jueves, 16 de junio de 2011

Morando Bajo la Sombra de Dios




BAJO LAS ALAS DE DIOS

E
studiaremos el libro de Rut con un enfoque especial en la protección de Dios y
veremos cómo Él es el primer interesado en cumplir Sus promesas en nuestras vidas para que nos vaya bien porque eso es lo que quiere siempre. Veremos, además, que si nosotros nos ponemos “debajo de Sus alas” y lo dejamos participar en nuestras vidas, Él se ocupará de la introducción, del desarrollo y de la conclusión de cada uno de nuestros asuntos.
Rut 1:1:
Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos.

Este versículo es muy breve pero contiene mucha información sustancial para el resto del libro, ya que posee una expresión que es “Aconteció en los días…”, la cual, según el Dr. Bullinger[1] significa, en los cinco casos[2] que se utiliza, que algo malo va a suceder a lo largo del libro pero todo lo cual tendrá un desenlace feliz gracias a la intervención de Dios. De modo que aún antes de leer el libro ya sabemos que Dios intervendrá con Su favor y que el tema tendrá un feliz desenlace. ¡Es maravilloso aún desde la primera palabra!

Además, este pasaje nos brinda información contextual que será clave para la futura interpretación: afirma que en esos días hubo hambre en la tierra, lo cual llevó a que esta familia se trasladase a otro lugar.

Rut 1:2 al 5:
El nombre de aquel varón era Elimelec[3], y el de su mujer, Noemí[4]; y los nombres de sus hijos eran Mahlón[5] y Quelión[6], efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut[7]; y habitaron allí unos diez años.  Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.

Estos pasajes nos cuentan lo que vivió Noemí durante su estadía en la tierra de Moab: enviudó y, en el lapso de diez años en total, sus hijos contrajeron matrimonio con mujeres de esas tierras y luego murieron. De modo que esta mujer quedó sin el amparo y la ayuda que le podían brindar los hombres de su familia, lo cual, es una situación sumamente desventajosa, además de lo anímico propio de la situación. Por eso, es importante considerar estas cuestiones: para hacernos una idea de cómo hubiéramos actuado nosotros en una situación similar: sin ningún miembro de nuestras familias. Había un problema doble, entonces: la muerte y el desamparo social.

Sin embargo, observemos lo que hace esta maravillosa mujer:
Versículo 6:    
Entonces se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan.

Este registro es asombroso: ¡Noemí se levantó! pero no sólo eso sino que lo hizo por una razón muy, muy especial: porque Jehová, su Dios, había visitado a Su pueblo para darles aquello que necesitaban todas las tierras en ese momento: alimento. Jehová mismo se había acercado a Su gente para brindarles, satisfacerles una necesidad básica: el pan.

Versículos 7 al 13:
Salió, pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá. Y Noemí dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la casa de vuestra madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo. Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido. Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron, y dijeron: Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo. Y Noemí respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos? Volveos, hijas mías, e idos; porque yo ya soy vieja para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, ¿habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí.

Aquí vemos el estado anímico de estas mujeres y, en especial, el de Noemí, como ya habíamos notado anteriormente: su amargura era mayor que la de Orfa y Rut por varias razones: por la viudez, por haber perdido a sus hijos y porque ella pensaba que la mano de Jehová estaba en Su contra. Pero también podemos notar su gran corazón pues les aconsejó a sus nueras volverse a sus respectivas familias, liberándolas de la responsabilidad de ir con ella. Es decir, que aun con semejante dolor fue capaz de demostrar un maravilloso altruismo.
              
Versículos 14 al 18:
Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella.  
Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella.
Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y a dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos.  Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más.

Este relato no deja de maravillarme pues esta increíble joven demostró tener un corazón invaluable, lo cual Dios mismo honró al final del libro. Noemí era su suegra, no un familiar directo; su tierra era ese mismo lugar, lo cual hubiera sido muy cómodo para ella y, además, (y aquí reside lo más maravilloso) había guardado, evidentemente, la enseñanza que Noemí le había transmitido de Dios pues aunque provenía de un pueblo que idolatraba dioses profanos, lo invocó a Jehová como testigo de Sus palabras. Por si esto fuera poco, no sólo estaba decidida sino “tan resuelta a ir con ella” que Noemí “no dijo más”. 

