lunes, 17 de septiembre de 2012

JESUCRISTO RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS



Para Pablo, Jesucristo es una persona viviente y el protagonista del evento decisivo en la historia del mundo. El punto clave de la cristología paulina es “Aquel que fue crucificado y que manifestó así el inmenso amor de Dios por el ser humano, ha resucitado y vive en medio de nosotros”.



Capítulo XVIII


RESUCITÓ AL TERCER DÍA DE ENTRE LOS MUERTOS


En la resurrección de Jesucristo, el hombre es redimido y destinado de una vez y para siempre encontrar su justicia en Dios contra todos sus enemigos; y liberado de esta manera, vive una nueva vida, en la cual ya no tiene delante de sí el pecado, y por consiguiente la maldición, ni la muerte ni el sepulcro ni el infierno, sino que todo esto ya lo ha dejado detrás de sí.

 
El mensaje de Resurrección es: "Resucitó al tercer día de entre los muertos"; y significa que Dios no se humilló en vano en su Hijo; antes bien, obrando así, lo hizo también para su propia gloria y para confirmación de su gloria. Al triunfar su misericordia, justamente, en su humillación, se realiza la exaltación de Jesucristo. Si antes dijimos que en la humillación se trataba del Hijo de Dios y por lo tanto de Dios mismo, ahora hemos de subrayar que se trata de la exaltación del hombre. El hombre es glorificado en Jesucristo y destinado a una vida para la cual Dios le ha hecho libre en la muerte de Jesucristo. Dios ha abandonado, por así decirlo, el espacio de su gloria y el hombre puede ahora pasar a ocuparlo. Este es el anuncio de Resurrección, el fin y objeto de la reconciliación, la redención del hombre. Es la meta que ya se hacía visible el Viernes Santo. En tanto Dios intercede por el hombre (los escritores del Nuevo Testamento no han temido emplear el término de "pagado") éste es un rescatado.
 
La palabra griega Apolytrosis es vocablo forense para designar el rescate de un esclavo. He aquí la meta: el hombre es puesto en una nueva situación jurídica; ya no pertenece a Aquel que tenía derecho sobre él, no pertenece al terreno de la maldición, y la ley de la muerte y el infierno, sino que ha sido trasladado al "Reino de su amado Hijo". Significa esto que legalmente no le son ya reconocidos su estado, su constitución, su estatus jurídico como pecador. Dios no considera ya al hombre en serio como pecador. Sea el hombre lo que quiera, dígase de él lo que se diga, repróchese él mismo lo que fuere, Dios ya no lo toma en serio como pecador.
 
El hombre en Cristo ha muerto al pecado... allá, en la cruz del Gólgota. Para el pecado, el hombre ya no sufre las consecuencias tan terribles de la ley del pecado y la muerte. Y es que Dios lo ha reconocido y señalado como justo, como uno que agrada a Dios. El hombre tal como se halla en el mundo, no deja de tener su existencia en el pecado y por consiguiente en su culpa, pero esa existencia se halla detrás de él. El cambio ha sido realizado definitivamente. No es que se trate de que podamos decir: Yo me he cambiado definitivamente, yo he hecho la experiencia... No; ese "una vez para siempre", ese "de-finitivamente" es el de Jesucristo. Sólo que si creemos en Cristo, ello tiene validez también para nosotros. En Jesucristo, muerto por el hombre, y conforme a su resurrección, el hombre es el Hijo amado de Dios que puede vivir del agrado de Dios y para agrado de Dios, por consiguiente no somos más criaturas de Dios sino hijos de Dios, adoptados por la intervención poderosa de nuestro Padre Celestial en Jesucristo.
 
La filiación divina
3:1 ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios,
y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce,
es porque no lo ha reconocido a él.
3:2 Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios,
y lo que seremos no se ha manifestado todavía.
Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él,
porque lo veremos tal cual es.
La conducta de los hijos de Dios
3:3 El que tiene esta esperanza en él, se purifica, así como él es puro.
3:4 El que comete el pecado comete también la iniquidad,
porque el pecado es la iniquidad.
3:5 Pero ustedes saben que él se manifestó para quitar los pecados,
y que él no tiene pecado.
3:6 El que permanece en él, no peca, y el que peca no lo ha visto ni lo ha conocido. 3:7 Hijos míos, que nadie los engañe:
el que practica la justicia es justo,
como él mismo es justo.
3:8 Pero el que peca procede del demonio,
porque el demonio es pecador desde el principio.
Y el Hijo de Dios se manifestó
para destruir las obras del demonio.
3:9 El que ha nacido de Dios no practica el pecado,
porque la simiente de Dios permanece en él;
y no puede pecar, porque ha nacido de Dios.

Este es el mensaje de Resurrección que en la epístola de 1 de juan 3 nos enseña. El problema del pecado ya fué solucionado y los que se adhieren a Dios aceptando y confesando a Jesucristo como el Señor de sus vidas (Romanos 10:9-10) obtenemos la justicia y salvación. 
 

Romanos 10:9-10

9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
 
Se comprende pues que en la resurrección de Jesucristo en realidad se trata simplemente de la revelación del fruto todavía escondido de la muerte de Cristo. El cambio antes mencionado es precisamente lo que está aún oculto en la muerte de Cristo, oculto bajo el aspecto en que aparece allí el hombre, consumido por la ira de Dios. El Nuevo Testamento atestigua que ese aspecto del hombre no es el sentido del suceso del Gólgota, sino que detrás de ese aspecto se esconde el verdadero sentido del suceso, sentido que se revela al tercer día. En este día tercero se inicia una nueva historia del hombre, de modo que cabría dividir también la vida de Jesús en dos grandes períodos: El primero de treinta y tres años, hasta su muerte; y el segundo, muy breve y decisivo, de cuarenta días, que son los habidos entre su muerte y su ascensión a los cielos.


Al tercer día comienza una nueva vida de Jesús. Pero simultáneamente empieza al tercer día un nuevo eon35, una nueva forma del mundo, después que, en la muerte de Jesucristo, el mundo antiguo fue completamente desechado y concluido. Y esto es la Resurrección: iniciación de un tiempo y un mundo nuevos en la existencia de Jesús hombre, el cual ahora, como portador triunfante y victorioso, como aniquilador de la carga del pecado del hombre que le fue impuesta, empieza una nueva vida. La Iglesia primitiva vio en esa distinta existencia de Jesucristo no sólo, digamos, una continuación sobrenatural de lo que hasta entonces fue su vida, sino una vida completamente nueva, la vida de Jesucristo glorificado, y en ello, simultáneamente el principio de un mundo nuevo. (Vanos son los intentos de relacionar la Resurrección con ciertas renovaciones como las que tienen lugar en la vida creada; por ejemplo, en primavera, o, también, en el despertar matutino del hombre etc. etc. Pero a la primavera sigue el invierno inevitablemente y al despertar sigue, después, el sueño. En todo esto se trata de un movimiento cíclico del renovarse y envejecer. ¡Pero la renovación de Resurrección es una renovación definitiva!)



Según el Nuevo Testamento, se anuncia en la resurrección de Jesucristo que la victoria de Dios en favor del hombre ya ha sido ganada en la persona de su Hijo. Primeramente, es la Resurrección la gran prenda de nuestra esperanza; pero, al mismo tiempo, ese futuro se hace ya actualidad en el mensaje de Resurrección: el anuncio de una victoria lograda ya. La guerra ha terminado..., aunque aquí o allá algunas unidades del ejército sigan disparando por ignorar la capitulación. El juego está ya ganado. . ., aunque el contrincante pueda seguir haciendo algunas tiradas todavía. ¡Prácticamente ya está en jaque mate! El reloj ha gastado toda su cuerda..., aunque el péndulo prosiga oscilando un par de veces.

