miércoles, 12 de septiembre de 2012

PONCIO PILATOS: La Vida y pasión de Jesucristo




Capítulo XVI

BAJO PONCIO PILATOS


La vida y pasión de Jesucristo es, según la relación entre Él y el nombre de fondo Pilatos, un suceso de la misma Historia universal en la que también está sucediendo en nuestra propia vida. Por la colaboración de ese político, el suceso adquiere exteriormente el carácter de una acción en la cual tanto la actuación y justicia divinas como también la maldad e injusticia humanas se manifiestan al orden estatal de lo que sucede en el mundo e incluyen sobre ello.

¿Cómo ha entrado Poncio Pilatos en el Credo? Podría contestarse brutal y mordazmente: ¡Como el perro en la sala de visita! Como la política en la vida humana y también, de un modo u otro, en la Iglesia! ¿Quién es Poncio Pilatos Indudablemente, una figura desagradable y muy mal vista, con un carácter marcadamente adusto. ¿Quién es Poncio Pilatos? Pues un funcionario de lo más subalterno, una especie de comandante de plaza impuesto por el régimen militar de una potencia ocupante en Jerusalén. ¿Qué papel desempeña Pilatos? La congregación local judía había tomado un acuerdo, pero carecía de autoridad para ponerlo en práctica: la sentencia de muerte acordada necesitaba la legalización y ejecución por parte de Pilatos. Este, después de algunas vacilaciones, hace lo que le piden. Es, pues, un hombre de poca "importancia en el desempeño de un papel completamente exterior, porque lo más esencial, lo espiritual-eclesiástico tiene lugar entre Israel y Cristo, en el Sinedrio que le acusa y deshecha. Pilatos, vestido de uniforme, simplemente está ahí y se hace uso de él, y su papel no es nada brillante: reconoce la inocencia del acusado y, no obstante, le condena a muerte. Debería obrar con estricta justicia, mas en vez de hacerlo así, se deja influir por "consideraciones políticas". No se atreve a hacer prevalecer el Derecho, sino que cede a la gritería del pueblo, entrega a Jesús y la cohorte soldadesca le crucifica por orden suya. Cuando en medio de la confesión de fe de la Iglesia Cristiana, en el momento en que vamos a entrar en el espacio del misterio más profundo de Dios, se manifiestan tales cosas, es como para exclamar con Goethe: "¡Una canción fea, qué asco; una canción política!" Pero ahí está: "bajo Poncio Pilatos"; y por eso hemos de preguntarnos lo que, en el fondo, significa eso. La escritora inglesa Dorothy L. Sayers ha escrito una pieza para la radio inglesa, titulada: El hombre nacido para ser rey. Explica en ella el sueño de Procla, la mujer de Pilatos, diciendo que en dicho sueño ha oído cómo al través de los siglos todas las lenguas de la tierra proclamaban: "¡Padeció bajo Poncio Pilatos!" ¿Cómo es que figura Pilatos en el Credo?

El que este hombre vaya unido a la pasión de Cristo significa claramente que el sufrir de Cristo, la manifestación de la rebelión humana y de la ira divina, y así también la misericordia divina, no han sucedido en el cielo ni en ningún lejano planeta, ni tampoco en algún mundo de ideas, sino que ha sucedido en nuestro tiempo, en medio de la Historia universal en la que también se desenvuelve nuestra vida humana. Por consiguiente, no tenemos por qué rehuir esta vida, ni buscar refugio en una tierra mejor o en alguna región elevada, desconocida, ni tampoco en fantasías espirituales o en un país de las hadas cristiano: Dios vino a nuestra vida tal como ella es, con toda su fealdad y su terrible aspecto. El que el Verbo se hiciera carne significa también que se hizo temporal e histórico. El Verbo adoptó la forma correspondiente a la criatura humana, una forma que exhiben personas como, precisamente, Poncio Pilatos.
 
Estamos ligados a tales personas e incluso poseemos nosotros mismos una buena parte de sus cualidades. No hay por qué cerrar los ojos ante ello, pues Dios tampoco los ha cerrado, sino que ha entrado en todo ello. La encarnación del Verbo es un suceso altamente concreto en el cual le está permitido a un nombre humano desempeñar un papel determinado. La Palabra de Dios posee el carácter de una verdad histórica. Vana es la opinión de algunos teólogos liberales, según el cual la Palabra de Dios es una "verdad racional eterna", pero no una "verdad histórica casual". Sí; la historia de Dios es una verdad histórica casual igual que ese insignificante comandante de plaza: Poncio Pilatos.
 
Dios no se ha avergonzado de existir dentro de esa casualidad. Conforme a la mención de Poncio Pilatos, también la vida y pasión de Jesús pertenece a los factores determinantes de nuestro tiempo e historia humanos. No hemos sido abandonados en este mundo terrible, antes bien Dios ha venido a buscarnos en ese lugar que nos es tan extraño25.
 
