domingo, 10 de julio de 2011

Teologia de lo Cotidiano: Hora de Olvidar



Hora de Olvidar

Y lo que yo deseo para mí y para tí es que olvidemos...

Es muy extraño este deseo, se parece más como una maldición. ¿Quién puede ser tan idiota de querer perder la memoria? Si yo mismo vivo diciendo sobre la felicidad que mora en los recuerdos; tengo la plena certeza sin sombra de equivocarme al decir que: somos lo que recordamos, lo que pensamos e imaginamos. Y es por eso que me gusta contar historias de mi vida pasada, recordar mi infancia, que es como una forma de practicar el amor, dar a los otros pedazos de mi vida que el tiempo ya mató y enterró, pero que la memoria cual mago hace resucitar. Aquello que la memoria amó queda en la eternidad, dijo Adélia Prado (*), y  no me canso de repetir esa expresión. La memoria es la presencia de la eternidad que existe en mí. Y es para eso que necesito de los dioses, para que yo nunca olvide, para que el pasado vuelva siempre...

Recuerdo el libro de San Agustín, "Confesiones". Y sigo leyendo una vez más su maravilloso capitulo sobre la memoria, que para mi es la meditación más lúcida y profunda que alguien jamás haya escrito sobre el asunto. Él dice sobre la memoria: Palacio maravilloso, caverna misteriosa, dentro de la memoria están presentes los cielos, la tierra y el mar... Dentro de ella yo me encuentro conmigo mismo... Es en ella que moran los secretos de la vida y de la muerte... Y andando por sus caminos, el santo va en la búsqueda del oscuro objeto de la nostalgia que hace que su corazón sienta dolor, y que ninguna belleza por perfecta que sea es capaz de curar. Él entra en la memoria como un amante que va a la búsqueda de la amada, perdida...

Y ahora vengo yo y les deseo a todos que olvidemos... Como una contradicción, quiero de verdad, poder convencerlos para que hagamos eso, es porque a veces, es necesario olvidar para poder recordar...

Pues la memoria, como el propio santo lo notó, es el estómago de la  mente...  Es para ese lugar que van los alimentos y comidas de los más variadas formas y gustos, unas son apetitosas, sabrosas y de fácil digestión y, otras amargas e imposibles de ser digeridas. Cuando eso sucede, el cuerpo sufre de retorcijones fuertes, vienen los mareos y siente náuseas, y ninguna cosa es capaz de hacerlo feliz. Hasta que el propio cuerpo se aplica el remedio, vomita, y así de este modo se libra de la comida que lo hacía sufrir.

Entonces tenemos dos cosas: memoria, estómago. Y existen algunas cosas que están en ellas y necesitan ser vomitadas, para que el cuerpo de nuevo pueda alegrarse y descansar. Porque el olvidarse es la memoria vomitando todo lo que hace que el cuerpo sufra.

Por eso Ronald Barthes conocido por el tiempo dedicado al estudio de los signos, la semiología, decía que es necesario olvidar con el fin de llegar a ser un sabio.

También cito al poeta de Portugal Alberto Caeiro decía que lo que el deseaba era desaprender, raspar de su piel la manera de sentir que le habían enseñado, para poder de nuevo, sentir el buen gusto de si mismo. 

Dijo Buda: “No creas en cualquier cosa porque te enseñen el testimonio de un viejo sabio”.  Eso es exactamente lo que, de alguna manera, vivenció y aconseja el músico Facundo Cabral ( quien bien podría estar en el lugar de “viejo sabio” ) en la revista Metrópoli cuando habla de Don Juan


Dice así Facundo: “ El Don Juan de los libros de Castaneda se llamaba en realidad Luciano. Estuve mucho tiempo con los indios yaquis, su tribu. Cuando lo conocí, tenía una escuela para desaprender. La idea era sacar de la memoria las cosas que no te servían, como cuanto es dos más dos o cual es la capital de Australia, si la cuchara va del lado derecho o si hay que ponerse de novio, casarse y bautizar al hijo. Eso es basura que tenés en la cabeza. No te deja caminar”.  (Q.E.P.D - La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 22 de mayo de 1937 - Ciudad de Guatemala, 9 de julio de 2011).