Versículos 19 a 21:
Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén[8]; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es esta Noemí? Y ellas les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara[9]; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.  Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

¿Recuerdan “De la abundancia del corazón habla la boca”?[10] Bueno, aquí Noemí está dando testimonio ella misma de su situación y no Dios. Esto no lo dice Dios pero sí lo incluye en el relato pues eran los sentimientos de esta mujer, lo cual es muy, muy humano pero de ninguna manera, una realidad espiritual. Los sentimientos pertenecen al orden de lo natural. La Palabra de Dios y la presencia de nuestro Padre son una realidad espiritual. Por lo tanto, superiores.

Versículo 22
Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

“Así volvió Noemí”. El término así es un conector de modo; por lo tanto, indica la manera en que un sujeto lleva a cabo una acción o una situación se desarrolla. Así volvió esta mujer, confesando estas palabras y en esta circunstancia de gran amargura a su tierra, la cual, recordemos, había recibido la visita de Jehová.
Hay dos expresiones en el versículo 21 que irán cambiando a lo largo del libro gracias a la intervención de Dios. Ellas son: “Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías” y “¿por qué me llamaréis Noemí?[11]”.
Rut 2: 1 al 3:          
Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. Y Rut la moabita[12] dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracias. Y ella le respondió: Ve, hija mía. Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec.

Primera Observación:
Fue Dios quien ordenó y dispuso todas las cosas, todos los pequeños y grandes detalles para que esta historia comenzara a cambiar su curso hacia una gran, gran bendición. Aunque no lo veamos ni nos demos cuenta, Dios siempre está trabajando en nuestro favor.
                                                     
¡¡Dios estaba actuando en el centro mismo de esta situación!! No fue casualidad que ella se dirigiera
directamente al campo de Booz; fue Dios quien ordenó y dispuso todas las cosas, todos los pequeños y grandes detalles para que esta historia comenzara a cambiar su curso hacia una gran, gran bendición. ¿Ven que aunque no lo veamos ni nos demos cuenta, Dios siempre está trabajando en nuestro favor? ¡Es maravilloso contar con un Dios así! Por eso, dijimos al comienzo, que Nuestro Padre es el primer interesado en que todo nos vaya bien: porque desea vernos prosperados en todas las cosas. Booz era un hombre rico de la familia de Elimelec quien había sido marido de Noemí, es decir, pariente de estas mujeres. 

Versículos 4 al 7:
Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga. Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores. ¿De quién es esta joven? Y el criado, mayordomo de los segadores, respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab; Y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento.

Veamos algunos detalles: Booz era de la familia de Elimelec, como ya vimos anteriormente. Pero no sólo eso. Él era creyente, a tal punto, que lo involucraba a Dios aun en el saludo hacia sus criados, quienes, desde el punto de vista natural, eran inferiores. Por lo tanto, podemos inferir que era un hombre de gran corazón y respetuoso de Dios, pues todos sus criados también le respondieron invocándolo a Dios.
Otro aspecto que debemos resaltar de este relato es el hecho de que Booz, cuando volvió del campo, se sorprendió de haber encontrado a esta joven espigando en su tierra, y no sólo eso, sino trabajando sin descanso desde la mañana, lo cual demuestra el vigor laborioso de Rut. La pregunta es, ¿por qué Rut le pidió a Noemí que la dejara ir al campo a recoger espigas y por qué la dejaron hacerlo? La respuesta la encontramos en dos libros anteriores a Rut: Levítico y Deuteronomio.

Segunda Observación:
Dios desea que cosechemos lo mejor para nosotros y que no volvamos atrás para buscar lo caído ni que rebusquemos entre nuestras ganancias porque no es necesario; Su gracia es suficiente. Él desea que también demos, como se organizaron los creyentes en el libro de Hechos, en las primeras iglesias. Esto era una ley
Levítico 19: 9 y 10:
Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

Deuteronomio 24: 19:
Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos. 