Nosotros estamos viviendo en ese espacio intermedio! "¡Las cosas viejas pasaron! he aquí', todo es hecho nuevo!"36. El mensaje de Resurrección nos dice que el pecado, la maldición y la muerte, nuestros enemigos, en fin, han sido vencidos. Por fin ya no pueden causar ningún mal. Claro está que siguen comportándose como si el juego aún estuviese indeciso, como si no hubiese sido librada la batalla; por eso hemos de contar aún con ellos, pero, en el fondo, no tenemos por qué temerles.
 
Quien haya oído el anuncio de Resurrección, no puede seguir andando por ahí con rostro trágico ni llevar la existencia malhumorada del que no tiene esperanza. Jesús ha vencido: Esto es lo único que vale... y lo único verdaderamente serio. Toda seriedad que al llegar aquí quisiera volver la vista atrás como la mujer de Lot, no es seriedad cristiana. Posiblemente habrá fuego a nuestras espaldas (en realidad, está ardiendo!), pero no es eso lo que debemos mirar, sino lo otro, o sea, que somos llamados y estamos invitados a tomar en serio la victoria de la gloria de Dios en ese hombre, que es Jesús, y a alegrarnos de ella.
 
Entonces viviremos en agradecimiento, pero no en temor. La resurrección de Jesucristo revela y lleva a cabo ese anuncio de la victoria. No interpretemos la Resurrección como "un proceso espiritual. Es preciso oír y escuchar que se nos diga que hubo un sepulcro vacío y que más allá de la muerte se ha visto una nueva vida. "Este (el hombre salvado de la muerte) es mi Hijo amado: A él oíd"37. En la Resurrección sucede y se manifiesta aquello que fue anunciado en el Bautismo del Jordán. Y a los que esto saben les es anunciado el final del mundo viejo y el principio del nuevo. Todavía han de recorrer un breve trecho hasta que se haga visible que Dios lo ha consumado todo por ellos en Jesucristo.


 
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35. Eon en el sentido de mundo. N. del T.

36. 2 Cor. 15:17. 
37. Marcos 9:7

SOLI DEO GLORIA

REV. RUBEN DARIO DAZA

miércoles, 12 de septiembre de 2012

JESUCRISTO CRUCIFICADO Y MUERTO




Capítulo XVII

 
CRUCIFICADO, MUERTO, SEPULTADO, DESCENDIÓ
A LOS INFIERNOS

En la soberanía de Dios, quiso en su Santa Voluntad,
que su hijo Jesucristo fuese humillado y sacrificado.
En la muerte de su Hijo se ha prestado Dios a ejecutar
su derecho frente al hombre pecador de forma que
Él mismo se pone en su lugar y así la maldición
que cae sobre el hombre, el castigo que merece, 
el pasado al que se acerca presuroso,
el abandono en que se halla,
lo toma Él sobre sí y con ello libra al hombre
de toda condenación, con el fin de que en él reciba
justificación, santificación, vida, sanidad, fuerzas para el fatigado
y descanso para los débiles.



El misterio de la encarnación se desenvuelve hasta convertirse en el misterio del Viernes Santo y de Resurrección. Y sucede nuevamente lo mismo que tantas veces en todo este misterio de la fe, o sea: es preciso ver ambos aspectos en conjunto, es necesario entender el uno partiendo del otro. No puede negarse que en la historia de la fe cristiana siempre ha sido así, que el peso del conocimiento del cristiano ha gravitado más sobre un lado que sobre otro. Es factible hacer constar como la Iglesia de Occidente muestra decidida inclinación por la teologia de la cruz, es decir, por hacer resaltar y por subrayar que Cristo fue entregado a causa de nuestras transgresiones.

La Iglesia Oriental, en cambio, acentúa más el ¡Resucitó para justificación nuestra!; con esto se inclina esta Iglesia más hacia la tipología gloriae. Carecería de verdadero sentido el enfrentar en esta cuestión ambas actitudes. Es sabido que Lutero desarrolló desde un principio intensamente la actitud occidental, poniendo en alto la teologia de la cruz (theologia crucis) y no la teologia de la gloria (theologia gloriae). Y Lutero tenía razón. Sin embargo, no se debe construir y fijar el contraste, toda vez que no hay theologia crucis posible sin su complemento que es la theologia gloriae. Ciertamente, no hay resurrección sin Viernes Santo; pero igualmente seguro es que no hay Viernes Santo sin resurrección.

Con la mayor facilidad se construye en el cristianismo demasiada tribulación y con ello también aspectos que huelen a aposento cerrado. En cambio, si la cruz es la cruz de Jesucristo y no una especulación sobre la cruz, que, en el fondo, cualquier pagano también podría llevar a cabo, entonces será imposible olvidar y pasar por alto que el crucificado resucitó al tercer día de entre los muertos. Siendo esto así, se celebrará el Viernes Santo de una manera completamente distinta e incluso quizás fuera conveniente no cantar el Viernes Santo los himnos, melancólicos y tristes, de Pasión, sino los himnos de resurrección. Lo sucedido el Viernes Santo no es algo digno de lamentaciones, pues El ha resucitado.

He querido decir esto de antemano, y ruego que lo que hemos de exponer acerca de la muerte y Pasión de Cristo no vaya a entenderse de forma abstracta, sino mirando ya por encima de ello al lugar donde se revela su gloria.

La antigua Teología describía este centro de la Cristología bajo los dos conceptos principales: humillación (exinanitio) y exaltación (exaltatio) de Cristo. ¿Qué significa, sin embargo, humillación y glorificación o exaltación?

La humillación de Cristo todo lo encierra en sí, empezando por "padeció bajo Poncio Pilatos" y manifestándose decididamente en "crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos". Indudablemente, primero es la humillación de ese hombre que sufre y muere y entra en las más profundas tinieblas. Pero lo que da importancia a su humillación y entrega de ese hombre es que Él es Hijo de Dios, o sea, que no es otro sino Dios mismo humillándose y entregándose en su Hijo.


Y si frente a esto se alza como misterio de Resurrección la exaltación de Cristo, esta glorificación es, sin duda, una auto glorificación de Dios, es su gloria la que triunfa: "Dios se levanta con júbilo". Sin embargo el verdadero misterio de Resurrección no consiste en que Dios sea glorificado, sino que tiene lugar una glorificación del hombre y que éste sea elevado hasta la diestra de Dios y pueda triunfar sobre el pecado, la muerte y el diablo.

 


Teniendo presente todo esto, la imagen que se nos muestra es la de un trueque incomprensible, o sea, un cambio. La reconciliación del hombre con Dios sucede cuando el Hijo de Dios se pone en lugar del hombre y éste es colocado en lugar del Hijo, realizándose todo ello pura y absolutamente como un acto de la gracia. Precisamente este milagro incomprensible es nuestra reconciliación.

Si el Credo, tan parco en el empleo de palabras, hace resaltar el "crucificado, muerto y sepultado", incluso de modo puramente externo, apelando al detalle y buscando expresarlo todo; si también los Evangelios se extienden tan amplísimamente al relatar la historia de la crucifixión; si en todas las épocas siempre resaltó la cruz de Jesús como verdadero punto central de toda la fe cristiana; si en cada siglo ha vuelto a sonar el ave crux única spe mea (Te saludo cruz, única esperanza mía); consideremos que no se trata de la glorificación y acentuación del cruento martirio del fundador de una religión (existen, sin duda, historias de mártires todavía más impresionantes..., pero lo impresionante no es lo esencial), ni tampoco de la expresión y posición de dolor del mundo en general, como si dijéramos: la cruz es el símbolo de la limitación de la existencia humana. Pensando así, nos alejaríamos del conocimiento de aquellos que han dado testimonio de Jesucristo crucificado.

