domingo, 6 de noviembre de 2011

DOGMATICA: DIOS OMNIPOTENTE- CAP. VII







Capítulo VII

EL DIOS TODOPODEROSO
 
 
 
El poder de Dios se diferencia de la debilidad, supera a los demás poderes, se opone victoriosamente al "poder en sí”, porque es el poder del derecho, es decir, de su amor actuante y revelado en Jesucristo, y de este modo el compendio y el límite de todo lo posible y, por consiguiente, el poder sobre todo lo real y en todo lo real.



El Credo se vale del concepto de "Todopoderoso" para nombrar una cualidad de Dios, una perfección del mismo que antes llamamos Dios Padre. El Credo no conoce ninguna otra cualidad y por eso cuando, más tarde, se ha intentado hablar sistemáticamente de Dios y de describir su esencia, se han empleado muchas palabras: Se habló de la "aseidad" de Dios [9], de su fundamento en sí mismo y también se habló de la infinitud de Dios en el espacio y el tiempo, queriendo referirse con ello a la eternidad. Por otra parte, se hablaba de la santidad y justicia y misericordia y paciencia divinas. Hemos de comprender que siempre que se habla de Dios usando tales conceptos humanos, únicamente se hace una indicación referente a Dios, sin que ningún concepto nuestro llegue a comprender en sí realmente la esencia de Dios. Dios es incomprensible, y su bondad y santidad no pueden ser determinadas por cualquier opinión que los hombres tengamos de ambas cosas; antes bien, ellas están ya determinadas por Dios mismo. Él es el Señor. Él es la verdad, y nosotros, por nuestra parte, sólo podemos pronunciar de una manera derivada y secundaria su palabra con nuestros labios.

En el Credo, aparece, en lugar de tantas expresiones diversas acerca del carácter de Dios, únicamente esta palabra: Todopoderoso. Pero es característico que dicha palabra vaya unida a la expresión "Padre". Y es que ambas palabras se interpretan recíprocamente: el Padre es la omnipotencia, y la omnipotencia es el Padre.

 El-SHADDAI.



“Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”. Gn. 17.1
El-Shaddai significa: Todosuficiente, Todopoderoso, Omnipotente (aplicable a Cristo Ap.1.8). El-Shaddai es el Dios plenamente suficiente, y el lleno de toda bendición.
 
El que Dios sea todopoderoso significa, en primer lugar, que Él es el poder. Poder, a su vez, significa capacidad para realizar y posibilidad con vistas a una realidad. Toda realidad creada, determinada y conservada supone la existencia de una posibilidad que le sirve de base. Y aquí se dice de Dios que Él dispone de la posibilidad y que tiene el poder que funda, determina y mantiene la realidad. Ese poder es omnipotente, es decir, Dios lo tiene todo, Él es la medida fundamental de todo lo real y todo lo posible; no hay, pues, realidad alguna que no se base en Dios como posibilidad y, al contrario, no existe ninguna posibilidad, ningún fundamento de la realidad, que pudieran limitar a Dios y ser para Él un obstáculo. Él puede todo lo que Él quiere; por eso podría calificarse la libertad de Dios de poder de Dios. Dios es esencialmente libre. Los conceptos de eternidad, omnipresencia e infinitud están comprendidos en la libertad de Dios. Él tiene poder sobre todo lo que es posible en el espacio y en el tiempo; Él es la medida y la razón del tiempo y el espacio; Él no conoce límites.


Todo esto suena muy filosóficamente y con ello no nos hemos acercado ni poco ni mucho a lo que significa la omnipotencia como cualidad divina. Hay muchas cosas que se llaman poder y omnipotencia, pero que nada tiene en común con la omnipotencia de Dios. Creo que hemos de guardarnos mucho de construir conceptos generales. En el enunciado del presente capítulo se dice en una triple fórmula: El poder de Dios se diferencia de la debilidad, supera a los demás poderes y se opone victoriosamente al "poder en sí".


El poder de Dios se diferencia de toda debilidad y flaqueza. Hay un poder de la debilidad, una posibilidad de lo imposible y lo hay por completo o en parte. Sin embargo, Dios no es ni en parte, ni por completo, debilidad, sino verdadero poder. No es Dios alguien que nada puede o que no lo pueda todo, sino que Él se diferencia de todos los demás poderes en que Él puede aquello que Él quiere. En el momento en que se trate de la debilidad y la flaqueza es seguro que no se trata de Dios, y cuando nos imaginamos a Dios apartado de un modo u otro en la lejanía, tampoco nos referimos a Dios, sino a un ser que, en el fondo, es débil. Dios no tiene calidad de sombra; Dios es lo opuesto a toda debilidad y flaqueza.