Estos dos breves pasajes constituyen toda una enseñanza en sí mismos acerca del dar y de cómo vivir. Dios desea que cosechemos lo mejor para nosotros y que no volvamos atrás para buscar lo caído ni que rebusquemos entre nuestras ganancias porque no es necesario; Su gracia es suficiente. Él desea que también donemos, como se organizaron los creyentes en el libro de Hechos, en las primeras iglesias. Esto era una ley, por eso, Rut sabía que podía ir a los campos y recoger detrás de los segadores, pero sólo lo que se encontraba al margen del ejido. Como ella era extranjera y viuda, la ley la contemplaba.

Dios se ocupa no sólo de los creyentes sino de las personas que se encuentran a nuestro alrededor. En este caso, quien se encontraba al margen -por así decirlo- era Rut puesto que era gentil, extranjera y viuda. Sin embargo, la maravillosa ley de Dios la cubría. 

Rut 2: 8 al 12:
Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas.
Mira bien el campo que sieguen, y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados.
Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?
Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes.
Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte. 

¡Vean las palabras de este hombre! ¡Claro que era un hombre de Dios!, a tal punto que lo presenta a Rut como el Dios de su tierra, como el Dios protector, bajos cuyas alas ella había ido a refugiarse y como el mismo que recompensaría su obra. Todas estas fueron las palabras de este maravilloso Booz, una de las cuales lleva por título esta enseñanza. Rut se había ido a refugiar bajo las alas de Dios, de donde obtenemos el aspecto central del tema que nos convoca: la protección de Jehová, mi Dios[13].

Rut 2: 13:
Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas.

“Aunque no soy ni como una de tus criadas”. Booz tenía más criadas, lo sé, y tal vez suene redundante, pero no quisiera dejar pasar por alto el hecho de que, entre todas sus criadas, Booz se haya fijado en ella. ¡Como si Dios mismo estuviera interviniendo! ¡Es maravilloso!
Además, es útil destacar las palabras de Rut, ya que su situación la hemos vivido y la vivimos todos los días los hijos de Dios: cada vez que leemos la Palabra o nos encontramos con otro creyente y compartimos las Escrituras, hallamos el consuelo y precisamente aquello que necesita nuestro corazón. Rut, a causa de su situación desventajosa, necesitaba aliento y consuelo y esto es justamente lo que Dios le da a través de Booz.

Rut 2: 14:
Y Booz le dijo a la hora de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró.

Booz evidentemente se había enamorado de esta mujer, al punto de que le da de comer de su propio alimento. Y lo más asombroso es que si antes no tenía comida, ahora le sobró.

Rut 2: 15 al 17:
Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis;
y dejaréis caer para ella algo de los manojos para que lo recoja, y no la reprendáis.
Espigó, pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido,  fue como un efa de cebada.

Un efa era un antiguo recipiente con tapa que se utilizaba para almacenar cereales. En cuanto a su tamaño, era aproximadamente tan grande como para contener una mujer. Era mucho más de lo que Rut podría haber acumulado en situaciones normales[14].

Aquí, Booz no sólo le permitió a Rut recoger de los bordes sino también entre las gavillas, es decir, dentro del campo y, además, les dijo a sus criados que dejaran caer (valga la redundancia, intencionalmente) de los manojos para ella.

Rut2: 18 al 20:
Y lo tomó, y se fue a la ciudad[15]; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio.
Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido. Y contó ella a su suegra con quién había trabajado, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz.
Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos.

Como mencionamos anteriormente, esto no fue casualidad sino Dios actuando en la situación, como es Su costumbre, por Su gente.

Rut 1: 21a:
Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías.

Habíamos dicho que de la abundancia del corazón habla la boca, y por eso, Noemí, en su momento, confesó lo que confesó. Pero en el pasaje del capítulo 2 versículo 20 ella cambió su forma de hablar porque se dio cuenta de que Jehová no había salido en su contra sino que estaba actuando en su favor. Todo lo contrario. Por eso, bendijo a Booz.

Pero este registro no se agota aquí porque Noemí aportó una información trascendente para la completa comprensión del rol que cumplieron estas personas en el plan de redención de Dios: Booz era uno de los parientes que podían redimirlas.