Según el testimonio apostólico, la crucifixión de Jesucristo es la obra y acción concreta de Dios mismo. Dios adopta un cambio por sí mismo, Él se acerca demasiado a sí mismo, Dios no considera una usurpación el ser divino, es decir; no retiene el botín como un salteador, sino que se despoja a sí mismo. La gloria de su divinidad es que Él también carece de todo egoísmo y es capaz de desprenderse de todo. No se hace El infiel a sí mismo, pero su fidelidad a sí mismo se demuestra en que Él no se ve reducido a permanecer dentro de su propia divinidad. Lo profundo de la divinidad, la grandeza de su gloria se manifiestan, justamente, en que también pueden ocultarse por completo en todo lo contrario de ellos, es decir, en la mayor perdición y más angustiosa miseria de la criatura.

Lo que en la crucifixión de Cristo sucede es que el Hijo de Dios se apropia lo que corresponde forzosamente a la criatura en rebeldía, que pretende desligarse de su calidad de "creada" para erigirse en "creadora". El Hijo de Dios hace suyo el estado angustioso de esa criatura y no la deja entregada a sí misma. Asimismo, no se contenta con ayudarle sólo exteriormente o con saludarle desde lejos, sino que hace suya la miseria de su criatura. ¿Para qué? Para que su criatura pueda ser libertada; para que el peso que sobre sí misma ha cargado sea llevado, sea quitado de ella. La criatura tendría que perderse bajo su carga; pero Dios no lo quiere así, sino que Él quiere la salvación de la criatura. Tan grande es la perdición de ella, que sin la entrega de Dios mismo para salvarla todo lo demás sería poco. Mas Dios es tan grande que su voluntad es entregarse a sí mismo.

He aquí la reconciliación: Dios, que interviene por nosotros. Dicho entre paréntesis: No hay doctrina acerca de este misterio central capaz de entender y expresar concluyente y exactamente cómo se pone aquí Dios en nuestro lugar. No se confunda tampoco mi teoría de la reconciliación con la cosa misma. Todas las teorías de la reconciliación serán únicamente indicaciones. Pero póngase la atención en ese ''por nosotros"; ¡que nadie se permita tachar nada en esa expresión! ¡Esto es lo que tiene que expresar toda la teoría de la reconciliación!

En la muerte de Jesucristo ha ejecutado Dios su derecho; en esa muerte ha obrado Dios como juez frente al hombre. Este se ha encaminado al lugar donde había de pronunciarse sobre él la sentencia divina y donde inevitablemente tenía que cumplirse.  El hombre está ante Dios como pecador, como un ser que se ha apartado de Dios y se ha negado a ser lo que le era dado ser; el hombre se rebela contra la gracia, que le parece poco, y se aleja de la gratitud. Su vida humana consiste en ese alejamiento continuo, en ese pecar, ya sea grosera o gentilmente. Este pecar lleva al hombre a una situación angustiosa incomprensible: adopta una actitud imposible ante Dios, se coloca donde Dios no pueda verle, se pone, por así decirlo, a espaldas de la gracia de Dios. Pero el reverso del sí divino es el no divino: el juicio. Y si irresistible es la gracia divina, igualmente irresistible es el juicio divino.


 




"Crucificado, muerto, sepultado..." con respecto a Cristo, hemos de entenderlo ahora como los efectos del juicio divino ejecutado en el hombre y como expresión de aquello que se cumple de hecho en el hombre. Crucificado: la crucifixión de cualquier israelita significaba maldición, no sólo del reino de los vivos, sino del pacto con Dios, separación del círculo de los elegidos. Crucificado quiere decir: desechado, entregado al patíbulo de los gentiles. Pongamos en claro que en el juicio de Dios, en aquello que la criatura humana, por pecadora, tiene que sufrir, se trata de ser desechado y maldecido. "¡Maldito aquel que muere en el madero"30. Lo que le sucede a Cristo en la cruz es lo que debía habernos sucedido a nosotros.

Muerto: su muerte es el fin de todas las posibilidades de vida que existen. Morir significa apurar la última de las posibilidades que nos han sido concedidas. Interprétese la muerte física o metafísicamente, y sea lo que fuere lo que sucede al morir, una cosa es cierta: en la muerte su-cede lo último, la última acción posible dentro de la existencia de la criatura. En cuanto a lo que haya al otro lado de la muerte, será en todo caso otra cosa que una continuación de esta vida. La muerte significa verdaderamente al final. Este es el juicio bajo el que nuestra vida se halla: nuestra vida espera la muerte. Nacer y crecer, madurar y envejecer es ir al encuentro del momento en que acabaremos definitivamente todos nosotros. Vista de este modo la cuestión, la muerte es un elemento en nuestra vida, en el que es preferible no pensar.

Sepultado: cuan insignificante y, al parecer, superfluo es esto. Pero no figura en vano en el credo. Algún día también seremos nosotros sepultados, alguna vez saldrá un grupo de personas camino del cementerio, y pondrán un ataúd en la tierra, y todos volverán a sus casas; todos menos uno, y ese uno seré yo. El sello de la muerte será que me sepultarán como una parte superflua y molesta en el reino de los vivientes. "Sepultado"... Esto es lo que presta a la muerte carácter de perecer, de corromperse y a la existencia humana el carácter de lo perecedero y de corrupción. ¿Qué es, pues, la vida humana? Acercarse apresuradamente al sepulcro. El hombre se apresura hacia su fin, un fin sin porvenir alguno, un fin que es lo definitivamente postrero. Todo cuanto somos, habrá sido y se destruirá en corrupción. Acaso quede aún un recuerdo mientras haya personas que nos recuerden. Pero también ellas morirán y así concluirá también aquel recuerdo. No existe en la historia humana ningún gran hombre que no acabe por convertirse, al fin, en un hombre olvidado. Esto es lo que significa "Sepultado": y este es el juicio sobre el hombre: Una vez en el sepulcro, acabará por caer en el olvido. Y la respuesta de Dios al pecado es ésta: Con el hombre pecador no hay otro remedio, sino el enterrarlo y olvidarlo.
 



Descendió a los infiernos: la imagen que el antiguo y el Nuevo Testamento ofrecen del infierno difiere de lo que épocas posteriores han imaginado. El infierno, el lugar de inferi31, el hades, según el Antiguo Testamento, es ciertamente, el lugar del tormento, de la separación completa donde el hombre únicamente existe como no siendo, únicamente como sombra. Los israelitas se figuraban ese lugar como un lugar donde los hombres sólo flotaban como sombras temblorosas. Lo peor de la estancia en el infierno es, según el Antiguo Testamento, que los muertos ya no pueden alabar a Dios, ni ver más su rostro, ni tomar parte en los actos cúlticos de Israel. Se trata, pues, de una separación de Dios, y esto es lo que hace tan terrible a la muerte, y al infierno verdadero infierno. Estar el hombre separado de Dios significa hallarse en el lugar de los tormentos. "Lloro y crujir de dientes": Nuestra imaginación no alcanza hasta esta realidad, hasta ese ser sin Dios. El ateo ignora lo que es estar sin Dios.


Estar sin Dios es la existencia en el infierno32. ¿Podría ser otro el resultado del pecado? ¿No se ha extendido horizontalmente con su acción el hombre de Dios? Y la confirmación de ello, simplemente, "descendió a los infiernos". El juicio de Dios es justo, o sea, da al hombre lo que éste deseaba. Dios no sería Dios, ni el Creador creador, ni el hombre hombre si cupiera la posibilidad de prescindir de ese juicio y su cumplimiento.

