miércoles, 5 de diciembre de 2012

Espíritu Santo: Recibirlo y Manifestarlo

“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, 
y hasta los confines de la tierra” (Hch 1, 8).



Espíritu Santo
Con Mayúscula y con minúscula
Dechomai y Lambanô

Habíamos estado estudiando las expresiones equivalentes al recibir el don de espíritu santo.


▪ Nacer de nuevo
▪ Otro consolador que reemplazó al Cristo presente para siempre
▪ Espíritu de verdad
▪ Moraba CON ellos. Mora hoy EN los hijos de Dios
▪ Cristo EN nosotros la esperanza de gloria
▪ Poder desde lo alto para dar testimonio hasta lo último de la Tierra
▪ La promesa del Padre
▪ Ser bautizado con espíritu santo
▪ Ser investidos de poder desde lo alto

Estas son distintas maneras de referirse a la misma cosa que vino a partir del día de Pentecostés. Ese poder que vendría era poder espiritual inherente[1] era el regalo, el don del Donador y por consiguiente debiera ser traducido siempre en minúscula para diferenciar al regalo de Quien hizo el regalo.

Dios
El Donador
Espíritu Santo
pneuma hagion
â
Da lo que Él es
â
espíritu santo
El don
pneuma hagion


Este don de espíritu santo fue hecho disponible gracias al trabajo de redención completo y finalizado de Jesús. Pentecostés fue el comienzo de lo que Dios llama en Su Palabra la iglesia de la gracia o la iglesia del cuerpo de Cristo.

No se puede tener algo hasta que, primero que nada, esté disponible. Este tipo de relación de Padre-hijo entre las personas y el Creador nunca antes de Pentecostés estuvo disponible.

Hay otras dos palabras griegas que debemos estudiar para entender en toda su magnitud lo que recibimos cuando confesamos y creemos. Las dos palabras se traducen similarmente: recibir, pero en griego sus significados son muy diferentes.
La una es dechomai  y la otra es lambanō. Dechomai significa recibir de manera subjetiva. Es una recepción de algo que no necesariamente se exterioriza. Lambanō en cambio es cuando se recibe en manifestación. Usted lo recibió y nosotros nos enteramos[2].

Hechos 8:12-15:
(v.12) Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. (v.13) También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.

Este gran creyente, Felipe, estaba haciendo lo que tenemos que hacer nosotros: predicaba el evangelio del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo. Entonces se bautizaban, no con el bautismo de Juan, sino con el que hizo disponible el Señor Jesucristo. Pero había un “problema”. Atención. No es un problema nacer de nuevo. ¡Todo lo contrario! La exageración es para hacer notoria la importancia que dan las Escrituras que cuando se recibe, se podría (y se debería) manifestar.

(v.14) Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido [dechomai] la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; (v.15) los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen [lambanō] el Espíritu Santo [pneuma hagion].

En este versículo vemos que el traductor puso en mayúscula lo que debiera haber ido en minúscula. Lo que esta gente recibió lambanō fue el regalo, el don, no recibió al Donador. Por eso una mejor traducción del versículo quince sería:

“los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que manifestasen, en el mundo de los sentidos, espíritu santo”.

Estos samaritanos habían recibido la Palabra de Dios de manera “interna”. Ellos habían confesado y creído y habían sido bautizados con espíritu santo pero no habían manifestado el poder desde lo alto que habían recibido subjetivamente. 

Eso era un problema (y sigue siéndolo) al punto que enviaron a dos apóstoles para corregir este inconveniente. Cuando llegaron oraron para que recibiesen en manifestación lambanō el poder desde lo alto que habían recibido previamente en su interior.

Es muy evidente que es importante estudiar la diferencia entre una palabra y la otra en griego pues es totalmente posible recibir algo espiritualmente sin jamás manifestarlo en el mundo de los sentidos. No obstante dechomai es primero, luego lambanō.

Dios Quien es el Espíritu Santo da lo que Él es.



Hechos 2:4:
Y fueron todos llenos del Espíritu Santo [don], y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu [Donador] les daba que hablasen.

No fueron llenos de Dios sino de Su regalo y al hacerlo sin más comenzaron a hablar en lenguas según Dios les daba que hablasen. Dios los llenó con espíritu santo con minúscula. Una mejor traducción hubiese sido que fueron llenos de pneuma hagion, espíritu santo con minúscula pues eso es lo que Dios derramó en ellos. Luego empezaron a manifestar hacia “su afuera” lo que había pasado en “su adentro” y lo hicieron según el Pneuma, Dios, les daba que hablasen.