Dios supera a los demás poderes. Estos se nos acercan de una manera completamente distinta que Dios y pretenden ser lo verdaderamente real. Dios, no obstante, no está alineado entre esos poderes del mundo, digamos, por ejemplo, como el mayor de ellos, sino que los supera a todos, sin consentir dejarse limitar o determinar; porque Él es Señor de Señores y Rey de Reyes. De aquí que todos los poderes mundanos que como tales realmente son poderes, estén supeditados de antemano a ese poder, que es el divino. Es decir, no pueden pretender hacerle la competencia.


Y, ahora, la última afirmación que, por cierto, es la más importante por dar lugar a las más numerosas equivocaciones: Dios no es el "poder en sí". El poder, la posibilidad, la libertad como el Ser neutral, la libertad absoluta, el poder abstracto, el poder en sí, todo esto que constituye el compendio de todo poder es un pensamiento embriagador. ¿Es Dios la suma de toda soberanía, es decir, es Dios potentia? Muchas veces se le ha comprendido así: y es que parece muy natural el representarse la potencia en sí como lo divino, lo insondable, lo más verdadero y bello, así como también admirar el poder en sí, reverenciarlo, adorarlo y alabarlo, cual si fuera el secreto de la existencia. Recordemos cómo, cuando Hitler hablaba de Dios, solía nombrarle el "Todopoderoso". Pero resulta que el "Todopoderoso" no es Dios y que a Dios no puede comprendérsele partiendo del concepto superior del poder. Quien nombra a Dios "Todopoderoso", está hablando de un modo trágico de Dios, sin mencionarle siquiera. El "Todopoderoso" es malo, lo mismo que el "poder en sí" es malo también. El "Todopoderoso" es el caos, el mal, el demonio. Apenas será posible calificar y decidir al diablo mejor que cuando uno intenta pensar en la idea de un poder fundado en sí mismo, libre y soberano. Ese pensamiento embriagador de la potencia es sencillamente el caos, el tohu wabohu [10] que Dios dejó atrás cuando estableció la creación y que no quiso al crear los cielos y la tierra.

Estamos, pues, frente a lo contrario de Dios, y este oponente de Dios es el peligro que amenaza sin cesar al mundo creado por Dios, un peligro que consiste en la irrupción y ofensiva de esa posibilidad imposible del" capricho libre, la cual solamente quiere ser potentia e imponerse, y como tal imperar. Siempre que la potencia sea honrada y venerada y pretende erigirse en autoridad y proclamar leyes, nos encontramos con la "revolución del nihilismo". Porque el poder en sí es nihil, y al querer presentarse y pretender gobernar no crea orden, sino que inicia la revolución. El poder es malo, porque es el fin de todas las cosas, y por eso el poder de Dios, el poder verdadero, se opone al poder en sí. El poder de Dios supera a todos los poderes y, todavía más, es lo contrario de todo otro poder. Dios dice que no a esa revolución del nihilismo. Su oposición es victoriosa, en tanto, al presentarse Dios, sucede lo mismo que cuando el sol atraviesa la niebla: la potencia del poder en sí cae y es destronada. Y es entonces cuando ese concepto descubre lo que tiene de espantoso y entonces, también, se pierde el respeto que hasta aquel momento se le había demostrado: los demonios se ven obligados a huir, porque Dios y el poder en sí se excluyen. Dios es el compendio de lo posible, mientras que el poder en sí es el compendio de lo imposible. ¿Hasta qué punto es el poder de Dios opuesto al poder en sí? ¿Hasta qué punto supera el poder de Dios a todos los demás poderes y se diferencia de toda debilidad?


Las Sagradas Escrituras hablan del poder divino y de sus pruebas y victorias, todo ello ligado siempre al concepto del derecho y la justicia: el poder de Dios es de por sí el poder del derecho. No se trata de mera potentia, sino de potestas, o sea, del poder legítimo basado en el derecho.

¿A qué se llama derecho? Volviendo atrás, diremos: El poder de Dios y el poder del derecho es la omnipotencia del Dios Padre. Aquí ha de recordarse cómo se describió la vida del Dios Padre como la vida de su Hijo; la vida de aquel Dios que no se encuentra solitario en sí mismo, sino que vive y gobierna eternamente como Padre de su Hijo, existiendo en lo más profundo de su ser en dicha comunión. El poder divino como poder de derecho es, por consiguiente, el poder del Dios que en sí mismo es amor. Todo aquello que se opone al amor y significa soledad e imposición propia, es, como tal injusticia y, por consiguiente, no puede considerárselo como verdadero poder. Dios niega la verdad de dicho poder. Pero El está conforme con el orden en el sentido en que dicho orden existe entre El, su Hijo y el Espíritu Santo. El poder de Dios es un poder ordenador. El poder del orden de su amor, que obra por caminos ordenados y conduce a fines también ordenados. El poder de Dios es un poder santo, justo, misericordioso, paciente y bondadoso. Esto diferencia así al poder de Dios de la debilidad: Dios es Trinidad.