Pero resulta que el Credo dice que el cumplimiento de la sentencia ha sido realizado por Dios de modo que Él, Dios mismo, en su Hijo Jesucristo —Dios verdadero y hombre verdadero al mismo tiempo— se pone en el lugar del hombre condenado. La sentencia divina es llevada a cabo, el derecho de Dios se realiza, pero se realiza de modo que lo que el hombre habría de padecer es padecido por ese Único33 que, como Hijo de Dios, se pone en lugar de los demás.

La soberanía de Jesucristo que ante Dios se pone en lugar nuestro, consiste en que carga sobre sí con aquello que nos corresponde a nosotros. En el punto en que nosotros somos maldecidos y culpables y estamos perdidos, Dios mismo se hace en Cristo garante nuestro. El, en su Hijo, es el que en la persona de ese hombre crucificado en el Gólgota carga con todo lo que tendríamos que llevar nosotros. Así es cómo El acaba con la maldición. Dios no quiere que el hombre se pierda, no quiere que el hombre pague lo que habría de pagar, o, dicho de otra manera: Dios aniquila el pecado. No hace Dios esto a pesar de su justicia, sino que ésta consiste precisamente en que El, el Santo, intercede por nosotros, los impíos; El quiere salvarnos y nos salva. El Antiguo Testamento no da a la justicia (divina) el sentido de la justicia del juez que hace pagar al culpable, sino que es la obra de un juez que ve en el acusado un desgraciado, al que desea ayudar en tanto le pone en buen camino.
 

A esto se lo llama justicia. Justicia significa levantar, poner en pie al caído. Y esto es lo que hace Dios. No por eso deja de cumplirse el castigo ni de sobrevenir la angustia, pero ello sucede en tanto El se pone en el lugar del culpable: ¡El, que tiene poder para hacerlo; El, que está justificado al desempeñar el papel de su criatura! No existe pugna alguna entre la misericordia de Dios y su justicia. "Su Hijo no le es demasiado caro. —No, Él le entrega por mí, para librarme del fuego eterno—. Por su carísima sangre34. He aquí el misterio del Viernes Santo.

Sin embargo, miramos realmente más allá del Viernes Santo al decir que Dios ocupa nuestro lugar y toma sobre sí mismo nuestro castigo. Con eso nos lo quita de hecho. Todo padecer, toda tentación, incluso nuestra muerte, son solamente la sombra del juicio Divino que Dios ha cumplido ya en favor nuestro. Lo que, en verdad, habría de habernos tocado a nosotros ha sido apartado y alejado de nosotros en la muerte de Cristo. Así lo expresa la palabra de Cristo en la cruz, cuando exclama: "¡Consumado está!". Frente a la cruz de Cristo se nos invita, pues, a reconocer, por un lado, la magnitud y el peso de nuestro pecado, considerando lo que ha costado el que podamos tener perdón. En rigor, sólo hay conocimiento del pecado a la luz de la cruz de Cristo. Porque únicamente el hombre que sabe que le ha sido perdonado su pecado, comprende lo que es el pecado. Por otro lado, nos es dado poder reconocer que el precio ha sido ya pagado, de manera que somos absueltos del pecado y sus consecuencias. Nosotros no tenemos que pagar ya nada más. Hemos sido absueltos gratuitamente, sola gratia, por la propia intervención de Dios en favor nuestro.

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30. Gál. 3:13. 
31. De abajo. 


32"Estar sin Dios" no corresponde exactamente al vocablo — "sin Dios" o, en castellano, ateo. Pero "a-teísmo" parece traducción menos propia que "estar o vivir sin Dios". 
33. Barth dice: "von Diesem Einen" y no "von Diesem Einzigen"; pero la traducción textual de "por ese Uno" tendría menos sentido que "por ese Único" que se basa en el mismo Credo. N. del T.
34. Himno de las Iglesias de lengua alemana.

SOLI DEO GLORIA
REV. RUBEN DARIO DAZA B.

Lo invito a participar de este hino que me ha parecido precioso:



 

PONCIO PILATOS: La Vida y pasión de Jesucristo




Capítulo XVI

BAJO PONCIO PILATOS


La vida y pasión de Jesucristo es, según la relación entre Él y el nombre de fondo Pilatos, un suceso de la misma Historia universal en la que también está sucediendo en nuestra propia vida. Por la colaboración de ese político, el suceso adquiere exteriormente el carácter de una acción en la cual tanto la actuación y justicia divinas como también la maldad e injusticia humanas se manifiestan al orden estatal de lo que sucede en el mundo e incluyen sobre ello.

¿Cómo ha entrado Poncio Pilatos en el Credo? Podría contestarse brutal y mordazmente: ¡Como el perro en la sala de visita! Como la política en la vida humana y también, de un modo u otro, en la Iglesia! ¿Quién es Poncio Pilatos Indudablemente, una figura desagradable y muy mal vista, con un carácter marcadamente adusto. ¿Quién es Poncio Pilatos? Pues un funcionario de lo más subalterno, una especie de comandante de plaza impuesto por el régimen militar de una potencia ocupante en Jerusalén. ¿Qué papel desempeña Pilatos? La congregación local judía había tomado un acuerdo, pero carecía de autoridad para ponerlo en práctica: la sentencia de muerte acordada necesitaba la legalización y ejecución por parte de Pilatos. Este, después de algunas vacilaciones, hace lo que le piden. Es, pues, un hombre de poca "importancia en el desempeño de un papel completamente exterior, porque lo más esencial, lo espiritual-eclesiástico tiene lugar entre Israel y Cristo, en el Sinedrio que le acusa y deshecha. Pilatos, vestido de uniforme, simplemente está ahí y se hace uso de él, y su papel no es nada brillante: reconoce la inocencia del acusado y, no obstante, le condena a muerte. Debería obrar con estricta justicia, mas en vez de hacerlo así, se deja influir por "consideraciones políticas". No se atreve a hacer prevalecer el Derecho, sino que cede a la gritería del pueblo, entrega a Jesús y la cohorte soldadesca le crucifica por orden suya. Cuando en medio de la confesión de fe de la Iglesia Cristiana, en el momento en que vamos a entrar en el espacio del misterio más profundo de Dios, se manifiestan tales cosas, es como para exclamar con Goethe: "¡Una canción fea, qué asco; una canción política!" Pero ahí está: "bajo Poncio Pilatos"; y por eso hemos de preguntarnos lo que, en el fondo, significa eso. La escritora inglesa Dorothy L. Sayers ha escrito una pieza para la radio inglesa, titulada: El hombre nacido para ser rey. Explica en ella el sueño de Procla, la mujer de Pilatos, diciendo que en dicho sueño ha oído cómo al través de los siglos todas las lenguas de la tierra proclamaban: "¡Padeció bajo Poncio Pilatos!" ¿Cómo es que figura Pilatos en el Credo?

El que este hombre vaya unido a la pasión de Cristo significa claramente que el sufrir de Cristo, la manifestación de la rebelión humana y de la ira divina, y así también la misericordia divina, no han sucedido en el cielo ni en ningún lejano planeta, ni tampoco en algún mundo de ideas, sino que ha sucedido en nuestro tiempo, en medio de la Historia universal en la que también se desenvuelve nuestra vida humana. Por consiguiente, no tenemos por qué rehuir esta vida, ni buscar refugio en una tierra mejor o en alguna región elevada, desconocida, ni tampoco en fantasías espirituales o en un país de las hadas cristiano: Dios vino a nuestra vida tal como ella es, con toda su fealdad y su terrible aspecto. El que el Verbo se hiciera carne significa también que se hizo temporal e histórico. El Verbo adoptó la forma correspondiente a la criatura humana, una forma que exhiben personas como, precisamente, Poncio Pilatos.
 