A modo de repaso, recordemos que el verbo redimir significa rescatar para dar una mejor oportunidad. Antiguamente, en Grecia, por ejemplo, el verbo se utilizaba para denotar el acto de compra que un amo realizaba con un esclavo. Este era sacado fuera del ágora, que era la plaza, el mercado, y llevado a vivir con su nuevo dueño quien le daría una oportunidad mejor.

La Biblia, en el libro de Deuteronomio, en lo tocante a la redención, afirma que los parientes podían redimir a otros familiares en caso de que algún miembro hubiera contraído deudas al punto de no poder pagarlas más que con su propia vida (es decir, vendiéndose él mismo). Sus allegados, entonces, en cualquier momento podían pagar la suma adeudada y darle así, a este deudor, la libertad. En términos más simples, cualquier pariente podía pagar la deuda de otro y sacarlo de esa situación socialmente humillante y desventajosa.

Levítico 25: 47 al 49:
Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará. O su tío o el hijo de su tío lo rescatará, o un pariente cercano de su familia lo rescatará; o si sus medios alcanzaren, él mismo se rescatará.

Esta situación se daba cuando un pariente quería redimir. Mientras más cercano el familiar, más prioridad tenía con respecto a la persona tomada por siervo.

Sin embargo, Dios también expone en la Ley una forma de redención novedosa. Es el Jubileo. Este era un acontecimiento muy especial para el siervo pues consistía en que pasados seis años, la persona, al séptimo, quedaba completamente libre de su situación, y no sólo eso, sino que el amo debía enviarla con las manos llenas, por haberle servido durante ese tiempo. De esta manera, Dios garantizaba que no hubiera mendigos en su tierra, así como la menor cantidad de deudores (siervos).  

Deuteronomio 15: 12 al 16:
Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo lo despedirás libre. [Es el Jubileo].
Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías.
Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová te hubiere bendecido.
Y te acordarás de que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató; por tanto yo te mando esto hoy.

¿Qué podemos inferir de esto? Que la vida para Dios vale mucho, aun cuando para los hombres, no, como sucedió en tantas oportunidades con respecto a este tema, especialmente, en la época de los romanos. Recordemos que durante el Imperio, fue Jesucristo quien ya estaba en escena y, en nuestro caso, quien fue nuestro redentor, esto es, quien nos rescató de una situación sumamente desventajosa como era el hecho de vivir bajo el pecado y ser hijos de ira lo mismo que los demás.

Antes de Cristo, no sabíamos lo que era la vida en abundancia, no sabíamos que teníamos derechos, no sabíamos que podíamos extender la mano bajo cualquier situación y quedar cubiertos bajo las alas de Dios. No sabíamos que teníamos la posibilidad de contar en nuestro interior con un potencial ilimitado como lo es Cristo mismo en nosotros. Todas estas cosas son las que nuestro Señor conquistó por nosotros en su muerte, resurrección y ascensión. Cuando esto se cumplió, y Cristo fue glorificado, se completó el plan de redención, de rescate de Dios por todos nosotros. Ahora sólo le queda al hombre elegir. Pero lo más difícil ya está hecho.

Gálatas 4: 4, 5 y 7:
Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
Así que, ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.


Tercera Observación:

Dios jamás, jamás, jamás, nos envía con las manos vacías.

Haber recibido sólo libertad de los pecados hubiese sido maravilloso pues es el peor peso que podemos llevar sobre nuestros hombros. Pero Dios nos dio más pues nos dio filiación. Ahora somos hijos, y como tales, herederos forzosos (como lo llama la ley, actualmente) del Padre. Más aún, como Dios sabe que necesitamos comunión directa con él y que nos dejamos llevar por los cinco sentidos, nos dio algo tremendamente maravilloso: el hablar en lenguas, la manifestación en el mundo de los sentidos de que somos hijos e hijas de Dios y de que Cristo vuelve, entre otras cosas. ¡¡Es asombroso!! Dios jamás, jamás, jamás, nos envía con las manos vacías. Noemí pudo advertir esto rápidamente. Nosotros, también. 