Cuando usted nace como producto de la unión de su papá y su mamá, ellos le dan a usted, lo que ellos son, le dan su naturaleza humana. Cuando Dios hace renacer a una persona también le da de Su naturaleza divina. Sus padres y Dios le dan a usted lo que ellos son.

Dios nos da de Su espíritu, entonces, ese don de Dios –que es ahora nuestro espíritu- es nuestra responsabilidad. Los samaritanos habían recibido en sí y nadie se dio por enterado y eso motivó que fueran dos apóstoles a solucionar el “problema”.


Una vez que una persona renace del espíritu de Dios, tiene vida eterna. Eso es una verdad fundamental y maravillosa pero ahí no debiera terminar la cosa. Hemos recibido espíritu santo por gracia de Dios. Debiéramos manifestar ese poder desde lo alto para beneficio propio y de los demás.


Ya habíamos visto en Juan 14:17 que Jesús, antes del día de Pentecostés les dice que el espíritu que estaba con ellos estaría en ellos. Bien, se cumplió lo dicho por el profeta, comenzó a estar en ellos a partir de Pentecostés y Dios, que no hace acepción de personas, sigue proveyendo espíritu santo a todo aquel que se lo pida provisto que haga lo que la Palabra de Dios enseña que una persona debe hacer para que Dios lo haga renacer.

Hechos 10:45:
Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.

¿Por qué poner en mayúscula espíritu santo si no se refiere a Dios? El mismo Jesús enseñó que es Dios, Quien es Santo y es Espíritu, que da de Su naturaleza a quienes le piden.

Lucas 11:13:
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial [Donador] dará el Espíritu Santo [don] a los que se lo pidan?

1 Tesalonicenses 4:8:
Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo [don].

Nuevamente claro como el agua: Dios es quien da espíritu santo. No obstante se puede observar en el mismo versículo que a lo que Dios da lo pusieron en mayúscula.

Afortunadamente hay muchas personas que creen que cuando confiesan y creen, al momento que son hechos salvos por Dios reciben vida eterna, lo que es lo mismo que decir que reciben espíritu santo, pneuma hagion. Esto es ciertamente maravilloso pero no es toda la verdad acerca de la cuestión. Hay algo más que simplemente recibir subjetivamente el don. Primero que nada; sin el trabajo del Espíritu Santo (con mayúscula) nadie puede ser salvo. El trabajo es de Él pues nuestra salvación no es por obras sino por gracia. Alguien tiene que hacer ese trabajo y eso es trabajo de Dios. 

No obstante la Palabra de Dios es muy clara en cuanto a que una vez que uno renace uno recibe y puede exteriorizar el cambio profundo en su interior, que le fue hecho de la mano de Dios en Cristo en usted, de INMEDIATO.

Hechos 8:14-19:
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido [dechomai] la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; (v.15) los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen  [lambanō] el Espíritu Santo [pneuma hagion, el don];


¡Qué claro que es esto! Si las palabras “recibido” y “recibiesen” provinieran de la misma palabra griega sería una incongruencia. Quedaría que Samaria había recibido pero igual los apóstoles oraron para que recibiesen. ¡¿Para que hubiesen orado para que ocurriera lo que antes que ellos llegaran ya había ocurrido?! El relato toma perfecto sentido cuando sabemos que las dos palabras significan dos cosas muy diferentes. Ellos habían recibido subjetivamente y cuando Pedro y Juan oraron, ellos manifestaron a nivel de los sentidos.

Por otro lado, si en ese registro pneuma hagion debiera haber sido traducido Espíritu Santo (con mayúscula), entonces querría decir que recibieron al Donador, Dios en manifestación. Lo que ellos manifestaron fue espíritu santo que ya habían recibido sin que nadie se entere. Ese era el “problema” que fueron a arreglar estos dos grandes hombres. Recibir y no manifestar no era lo normal en aquellos días y tampoco lo debiera ser hoy.

(v.16) porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. (v.17) Entonces les imponían las manos, y recibían  [lambanō] el Espíritu Santo [pneuma hagion el don]. (v.18) Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo [pneuma hagion el don], les ofreció dinero, (v.19) diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba  [lambanō] el Espíritu Santo  [pneuma hagion el don].

En el versículo 18 dice “cuando vio Simón”. El espíritu santo no puede verse. Lo que vio Simón fue la manifestación que corroboraba la recepción de espíritu santo por parte de los samaritanos.

La gente de Samaria a quien Felipe les había predicado el evangelio del reino eran salvos y aún así ninguno había recibido en manifestación poder desde lo alto. Fue mediante la intervención de Pedro y Juan que ellos recibieron en manifestación. Es importante recalcar que no es necesaria la imposición de manos para traer en manifestación pneuma hagion. Algo más estaba disponible que lo que ya habían recibido al momento de la salvación. Este es un derecho legal de TODO hijo de Dios dado como premisa al momento mismo que por primera vez haya sido dado espíritu santo en el día de Pentecostés.