Estamos ligados a tales personas e incluso poseemos nosotros mismos una buena parte de sus cualidades. No hay por qué cerrar los ojos ante ello, pues Dios tampoco los ha cerrado, sino que ha entrado en todo ello. La encarnación del Verbo es un suceso altamente concreto en el cual le está permitido a un nombre humano desempeñar un papel determinado. La Palabra de Dios posee el carácter de una verdad histórica. Vana es la opinión de algunos teólogos liberales, según el cual la Palabra de Dios es una "verdad racional eterna", pero no una "verdad histórica casual". Sí; la historia de Dios es una verdad histórica casual igual que ese insignificante comandante de plaza: Poncio Pilatos.
 
Dios no se ha avergonzado de existir dentro de esa casualidad. Conforme a la mención de Poncio Pilatos, también la vida y pasión de Jesús pertenece a los factores determinantes de nuestro tiempo e historia humanos. No hemos sido abandonados en este mundo terrible, antes bien Dios ha venido a buscarnos en ese lugar que nos es tan extraño25.
 
Lo que se hace bien patente es que ese mismo hecho de que a Jesucristo no le quede otro remedio sino padecer y morir bajo Poncio Pilatos, caracteriza la Historia universal como una historia enormemente problemática. Aquí se revela que se trata del mundo perecedero, del viejo eón, de un mundo cuyo típico representante, Poncio Pilatos, se muestra completamente débil y perdido frente a Jesús. El imperio romano se pone en ridículo lo mismo que Pilatos como gobernador del gran "Kyrios" (Señor) de Roma. Este aspecto tiene toda la vida política a la luz del Reino de Dios que se acerca: todo está a punto de derrumbarse, todo aparece vencido y confundido de antemano. Esto es un lado de la cuestión: Este mundo al cual ha venido Cristo es iluminado por El poniéndose así de manifiesto toda su fragilidad.
Pero sería falso detenerse ahora aquí: porque el episodio de Pilatos resalta demasiado en los cuatro Evangelios para poder conformarnos con decir: Pilatos es, sencillamente, el hombre mundano en general. Pilatos es, además, el estadista y el político y, por consiguiente, el encuentro entre el mundo y el Reino de Dios es aquí un encuentro especial. No se trata aquí del encuentro entre el Reino de Dios y la polis26. Pilatos defiende un orden enfrente del otro orden representado por Israel y la Iglesia. Pilatos es el representante del César Tiberio. Representa la Historia universa!, en tanto ésta aparece en todos los tiempos ordenada estatalmente.
 
"Padeció bajo Poncio Pilatos" significa, pues, también que Jesucristo se supeditó al orden estatal: "No tendrías ninguna potestad sobre mí si no te hubiese sido dada desde arriba''27. Jesucristo aplica con todo rigor sus propias palabras: "Dad a César lo que es del César"28, Y da al César lo suyo: no ataca la autoridad de Pilatos. Padece, sí, pero no protesta de que Pilatos sea quien haya de pronunciar la sentencia.
 
Para expresarlo de otro modo: el orden estatal, la polis, es el espacio en que tiene lugar su obra, la obra del Verbo eterno de Dios. Es el espacio dentro del cual, según la humana opinión, se decide bajo amenazas y con aplicación de la fuerza física el derecho y la injusticia en la vida externa del hombre. Y eso es el Estado, eso mismo que denominamos política. Todo cuanto sucede en el terreno político siempre será de un modo u otro la aplicación de aquel intento. Lo que en el mundo sucede siempre aparece ordenado estatalmente, aunque por suerte no todo depende de lo estatal. Jesucristo aparece en medio de ese mundo estatalmente ordenado y, padeciendo bajo Poncio Pilatos, toma también parte en dicho orden. Por eso vale la pena de reflexionar sobre el significado de un hecho tal, de percibir lo que ahí se muestra con vistas al orden externo o sea lo que se muestra mirado desde el Señor doliente con vistas a toda la realidad que es Poncio Pilatos.

No es este el lugar para desarrollar la doctrina cristiana del Estado, doctrina inseparable de la doctrina cristiana de la Iglesia. Sin embargo, algo hemos de decir sobre ello, toda vez que el encuentro de Jesús y Pilatos contiene en pocas palabras todo cuanto el Evangelio da lugar a que se piense y diga acerca del campo de la polis.
 
En primer lugar se advierte aquí, sin duda alguna, cómo se muestran el orden y poder estatales, representados por Pilatos frente a' Jesús, en su aspecto negativo, en su total inversión e injusticia. Podría decirse que en nuestro caso se pone de manifiesto como nunca el Estado como Estado de Injusticia y también aquí, se ve como nunca cómo el Estado puede caer en ridículo y la política revelarse como un monstruo. ¿Qué hace Pilatos?
 
Pues lo que siempre han hecho más o menos los políticos, lo que es inherente a las prácticas políticas concretas de todos los tiempos: Pilatos intenta salvar el orden en Jerusalén y mantenerlo de esta manera para salvaguardar su propia posición potestativa; para conseguirlo renuncia al derecho claro y potente, aunque su cargo es precisamente la defensa de dicho derecho. ¡Extraña contradicción! Pilatos ha de decidir lo que sea justo o injusto, pues esto es su "razón de ser"29, pero a fin de mantenerse en su posición, "por temor a los judíos", renuncia a hacer realmente lo que es su obligación... y cede.
 
No es que condene a Jesús (no puede condenarlo, pues lo considera inocente), pero lo entrega. Y al entregar a Jesús, se entrega también él mismo. El Estado, precisamente, resulta, como tal, vilipendiado, y escarnecido, en tanto Pilatos se convierte en el arquetipo de todos los perseguidores de la Iglesia; en tanto asoma ya en él el futuro Nerón; en tanto, pues, se manifiesta en Jerusalén el Estado de Injusticia. En la persona de Pilatos se aparta el Estado de su propia razón de existir para trocarse en "cueva de ladrones", el Estado "gángster", en un orden impuesto por una pandilla irresponsable.
 
He aquí la polis; a esto se lo llama política. Nada tiene de extraño que se prefiera encubrir el rostro ante tal Estado. Si el Estado ha venido mostrándose únicamente así durante años y décadas, ¿es de admirar que nos hayamos cansado de todo el campo político? Realmente; el Estado, visto así, encarnado en la figura de los Pilatos, es la polis como genuino contraste frente a la Iglesia y el Reino de Dios. Es el Estado descrito en el capítulo 12 del Apocalipsis como la bestia de los abismos acompañada del otro monstruo de enorme boca que alaba y glorifica incansablemente a la bestia. El padecer de Cristo acaba de descubrir, por poner en crisis y por condenar a esa bestia, que se denomina polis.
Mas con esto no queda dicho todo, ni tampoco podemos conformarnos con ello. Al ponerse de manifiesto en Pilatos la degeneración del Estado, y mostrarse, por consiguiente, el Estado de injusticia, no por eso deja de reflejarse en ese espejo cóncavo el orden bueno y superior de Dios, aquí implantado, de carácter permanente e influyente, el Estado como debe ser, el Estado que aunque escarnecido por actos humanos injustos no puede ser puesto a un lado como tampoco puede serlo la verdadera Iglesia, ya que se fundamenta en la institución y orden divinos. El que Pilatos abuse de su poder no significa que dicho poder no le haya sido concedido por Dios. Así lo reconoció Jesús, y también Pablo amonesta más tarde a los cristianos de Roma a reconocer, incluso en el Estado neroniano, la institución y orden Divinos, a someterse a dicho orden y distanciarse, pues, de todo cristianismo apolítico, sintiéndose, al contrario, responsables de la conservación de dicho Estado.
 