¿ Sorprendente verdad? Especialmente si tenemos en cuenta que, a medida que las personas se vuelven más grandes, tienden a ser más conservadoras en reglas y axiomas y, al menos el paradigma universal, indica que la irrupción está captada principalmente por los jóvenes. No es la única vez que he escuchado ese concepto. No es la única vez que voy a concordar con él.  Alvin Toffler dijo: “Los iletrados del futuro no serán aquellos que no puedan leer o escribir. Sino aquellos que no puedan aprender, desaprender, y re-aprender”.  Otra. “ El primer problema para todos nosotros, hombres y mujeres, no es aprender, sino desaprender”. Lo dijo Gloria Steiner.


Entonces somos como un navío cuyos detritos del mar van pegándose, en medio de tanto navegar.

De tiempo en tiempo es necesario que el casco de ese navío sea sometido a una limpieza profunda raspándolo, para que de nuevo vuelva a deslizarse suave por las  aguas.

Los detritos de la memoria se depositan en nuestros ojos, se transforman en una nube lechosa, opaca, catarata, y nos dejan ciegos para no ver el mundo a nuestro alrededor. Entonces el mundo entero, se transforma en un monte de detritos.

Es necesario olvidar para poder ver con claridad. Es necesario olvidar para que los ojos puedan ver la belleza.

Las Sagradas Escrituras cuentan la historia de la mujer de Lot. Dios permitió que él y su esposa huyera de las ciudades de Sodoma y Gomorra que iban a ser destruidas, bajo la condición de que no se dieran vuelta y mirar para atrás, mientras el fuego que caía del cielo las consumía. La mujer no resistió a la curiosidad, miró para atrás, y fue transformada en una estatua de sal. Quien se queda con los ojos fijados en el pasado se hace incapaz de ver el presente. Y quien no tiene ojos para ver el presente está muerto.

Olvidar. Es ver con ojos de niño - sin memoria.

¿Saben de una cosa? Yo no sé por que estoy diciendo todas esas cosas para explicar mi deseo de olvidar, cuando lo que yo quiero decir ya fue dicho por Alberto Caeiro:

Lo esencial es saber ver / un proceso de aprendizaje para desaprender/
Saber ver sin estar a pensar / Saber ver cuando se ve /
Ver con el asombro que tiene un niño, al nacer /
Sentirse nacido a cada momento / para la eterna novedad del mundo ...

Ahora observe:
"Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria, decía Martín Fierro. Yo digo: el olvido es una gentileza de Dios".QPD _ Facundo Cabral (Poeta, Profeta y Pensador).

Es eso lo que deseo para usted y para mi, en el inicio de cada año: Olvidar. Tomarse un baño. Dejar el agua correr por el cuerpo... Sentir los detritos del pasado desprendiéndose, y entrando por el sifón de la alcantarilla. Recuperar el cuerpo sin memoria de un niño, para ver el mundo como si fuese la primera vez.


Sagradas Escrituras
No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. Isaías 43:18

 

ישעה 43:18 Hebrew OT: WLC (Consonants & Vowels)אַל־תִּזְכְּרוּ רִאשֹׁנֹות וְקַדְמֹנִיֹּות אַל־תִּתְבֹּנָנוּ׃


SOLI DEO GLORIA

REV. RUBEN DARIO DAZA B.

Estos escritos sobre "teología de la cotidiano" son reflexiones sobre la vida y la condición religiosa del hombre, allí expongo lo que mis sentimientos desean, añoran y analiza la situación humana actual sin darle un tono quejumbroso. Estos son los diferentes temas:

2. El Teléfono celular: http://teologiaycienciarubedaza.blogspot.com/2011/07/teologia-de-lo-cotidiano-el-telefono.HTML

3. La alegría y el placer: http://teologiaycienciarubedaza.blogspot.com/2011/07/teologia-de-lo-cotidiano-la-alegria-y.HTML

6. Dios existe?: http://teologiaycienciarubedaza.blogspot.com/2011/10/dios-existe.HTML




 
 
 
 
 

 
 

 

 



 

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