un nuevo mérito ni pretendamos atribuir otra vez a la criatura una potencia! Lo único de que puede tratarse es de que Dios ha tenido en cuenta al hombre en su debilidad y su humildad y, luego, de que María manifiesta lo único que, al verse enfrentada con Dios, cabe decir a la criatura. El que María lo haga y con ello la criatura pronuncie un sí, acatando a Dios, es cosa inherente a esa grande aceptación con que Dios favorece al hombre.

El milagro de la Navidad es la forma real del misterio de la unidad personal de Dios y el hombre, o sea, de la unio hipostática. Siempre dijeron la Iglesia y la teología cristianas que no puede exigirse como postulado que la realidad de la encarnación o el misterio de la Navidad tenía que tener por absoluta necesidad justamente esa forma de ese milagro. Y es que la verdadera divinidad y la verdadera humanidad de Jesucristo en su unidad no están sujetas a que Cristo haya sido concebido por el Espíritu Santo y nacido de María virgen. Antes bien podrá decirse solamente esto: A Dios le plugo que el misterio fuese y se revelase realmente en la forma y figura que conocemos. Al mismo tiempo, ésto no significa que frente a esa forma real del milagro seamos, por así decirlo, libres de aceptarlo o no aceptarlo, de modo que con respecto a este punto pudiésemos llevar a cabo una sustracción y decir: Ya lo hemos oído, pero nos reservamos el derecho de pensar que esta cosa podríamos tenerla para nosotros también en otra forma. La relación aquí existente entre la cosa y la forma se comprende, quizá, mejor que nada recordando la historia bien conocida de la curación del paralítico (Marc. 2): "Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados...: Levántate, toma tu lecho, y anda...". "Para que sepáis...", así ha de entenderse también el milagro del nacimiento virginal. Se trata del misterio de la encarnación, cuya forma visible es el milagro que sucede. Mal se entendería el pasaje de Marcos 2, pensando que el perdón de los pecados es el milagro principal, en tanto la curación física tiene carácter secundario. Asimismo hay que prevenir la pretensión de poner entre paréntesis el milagro de la Nativitas (celebrantes de la Navidad) y atenerse al misterio como tal. Con toda seguridad puede decirse que tantas veces como se ha pretendido rehuir este milagro es que actuaba una teología que, en realidad, tampoco comprendía ni respetaba el misterio, sino que intentaba escamotear el misterio de la unidad de Dios y el hombre en Jesucristo, el misterio de la libre gracia de Dios. Por otra parte, cuantas veces se ha entendido este misterio y se ha evitado todo experimento de teología natural, porque no era necesario apelar a él, se reconoció el milagro con gratitud y gozo. Por así decirlo, el milagro se hizo interiormente necesario en este punto.

SOLI DEO GLORIA

REV. RUBEN DARIO DAZA

[16] Cita del comienzo de la 2ª estrofa de un himno de Navidad del poeta alemán Ch. F. Geller, 1715-1769. (N. del T.)
              [17] "Ontico es lo que se refiere al ente, o aquello que es a diferencia de su ser y del ser en general. "Noetico" se refiere a la aprehensión directa o intuitiva de lo pensable, por lo cual éste se convierte en pensado. (N. del T.)


3 comentarios:

  1. Hola Ruben, muy bonito su comentário sobre el nacimiento de Jesús. Esto me hace pensar que con relación a la celebración de Navidad vemos que en realidad eso está en el corazón de Dios. Felicitaciones, siga así y Dios te bendiga.

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  2. Yo lamento mucho que algunos pastores y entidades eclesiásticas denigran en contra de la celebración de Navidad porque la consideran fiestas paganas... Eso denota el bajo contenido de sus estudios y argumentos tan estúpidos de que esas celebraciones se remontan por parte de los europeos de la prehistória. Si bien ya está demostrado que Jesus no nació en el mes de diciembre pero la nativitis de Jesucristo debemos celebrarlo. Pastor Daza usted le dió una nueva visión acerca del nacimiento y concepción de Jesucristo. Dios te bendiga y te guarde siempre. Siga adelante con sus estudios.

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    1. Gracias apreciado hermano Ricardo Lopez por su comentário. Es verdad qe por ignorar profundamente las escrituras hemos cometido errores garrafales acerca de una vida plena y feliz sobre la gracia y salvación en Jesucristo. Gracias a hombres y mujeres serios con respecto a la sabiduria de Dios se han preocupado por estos temas. Si es correcto que el pueblo cristiano celebre la navidad con sus santos escogidos. Vuelva por aquí pronto y no olvidede dejar sus comentários. Un abrazo en Cristo.

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