 
 
El orden estatal, como tal, es orden divino, y así se ve también en el caso de Pilatos, en tanto él obrando como mal estadista, entrega a Jesús a la muerte, y sin embargo no puede por menos de declararle solemnemente inocente..., con lo cual obra como buen estadista. Pero por encima de esto se muestra con inmensa impresionabilidad que ese mal estadista que es Pilatos, desea y ejecuta, sin duda, lo contrario de lo que como buen estadista tendría que apetecer y realizar: Devuelve la libertad a Barrabás y entrega a Jesús a la muerte, y así difiriendo de lo previsto en 1 Pedro 2:14, "los malos reciben recompensa y los buenos castigo".
 
Pero obrando de esta forma, Pilatos al final (¡esto no le disculpa, pero sí justifica la sabiduría de Dios!) se ve obligado a ejecutar el Derecho supremo. El que Jesús, el justo, muriese en lugar del hombre injusto y que éste, es decir, Barrabás, recobrase su libertad en lugar de Jesús, esto era, precisamente, la voluntad Divina en la Pasión de Jesucristo. Así es, pues, también su padecer bajo Poncio Pilatos, el mal estadista..., el buen estadista contra su propia voluntad. He aquí la voluntad Divina en la Pasión de Cristo: Jesús es entregado por los judíos a los paganos; el Verbo divino rebasa los límites del pueblo de Israel y parte hacia el gran mundo de los gentiles, y el pagano que se hace cargo de Jesús (recibiéndolo de las manos sucias de Judas, y de los príncipes de los sacerdotes y del pueblo jerusalemita, aunque el mismo Pilatos es también hombre de manos sucias) ese pagano es el mal estadista Poncio Pilatos..., el buen estadista contra su propia voluntad. A este respecto, Pilatos es, como Hamann (pensador filósofo alemán del siglo XIX) dice: el ejecutor del Nuevo Testamento y, en cierto modo, el fundador de la Iglesia de judíos y gentiles.
 
Así es cómo triunfa Jesús de aquel bajo cuya maldad tiene que padecer, y así triunfa también del mundo en el cual ha de sufrir al entrar en él. De manera es que Jesús sigue siendo el Señor incluso cuando y donde los hombres lo desechen. En cuanto al orden estatal, aparte de su degeneración a causa de la culpa humana, ha de revelar con su poder sobre Jesús, que, en realidad, éste es su soberano. De aquí que los cristianos oren por los estadistas y se sientan responsables de la conservación del Estado. De aquí también que sea misión del cristiano buscar el bien de la polis (ciudad), honrando así el orden e institución divinos del Estado; de aquí que apelando a todo su saber escojan v deseen el Estado bueno y no el malo, es decir, el Estado que dé honra al hecho de haber recibido "de arriba" el poder, y no deshonre tal hecho como lo hizo Pilatos.
 
En la vida política los cristianos confían, por encima de todo eso, que el derecho de Dios es la parte más fuerte, incluso allí donde los hombres lo desconocen y pisotean; es la parte más fuerte a causa de la Pasión de Jesús, del mismo Jesús al cual ha sido dada toda potestad en los cielos y en la tierra. Ya está previsto que ese Pilatos malo y pequeño acabe por salir perdiendo. ¿Será posible, entonces que se ponga de su parte algún cristiano?
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25Textualmente: "in die Fremde": donde no es nuestra patria. N. del T.
26 Polis: el Estado con todo su continente y contenido y en todos los aspectos de la vida ciudadana.
27 Juan 19:11.
28 Luc. 20:25.
29 Su razón de ser gobernador.


SOLI DEO GLORIA


REV. RUBEN DARIO DAZA B.






lunes, 10 de septiembre de 2012

DIOS DESEA LO MEJOR PARA NOSOTROS



El Señor dirige el paso de los justos; se deleita en cada detalle de su vida.

Con mucha frecuencia, cuando las tragedias nos golpean o nos vemos envueltos en tiempos difíciles, preguntamos: ¿ Dónde está Dios?
Al hacer esta pregunta, estamos suponiendo que Dios no debe haber sabido lo que estaba por caer sobre nosotros, o de lo contrario lo hubiera evitado. O suponemos que Dios no nos ama, porque si nos amara, seguramente nos hubiera librado de todos los momentos dolorosos y de todas las experiencias difíciles.
          Las dos suposiciones son incorrectas.
          Lo cierto es que Dios sabe y Dios nos ama.
CONSIDERA A MI SIERVO

          Cuando experimentamos tiempos difíciles o sentimos un gran dolor y una gran conmoción interna, generalmente tratamos de echarle la culpa a alguien. Decimos una de estas dos cosas: " El diablo causó esto" o "Dios lo hizo".

La probabilidad mayor es la siguiente: El diablo lo causó y Dios lo permitió. Considere la historia de Job.

Job era un hombre a quien la Biblia describe como perfecto y recto; temeroso de Dios y apartado del mal (véase Job 1:1). Satanás se presentó ante el Señor y Él le preguntó: "¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra?" (Job 1:8).

          Satanás respondió:
          
¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Job 1:9,10.

A continuación, Dios le dio permiso a Satanás para que tocara las posesiones de Job, pero no a su cuerpo. Satanás se movilizó en contra de Job y sus hijos e hijas murieron, al igual que todos sus ganados y rebaños y todos sus sirvientes. Job dijo:

Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. Job 1:21.

Job no culpó a Dios por todas esas tragedias.
Satanás se presentó nuevamente delante de Dios, y el Señor le dijo:


¿No has considerado a ni siervo Job... que todavía retiene su integridad? Job 2:3
Satanás dijo: "Todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia." Job 2: 4,5.

Entonces el Señor le permitió a Satanás que afligiera a Job, pero le exigió que guardara su vida. Satanás hizo que el cuerpo de Job se llenara de heridas dolorosas, desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job se vio inmerso en una gran miseria.
La esposa de job trató de convencerlo para que maldijera a Dios y se muriera. Sus amigos lo atormentaron con diversas acusaciones. Finalmente Job le dijo a Dios: "Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. " Job 42:2.

Con toda seguridad Dios conocía la aflicción de Job. Él permitió que esto sucediera por razones que sólo Él conocía. A través de todo el dolor de Job y de sus pérdidas, Dios nunca lo abandonó ni siquiera por un momento. En cada paso del camino Dios sabía que Satanás estaba afligiendo a Job. También sabía de qué manera estaba purificándolo.

La buena noticia para nosotros cuando nos quebrantamos es esta: Dios ve el comienzo y el final de nuestra vida. Él ha diseñado un buen futuro para nosotros, un futuro que quizá no experimentemos en plenitud en esta tierra.

En el caso de Job, cuando él hubo orado por sus amigos y declarado que no tenía cuestionamientos acerca de Dios, sino que más bien se daba cuenta de que él era aquel a quien Dios tenía el derecho de interrogar - una posición de absoluta entrega a la Soberanía de Dios - el Señor hizo que Job prosperara nuevamente. Dios le dio a Job el doble de lo que había tenido antes: ganados más grandes en número, más hijos y el aliento y el consuelo de sus hermanos y hermanas y de todo el que le conocía. Vivió gozando de buena salud hasta una edad avanzada.

Cualquier cosa que pudiéramos experimentar o cualquiera que sea la forma en la que pudiéramos ser quebrantados, Dios tiene un buen final para nosotros también. Nuestro período de quebrantamiento no es el fin, sino un camino y un proceso hacia un nuevo comienzo que es aún más glorioso.

Sí, Dios sabe y Dios ama.


DIOS SIEMPRE ACTÚA IMPULSADO POR EL AMOR

La motivación que existe detrás de todo lo que Dios hace en nuestra vida y de todo lo que Él permite es el amor.

Dios no permite el quebrantamiento en nuestra vida porque sea cruel y despiadado o porque no tenga corazón o compasión, ¡No! Todo lo contrario. Dios ve todo el potencial de nuestra vida, y desea profundamente tener una relación espiritual íntima y amorosa con nosotros. Quiere sacar a luz lo mejor de nosotros, y que lo experimentemos en todo su amor, sabiduría, poder, fuerza y bondad. Él permite el quebrantamiento en nuestra vida para sacar a luz una bendición.