1 Juan 2: 1 y 2:
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
Y él es la propiciación [el pago] por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Jesucristo nos pudo redimir porque Dios le había dado ese derecho y tuvo el amor y la voluntad de hacerlo por obediencia al Padre. Sin embargo, antes la gente se compraba y se vendía por dinero o por bienes. Pero Jesucristo utilizó otro medio mucho, muchísimo mayor: su propia vida. Él mismo entró al “santuario”, donde antes los sacerdotes llevaban el cordero para hacer expiación temporal por sus pecados y por los del pueblo, y se ofreció a sí mismo. Nadie entró al “lugar sagrado” por él para llevarlo. Por eso, más que un sacerdote es nuestro Sumo Sacerdote, como lo dice Hebreos.

Rut 2: 21 al 23:         
Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas, hasta que hayan acabado toda mi siega.
Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo.
Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo[16]; y vivía con su suegra.

Rut 3: 1:
Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?
¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas.
Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber.
Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer.
Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes.   

De nuevo, en este registro se pone de manifiesto la maravillosa humildad de Rut pues aceptó confiadamente todos los consejos de su suegra, los cuales eran para que a ella (Rut) le fuera bien.

Rut 3: 6 al 9:
Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que suegra le había mandado.
Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir al lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó.
Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies.
Entonces, él le dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano. 

Estos versículos contienen una figura de dicción llamada Eufemismo, la cual se utiliza para embellecer sentimientos y también expresiones desagradables o duras. El objetivo entonces es dar hermosura y mitigar la dureza de ciertas expresiones.

Este recurso literario lo encontramos en varios pasajes de la Biblia cuando, por ejemplo, Dios, se refiere a las personas que han muerto mediante otra expresión más suave, como puede ser dormir. Las personas que duermen, entonces, están muertas. Pero a fin de que la expresión no nos resulte tan agresiva o dolorosa, Dios la atenúa.

En el caso de Rut, ella se acercó a Booz para que la tomara por esposa, es decir, que ella misma se lo solicitó a él. Sin embargo, Dios prefiere no decirlo lisa y llanamente sino mediante esta exquisita expresión: “Extiende el borde de tu capa sobre tu sierva”.

Rut 3: 10 al 12:
Y él le dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobre o ricos.
Ahora, pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas [el hecho de tomarla por esposa], pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.
Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo.

Booz dijo que aceptaría tomarla por esposa pero no le ocultó ni negó el hecho de que, a pesar de su deseo, había otro pariente más cercano que podía reclamarla para llevar a cabo la redención. Él fue honesto en cuanto a la situación ya que no le ocultó ningún aspecto concerniente al matrimonio a Rut. De otra manera, hubiera pecado y deshonrado a la joven.

Versículo 13 al 18:
Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Descansa, pues, hasta la mañana.
Y después que durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque él dijo: No se sepa que vino mujer a la era. [17]
Después le dijo: Quítate el manto que traes sobre ti, y tenlo. Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada, y se las puso encima; y ella se fue a la ciudad.
Y cuando llegó a donde estaba su suegra, ésta le dijo: ¿Qué hay, hija mía? Y le contó ella todo lo con aquel varón le había acontecido.
Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dio, diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías.
Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy.

¡Las actitudes de Booz no dejan de maravillarme pues demuestran una gran coherencia y un maravilloso corazón! Él fue honesto con Rut, la cuidó, le dio alimentos en dos oportunidades a fin de que no fuera a su suegra con las manos vacías, y ahora, se ocuparía del asunto concerniente al matrimonio y la redención hasta concluirlo. Y esto último, lo haría en un día. Verdaderamente era un gran hombre de Dios, clave, además, para que naciera el Señor Jesucristo, como veremos en un momento.

Rut 4: 1 al 5:
Booz subió a la puerta[18] y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó.
Entonces, él tomó a diez varones[19] de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron.
Luego dijo al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec.
Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti. Y él respondió: Yo redimiré. 
Entonces replicó Booz: El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión.  

Booz replicó. Este término denota una fuerte acción verbal que una persona lleva a cabo cuando un tema es de especial interés. Booz no quedó conforme con las palabras que pronunció este pariente sino que objetó y le aclaró cuáles eran las condiciones. Esa era esta clase de hombre.

Versículo 6 al 8:
Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi heredad. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré redimir.
Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel.
Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y se quitó el calzado.