              Ese poder que se llama Dios, es el poder de su libre amor en Jesucristo, actuando y manifestado en Jesucristo. Hemos de mirar, pues, nuevamente la obra de Dios como el compendio de todo lo posible y verdadero. Dios en su gracia y actuando con ella es la suma de todo lo que se llama poder, libertad y posibilidad. El poder de Dios no es un poder sin carácter y por eso resultan pueriles las preguntas que se refieren a si es posible para Dios hacer que dos y dos sean cinco. Semejantes cuestiones carecen de objeto, porque han sido animadas por un concepto abstracto del "poder". Reflexionemos: Un poder que pudiese mentir no sería verdadero poder, sino debilidad, poder nihilista, que cree poder afirmarlo todo y disponer de todo. Realmente, tal debilidad nada tiene que ver con Dios y por lo tanto tampoco con el poder verdadero. Este es el de Dios y está por encima de todo. "Yo soy el Dios Todopoderoso; camina delante de mí y sé piadoso". Partiendo de ese "Yo", se confirma quién es el Dios Todopoderoso y lo que significa omnipotencia. O, también: "Me ha sido dada potestad en los cielos y en la tierra". Esa potestad le ha sido dada a El, a Jesucristo, y precisamente en esa obra de Dios se hace visible su omnipotencia y se manifiesta viva como poder salvador y justo. De manera que Dios es el compendio, la determinación y el límite de todo lo posible, y se encuentra, así, por encima de todo lo real en su calidad de Dios trascendente, siendo, a la vez, en todo lo real el Dios inmanente, El, el sujeto por excelencia, el que habla esta santa y buena palabra y ejecuta su obra santa y buena.

           SOLI DEO GLORIA

REV. RUBEN DARIO DAZA

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[9] “Aseidad”: Carácter del Ser (Dios) que es por sí, no por otro; cuya esencia coincide con su existencia. Se lo considera como el constitutivo formal de Dios. ¿Qué es lo que distingue Dios de los demás seres que existen? La aseidad. La palabra viene de la expresión francesa (ens a se) y significa que Dios existe en sí mismo, por medio de sí mismo, y para sí mismo. Este Ser es el Ser último, el Ser supremo. Podemos definir el concepto de Dios como el único ser con auto existencia, o sea, sin el único ser sin un punto o agente de crearse. Todos los demás seres tienen un Creador (Dios) y un punto de empezar a su existencia, y tal vez un punto de terminar su existencia. Pero por definición de “qué es Dios”, Dios no tiene Creador (o sea, no es criatura), y tiene eternidad adentro de sí como parte de su definición, y esta eternidad se extiende atrás igual en el pasado que igual adelante en el futuro. Dios siempre ha existido. La existencia de las cosas se define por Él. La palabra “aseidad”, viene también del latino, aseite, (a se) “de uno mismo”. Dios es el único ser que tiene vida desde adentro de Sí mismo (Jn 1:4 “en él estaba la vida”; Jn 5:26 “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”; Sal 36:9 “Porque contigo está el manantial de la vida”; Hechos 17:25 “ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”.). Este Ser es el Ser último. Esto es un ser con una “auto-existencia”, o sea, la razón o causa de existir para Dios es en sí mismo.

Ryrie lo dice así, “La eternidad de Dios y su auto-existencia son conceptos interrelacionados. Unos libros de teología usan la palabra ‘asediad’ para representar “auto-existencia”; o sea, que Dios depende solamente en Sí mismo. Si Dios existe sin fin, entonces nunca llegó a existir ni tampoco fue causado de entrar en la existencia. Siempre ha sido ‘existiendo sin fin.’” (Teología Sistemática Capítulo 6 Las Perfecciones de Dios).

[10] Expresión hebrea que se traduce por "desordenado y vacío". Gen. 1:2.
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1 comentario:

  1. Hola, soy Leonardo Marin... Teólogo Reformado de la Ciudad de Nicaragua. Este tema me pareció muy importante, he leído los seis capítulos anteriores... a pesar de que los temas tratados han sido coerentes, este sobre el Dios Todopoderoso, encontré una contradicción... Si Dios es Todopoderoso, EL Shaddai, por qué le concede poder a Satanás casi a la misma altura de Dios si él es criatura hecha por la divinidad, entonces queda una cosa como poco entendible. Espero que me lo aclares. De resto me pareció un material de excelente calidad. Lo felicito!

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