domingo, 27 de noviembre de 2011

EL ADVIENTO DEL CRISTIANISMO



Significado del Adviento:


El Adviento es un período de cuatro semanas antes de la Navidad, en el que los cristianos preparamos nuestro corazón para la venida de Jesús. Adviento significa “venida, llegada”. Al revivir la espera gozosa del Mesías en su Encarnación, preparamos el Regreso del Señor al fin de los tiempos: Vino, Viene, Volverá. Porque lo que se desea es celebrar la triple venida de Jesús, pues Jesús es el que vino (nacido de la Virgen María), el que viene (hoy, en los signos de los tiempos), el que volverá (con Gloria, al final de la Historia). Es el Jesús de ayer, de hoy y de siempre. El Adviento es un tiempo de alegre espera; la espera de la llegada del Señor. Por eso los cristianos escuchamos, en los textos y cantos propios de esta época, palabras alusivas a la venida del Señor.

Las grandes figuras que la Liturgia cristiana presenta en este período son:
·        El Profeta Isaías.
·        Juan Bautista.
·        La Virgen María que espera, prepara y realiza el advenimiento del Señor.
El Adviento, un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de "encuentro" entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios. Los hombres desean la Paz, aspiran a la justicia y la libertad, sueñan felicidad. Desde siempre. De generación en generación, de año en año, a través de los siglos, se prolongan estos anhelos frecuentemente decepcionados.

En estos llamados y búsquedas de los hombres se expresan las promesas de Dios. La História de Israel, el pueblo de Dios, es el signo de estas promesas y revelan su realización, conduce a Cristo Jesús y nos lo da.

Con los deseos y los anhelos de los hombres, la Iglesia, hoy, hace su oración. Nos asegura que Dios cumple sus promesas. En pos del profeta Isaías, con las palabras vigorosas de Juan Bautista, nos dice que hay que acoger a Cristo. Los domingos de Adviento, las festividades de Navidad y la evocación del bautismo de Jesús, forman un conjunto que podemos llamar la celebración de la Venida del Señor, recordando que la palabra “Adviento” significa justamente “advenimiento, venida”.

Navidad recuerda la Venida del Salvador en la humildad de nuestra carne humana y se desarrolla en múltiples facetas: no sólo la Venida del Niño (noche de Navidad) y el misterio de Verbo hecho carne ( Navidad día), sino también, Dios entrando en el tejido de las relaciones familiares (Santa Familia), y Dios resaltando la misión de María (1° de Enero).

La Epifanía, mucho más celebrada en las Iglesias de Oriente, nos revela el alcance universal de la Venida de Dios entre los hombres mientras, que el Bautismo inaugura la misión concreta de Jesús, el Salvador: el Espíritu Santo lo consagra como enviado de Dios, al descender sobre Él en su forma visible.
Por tanto, el Adviento es re-encontrar, en el fondo de si mismo, todo lo que pueda ser salvado; volverse hacia Cristo, que vendrá un día en su gloria, pero que ya está y nos espera. Volverse hacia Cristo es lo que llamamos "Convertirse". El Adviento es tiempo de conversión. Y tiempo de espera.

En tiempo del Adviento se usa el color morado, pero en el Tercer Domingo de Adviento, llamado “Gaudete”, es decir, Alégrense, se utiliza el color rosado, indicando el gozo que se experimenta con la cercanía del Nacimiento del Señor.  Filipenses 4:4-5. Y es usado como antífona propia de ese día este texto: “Estad alegres en el señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca”). Además, durante este tiempo no se dice ni se canta el Gloria In Excelsis, pero sigue entonándose el Aleluya antes de la proclamación (“lectura”) del Evangelio.

Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:

·                 Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.
·                 Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene  constantemente al hombre – ¡Maranata! Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.
·                 Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.

Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.

Esquema del adviento: Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.
El color de los ornamentos del altar y la vestidura del Pastor Ministro Ordenado es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.

Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".
Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares, amistades y compañeros del trabajo? Como resultado debemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad de la Iglesia, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.

II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.

Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta semana puedes ir a tu Iglesia, buscando la presencia del Señor, en oración y ayuno y acción de gracias por permitir que Dios nos haya enviado el Salvador, pidiendo perdón al Dios Todopoderoso, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.

III Domingo, el testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo.