Lo que se hace bien patente es que ese mismo hecho de que a Jesucristo no le quede otro remedio sino padecer y morir bajo Poncio Pilatos, caracteriza la Historia universal como una historia enormemente problemática. Aquí se revela que se trata del mundo perecedero, del viejo eón, de un mundo cuyo típico representante, Poncio Pilatos, se muestra completamente débil y perdido frente a Jesús. El imperio romano se pone en ridículo lo mismo que Pilatos como gobernador del gran "Kyrios" (Señor) de Roma. Este aspecto tiene toda la vida política a la luz del Reino de Dios que se acerca: todo está a punto de derrumbarse, todo aparece vencido y confundido de antemano. Esto es un lado de la cuestión: Este mundo al cual ha venido Cristo es iluminado por El poniéndose así de manifiesto toda su fragilidad.
Pero sería falso detenerse ahora aquí: porque el episodio de Pilatos resalta demasiado en los cuatro Evangelios para poder conformarnos con decir: Pilatos es, sencillamente, el hombre mundano en general. Pilatos es, además, el estadista y el político y, por consiguiente, el encuentro entre el mundo y el Reino de Dios es aquí un encuentro especial. No se trata aquí del encuentro entre el Reino de Dios y la polis26. Pilatos defiende un orden enfrente del otro orden representado por Israel y la Iglesia. Pilatos es el representante del César Tiberio. Representa la Historia universa!, en tanto ésta aparece en todos los tiempos ordenada estatalmente.
 
"Padeció bajo Poncio Pilatos" significa, pues, también que Jesucristo se supeditó al orden estatal: "No tendrías ninguna potestad sobre mí si no te hubiese sido dada desde arriba''27. Jesucristo aplica con todo rigor sus propias palabras: "Dad a César lo que es del César"28, Y da al César lo suyo: no ataca la autoridad de Pilatos. Padece, sí, pero no protesta de que Pilatos sea quien haya de pronunciar la sentencia.
 
Para expresarlo de otro modo: el orden estatal, la polis, es el espacio en que tiene lugar su obra, la obra del Verbo eterno de Dios. Es el espacio dentro del cual, según la humana opinión, se decide bajo amenazas y con aplicación de la fuerza física el derecho y la injusticia en la vida externa del hombre. Y eso es el Estado, eso mismo que denominamos política. Todo cuanto sucede en el terreno político siempre será de un modo u otro la aplicación de aquel intento. Lo que en el mundo sucede siempre aparece ordenado estatalmente, aunque por suerte no todo depende de lo estatal. Jesucristo aparece en medio de ese mundo estatalmente ordenado y, padeciendo bajo Poncio Pilatos, toma también parte en dicho orden. Por eso vale la pena de reflexionar sobre el significado de un hecho tal, de percibir lo que ahí se muestra con vistas al orden externo o sea lo que se muestra mirado desde el Señor doliente con vistas a toda la realidad que es Poncio Pilatos.

No es este el lugar para desarrollar la doctrina cristiana del Estado, doctrina inseparable de la doctrina cristiana de la Iglesia. Sin embargo, algo hemos de decir sobre ello, toda vez que el encuentro de Jesús y Pilatos contiene en pocas palabras todo cuanto el Evangelio da lugar a que se piense y diga acerca del campo de la polis.
 
En primer lugar se advierte aquí, sin duda alguna, cómo se muestran el orden y poder estatales, representados por Pilatos frente a' Jesús, en su aspecto negativo, en su total inversión e injusticia. Podría decirse que en nuestro caso se pone de manifiesto como nunca el Estado como Estado de Injusticia y también aquí, se ve como nunca cómo el Estado puede caer en ridículo y la política revelarse como un monstruo. ¿Qué hace Pilatos?
 
Pues lo que siempre han hecho más o menos los políticos, lo que es inherente a las prácticas políticas concretas de todos los tiempos: Pilatos intenta salvar el orden en Jerusalén y mantenerlo de esta manera para salvaguardar su propia posición potestativa; para conseguirlo renuncia al derecho claro y potente, aunque su cargo es precisamente la defensa de dicho derecho. ¡Extraña contradicción! Pilatos ha de decidir lo que sea justo o injusto, pues esto es su "razón de ser"29, pero a fin de mantenerse en su posición, "por temor a los judíos", renuncia a hacer realmente lo que es su obligación... y cede.
 
No es que condene a Jesús (no puede condenarlo, pues lo considera inocente), pero lo entrega. Y al entregar a Jesús, se entrega también él mismo. El Estado, precisamente, resulta, como tal, vilipendiado, y escarnecido, en tanto Pilatos se convierte en el arquetipo de todos los perseguidores de la Iglesia; en tanto asoma ya en él el futuro Nerón; en tanto, pues, se manifiesta en Jerusalén el Estado de Injusticia. En la persona de Pilatos se aparta el Estado de su propia razón de existir para trocarse en "cueva de ladrones", el Estado "gángster", en un orden impuesto por una pandilla irresponsable.
 