Hechos 19:1-6:
(v.1) Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, (v.2) les dijo: ¿Recibisteis [lambanō]  el Espíritu Santo [pneuma hagion el don] cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo [pneuma hagion el don].

Esta es una singular situación de la que podemos aprender mucho. Primero que nada dice que estos eran discípulos, no eran personas que cada tanto leían la Biblia. Eran discípulos, gente que estaba al tanto, que estudiaba y era disciplinada. Es muy significativo que hayan dicho que no habían oído que hubiera espíritu santo. Lógicamente no habían oído que había el don pues al ser discípulos seguramente habían oído que existía Espíritu Santo con mayúscula. Lo que estos discípulos no habían oído es que existía el don de espíritu santo con minúscula.

(v.3) Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. (v.4) Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. (v.5) Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. (v.6) Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo [pneuma hagion el don]; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Aquí Pablo corrige este error y el siguiente: habían sido bautizados en el bautismo de Juan, es decir el bautismo de agua. Ningún drama con el agua tanto si hay agua como si no hay agua, aunque Jesucristo vino a traer un bautismo de superior naturaleza que el de agua que trajo su primo (Juan el bautista) apenas por un tiempo. Ese bautismo con agua no garantiza la recepción de espíritu santo. Mucho cuidado con esto. Ese es el bautismo de Juan.


Lo que garantiza que uno ha recibido espíritu santo[3] es el bautismo en el nombre de Jesús en manifestación.


Pablo puso las cosas en claro y ellos recibieron en manifestación pues dice que hablaron en lenguas y profetizaban. Este tipo de reacción INMEDIATA es lo normal. Uno renace, uno opera alguna de las manifestaciones
En aquel maravilloso día de Pentecostés; Pedro presenta el primer sermón de la iglesia de Gracia. En la conclusión las personas le preguntaron: “varones hermanos, ¿qué haremos?

Hechos 2:36-38:
(v.36) Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. (v.37) Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? (v.38) Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo [no en agua, sino en el nombre de Jesucristo] para perdón de los pecados; y recibiréis  [lambanō] el don del Espíritu Santo  [pneuma hagion].

Lo que uno recibe al momento de bautizarse en el nombre de Jesucristo es el don que proviene del Donador, no recibe al Donador. Ese espíritu:
nos da poder para servicio cristiano, 
es el testimonio que es Dios en Cristo en uno y
nos guía a toda la verdad.

Juan 16:13-15:
(v.13) Pero cuando venga el Espíritu [pneuma el don] de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (v.14) El me glorificará; porque tomará [lambanō] de lo mío, y os lo hará saber. (v.15) Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará [lambanō] de lo mío, y os lo hará saber.

Esta es la Palabra de Dios hablada por el mismo Jesucristo. El espíritu que recibimos, del corazón de amor de Dios al momento del nuevo nacimiento, nos guía a la verdad que se halla en Su Palabra y nos permite ver al Cristo glorificado y en la medida que renovemos nuestra mente a la Palabra nos volvemos más como Cristo.

Romanos 8:11 y 13:
Y si el Espíritu [pneuma el don] de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu [pneuma el don] que mora en vosotros.

No necesitamos esperar que retorne Cristo por nosotros para tener poder. Ocurre que ese poder de Dios es tan INMENSO que nos vivificará cuando Cristo retorne. ¡Así de grandioso es ese poder! En la medida que creemos la Palabra y la actuamos, haremos las obras que Jesús hizo y aún mayores pues ese ENORME poder desde lo alto nos habilita a las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

(v.13) Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu [pneuma el don] hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
Mientras nuestro redentor regresa por nosotros en aquel glorioso día tenemos el privilegio de manifestar, de distintas maneras en nuestra vida, el don que nos dio Dios de Su gracia.

Romanos 8:26 y 27:
26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu [pneuma el don] mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Ciertamente no puede ser Dios Quien interceda por nosotros con gemidos indecibles. En todos los casos el contexto determinará si habremos de ponerle mayúsculas a espíritu santo o no. En nuestro estudio, pero mucho más en nuestra vida como hijos de Dios es imprescindible conocer la diferencia entre el Donador y Su don a Sus hijos.

En tan poco tiempo de estar en el tema vemos la cantidad de posibilidades todas abiertas al hijo de Dios de inmediato después de renacer, de ser salvo. La debilidad, en este contexto, es que no sabemos qué hemos de pedir como conviene entonces ese espíritu que nos fue dado intercede por nosotros y en beneficio de nuestros hermanos en Cristo.