Como la Biblia misma lo dice, la entrega del calzado simbolizaba el traspaso del derecho para redimir[20]. Este pariente, como no deseó hacerlo, hizo esta entrega simbólica a Booz para que él usara de su derecho. En el caso de Jesucristo, podemos decir, según el orientalismo, que él no se quitó el calzado para redimirnos, no le dio ese derecho a ningún otro, aun cuando la redención costaba su propia vida. Por eso, es nuestro perfecto Redentor.   

Rut 4: 9 al 13:
Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros sois testigos hoy, de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón.
Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois testigos hoy.
Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén.
Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé Jehová.
Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo.

Cuarta Observación:
Dios dispone las cosas de tal modo que el resultado sea una bendición y liberación para nosotros. Luego nos corresponde accionar obedientemente y repetuosamente para con  esa disposición de las cosas para nuestro bien.

Dios, entonces, como podemos ver, estuvo permanentemente trabajando para que todas las cosas convergieran en un mismo punto, Rut y Booz, puesto que de ellos descendería el rey David, ancestro de Nuestro Señor Jesucristo.

Nuestro Padre dispuso todas las cosas en su lugar, y el resto fue el accionar respetuoso y ordenado de los hombres y de las mujeres involucrados.

La situación, entonces, cambió radicalmente en comparación con el comienzo del libro, donde nos hallábamos ante dos mujeres viudas, desamparadas y, una de ellas, extranjera. Para la época, nada peor. Sin embargo, Nuestro Padre fue haciendo trabajar todas las cosas en conjunto para que a estas mujeres les fuera bien. Se ocupó de la introducción, del desarrollo y de la conclusión del problema. Como mencionamos anteriormente, según las palabras del Dr. Bullinger, cada vez que aparece la expresión “Aconteció en los días…”, nos encontramos ante un escenario desfavorable pero que tendrá un final feliz. Aquí, el “broche de oro” lo brindó Dios mismo, como no podía ser de otra manera, mediante el beneplácito del nacimiento de un hijo, pues la Palabra declara que “Jehová le dio que concibiese…”.

Rut 4: 14-22:
Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; el cual será restaurador de tu alma y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos.
Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo y fue su aya.
Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David. Estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezrón,
Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed, Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.

Regresemos al comienzo del libro para recordar que se cumplió la bendición de Booz para Rut cuando supo qué clase de conducta había tenido.

Rut 2:12:
Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.

Quinta Observación:
La ayuda y el resguardo de Dios, entonces, son tan grandes, que Dios mismo apela a diferentes figuras a fin de que advirtamos la clase de Padre que tenemos; uno que, bajo ninguna, absoluta circunstancia se va de nuestro lado, aun cuando pensamos, como Noemí, que nos quitó Su protección. Sin embargo, cuando esto suceda, simplemente debemos recordar que en realidad, son nuestros sentimientos los que están aflorando y no Dios pues Su naturaleza es amor y Su acción preferida, amarnos.

El tema central que nos convoca es la protección, como ya lo mencionamos al comienzo. La pregunta ahora es si Dios protegió a Rut debajo de Sus alas, donde ella había ido a refugiarse. Y la respuesta, como no puede ser otra manera, es sí. Él proveyó Su protección en cada uno de los versículos, a pesar de que no se aclara esto explícitamente. Sin embargo, debido a lo bueno, agradable y perfecto que fue el desarrollo de este libro podemos estar completamente seguros de que Su mano estuvo arreglando los asuntos en todo momento.

Salmos 17: 8:
Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas.

Este pasaje es maravilloso. Quien lo dice es el rey David, profeta ya aludido por nosotros. Aquí él le pidió a Jehová que lo protegiera delicada y muy atentamente; el mismo pedido de Rut, la joven moabita, bisabuela de este rey.

Las niñas de los ojos son las pupilas de nuestros ojos. ¿Cómo las cuidamos? Lo hacemos consciente e inconscientemente ya que son la parte más delicada de nuestro cuerpo. Las protegemos del sol con instrumentos dispuestos a tal fin, como anteojos oscuros (conscientemente), y con nuestro propio cuerpo, debido a que poseemos un sistema sumamente eficaz, pues, por medio de las cejas, obtenemos sombra para que no nos moleste el sol, y gracias al parpadeo, conservamos la humedad (inconscientemente). Pero también contamos con un mecanismo reflejo que es la acción de cerrar rápidamente los ojos cuando percibimos –aun antes de que ingrese- que un objeto nocivo puede ingresar a ellos.