Dios nunca nos quebranta con su enojo o con ira. Más bien, Él se mueve en nuestra vida porque nos ama demasiado como para dejarnos continuar en el pecado, permaneciendo en un estado de tibieza espiritual, o no pudiendo alcanzar sus propósitos en nosotros. Dios nos ama demasiado para dejarnos seguir tal como somos. Su amor lo motiva a actuar para que podamos cambiar (=metanóia) a través del proceso de la renovación de nuestra mente, y así crecer y llegar a ser maduros y completos en espíritu, mente y cuerpo. Dios nos ama tanto que desea tener una comunión espiritual muy íntima con nosotros; algo que no sucederá cuando nos encontremos en rebelión o poniéndole resistencia. El quiere despojarnos de todo pecado. Anhela utilizarnos en el servicio santo y eficaz de un ministerio sobrenatural.

El amor de Dios lo lleva a disciplinarnos para que podamos ser purificados en pos de sus propósitos en esta tierra.
¿DISCIPLINA O CASTIGO?

Muchas veces se confunde el castigo con el quebrantamiento. Debemos ser muy claros en este punto: la disciplina y el castigo son dos cosas diferentes.

El castigo es solamente para los incrédulos, para aquellos que no se adhieren a los propósitos de Dios . Es una expresión de la ira de Dios en contra de aquellos que han rechazado al único Cordero de Dios que puede alejar a una persona pecadora de la ira de Dios. Su santidad y su pureza lo obligan a moverse rápidamente en contra del pecado, esté donde esté y sin importar en quien se encuentre, de la misma manera en que la luz brillante acomete contra una habitación oscura. Así como en Dios no hay tinieblas, Él erradica el pecado de su presencia.

El incrédulo es alguien que ha rechazado la sangre de Jesucristo, que ha negado el sacrificio que hizo en la cruz y, por lo tanto, no tiene ninguna barrera entre su pecado y la santidad de Dios. El incrédulo se encuentra en una posición terrible y solemne, totalmente expuesto a la ira de Dios.

La disciplina es el método de Dios para corregir al creyente.

El propósito de Dios es conducir al creyente a fin de confrontarlo con aquellos hábitos, actitudes y creencias que le impiden crecer hasta llegar a la plena estatura del varón perfecto, esto es Cristo Jesús. Él quiere quitar estos hábitos o cambiarlos. La disciplina es una herramienta de entrenamiento que Dios usa en el proceso de madurarnos espiritualmente. Es el método Divino de prepararnos para un ministerio sobrenatural de servicio bajo la dirección del Espíritu Santo.

El castigo proviene de la Ira de Dios. El resultado final es la erradicación, la eliminación y el alejamiento total de Dios. Por ejemplo Dios castigó a los seguidores de Coré por tratarlo con absoluto desprecio, como una señal para los israelitas (véase Números 16).

La disciplina proviene del amor de Dios. El resultado final es la transformación, el crecimiento y el desarrollo. Por ejemplo, Dios permitio que la lepra azotara a María para luego restaurarla como una lección que le enseñara que la crítica hacia Moisés era un error. (véase Números 12).

Dios nos ama tanto que anhela que reflejemos su misma naturaleza y que seamos literalmente el cuerpo de Cristo en la tierra hoy. La disciplina es un medio de purificación; así como se quitan las impurezas y la escoria del metal, de la misma manera Dios nos despoja del pecado y de los errores que nos impiden llegar a ser maduros. Los profetas una y otra vez comparaban el propósito purificador del amor de Dios con aquel de la persona que purifica oro o plata (véanse Isaías 48:10; Malaquías 3:3; Zacarías 13:9).


DIOS NO DESEA QUEBRANTAR NUESTRO ESPÍRITU


El propósito de Dios no es quebrantar nuestro espíritu. La persona que tiene un espíritu quebrantado no está completa ni está creciendo hacia la madurez espiritual. Dios en este caso necesita trabajar en nuestro ser dándonos el reposo y descanso de alma, hace el papel de terapeuta, consolándonos y llevándonos a pastorearnos en lugares de delicados pastos (Salmos 23:2). Y esto porque, sabe Dios que un estado así de espíritu quebrantado, una persona no puede cumplir a cabalidad sus dones. Su voluntad siempre es para nuestro bien, para nuestra bendición.
Todos los padres de familia saben que los hijos nacen con una predisposición al "yo primero", con una obstinación egocéntrica. ¡Mío! y ¡No! son dos de las primeras palabras que los niños aprenden y usan libremente. Ambas están arraigadas directamente en el orgullo egocéntrico del niño y en su deseo de gobernar su propia vida.

Un buen padre sabe que esta veta de obstinación y orgullo debe quebrarse si se espera que el niño sea obediente, no solo a sus padres, sino a toda autoridad, incluyendo la autoridad de Dios. El quebrantamiento de la obstinación del niño no se lleva a cabo con el propósito de quebrar su espíritu, sino más bien para ayudarle a crecer hasta llegar a ser un esposo, amigo, padre, ciudadano y miembro del cuerpo de Cristo que sepa acatar las leyes, que sea útil, productivo, generoso y amoroso.

Un niño a quien se le permite ser obstinado y orgulloso se convertirá en un adulto despreciable al que nadie desea tener cerca. Tiene mal caracter; algunas veces es un criminal patológico y posee muy poca capacidad de recibir o dar amor. Un niño al que se le permite ser obstinado y orgulloso se convierte en un adulto que posee muy poca capacidad para sentir alegría, esperanza o satisfacción.

En la misma forma en que un padre quebranta el orgullo obstinado y la desobediencia de un niño, Dios procura quebrantar el orgullo y la desobediencia que nos impiden ser la clase de personas amorosas, generosas, parecidas a Cristo que Él cree que podemos llegar a ser.


DIOS NO SE DELEITA EN PROVOCARNOS DOLOR


Así como el deseo de Dios no es quebrantar nuestro espíritu, tampoco su propósito es provocarnos dolor. ¿ El dolor y el sufrimiento son el resultado final de lo que Dios desea para nosotros?  ¡No! Absolutamente No! Dios puede permitir en su Soberanía Gloriosa permitir u ordenar circunstancias y situaciones que nos parecen dolorosas, pero estas circunstancias  y situaciones son herramientas que Dios usa para llevarnos a una posición en la cual estemos dispuestos a rendir nuestra vida completamente a Él.
Por lo tanto, nuestra próxima pregunta deberia ser: ¿El cristiano es alguna vez una víctima? Sí, algunas veces. Sin embargo debemos considerar otro aspecto: Hay cosas y situaciones que nos suceden por culpa de las personas, por nuestra negligencia o la de los otros, por nuestras desiciones equivocadas o de los otros. Son en esos casos en que no tenemos el derecho de preguntar "por qué Dios permite"? Como cristianos, somos víctimas sólo cuando otras personas nos han lastimado físicamente o nos han herido emocionalmente. Pero debemos reconocer que Dios permite estas experiencias dolorosas en nuestra vida por alguna razón.

Cuando nos vemos como víctimas, solemos recordar nuestro pasado y revolcarnos en nuestro dolor. Si nos vemos como seres a quienes Dios ama y a quienes está preparando para un futuro y un servicio especial que sólo Él conozca, entonces encontramos la fuerza para soportar el dolor del pasado y para seguir adelante.

Dios es soberano. Él puede detener cualquier cosa que desee. Sin embargo, no anula la voluntad humana. Si las personas que se encuentran cercanas a nosotros se abren al mal, es probable que suframos como consecuencia de su maldad. Por ejemplo, si un hombre se vuelve alcohólico, probablemente su esposa y sus hijos sufran su ira o su descuido. Dios lo sabe. Sin embargo, Él nos ama y posee la habilidad de redimir estas situaciones para nuestro bien.