(v.27) Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
Ese maravilloso espíritu “multifunción” intercede por los santos, por nuestros hermanos, en nuestros pedidos a Dios conforme a la voluntad de Él.

Hechos 5:3:
Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo [El Donador. Uno no le miente al don], y sustrajeses del precio de la heredad? (v.4) Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios [Ananías le mintió al Donador].

Hechos 28:25:
Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo [el Donador] por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo...

Quien habló a través de Isaías fue Dios, el Espíritu Santo y pudo hacerlo pues había puesto espíritu con minúscula sobre Isaías.

Efesios 1:13 y 14:
13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, (v.14) que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
No fuimos sellados con el Donador sino que Él mismo nos selló con lo que nos dio: espíritu santo. Con ese regalo nos “selló” para que tengamos vía libre al momento que recibamos la total herencia del Reino de Dios una vez que regresemos con Cristo sobre la Tierra.

Qué maravilloso regalo de la gracia de Dios. La acción en reciprocidad, en alguna especie de retribución, al amor de Dios en la vida de uno no debiera ser menos que reorientar nuestros esfuerzos en pos de utilizar el completo potencial al alcance de nuestra creencia. Solamente haciendo eso estaremos ejerciendo poder para una vida abundante de servicio. Solamente renovando nuestras mentes a utilizar el total del potencial estaremos andando como Jesús anduvo proclamando el reino, echando fuera demonios y sanando a las personas.

Este poder desde lo alto es nuestra habilidad dada por Dios


para ser como Jesucristo y  por lo tanto representarlo

Nota del  Autor

Toda la Escritura utilizada en este artículo es de la Versión Reina Valera 1960[4] a menos que se especifique algo en contrario. Cada vez que aparezca resaltada alguna palabra dentro del texto de la Biblia, se trata del énfasis añadido por el autor.

Toda vez que se utilice una palabra de origen Griego será escrita en minúscula cursiva (Ej.: atomos). Y si se usara una palabra hebrea o aramea será escrita en mayúscula cursiva (Ej.: YARE). En ambos casos se puede utilizar la palabra raíz como cualquier otra forma gramatical de esa palabra en representación de la familia de palabras.

Debido a que los paréntesis se utilizan en el texto Bíblico; cada vez que exista una nota del autor estará colocada entre corchetes para diferenciarla.

Todas las citas de fuentes externas se notarán en esta otra tipografía para diferenciarlas del resto. Asimismo cuando la cita de la fuente sea de mayor longitud que la presentada en este artículo; se resumirá usando “...” indicando que hay mas información disponible para consulta en dicha fuente.

Cuando se haga referencia al texto griego o hebreo, ésta estará basada en dichos textos según sean presentados en ESword de Rick Meyer y/o de la Interlinear Scripture Analyzer de André de Mol y/o de En el principio era la Palabra.Todos programas de estudio Bíblico que pueden ser descargados a su PC mediante el link correspondiente en Links Útiles >Programas para el estudio de las Escrituras en el sitio web.

Las notas al final son una parte integral y necesaria del Estudio. Tienen el propósito de documentar, respaldar, ampliar, aclarar, o reforzar el tema que se trate.

Esta enseñanza somete a consideración del lector el tema que trata. Es más bien en algunos casos un punto de partida que propone, orienta y -desde ya- concluye con lo que el autor ha estudiado y debido a eso presentado de las Escrituras. No obstante, la Palabra de Dios es simplemente inagotable. El único que no necesita revisión es Dios mismo y Su Palabra según fue originalmente inspirada. Pero nuestro conocimiento y entendimiento  de las distintas maravillas presentadas en la Palabra de Dios siempre pueden ser y debieran ser sometidas al escrutinio[5] del estudiante. Entonces, el presente trabajo es presentado al estudiante Bíblico como una ayuda, una fuente más de consulta, de referencia y de estudio de la Palabra de Dios. La obra está lejos de pretender ser la única ni mucho menos la más sobresaliente obra de este tipo que exista. Ella no posee eminencia sobre ninguna otra ni es autoridad última sobre el tema. La autoría de la Palabra de Dios es la exclusividad del Padre Celestial y como tal es la fuente de conocimiento y autoridad única e inapelable.

SOLI DEO GLORIA

AUTOREduardo Di Noto
EDITOR: REV. RUBEN DARIO DAZA


[1] La palabra griega para este poder es dunamis
[2] Ob. Cit. A Critical... Pág. 626
[3] Que es lo mismo que decir que es salvo, hijo de Dios, tiene vida eterna, es renacido de simiente incorruptible, ha pasado de muerte a vida…
[4] La Santa Biblia Antiguo y Nuevo Testamentos, Antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Revisión de 1960. Sociedades Bíblicas Unidas, 1993
[5] Hechos 17:11

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