He aquí la polis; a esto se lo llama política. Nada tiene de extraño que se prefiera encubrir el rostro ante tal Estado. Si el Estado ha venido mostrándose únicamente así durante años y décadas, ¿es de admirar que nos hayamos cansado de todo el campo político? Realmente; el Estado, visto así, encarnado en la figura de los Pilatos, es la polis como genuino contraste frente a la Iglesia y el Reino de Dios. Es el Estado descrito en el capítulo 12 del Apocalipsis como la bestia de los abismos acompañada del otro monstruo de enorme boca que alaba y glorifica incansablemente a la bestia. El padecer de Cristo acaba de descubrir, por poner en crisis y por condenar a esa bestia, que se denomina polis.
Mas con esto no queda dicho todo, ni tampoco podemos conformarnos con ello. Al ponerse de manifiesto en Pilatos la degeneración del Estado, y mostrarse, por consiguiente, el Estado de injusticia, no por eso deja de reflejarse en ese espejo cóncavo el orden bueno y superior de Dios, aquí implantado, de carácter permanente e influyente, el Estado como debe ser, el Estado que aunque escarnecido por actos humanos injustos no puede ser puesto a un lado como tampoco puede serlo la verdadera Iglesia, ya que se fundamenta en la institución y orden divinos. El que Pilatos abuse de su poder no significa que dicho poder no le haya sido concedido por Dios. Así lo reconoció Jesús, y también Pablo amonesta más tarde a los cristianos de Roma a reconocer, incluso en el Estado neroniano, la institución y orden Divinos, a someterse a dicho orden y distanciarse, pues, de todo cristianismo apolítico, sintiéndose, al contrario, responsables de la conservación de dicho Estado.
 
 
 
El orden estatal, como tal, es orden divino, y así se ve también en el caso de Pilatos, en tanto él obrando como mal estadista, entrega a Jesús a la muerte, y sin embargo no puede por menos de declararle solemnemente inocente..., con lo cual obra como buen estadista. Pero por encima de esto se muestra con inmensa impresionabilidad que ese mal estadista que es Pilatos, desea y ejecuta, sin duda, lo contrario de lo que como buen estadista tendría que apetecer y realizar: Devuelve la libertad a Barrabás y entrega a Jesús a la muerte, y así difiriendo de lo previsto en 1 Pedro 2:14, "los malos reciben recompensa y los buenos castigo".
 
Pero obrando de esta forma, Pilatos al final (¡esto no le disculpa, pero sí justifica la sabiduría de Dios!) se ve obligado a ejecutar el Derecho supremo. El que Jesús, el justo, muriese en lugar del hombre injusto y que éste, es decir, Barrabás, recobrase su libertad en lugar de Jesús, esto era, precisamente, la voluntad Divina en la Pasión de Jesucristo. Así es, pues, también su padecer bajo Poncio Pilatos, el mal estadista..., el buen estadista contra su propia voluntad. He aquí la voluntad Divina en la Pasión de Cristo: Jesús es entregado por los judíos a los paganos; el Verbo divino rebasa los límites del pueblo de Israel y parte hacia el gran mundo de los gentiles, y el pagano que se hace cargo de Jesús (recibiéndolo de las manos sucias de Judas, y de los príncipes de los sacerdotes y del pueblo jerusalemita, aunque el mismo Pilatos es también hombre de manos sucias) ese pagano es el mal estadista Poncio Pilatos..., el buen estadista contra su propia voluntad. A este respecto, Pilatos es, como Hamann (pensador filósofo alemán del siglo XIX) dice: el ejecutor del Nuevo Testamento y, en cierto modo, el fundador de la Iglesia de judíos y gentiles.
 
Así es cómo triunfa Jesús de aquel bajo cuya maldad tiene que padecer, y así triunfa también del mundo en el cual ha de sufrir al entrar en él. De manera es que Jesús sigue siendo el Señor incluso cuando y donde los hombres lo desechen. En cuanto al orden estatal, aparte de su degeneración a causa de la culpa humana, ha de revelar con su poder sobre Jesús, que, en realidad, éste es su soberano. De aquí que los cristianos oren por los estadistas y se sientan responsables de la conservación del Estado. De aquí también que sea misión del cristiano buscar el bien de la polis (ciudad), honrando así el orden e institución divinos del Estado; de aquí que apelando a todo su saber escojan v deseen el Estado bueno y no el malo, es decir, el Estado que dé honra al hecho de haber recibido "de arriba" el poder, y no deshonre tal hecho como lo hizo Pilatos.
 
En la vida política los cristianos confían, por encima de todo eso, que el derecho de Dios es la parte más fuerte, incluso allí donde los hombres lo desconocen y pisotean; es la parte más fuerte a causa de la Pasión de Jesús, del mismo Jesús al cual ha sido dada toda potestad en los cielos y en la tierra. Ya está previsto que ese Pilatos malo y pequeño acabe por salir perdiendo. ¿Será posible, entonces que se ponga de su parte algún cristiano?
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25Textualmente: "in die Fremde": donde no es nuestra patria. N. del T.
26 Polis: el Estado con todo su continente y contenido y en todos los aspectos de la vida ciudadana.
27 Juan 19:11.
28 Luc. 20:25.
29 Su razón de ser gobernador.


SOLI DEO GLORIA


REV. RUBEN DARIO DAZA B.






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