Coincide este domingo con la celebración de la Virgen Maria, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a oír, entender y obedecer la Palabra de Dios, como también ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.
Sabemos que María en su humildad está siempre motivando a los hijos de Dios, como gran ejemplo de vida por su respeto, confianza y obediencia total al Padre Celestial, para que nos dispongamos a vivir esta tercer semana de Adviento, su gran ejemplo y meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa o morada, de la Corona de Adviento.

IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.

Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que está cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.

Figuras del Adviento

Isaías – Esperanza

Durante el Adviento, tiempo de esperanza y preparación, es tradicional la lectura del Libro de Isaías, citado en varios momentos importantes de la vida de Jesús. Isaías muestra una gran experiencia de la justicia de Dios y de la injusticia cometida por los poderosos. Mantiene la esperanza del pueblo al anunciar que vendrá un reinado de paz, de justicia y felicidad. Su lenguaje es directo, incisivo, lleno de imágenes originales y de interpelaciones personales.

Juan Bautista – Conversión

En los Evangelios de los domingos segundo y tercero, aparece Juan Bautista invitando al cambio de conducta y a la vigilancia de la espera. Fortalecido por el Espíritu, Juan vive en el desierto hasta el día del Adviento de Yahvé a Israel. Continuador del mensaje profético de Isaías, es el “precursor” que prepara los caminos al Señor, anuncia la llegada de la salvación y señala la presencia de Cristo en medio del pueblo.
Su misión es preceder al Señor, dar testimonio de la luz a un mundo en tinieblas. El hecho de ser hijo de un mudo que habla y de una estéril que da a luz, significa que los tiempos mesiánicos han llegado. Isaías nos dice cómo será el Mesías; Juan Bautista señala quién es.

María – Discípula

El último domingo de Adviento presenta a María, la Madre de Jesús, que vivió intensamente el primer adviento cristiano por los nueve meses de gestación del Salvador en su seno. Isaías señala, ocho siglos antes, el Nacimiento del Salvador; el Bautista lo señala, pero María lo concibe y lo entrega. ¡Salve muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Es bendita por ser madre y lo es “entre todas las mujeres” por aceptar plenamente el Espíritu de Dios. A la luz del Nuevo Testamento, María personifica simbólicamente las características de la nueva Humanidad y del discipulado cristiano. Oye la palabra y la pone en práctica.
Como figura del Adviento nos enseña a escuchar la Palabra de Dios, a ser fecundados por el Espíritu Santo y a vivir con esperanza.

Nuestra preparación:

Nuestra preparación no tiene que ser sólo litúrgica, sino también espiritual y moral. Llama a la conversión del corazón y a la renovación de vida.
El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús.
La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza. Como heraldo y precursor del Señor, se regocijó al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra propia complacencia. "¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!", gritaba.

La venida espiritual

En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana. E intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones sólo puede ser abierta desde dentro.
Fue San Bernardo quien conectó esta venida espiritual de Cristo con el Adviento. En sus sermones para este tiempo habla de tres venidas de Nuestro Señor: su venida que tuvo lugar ya en el nacimiento, su futura venida en la gloria y su venida espiritual, que pertenece al presente. De esta última dice: "Esta venida intermedia es como la senda por la que pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta es nuestro descanso y nuestro consuelo".

Las Dos venidas de Cristo entrelazadas

En Navidad celebramos la venida en un momento concreto. Esto no plantea una dificultad especial. Pero hay otra perspectiva, la del futuro, la del retorno de Cristo en gloria al final de los tiempos. Y aquí pude asaltarnos la dificultad. ¿Cómo hay que armonizar estos diversos aspectos?
Tal vez nos sorprenda y nos preguntemos por la conexión existente entre la venida de Cristo que aconteció hace más de dos mil años y su retorno futuro, en una fecha conocida sólo por el Padre. Pero si reflexionamos, descubrimos que estas dos "venidas" están relacionadas entre sí y se complementan recíprocamente. Se las puede ver como dos fases o aspectos del único misterio de salvación.
Los padres de la Iglesia, fieles a la Escritura, no disociaron estas dos venidas, sino que las consideraron conjuntamente y hablaron de ellas sin separar una de la otra. San Cirilo de Jerusalén decía: "Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola -dice-, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior". Y continúa con la contraposición de estas dos venidas: "En la primera venida fue envuelto con pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin miedo a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles".
El término mismo "adviento" admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es "parousia", que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.
No podemos proyectarnos a los tiempos del AT, como si esperásemos todavía un Mesías y un salvador. La prolongada noche de la espera ha pasado ya. Nos encontramos en la plenitud de los tiempos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Es Emmanuel, "Dios con nosotros". Pero a pesar de todo esto, la Iglesia continúa aguardando y esperando. Ella espera y ansía la plenitud de la venida de Cristo. El mundo ha sido redimido, pero la historia de la redención continúa. Y continuará hasta que Cristo, el Señor, termine su tarea. El reino de Dios no ha sido establecido aún de manera plena, y la obra de extender el reino de Cristo en la tierra tiene que continuar.