La consideración, luego, es la siguiente: Que Dios nos guarda, nos cuida, nos protege muchísimo más eficazmente de lo que nuestros ojos cuidan de nuestras pupilas. Ese es el amor tan tierno que nos brinda nuestro Padre celestial.

Sin embargo, por si esto fuera poco, el salmista añadió algo maravilloso, pues le pidió a Jehová que lo escondiera bajo la sombra de Sus alas.

No hace falta añadir que aquí estamos en presencia de una figura de dicción, ya que Dios es espíritu y no un ave. Pero Él sí prefiere que lo “veamos” de esa manera a fin de que Su protección realmente nos impacte y nos llene de gozo.

Dios, entonces, mediante esta figura, adquiere la forma de un ave para mostrarnos cuán grande es Su amparo y defensa: como la que realiza un animal con sus pequeños hijos. Las madres, en el reino animal, colocan a sus crías debajo de sus alas para darles calor, para que puedan crecer sin peligros y para defenderlas en caso de agresiones externas por parte de los depredadores.

La ayuda y el resguardo de Dios, entonces, son tan grandes, que, con miras a que adquiramos una clara consciencia de su amor, Él mismo apela a diferentes figuras a fin de que advirtamos la clase de Padre que tenemos; uno quien bajo ninguna, absoluta circunstancia se va de nuestro lado, aun cuando pensamos, como Noemí, que nos quitó Su protección. Sin embargo, cuando esto suceda, simplemente debemos recordar que en realidad, son nuestros sentimientos los que están aflorando y no Dios pues Su naturaleza es amor y Su acción preferida, amarnos.

Para finalizar, permítanme realizar una breve síntesis de lo compartido a fin de unir todos los detalles analizados independientemente.

§ Elimelec, como mencionamos en una nota al pie, significa Dios es Rey, de donde deriva la faceta real de nuestro Señor Jesucristo;

§ Dios fue quien había ido a visitar a Belén, Ciudad de Pan, para darle alimento a Su gente, entre la cual se encontraba Booz;

§ A pesar de que las dos mujeres quedaron viudas y desamparadas, Dios extendió Sus alas y las redimió de todo mal, otorgándoles consuelo y amparo por parte de un maravilloso creyente como lo fue Booz;

§ Dios no le cambió el nombre a Noemí a pesar de su enojo y amargura. Ella pidió que la llamaran Mara -amarga- pero siguió llamándose Noemí, Mi Preferida o Placentera;

§ Quien le dio el broche de oro a toda esta situación en el lapso de un poco más de un mes, fue Dios mismo pues coronó este enlace con el nacimiento de un niño, Obed.

El auxilio de Nuestro Padre, entonces, siempre llega a tiempo, aun cuando nuestros ojos carnales todavía no comprendan Su intervención. Dios es un Dios de detalles con enormes y poderosas alas para mantenernos siempre a salvo y blindados con Su protección.

Nota del  Editor

Toda la Escritura utilizada en este artículo es de la Versión Reina Valera 1960[xxi] a menos que se especifique algo en contrario.

Toda vez que se utilice una palabra de origen Griego será escrita en minúscula cursiva (Ej.: atomos). Y si se usara una palabra hebrea o aramea será escrita en mayúscula cursiva (Ej.: YARE). En ambos casos se puede utilizar la palabra raíz como cualquier otra forma gramatical de esa palabra en representación de la familia de palabras.

Debido a que los paréntesis se utilizan en el texto Bíblico; cada vez que exista una nota del autor estará colocada entre corchetes para diferenciarla.

Cuando se haga referencia al texto griego o hebreo, ésta estará basada en dichos textos según sean presentados en ESword de Rick Meyer y/o de la Interlinear Scripture Analyzer de André de Mol y/o de En el principio era la Palabra.Todos programas de estudio Bíblico que pueden ser descargados a su PC mediante el link correspondiente en Links Útiles >Programas para el estudio de las Escrituras en el sitio web.