Pues algo parecido sucedió hace unos 2500 años con el antiguo Pueblo de Israel. Vinieron los Babilonios. Invadieron el país. Destruyeron todo, incluso el Templo, la saquearon y se llevaron una parte del pueblo de Israel para vivir como esclavos en la cautividad de Babilonia. Esta cautividad, exiliados, fué la cruz pesada de cuyos sufrimientos padeció el pueblo desterrado por los babilonios. Lejos de su patria y de sus seres queridos, el pueblo de Israel se entregó al desespero, a la frustración y al quebrantamiento. Y desde allá levantaron voces en contra del Dios Altísimo; lea bién los dichos de los esclavos israelitas:"Dios se olvidó de nosotros y no ve nuestro sufrimiento. Teníamos el derecho de estar en nuestra tierra. Pero no, Dios ni siquiera se recuerda de nuestros derechos"... 

Fué allí que surgió, en la cautividad, un profeta. Y él le dijo ciertas cosas para aquella gente desesperada. Y es interesante notar que ese profeta no los reprendió, no se enojó en contra de ellos. Sin embargo buscó la forma de darles fuerzas, esperanza para que ese pueblo pudiera ganar ánimos y superar su quebrantamiento. Fué así que les respondió el profeta... Isaías 40: 27-31


v.27 Oh Jacob, ¿cómo puedes decir que el Señor no ve tus dificultades?
OH Israel, ¿cómo puedes decir que Dios no toma en cuenta tus derechos?
v.28 ¿Acaso nunca han oído? ¿ Nunca han entendido?
El Señor es el Dios Eterno, el Creador de toda la tierra. Él nunca se debilita
ni se cansa; nadie puede entender la profundidad de sus pensamientos.
v.29 Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles.
v.30 Hasta los muchachos se debilitan y se cansan,
y los jóvenes flaquean y caen.
v.31 En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas;
volarán alto, como con alas de águila.
Correrán y no se cansarán; caminarán y no se desmayarán.
(Tomado de la Bíblia Nueva traducción Viviente- NTV).

La pregunta que surge es: ¿Que fué lo que el Profeta les dijo al pueblo en cautividad? Él dijo lo siguiente: Pueblo de Israel, entonces ustedes ya se olvidaron y no recuerdan más, quien es ese Dios de ustedes? Pues yo si quiero recordarle a ustedes: Dios es un Dios eterno, Él existe antes de todo y después de todo; es el Dios Creador, que hizo todo lo que existe, desde el menor insecto hasta la mayor ballena, desde la menor partícula de átomo a la mayor galaxia; nadie consigue entender sus pensamientos.
Me parece que el Profeta Isaías está queriendo decir: !Piensen muy bien quien es Dios! Él tiene en las manos toda la história y toda la creación del universo. Dentro de esa inmensidad están ustedes con sus respectivos problemas. ¿Dios tendría condiciones de desviar por caminos diferentes su suerte y sus dificultades? Claro que sí! Él tiene ese poder! ¿Y por qué entonces Él no lo hace? Miren, responde el Profeta, nosotros no podemos penetrar en los pensamientos de Dios.
Ahora, y si usted mi amado lector está pasando por serias dificultades, sea por salud, por falta de dinero para honrar sus compromisos, por un hijo drogadicto o una hija que se prostituyó, y si preguntas ¿por qué Dios lo permite? !"No podemos conseguir descubrirlo"¡...
Nuestra mente es demasiado corta para penetrar en la mente de Dios y arrancar esta respuesta.
Pero miren cuan grande es el amor de Dios. Esta cautividad termina cuando Ciro ascendió al trono y con sus series de conquistas formó el imperio Persa. A la caída de Babilonia, Ciro autorizó bajo el liderazgo de Sesbasar, reemplazado por Zorobabel, el retorno del pueblo judío a Jerusalén (Esdras 2), y así pudieron reconstruir el templo. El final de estos quebrantamientos causado por el império babilónico termina en una gran victoria.
Dios tiene un propósito al permitir que nos sucedan cosas malas, y su propósito se extiende no sólo a mi vida, sino a la vida de otros a quienes pueda ayudar o animar.

Si creemos que Romanos 8:28 es verdad, debemos creer que es verdad en todas las circunstancias de la vida:

Y sabemos que a los que amam a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Dios es el dueño de la historia, transforma el desespero en baile, el llanto en risa, la tristeza en alegria. Alabado sea nuestro Dios.

Nunca debemos limitar la habilidad de Dios para transformar aun la peor experiencia de nuestra vida tornándola en algo productivo, beneficioso y positivo. Si Dios pudo sacar adelante con éxito al pueblo Judío y a muchas otras personas de la Bíblia, entonces Él puede hacer lo mismo con ellos.

Sea cual sea la fuente de nuestro dolor, debemos reconocer que Dios sabe, nos ama y está actuando. Puede ser que nosotros no seamos responsables de lo que nos sucede, pero sí somos responsables de lo que nos sucede, pero sí somos responsables de nuestra respuesta a ello. Debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿De qué manera puedo caminar a través de este dolor? ¿Cómo puedo beneficiarme o sacar provecho espiritual de esta situación?

Si cualquier experiencia en el pasado suyo está definiendo su presente- otra experiencia que no sea su salvación- entonces tienes que trabajar seriamente en ello. Es muy posible que todavía siga víendose como una víctima, en lugar de verse como una persona redimida y sanada por el amor de Dios. En tanto nos veamos como víctimas, no podremos abrazar la plenitud que Dios tiene para nosotros.

¿USTED REALMENTE SABE LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO?

Tal vez, en lugar de preguntarnos: ¿Sabe Dios lo que me sucede? o ¿Se preocupa por el dolor que siento?, sería mucho más productivo y revelador preguntarnos:
.- ¿Entiendo yo lo que me sucede?
.- ¿Me interesa saber lo que Dios desea hacer en mi vida?

Dios sabe lo que está por hacer en su vida, pero ¿sabe usted lo que Él está por hacer? ¿Es consciente de lo que Dios está haciendo?

Algunas veces, esa consciencia llega más tarde, cuando tenemos una perspectiva un poco más clara acerca del pasado. Cuando miro hacia atrás, puedo ver con claridad de qué manera Dios me ha transformado. He sido quebrantado, destrozado, engañado, criticado sin justa causa, perseguido con violencia, me han golpeado, molido, podado y cincelado, y no me gustó la sensación del quebrantamiento más que a cualquier otra persona. Pero puedo afirmar lo siguiente: Doy gracias a Dios por lo que Él ha hecho. Cada golpe del cincel, cada golpe del martillo, cada corte del cuchillo, cada incisión en lo más profundo de mi ser, cada lágrima, cada dolor, cada sufrimiento, cada desilución, cada desengaño, cada momento de desesperación ha valido la pena simplemente por el hecho de saber en mi corazón  que Dios tenía en sus manos todo mi ser.

Pídale a Dios que le revele lo que Él está haciendo en su vida, y lo que desea hacer por usted, en usted y a través de usted como resultado de su quebrantamiento.

Sitúe su quebrantamiento dentro de la perspectiva de la obra mayor de Dios en su vida.

Si yo le preguntara: "¿Qué es aquello a lo que se está aferrando que no estaría dispuesto a soltar aun cuando esto significaría perder lo mejor que Dios tiene preparado para usted para toda la eternidad. ¡No hay nada que tenga el valor del gran diseño de Dios para su vida!
pueblo judíofue forzado aPalestinahasta la capital del imperio deNabucodonosor IISOLI DEO GLORIA

REV. RUBEN DARIO DAZA B.