Tiempo de esperanza

La Iglesia es más consciente de que su esperanza descansa en el futuro. Ella mira hacia delante, hacia la restauración de todas las cosas en Cristo, a unos nuevos cielos y una nueva tierra. Sólo entonces alcanzará ella su perfección plena.
Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. Muchísimas son las cosas que militan en su contra: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, el materialismo, la secularización se vienen a la alza. Hablando humanamente, hay poquísimos motivos para la esperanza; por la esperanza cristiana no se basa en meras consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios.
Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para preparar un camino al Señor. Ambas tareas son inseparables.

"Vigilar y orar"

La vigilancia es una virtud importante, pero bastante descuidada. Vigilar significa vivir en el pensamiento de la segunda venida de Cristo. Debería ser una actitud de mente constante, que gobernará toda nuestra conducta. Una virtud para todo momento, pero especialmente apropiada durante el Adviento.
Si estamos dispuestos y preparados en todo momento para servir a nuestros prójimos y a Dios, entonces estamos practicando la vigilancia; estamos al acecho de Cristo.
Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacífica; pero es, al mismo tiempo, una postura de alerta.
"Somos más fuertes cuando esperamos que cuando poseemos. Cuando poseemos a Dios (o creemos poseerlo), lo reducimos a aquella pequeña cosa que conocemos y captamos de él, y lo convertimos en un ídolo... pero si sabemos que no le conocemos y si esperamos que él se nos dé a conocer, entonces somos captados, conocidos y poseídos por Él" Paul Tillich. (Dogmática Cristiana)


Actitudes cristianas en Adviento


- Anunciar la llegada del Salvador. El cometido de la vida cristiana es dejarse fecundar por el Espíritu, escuchando la Palabra de Dios, que llega por medio de mensajeros, teniendo en cuenta nuestra situación y nuestras fuerzas, pero respondiendo a Dios con confianza y entereza, como lo hicieron José y María al responder ante el anuncio del Ángel.

- Ejercer el profetismo cristiano. El adviento hace inminente la venida del Salvador. El pueblo, la gente sencilla, los pobres y marginados, continúan viviendo consciente o inconscientemente la esperanza de un Mesías, como lo esperó Israel. El Salvador mesiánico no viene a alienar al pueblo ni a eximirlo de sus responsabilidades, sino a hacerle tomar conciencia de que él mismo puede liberarse de las cadenas de los poderosos, de las guerras fratricidas, de las desigualdades sociales injustas. Lo que importa es que todos confíen en la fuerza que Dios da para la lucha.

- Estar despiertos y vigilantes. Adviento es tiempo propicio para anunciar la liberación de acuerdo con las promesas de libertad y justicia hechas por Dios, pero todavía no cumplidas. Es tiempo, además, de vigilancia ante lo que esperamos, que es la llegada de Dios en la plenitud de su Reino. En sentido figurado, velar es estar preparado o en vigilia para combatir la negligencia o el egoísmo, con el objeto de recibir al Señor, que llega con su reinado.

A veces sólo nos fijamos en la muerte y en el juicio último, sin tener en cuenta que Dios juzga constantemente y que nos juzgará en la plenitud por la totalidad de la vida.

- Soñar con la utopía del Reino de Dios. Utopía significa algo fantástico, pero no realizado. A una persona utópica se le califica equivocadamente de ingenua e irreal. Simbólicamente, utopía anticipa un mundo en estado de justicia, libertad y paz, sin pecado ni muerte.

El mensaje cristiano -el Reino de Dios- es utópico en su raíz. Se concentra en la Persona de Jesús, en su Obra, su Muerte y Resurrección.