Las notas al final son una parte integral y necesaria del Estudio. Tienen el propósito de documentar, respaldar, ampliar, aclarar, o reforzar el tema que se trate.

Esta enseñanza somete a consideración del lector el tema que trata. Es más bien, en algunos casos, un punto de partida que propone, orienta y -desde ya- concluye con lo que el autor ha estudiado y debido a eso, presentado de las Escrituras. No obstante, la Palabra de Dios es simplemente inagotable. El único que no necesita revisión es Dios mismo y Su Palabra según fue originalmente inspirada. Pero nuestro conocimiento y entendimiento  de las distintas maravillas presentadas en la Palabra de Dios siempre pueden ser y debieran ser sometidas al escrutinio[xxii] del estudiante. De modo, que el presente trabajo es presentado al estudiante bíblico como una ayuda, una fuente más de consulta, de referencia y de estudio de la Palabra de Dios. La obra está lejos de pretender ser la única ni mucho menos la más sobresaliente obra de este tipo que exista. Ella no posee eminencia sobre ninguna otra ni es autoridad última sobre el tema. La autoría de la Palabra de Dios es exclusividad del Padre Celestial y, como tal, es la fuente de conocimiento y autoridad única e inapelable.

SOLI DEO GLORIA

NOTAS AL FINAL. BIBLIOGRAFIA UTILIZADA Y/O RECOMENDADA:


[1] Bullinger, E. W. THE COMPANION BIBLE, versión online. http://www.companionbiblecondensed.com/. Pág. 361.
[2] Los cuatro usos restantes se encuentran en Génesis 14:1, Ester 1:1, Isaías 7: 1 y Jeremías 1:3. En éste último caso la expresión lee: “Le vino también en días de Joacim hijo de Josías…”.
[3] Elimelec significa: Dios es Rey.
[4] Noemí: Placentera o Mi preferida.
[5] Mahlón significa: Enfermo o enfermedad.
[6] Quelión: Morirse de pena.
[7] Rut: Hermosa.
[8] Belén: Ciudad de pan.
[9] Amarga.
[10] Mateo 12:34
[11] Noemí se refería a que su nombre significa placentera y  su situación no lo era; por eso prefería cambiarse el nombre a Mara.
[12] Se incluye varias veces la aclaración de su nacionalidad ya que ella era gentil, y tanto el nacimiento de Cristo como las bendiciones futuras a los gentiles provienen gracias a la intervención de estas personas.  (Como veremos, Rut contrae matrimonio con un hebreo: Booz).  
[13] Esto es lo que significa este sustantivo propio, Jehová. Es el Dios personal, de pactos con los hombres, no es Elohim, el Dios creador de los cielos y de la tierra.
[14] Gower, Ralph (1990). USOS Y COSTUMBRES DE LOS TIEMPOS BÍBLICOS, Editorial Portavoz, Singapur.
[15] Los mejores campos, los más fértiles, siempre se encontraban alejados de las ciudades. [Gower, Ralph (1990). USOS Y COSTUMBRES DE LOS TIEMPOS BÍBLICOS, Editorial Portavoz, Singapur.]
[16] Rut, entonces, estuvo un mes trabajando para Booz.  [Fuente: Ídem anterior].
[17] En la era sólo trabajan los hombres.  
[18] La puerta de la ciudad. Recordemos que las ciudades eran espacios amurallados que contaban con una entrada, la cual se cerraba durante la noche a fin de proteger a sus miembros. Este lugar se utilizaba para conversar, sentándose, los oyentes, en bancos de piedra. Ahí se reunían los ancianos para resolver cuestiones como esta de la redención de un pariente por otro. [Fuente: Ídem anterior].
[19] Bíblicamente, con dos testigos era suficiente. Esto demuestra la seriedad con que Booz se ocupó del asunto.
[20] Para una mayor comprensión de este orientalismo referirse a Manners and Customs of the Bible, James Freeman, Logos International, 1972, Página 131.
[21] La Santa Biblia Antiguo y Nuevo Testamentos, Antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Revisión de 1960. Sociedades Bíblicas Unidas, 1993
[22] Hechos 17:11.

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