Tiempo de Navidad

La Navidad es el final y la coronación del Adviento. El tiempo de Navidad da inicio en las vísperas del 25 de diciembre y culmina con la fiesta del Bautismo de Jesucristo. Es un tiempo alegre, durante el cual los cristianos alaban al Señor que ha nacido; se utiliza el color blanco, símbolo de la alegría y gozo de la venida del Salvador.

Durante este tiempo, la Iglesia celebra también la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José (el domingo entre el 25 de diciembre y el 1º de enero, y si no existe, el 30 de diciembre), que es un ejemplo para las familias. El Día de los Reyes Magos o Fiesta de la Epifanía, que se celebra el 6 de enero, conmemora la manifestación y revelación de Dios: Cristo es la luz de todos los pueblos.

El tiempo de Navidad, como queda dicho, termina con la celebración del Bautismo de Jesús por parte de Juan el Bautista. El Bautismo del Señor se celebra un domingo después de la Epifanía.


Prepara tu corona de Adviento

Actualmente hay inquietud por reavivar una costumbre muy significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo: la Corona o Guirnalda de Adviento, que es el primer anuncio de la Navidad.

La corona es un círculo de follaje verde. La forma simboliza la eternidad, y el color la esperanza y la vida. Va enrollada con un listón rojo, símbolo del amor de Dios que nos envuelve, y también de nuestro amor que espera con ansiedad el Nacimiento del Hijo de Dios. En el centro del círculo se colocan las cuatro velas (pueden ser tres moradas y una rosa, o bien todas blancas) para encenderse una en cada domingo de Adviento. La luz de la vela simboliza nuestra fe. El conjunto se sitúa cerca del altar o del púlpito de la Palabra, si es en la Iglesia, o en un lugar adecuado si se utiliza en un ámbito familiar o escolar. En la Navidad puede añadirse una quinta vela blanca, hasta el final del tiempo de Navidad; esto significa para hacer ver que la Navidad es más importante que la espera del Adviento.

La Corona, que procede del Norte (países escandinavos, Alemania), tiene raíces simbólicas universales: la luz como salvación, el verde como vida, la forma redonda como eternidad. Estos simbolismos, originalmente paganos, pero que se vieron muy coherentes con el Misterio de la Navidad cristiana, pasaron fácilmente a los países del Sur y se convirtieron rápidamente en un elemento complementario de pedagogía cristiana para expresar la espera de Cristo Jesús como Luz y Vida, junto a otros elementos ciertamente más importantes, como son las lecturas bíblicas, los textos de oración y el repertorio de cantos propios de esta época de esperanza.

SOLI DEO GLORIA
REV. RUBEN DARIO DAZA B.



4 comentarios:

  1. es una pagina hermosa y proporciona mucha informacion es las recomiendo

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  2. gracias me ayudo bastante.

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  3. es super informatica y me ayudo demsiado muchas gracias por su apoyo

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  4. El Adviento (en latín: adventus Redemptoris, ‘venida del Redentor’)? es el primer período del año litúrgico cristiano, y consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo. Su duración suele ser de 22 a 28 días, dado que lo integran necesariamente los cuatro domingos más próximos a la festividad de la Natividad (celebración litúrgica de la Navidad), pero en el caso de la Iglesia ortodoxa el Adviento se extiende por 40 días, desde el 28 de noviembre hasta el 6 de enero.

    Los fieles cristianos consideran al Adviento como un tiempo de oración y de reflexión caracterizado por la espera vigilante (es decir, tiempo de esperanza y de vigilia), de arrepentimiento, de perdón y de alegría. En la Iglesia ortodoxa, el Adviento incluye como nota particular una abstinencia estricta de ciertos alimentos, que torna en un ayuno estricto (conocido como el ayuno de la Natividad) en el caso de la Iglesia ortodoxa copta.

    Con particularidades litúrgicas propias, prácticamente todas las Iglesias cristianas históricas celebran este tiempo: la Iglesia católica, la Comunión anglicana, la Iglesia ortodoxa, las Iglesias protestantes (luterana, presbiteriana, metodista, morava, etc.), la Iglesia copta, entre otras.

    Durante el Adviento, se coloca en las iglesias y también en algunos hogares una corona de ramas de pino, llamada corona de Adviento, con cuatro velas, una por cada domingo de Adviento. Hay una pequeña tradición de Adviento: a cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe.

    Los domingos de Adviento, la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de Adviento. Luego, se lee la Biblia y se hace alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

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